viernes, 21 de marzo de 2014

Horizontes

Sin horizontes no se puede existir. Tampoco sin ideales. De hecho, lo que el horizonte permite dibujar son ideas reguladoras de nuestro conocimiento y de nuestro ethos. En tanto que guías que orientan nuestra conducta, son ideales. En tanto que pueden ser reflexionadas, o articuladas en una concepción filosófica coherente, son ideas.
Eugenio Trías, La edad del espíritu 

jueves, 20 de marzo de 2014

4 poemas

Danza con una sonrisa
sobre los colmillos del caos.

*

La tormenta se acerca.
Ya viene, preparémonos:
aneguemos nuestros ojos
de lágrimas felices.

*

Un puente vertical:
mano alzada
hacia la luz
desvanecida.

*

Un batir de alas ausentes
y rodillas ensangrentadas.

La consagración de la primavera - Sasha Waltz

miércoles, 19 de marzo de 2014

La serpiente de bronce

La serpiente de bronce se eleva de nuevo
y conquista el aire, el aire gris del cielo.
Serena e inmóvil, su sonrisa refulge,
y los hombres la miran, no dejan de mirarla.
La serpiente de bronce ondea en el viento.

martes, 18 de marzo de 2014

El Señor S. es hombre de fe, no de conocimiento

En efecto, yo soy un hombre de fe, no de conocimiento. Por esa razón no necesito que ningún dentista ni médico me explique qué es lo que me va a hacer. Nunca, bajo ninguna circunstancia. El principio de la Metafísica de Aristóteles es mentira. Yo no deseo por naturaleza saber. Yo deposito mi fe en médicos y dentistas. Confío en ellos. En la silla de un dentista me convierto en un caballero de la fe tan rotundo que ni Kierkegaard.

lunes, 17 de marzo de 2014

El Señor S. va al dentista, o de la guerra entre el sistema nervioso de uno y su propio yo

Estoy sentado en una sala, rodeado de cabezas y de cuerpos. Estoy desplegando un inagotable catálogo de estereotipias motoras y luchando por no hacerlo para no parecer un autista aterrado y fuera de control. Logro no hacer ningún movimiento durante unos escasos segundos, pero luego mi revolucionado sistema nervioso toma el control y aumenta la intensidad y la frecuencia de movimientos estereotipados. Mis manos se han desquiciado por completo. No paran. Recuerdo todas las veces que me he desmayado en el dentista a lo largo de mi vida, lo cual no es una buena idea. Lo mejor sería parar, serenarse y ser consciente de que la gente no suele morir en el dentista. Echo un vistazo a mi alrededor. La gente parece tranquila. A punto estoy de preguntar, con hiperbólico patetismo: ¿por qué toda esa gente disfruta del privilegio de poder estar aquí sentados tranquilamente, en la sala de espera del dentista, mientras yo he de realizar un esfuerzo titánico solo para vencer la tentación de salir huyendo? ¡Oh Dios, pedazo de inútil, me diste un sistema nervioso averiado! Respiro hondo. Ante todo mucha calma, como dirían Siniestro Total. Tómatelo con calma, como haría el Nota. Me doy buenos consejos. Me repito mentalmente una y otra vez el famoso aforismo de Nietzsche sobre la escuela militar de la vida: lo que no te mata te hace más fuerte. Bien, vamos bien. A las estereotipias motoras he sumado estereotipias verbales, pero no importa. Las cabezas y los cuerpos de mi alrededor se van yendo. Queda poco para que llegue mi turno. Supongo que mi estado de pánico es evidente, porque se me pregunta, con una amplia Sonrisa Profesional, si puedo entrar solo al dentista, a lo que respondo que sí. Únicamente necesito compañía por la alta probabilidad de desmayarme que se infiere de mi historial. Pero soy un ser completamente funcional. Tal vez un pelín nervioso en determinados contextos y extremadamente propenso a sufrir bajadas de tensión fulminantes. La sala de espera del dentista no es precisamente mi lugar favorito del mundo.  

Las imágenes, lo símbolos...

Un método para comprender las imágenes, los símbolos, etc. No tratar de interpretarlos, sino simplemente mirarlos hasta que brote de ellos las luz.
Simone Weil

sábado, 15 de marzo de 2014

Piperrak - Kualkier día



Hablando de punk. Esta es sin duda alguna la canción que más locura colectiva desata cuando suena en un bar. Me refiero a pogos, caídas de gafas, bailar subido a hombros y cosas así. Y siempre cantando a gritos, como es lógico y natural para kualkier ser humano no hipster.

PD: Un poderoso argumento contra la metafísica aristotélica, dicho sea de paso, es que la definición por género próximo y diferencia específica nos condena a ser semejantes a los hipster, y eso sí que no. Jamás. Los hipster son de otra especie.

La Polla Records - Ellos dicen mierda



He detectado un alarmante carencia de música punk en este blog. Y, dado que nos aterra la posibilidad de ser confundidos con modernos, aquí traemos un poco del viejo buen punk de siempre.

jueves, 13 de marzo de 2014

Ojos

En los ojos el ruido
del dolor se convierte
en música tan pura
que no se puede oír.
Antonio Gamoneda

viernes, 7 de marzo de 2014

Último post del día y última vez (lo juro solemnemente) que uso la palabra posmodernidad, ya sea para decir que la añoro, o que está superada desde hace incontables eones de tiempo, o bien que no existió, o cualquier otra forma de aludir a ese dichoso significante cuya extensión desmesurada y absurda hace que signifique cualquier maldita cosa y me ponga de los nervios

Todo es agua.
DFW es el escritor que acabó con la postmodernidad como condición cultural. 

Beth Hoeckel - Sunbathing


Si están pensando que me ha entrado un frenesí posteador bastante alocado, puede que estén en lo cierto. Pero convendrán conmigo en que las imágenes de Beth Hoeckel molan un montón. Esta en concreto, por alguna razón, me ha recordado a Ruido de fondo, la novela de Don DeLillo. También puede que mis asociaciones mentales no tengan mucho sentido, lo admito.

Aficionados a la Filosofía del lenguaje, uníos

Como el otro día fue bastante parco al afirmar sin más que los significados no existen, hoy les traigo un artículo académico sobre esta cuestión, para que quien guste se regocije con temas tan propios de empollones, ratas de biblioteca y demás fauna freak. Significado, convenciones y comunicación.

Postmodern Jukebox - Just (tap) dance



Yo ya recuerdo con cariño a la extinta posmodernidad. Y eso que ni la viví. Cuando yo entré en la universidad, mis profesores no paraban de decir que la posmodernidad era una cosa prehistórica sobre la que escribir tesis doctorales, pero de ningún modo la época cultural que estábamos viviendo.

Respecto a los covers de Postmodern Jukebox: adicción total.

Un solo cigarro



Ella tiene razón. De hecho, un solo cigarro no cuenta. Incluso si este un solo cigarro es, a decir verdad, variablemente iterable en función del contexto. Por ejemplo, el contexto cervecil implica de suyo fumar varios un solo cigarro pero ninguno de estos varios un solo cigarro cuenta. Lo puedo decir más claro pero no más alto.

jueves, 6 de marzo de 2014

El loco mirando desde la puerta del jardín

Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina
Leopoldo María Panero

Que descanse en la paz del no-ser

miércoles, 5 de marzo de 2014

El tercer territorio

A menudo se dice que las películas de David Lynch ocupan una especie de espacio intermedio entre el cine de arte  ensayo y el cine comercial. Pero lo que ocupan realmente es una clase totalmente distinta de tercer territorio.
David Foster Wallace, David Lynch conserva la cabeza 

Filosofía del lenguaje radicalmente concentrada

Los significados no existen

domingo, 2 de marzo de 2014

Dos maneras de leer

Hay dos maneras de leer un libro: puede considerarse como un continente que remite a un contenido, tras de lo cual es preciso buscar sus significados o incluso, si uno es más perverso o está más corrompido, partir en busca del significante. Y el libro siguiente se considerará como si contuviera al anterior o estuviera contenido en él. Se comentará, se interpretará, se pedirán explicaciones, se escribirá el libro del libro, hasta el infinito. Pero hay otra manera: considerar el libro como una máquina asignificante cuyo único problema es si funciona y cómo funciona. ¿Cómo funciona para ti? Si no funciona, si no tiene ningún efecto, prueba a escoger otro libro. Esta otra lectura lo es en intensidad: algo pasa o no pasa. No hay nada que explicar, nada que interpretar, nada que comprender.
Gilles Deleuze.

Queridos lectores, no se corrompan jamás.

sábado, 1 de marzo de 2014

Después de la lluvia

-¿Las gotas de agua que tiemblan en el alambre de la verja no te parecen ángeles diminutos que sonríen con una especie de desgarradora ternura?
-...
-Es como si con un ligero gesto la belleza removiera océanos subterráneos de tristeza.
-...

David Lynch - Good day today

jueves, 27 de febrero de 2014

Unos cuantos borradores en los que abundan majaderías, migajas filosóficas y disparates mesiánicos

Sabemos que hay personas muy serias que siempre comprenden las cosas con profundidad y a derechas. Nos alegramos por ellos, pero no son de los nuestros. Nosotros balbuceamos, tartamudeamos. En ocasiones las palabras, las pobres, se nos resquebrajan entre los dedos, se convierten en un polvo muy fino e informe, caótico. Otras veces se nos atragantan, se convierten en piedras pesadas que oprimen la garganta y no son capaces de levantar el vuelo.

*

Si es cierto que esta mosca que ahora se posa sobre tu nariz es la misma mosca que se posó sobre la nariz de Cleopatra, si esta mosca es todas las moscas, si es la mosca platónica, arquetípica, la mosca paradigmática, la idea en sí de mosca, la mosca inmune al tiempo, a las contingencias y al olvido, entonces esta mosca mesiánica zumbará en el instante pleno del fin, aquel en el que se cumplen los destinos que no se llevaron a cabo.

*

Ni siquiera Dios conocería los futuros contingentes, porque no tienen valor de verdad. 

*

El poder no es algo que se posea. No es un mercancía, no se intercambia. Se conquista, se ejerce. El poder es la guerra. La política es la continuación de la guerra por otros medios.  

*

-¿Qué haces? ¿Lees a las mejores mentes de tu generación?
-No, a las poetas que más se fotografían a sí mismas de mi generación.
-¿Y qué tal?
-Bueno, están posando para la posteridad, según parece. Yo no me preocupo del mañana, igual que Jesús.
-¿Qué tal escriben?
-No tengo ni idea. No he entendido una palabra. Quien tenga oídos que oiga. A lo mejor yo no tengo oídos. Puede que sus palabras sean perlas y yo un puerco. Sea como fuere, no entiendo nada.
-¿Todas tus respuestas van a incluir referencias bíblicas?
-En el mundo tendréis tribulación, pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.
-No entiendo que un fan de Nietzsche sea también un flipado del Evangelio de San Juan.
-Pues está clarísimo: si Nietzsche luchaba contra el Crucificado, hay que ver a los dos bandos en acción para comprender la pelea.

*

La navaja de Ockham no dice nada sobre la sencillez de las explicaciones: entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem. Dice que no hay que multiplicar los entes sin necesidad. Es un proposición ontológica y, si se quiere, una regla metodológica, pero no una invitación a la pereza intelectual.

*

Citando a Stanley Cavell: si la filosofía es esotérica, no lo es porque unos pocos hombres acaparen su conocimiento, sino porque la mayoría de los hombres se resiste a conocerla. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

If you could just see the beauty

Mira, una fina de capa de nieve cubre los tejados, ha salido el sol y cantan los pájaros.
-¿Me hablas a mí, tu especie de implícito heterónimo innominado, o sea tú mismo dirigiéndote a mí, o sea a ti, en segunda persona, o hablas con el lector o cómo va esto?
-Déjate de chorradas y céntrate en lo importante: la nieve, la luz, los sonidos...
-These things I could never describe...

Restos de luz

-Tengo la sensación de ser el representante de mi vacío interior, que es exclusivo y que ni siquiera tiene un tamaño desmesurado...
-¿Exclusivo? Maldito tarado, si estás citando a Kafka
-Bueno, todos somos idénticos en nuestra secreta creencia de que somos diferentes.
-Y ahora estás citando a David Foster Wallace.
-Bueno, apenas tengo algo en común conmigo mismo.
-Kafka otra vez.
-Soy un ser complejo
-David Foster Wallace.
-Lo cierto es que no comprendo nada a derechas.
-Kafka. ¿Cuánto tiempo vamos a pasarnos así?
-Eso es algo sobre lo que no puedo hablar de ninguna manera.
-DFW, supongo.
-Y como cualquier animal totalmente segregado de los seres humanos, muevo una vez más el cuello de un lado a otro y desearía intentar reconquistar a F.
-Kafka, claro. No sé qué pretendes, la verdad.
-Intento de alguna manera ser cándido sin exponerme al ridículo.
-DFW. Este post es una majadería.
-He escrito majaderías, luego existo.
-...
-Flann O'Brien.
-Ni idea.
-Decir que me has abandonado sería injusto, pero es verdad que he sido abandonado, y algunas veces abandonado de un modo terrible.
-Volvemos a los diarios de Kafka. Sabes que no eres la reencarnación de Kafka, ¿verdad? Ni siquiera de un Kafka sin talento.
-En 1911, cuando estábamos actuando en Praga, nadie había oído hablar de Kafka. Pues bien, Kafka vino a los camerinos, y en el mismo momento en que le vi comprendí que me encontraba en presencia de un genio.
-Isaac Bashevis Singer.
-El lector no puede leerte la mente.
-DFW. Me pregunto si tú eres consciente de eso.
-¡Pero qué cantidad de fuerza y de habilidad exige! ¡Y qué tarde es ya!
-Vale, Kafka.
-Empiezo a pensar que mis pensamientos son en parte producto de la creatividad de alguien ajeno a mí.
-DFW de nuevo.
-Cada palabra, retorcida en manos de los espíritus, se convierte en una lanza dirigida contra el que habla. Y muy especialmente, una observación como esta. Y así, hasta el infinito.
-Ok, Kafka. ¿Podemos dejarlo ya?
-Pero incluso un novato sin ayuda de nadie puede darse cuenta enseguida de que una vida conducida, temporalmente o no, como una simple renuncia al valor se convierte en el mejor de los casos en algo atascado y en el peor de los casos en algo vacío: una vida de esperar lo que nunca ha de llegar.
-DFW. En serio, ¿podemos dejar ya lo de las citas profundas, enrevesadas y deprimentes?
-Nada de eso, a través de las palabras llegan restos de luz.
-¿Kafka?
-Sí

PD: Este texto estuvo a punto de engrosar la cada vez más inmensa lista de borradores, pero he decidido que es mejor publicar las majaderías. Total, voy a escribir un montón de majaderías igualmente.

martes, 25 de febrero de 2014

El hombre que fracasaba una y otra vez

La a todas luces perversa y paradójica idea de que si Terry Gilliam finalmente triunfa y consigue rodar de una vez El hombre que mató a Don Quijote en realidad habrá fracasado. Porque lo que hasta ahora ha sido un relato trágico sobre la voluntad de Terry Gilliam, sobre su empecinamiento feroz y obsesión enfermiza, se transformaría por obra y gracia del final feliz en un cuento con moraleja. Y las tragedias siempre son más potentes estéticamente. No hay color entre un final en el que Edipo se arranca los ojos, por ejemplo, y un final en el que se nos informa de que resulta conveniente perseverar en nuestros esfuerzos porque estos darán sus frutos. Lo primero mola mucho más, aunque puede que lo segundo sea cierto y, desde un punto de vista axiológico y pedagógico, preferible.

La huida

Supongo que siempre he sentido la necesidad de huir, independientemente del lugar en el que me encontrase. Se trataba -se trata todavía, a decir verdad, y muy probablemente se tratará en el futuro, porque la huida, como el amor, no se acaba nunca- de una necesidad lacerante pero difusa, de un deseo violento que sacudía mi ser. Una suerte de descarga eléctrica. Algo que me empujaba, pero no sabía adónde. Con el fin de que se hagan una idea aproximada de la situación, les diré que una parte de mí me hablaba al oído, en voz muy baja, y me decía lo siguiente: debemos partir sin demora. La otra parte -digamos que yo estaba escindido en dos mitades, las cuales, por cierto, no eran simétricas; espero poder aclarar más adelante esta cuestión- se quedaba unos segundos en silencio, con gesto contrariado, perplejo, y preguntaba: ¿ahora?

Pero ya era tarde. La sensación de que ya era tarde lo impregnaba todo. El mundo se había acabado. El fin ya había sucedido. Aunque el mundo, una vez concluido, siguiera durando.

Dos almas anidaban en mi pecho, como se suele decir. Creo que esto es bastante común. Más de lo que se cree, aunque no sé si hay alguna manera fiable de saber esto. Estas cosas son confusas, supongo. Bueno, sigamos. No luchaban ferozmente, pero luchaban todo el tiempo, con desapasionada resignación ante la inevitable falta de conclusión en que solían terminar sus disputas. La disputas eran interminables, de todas formas. Se abandonaban, más bien. Simplemente, cuando las dos mitades estaban exhaustas, el diálogo -llamémoslo así de momento- languidecía poco a poco hasta que al final moría y el silencio restablecía la calma. Aunque esa calma que emergía con el silencio fuese un espejismo y ocultase un temblor o una vibración secreta. Supongo que saben de lo que hablo. ¿No? Puede que yo tampoco. Y aún así.

Huir, partir sin demora. A la voz de ya. Esa era, al parecer, mi divisa. Pero no es que la hubiera elegido. No, no lo había hecho. No había elegido una mierda. Lo más cómodo hubiese sido quedarme en el sitio, no ir a ninguna parte. Aunque bien mirado -o mirado de cualquier forma, lo mismo da- nunca me movía de mi sitio. Naturalmente mi deseo era huir, pero al hecho de moverme no le veía ningún sentido, la verdad sea dicha. Había, sin duda, una tremenda agitación en mi interior, como de árboles azotados por furiosas rachas de viento. Un desvarío. Todo, en resumidas cuentas, y disculpen que me exprese de un modo tan general, pero no por ello menos exacto, estaba fuera de quicio. Aparentemente todo estaba en calma pero nada encajaba.

Todo, nada, nunca, siempre. Uso estas palabras sin parar, pero son palabras raras, si uno lo piensa un poco.

Así que, ya digo, yo estaba escindido, cruelmente escindido, si quieren, aunque en el fondo no era para tanto. Creo que estoy dramatizando en exceso. Pero estaba escindido o algo parecido entre una parte de mí que me insistía o impelía o conminaba a que huyésemos cuanto antes y otra parte de mí adormilada o confusa o perpleja y también quizás un poco asustada que balbuceaba indecisa y preguntaba que si ahora y que por qué y que adónde iríamos.

Y resultaba que ahora era ya tarde y que, aún así, lo mejor era partir de inmediato. Cuanto más tiempo pasemos aquí tanto peor para nosotros. Porque, además, nos persiguen. No creas que estamos solos, o puede que estemos solos sin que ese estar solos nuestro signifique en modo alguno no estar siendo perseguidos. Mucho menos significa estar a salvo. Así que rápido, vístete y huyamos de una puta vez. Aunque no haya sitio adonde ir.

Mis dos mitades antagónicas pugnaban inútilmente, pero hay que tener en cuenta que también estoy yo, aquí, hablando de mis dos mitades, de manera que somos, al menos, tres. Supongo que esto está claro. Las matemáticas rara vez mienten. Respecto a la asimetría de mis dos mitades, he de decir, aunque es de suponer que sobre este tema ya se ha escrito y dicho mucho, que otros antes que yo habrán pronunciado doctas y sabias palabras sobre esta cuestión, pues soy consciente de que no existe la página en blanco, ni la tela en blanco, ni la tabla rasa, que es muy posible que no haya nada nuevo bajo el sol, y aún así yo quiero dejar aquí mis palabras, he de decir, digo, que mi parte digamos consciente era por así decir la que escuchaba perpleja las necesidades o deseos de huir que formulaba imperativamente esa otra parte más grande y difusa que estaba, por decirlo de alguna manera, sumida en las sombras.

Digo que esto es así por decirlo de alguna manera, pero no estoy seguro de que sea así. Espero que esto se entienda.

Bueno, pues la parte sumida en las sombras -a riesgo de resultar brutalmente irritante de tanto insistir en ello he de insistir una vez más en que esto es solo una manera de hablar- a veces comenzaba a hablar, pero a medida que iba hablando su voz se aceleraba. Comenzaba hablando a un ritmo más o menos normal, sus palabras tenían sentido, se entendían. Poco a poco, sin embargo, se iba acelerando más y más. Las letras se juntaban en el aire, chocaban entre sí produciendo un chirrido molesto y no había manera de entender nada. Un tumulto monstruoso. Otras veces, por el contrario, sus palabras se ralentizaban hasta un punto que resultaba desesperante. El tiempo que hubiese hecho falta para escuchar la pronunciación de una sola letra en aquellas ocasiones era de unos tres años. Sé que suena raro, pero así era. Y el tiempo necesario para escuchar tres letras no era de quince años sino de cuarenta y ocho años, de tal manera que escuchar una frase completa excedía ya el tiempo de una vida humana.

A fin de cuentas, nuestra huida no acababa nunca porque no empezaba nunca. Mejor dicho, no acaba nunca porque aún no ha empezado. Aunque si alguna vez empezase tampoco acabaría. Creo. Y huir era, a pesar de todo, nuestra tarea. El sentido de nuestra existencia, si me permiten un momento que nos pongamos grandilocuentes.

Se trataba -se trata- de una peculiar encrucijada, creo yo.

lunes, 24 de febrero de 2014

sábado, 22 de febrero de 2014

Literatura fantástica

Uno oye a Borges decir que la metafísica es una rama de la literatura fantástica y se entusiasma, sale a la caza de libros de metafísica con el ánimo exaltado, pero luego descubre que trata básicamente sobre unos tipos que llevan más de dos mil años dándoles vueltas al ser y a las categorías y que alguno dice que todavía no se ha planteado bien la pregunta por el ser, no hablemos ya de responderla. ¿Dónde leches están los dragones y los árboles mágicos?