lunes, 10 de septiembre de 2012
Arena entre la arena
Envuelto en la luz brumosa de la mañana , con la mirada fija en la línea desvaída del horizonte. El ritmo de las olas, pies descalzos, huellas que se borran, brisa que eriza la piel, carne de gallina, plegarias mudas atrapadas en la garganta y la promesa de una serenidad indestructible. Cuerpos animados, hipnotizados, yendo de aquí para allá, cuerpos que se desvisten y labios que sonríen y miradas cristalinas que hienden el aire, soplos de luz, espasmos eléctricos, hasta encontrarte. Qué alegría no ser nadie, solo arena entre la arena, bajo una mirada desconocida.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
Y cuánto más se desvían las líneas, más se deshilachan las tramas. ¿Cuántos hilos manejan a esas marionetas? Son imperecederas, son madera muerta. Habrá que bordar en la arena...
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