martes, 3 de mayo de 2016

Antes de levantarme

Mi poesía personal es un fracaso.
No quiero ser una persona.

Anne Carson 


Antes de levantarme palabras sueltas
revoloteaban alrededor de mi cabeza
palabras errantes
órganos flotantes
un ojo que volaba
una pierna que me golpeaba
unos labios mordidos
caderas anchas
pechos grandes
todo miembros dispersos
una melodía rota
la melodía rota de mis frases dijo Alejandra Pizarnik
el alma es la sintaxis
la sintaxis es ritmo
el ritmo es alma
el alma es mirada también
mirar es un modo de ser dijo Denise Levertov
pero ya no sé qué quería decir
—no me acuerdo—
antes de levantarme lo tenía claro
formas precisas se dibujaban
en la penumbra de mi habitación
sabía lo que quería decir y cómo decirlo
qué maravilla de precisión
una escritura limpia ascética un escalpelo
sin equívocos ni confusiones ni referencias
nada de caos un orden luminoso
palabras brillantes cristalinas
—sin nada de mí, qué alivio—
y ahora no recuerdo nada
improviso quiero recordar no puedo
se trataba de algo que decía Anne Carson
—ya he hablado de tres poetas—
era algo que decía Anne Carson deshacer el yo
deshacer el lenguaje sentir lo increado
con la punta de los dedos mirar el espacio blanco
inmaculado como la claridad del alba
—o mejor: la claridad que precede al alba—
eso quién lo dijo no importa (a lo mejor fui yo)
pensé descrear es hacerse un cuerpo sin órganos
un pensamiento sin imagen la génesis la creación
luego pensé piensas gilipolleces
además no se entiende lo que dices lo que piensas
no puedes fundirte con lo que dices
ser uno con lo que dices no dos solo uno
los poemas están lejos
te abandonan en el centro ausente de ti mismo
no puedes hablar no sabes comunicarte bien
la melodía rota de mis frases
sus ojos te reclaman está ahí no para de mirarte
sonríes no la conoces
descrear deshacer el yo singularidades libres
diferenzias flotantes mundo de intensidades
estás mezclando al maldito Gilles Deleuze por eso
no se entiende nada te estás 
cargando el poema 
—seguramente ya no hay quien lo lea—
revelarse ocultándose (poética del pudor)
eso piensas que es Anne Carson pero tú no eres Anne Carson
tú no sabes griego antiguo 
rota melodía sintaxis alma (a)bruma(da) qué desastre
y pensar que antes de levantarte 
estaba todo claro en tu cabeza

sábado, 30 de abril de 2016

Nuevos planes, parecidas estrategias

—¿Y qué vas a hacer?
—Me propongo asumir mi destino roto y marginal
con alegre entusiasmo.
Lo empuñaré con firmeza
y después lo soltaré.
Quiero que vuele
como si fuera un pájaro.
Aunque es un pájaro
que solo tiene un ala.
De ahí la tristeza, el anhelo
que nunca será colmado.
No sé si me explico...
—No, no te explicas.
—Digo que hay que hablar en susurros, 
solo para quien tenga oídos.
—No, no habías dicho eso.
—Entonces digo que hay que atender
a la belleza de lo insignificante,
al palpitar de la quietud
y a la caída de la tarde.
—Tampoco habías dicho eso
—Digo que el destino y el azar
son lo mismo, y que debemos amar
nuestro destino.
—Eso está mejor, pero lo dijo Nietzsche.
—Sin embargo me da la sensación
de que algunos días se paran y me anuncian
que la vida está en otra parte.
—¿Dónde?
—Ahí detrás, por ejemplo.

El lenguaje de los pájaros

¿Por qué demonios tienen los poemas que ser incomprensibles?
Pensemos en Mallarmé, versos perfectos como el absurdo.
Pensemos en Panero y en su alma hecha de lluvia.
¿Un alma hecha de lluvia? Imposible.
Pensemos en Rimbaud, maestro en fantasmagorías.
Cataratas sintácticas, palabras fuera de quicio.
Pensemos en Lorca y en los hombres que no sueñan,
a los que vendrán a morder las iguanas vivas.
Pensemos en Alejandra Pizarnik, vecina de luces lejanas
y ardiente enamorada del viento.
Pensemos en el limón que tiñe de amarillo el mar.
Pensemos en la flor azul de Novalis
y en las noches árticas de Nacho Vegas,
y luego en en las flores árticas, que no existen.
Pensemos en el ruiseñor y en la melancolía.
Pensemos en el corazón de César Vallejo,
tiesto regado de amargura.
Pensemos en qué hermosos son los pies en las sandalias
de la sunamita, y en el contorno de sus muslos como joyas.
Pensemos en Ezra Pound y escuchemos el viento.
Pensemos en Valente y en los ángeles y en la ceniza
y en todas las cosas que no tienen nombre.
Pensemos en Aleixandre y en que tras la lluvia
el corazón se apacigua y los pájaros nos envían
su recado misterioso.
Aunque todo esto no deja de ser elemental, obvio,
el sol que sale como un relámpago
y acaricia unos párpados dormidos.
No hay nada que comprender. 

La tierra cruje, sin embargo.
Se resquebraja, piel muerta.
Los poetas agonizan en una tierra desierta
pero aún entonan su canto precario.
Son un resto que resiste.

El imitador de voces sufre un ataque de afasia

Crees que puedes imitar a John Ashbery
solo por haber leído tres o cuatro poemas suyos.
Si fuera tan fácil. 
La verdad es que no sabes cómo imitar a John Ashbery.

Solo sabes que la luz transparente de abril
te alegra el día y que el azul del cielo hoy es más profundo que nunca.
Es un azul abismal, sin fin, un vacío
que tal vez John Ashbery también haya visto alguna vez.

Estás encerrado en tu cuarto pero por la tarde saldrás
a tomar algo, a ver a gente que conoces y a misteriosos desconocidos.
No entiendes realmente los poemas de John Ashbery.
Pero el lenguaje tiene ritmos secretos, música, gracia. 

Eso basta. Eso debería bastar, dices. Las palabras tiemblan 
igual que tiembla el azul, y se me ocurre que las palabras 
descienden de ese cielo que llama a la ventana.
Una ocurrencia absurda, que no sé si a John Ashbery le hubiera gustado.

viernes, 29 de abril de 2016

Morir a los veinticuatro años en una habitación de alquiler versus dejar de escribir y vender armas en África

Tal vez las vidas —o los nombres— de Rimbaud y Lautréamont destacan entre esas vidas desmesuradas de los poetas que a Roberto Bolaño tanto le atraían. Destinos absurdos, amargos, rotos. La última etapa de la vida de Rimbaud es deprimente: el alquimista del verbo, el talento más salvaje, precoz y feroz que se haya visto, el príncipe de los poetas, no hizo otra cosa que sufrir. De Lautrémont apenas sabemos nada. Roberto Calasso compara sus destinos con esta rotundidad en La literatura y los dioses:
Morir a los veinticuatro años en una habitación del alquiler de la rue du Faubourg Montmartre, «sans autres renseignements», como se lee en el «acte de décès» de Lautrémont, es un destino mucho más temerario y eficaz que dejar de escribir para vender armas en África.
Para mí, la potencia poética de Rimbaud, independientemente de su destino, supera con mucho la de Lautrémont. Los cantos de Maldoror, eso sí, es uno de los libros más raros y perturbadores que se han escrito.  

jueves, 28 de abril de 2016

Comer con los ojos: el grato pan de la lectura

Se diría que esta, la de aparecer solo en los libros, se ha vuelto la condición natural de los dioses. Con frecuencia, además, esa aparición tiene lugar en libros no muy consultados. ¿Se trata acaso de un preludio de su extinción? Solo en apariencia. Porque en el ínterin todas las potencias del culto han emigrado a un solo acto, inmóvil y solitario: el de leer (...). El mundo —ya es el momento de decirlo, aunque la noticia sea del desagrado de mucha gente— no tiene la menor intención de desencantarse del todo, aunque solo sea porque, si lo hiciera, caería en un extremo aburrimiento.
Roberto Calasso, La literatura y los dioses

Pues del mismo modo que recibimos la comida con la boca, así captamos con la virtud de la inteligencia el alimento de la divina lectura. En cuanto a los dientes, significan la meditación, ya que así como con los dientes masticamos el alimento recibido, también mediante el ejercicio de la meditación discutimos y dividimos más finamente el grato pan de la lectura.
Hugo de San Víctor, Sermo 21, citado del libro de Ivan Illich En el viñedo del texto. Etologia de la lectura: un comentario al "Didascalicon" de Hugo de San Víctor 

Sobre Brienne de Tarth

Si, según Kafka, Simon Tanner, el protagonista de la primera novela de Robert Walser, vagabundea para no producir nada, a no ser el goce del lector, podríamos decir que Brienne de Tarth es la contrafigura de Simon Tanner: ella vagabundea para no producir nada, a no ser un aburrimiento casi letal en el lector.

sábado, 23 de abril de 2016

Pablo Iglesias y el secreto inconfesable de la crisis de la prensa

AQUÍ.

También es cierto que «meterse en política es como lavarse la manos con mierda», según la cita de Proudhon que trae a colación Ernesto Castro AQUÍ.

Periodismo e insolidaridad

AQUÍ

Y un bonus track'El País' se desnuda contra Pablo Iglesias, José Manuel Martín Medem

PD: ¿No es raro que algunos periodistas conciban la libertad de expresión de modo unidireccional, como la libertad de expresión de los periodistas, la suya, pero no de aquellos sobre los que los periodistas emiten sus juicios de valor? Es una simple pregunta.

El carácter anfibio de la creación poética

Dante resumió en un verso este carácter anfibio de la creación poética: «el artista / que tiene el hábito del arte tiene una mano que tiembla». En la perspectiva que nos interesa, la aparente contradicción entre hábito y mano no es un defecto, sino que expresa perfectamente la doble estructura de todo auténtico proceso creativo, íntima y emblemáticamente suspendido entre dos impulsos contradictorios: impulso y resistencia, inspiración y crítica. Y esta contradicción recorre todo acto poético, desde el momento en que ya el hábito contradice de alguna forma la inspiración, que proviene de otra parte, y que por definición no puede ser dominada por el hábito. 
Giorgio Agamben, "¿Qué es un acto de creación?", en El fuego y el relato

viernes, 22 de abril de 2016

El populismo a debate



Hay que valorar la labor de los técnicos de sonido. Ellos ponen las condiciones de posibilidad materiales del discurso. Los filósofos tenemos complejo de inferioridad respecto a los saberes técnicos, aunque nunca lo reconozcamos. Por ejemplo, yo saqué un sobresaliente en filosofía de la tecnología, pero cualquier problema tecnológico real me saca de mis casillas. Si el ordenador se me cuelga lo único que sé hacer de verdad, como sujeto operatorio del mundo material, es apagarlo y volverlo a encender.

PD: La polémica Pablo Iglesias versus los periodistas a mí me parece ridícula, aunque tiene su interés filosófico-lingüístico. Pablo Iglesias se refiere, en tono de broma, a la posibilidad de que un periodista malinterpre su intervención y la entienda en el sentido de que 'alienta el linchamiento de un periodista', cosa que más tarde, efectivamente, de manera inopinada y sorpresiva, sucede. Pablo Iglesias, sin pretenderlo, se ve envuelto en un acto de habla performativo —mientras escribo esto me voy dando cuenta de que la pedantería de los filósofos puede alcanzar fácilmente niveles estratosféricos— peculiar, al que podríamos calificar como un tipo de ironía performativa inconsciente. Aunque, tras esta paja mental teórica, he de decir que no tengo ni idea de por qué se ofendieron los periodistas. No sé en qué consiste la ofensa.

PD2: Como sabréis, en Esto es agua DFW dice que en el día a día el ateísmo no existe. Que no existe la no adoración. En Un palo al agua. Ensayos de estética, Ernesto Castro, uno de los filósofos jóvenes españoles más brillantes que yo conozco, dice lo siguiente: «¿Queda un espacio para la libertad? Sí, el mismo de siempre: la libertad de elegir uno mismo a qué ídolos someterse».

PD3: Respecto a la delirante —he recordado por qué en sexto de EGB me negué a ir a clase de religión y tuvo que ir mi madre a secundar con la autoridad de su firma mi firme voluntad herética— intervención del capellán en contra del mesianismo, he de decir que yo soy profundamente pro-mesiánico. Agamben, a quien en este blog directamente idolatramos, decía ESTO sobre el significado de vivir en el mesías.

PD4: Respecto a las facultades de Filosofía. Al menos en la de Salamanca, la polémica era el modo cotidiano de convivencia. Yo, dado que al hablar en público balbuceo, me pongo de todos los colores que existen en el espectro cromático y dirijo la vista hacia mis pies, solía permanecer callado en las clases y en los debates. Pero, claro, había cosas que pasaban de castaño oscuro, y tenía que intervenir. Recuerdo haberme empeñado en que los criterios de demarcación científica de Popper invalidaban su propia teoría de la acción racional, porque manejaba un concepto de racionalidad que no era falsable. Y eso sí que lo discutía en público y me enfrentaba con mis enemigos teóricos (hablo en plural, pero solo era uno; los popperianos no abundan en filosofía). Además, aunque esté mal que yo lo diga, tenía razón.

miércoles, 13 de abril de 2016

Kafka, el cristo de los escritores: reflexiones estrambóticas sobre literatura

Normalmente, cuando alguien me pide que le recomiende un libro, no sé qué decirle. Tengo una visión bastante chiflada y dogmática de la literatua. Para mí, Kafka es como Cristo, divide la historia de la literatura, la parte en dos. Así, Stendhal es un buen escritor de la era pre-Kafka. Gaddis, un buen escritor de la era post-Kafka. Podríamos multiplicar los ejemplos, pero la cuestión es que Kafka ocupa el lugar central. Robert Walser, lógicamente, sería Juan el Bautista, el precursor.

Pero Kafka es el Cristo de los escritores, lo que significa que en cierta manera es una contrafigura del propio Cristo (ya advertí en el título que estas reflexiones iban a ser estrambóticas). Cristo no escribió nada, igual que Sócrates, porque ambos estaban en contacto directo con el logos, con el sentido expresado en viva voz. Kafka es todo lo contrario. Es la encarnación de la escritura.
BREVE INTERPOLACIÓN TEOLÓGICA: Si en el Génesis Dios crea el mundo mediante la palabra hablada, en el Zohar son las letras las que se presentan ante Dios como pretendientes, para que con ellas cree el mundo. A los fans de Derrida esta versión del mito de la creación les hace babear. 
En las obras de Kafka el sentido no está presente. Llegar al Castillo, acceder a él, es imposible. Kafka puede ser el camino, pero no es la verdad. Todo es oblicuo, laberíntico, un jaleo de la hostia, en las obras de Kafka. Moisés recibió las tablas de la Ley del propio Dios. En el mundo de Kafka no se puede acceder a la Ley. Incluso aunque sorteáramos al primer guardián de la Ley, habría otro, y luego otro y otro, ad infinitum.

Cristo dijo que no había venido a abolir la ley mosaica sino a darle cumplimiento. ¿Y Kafka? No tengo ni idea, porque lo esencial de la escritura de Kafka es precisamente su resistencia a ser fijada en un sentido único, tranquilizador.
BREVE INTERPOLACIÓN GRAMATICAL*: Fíjense en la cantidad de frases adversativas que usa Kafka. Matiza constantemente lo que está diciendo. Hay una cantidad tremenda de peros, aunques, casis, etcétera. Ese intento obsesivo de precisar el sentido de lo que está diciendo lleva, paradójicamente, a que este se vuelva inasible, escurridizo.
*Como no sé alemán, mi lectura de Kafka está seriamente limitada, pero confío en que los traductores no desvirtúen su prosa hasta el punto de que esta interpolación gramatical sea un puro sinsentido. Sobre la cuestión de la traducción los filósofos analíticos, en concreto Quine, han dicho sus cosas. La tesis de la indeterminación de la traducción radical es interesante, aunque supongo que a mucha gente le parecerá un coñazo.
Pero está claro —dentro de lo que cabe— que Kafka ni abole la ley ni le da cumplimiento.

lunes, 11 de abril de 2016

Cuando ser escritor era una juerga: qué fue de la generación Kronen

AQUÍ.

A mí Historias del Kronen me gustó mucho. Y Ciudad rayada me gustó más aun. Posrealismo punkizante, así definió Mañas el estilo de esas novelas. De Ray Loriga Héroes me gustó más que Trífero, y Lo peor de todo más que Héroes. He de confesar que en su momento también me gustó Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarría. Era muy joven cuando leía esos libros. Echo de menos ser joven y leer esos libros, ahora que lo pienso. 

PD: No tengo ni idea de por qué, pero siempre que pienso en Mañas pienso también en Cela. Incluso imagino a una joven aspirante a escritora, pongamos de unos quince años, obsesionada con el estilo de Cela y con las novelas noventeras de Mañas. Esta joven planea escribir una gran novela, punkizante y coral. Además, le gusta Federico García Lorca. El Romancero gitano más que Poeta en Nueva York. Supongo que mi cerebro imagina cosas raras por su cuenta. 

domingo, 10 de abril de 2016

Breve tratado teológico-político-gastronómico

Necesitamos un Tratado teológico-político-gastronómico que explique el perturbador fenómeno Masterchef. Esa escenificación estilo Leni Riefenstahl, a la mayor gloria de los líderes supremos, no puede ser casual: los jueces son infalibles, no se puede cuestionar su autoridad ni su criterio. Naturalmente, este autoritarismo catódico está aderezado con indigestas dosis de pornografía emocional, historias melodramáticas que presentan al artista culinario como nuevo Santo Mortificado y Artista Sufriente. 

Pero el aspecto más perturbador de Masterchef esa esa insistencia maniaca en el deber de cumplir nuestros sueños. Debemos luchar por cumplir nuestros sueños. Si no lo conseguimos —he aquí el corolario perverso de esta retórica estúpida, aparentemente inocua— nos sentiremos culpables. Puede que no nos hayamos esforzado/sacrificado lo suficiente. Este peculiar imperativo es dehonesto. Kant era mucho más sincero —hay quien dice que Kant no miente nunca— y nos decía que había montones de cosas que teníamos que hacer aunque no nos gustara hacerlas. El imperativo posmoderno es mucho peor, como ha analizado Zizek. Nos obliga a gozar. Goza, cumple tu sueño, o si no te sentirás culpable.

El imperativo que nos obliga a cumplir nuestros sueños implica vivir en función de un fin. Sometido a ese fin, en el que ciframos nuestra felicidad, nuestra recompensa. A mí —seguramente porque tengo el cerebro arruinado de leer a Deleuze— ese me parece un mal modo de vivir. También es verdad que yo no soy precisamente un modelo de conducta, de cómo vivir. Los filósofos construyen palacios de ideas pero ellos mismos viven en chozas cochambrosas, dijo alguien. Sea como fuere, me parece un mal modo de vivir. Es preferible, si hacemos caso a Deleuze, una vida que no se vive en función de medios y fines, sino conforme a una producción, una productividad, una potencia.

No se trataría tanto, desde la perspectiva deleuziana, de cocinar para alcanzar el sueño mediático del reconocimiento como de cocinar porque nos gusta, para desplegar nuestra potencia, nuestra alegría. Que el reconocimiento —y si no me equivoco, cumplir un sueño significa en el lenguaje televisivo alcanzar reconocimiento, que es un bien escaso, como dijo Hegel, y por eso desata luchas encarnizadas— llegue o no llegue no depende de nosotros. 

Seamos buenos estoicos y nos nos preocupemos por cosas que no dependen de nuestra voluntad.

Andrés Trapiello - El gran aburrimiento o los compases de la espera

AQUÍ.

Nadie se aburre tanto como yo, dijo Rimbaud.

Y DFW escribió El rey pálido, una obra póstuma, inconclusa, que trata fundamentalmente sobre el aburrimiento.

PD: Yo, como Leopardi, también vivo en un poblacho de mala muerte —y a menudo tengo que esperar el autobús para ir a León, lo cual me desespera— aunque creo que no me parezco en nada más a Leopardi.

PD2: Haciendo alarde de ese tipo de erudición inútil, que no lleva a ninguna parte, he de recordar la vinculación entre la esperanza y la espera y, por tanto, entre la fe y la espera. En un famoso pasaje de Kafka de sus Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero —que Perec, por ejemplo, cita al comienzo de Un hombre que duerme— podemos leer lo siguiente: «No es necesario que salgas de casa. Quédate en tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies». Como sabemos, Kafka supera a todos los escritores y a todos los teólogos y desespera a todos los intérpretes y comentaristas. Y la Monelle de Marcel Schwob dice, si mal no recuerdo, que ella no está sola porque está con su espera. No se sabe qué espera, solamente espera. Y su espera le sirve de compañía.

sábado, 9 de abril de 2016

Saturday Morning

Mañana de sábado tranquila. He tomado tres cafés. He hojeado la biografía de Stalin que escribió Trotsky. He leído la encíclica de Benedicto XVI Spe Salvi (muy buena, por cierto). He escuchado atentamente Breathless, la canción de Nick Cave, versionada por Cat Power (la obsesión con Cat Power de momento no tiene pinta de acabar; mientras escribo esto estoy escuchando The covers record). Finalmente, al poner el título de este post, me he acordado de que Eels tiene una canción que se titula precisamente así. Hela aquí.