jueves, 8 de diciembre de 2016

Lecturas 2016

Enero

1. Libro de poemas, Federico García Lorca
2. Cantares populares, Federico García Lorca

Febrero

3. Ágape se paga*, William Gaddis
4. El cuaderno perdido, Evan Dara
5. Wanderlust: una historia del caminar, Rebecca Solnit
6. Tenderenda el fantástico, Hugo Ball
7. Los papeles de Puttermesser, Cynthia Ozick
8. El gran código: una lectura mitológica y literaria de la Biblia, Northorp Frye
9. Afterpop: la literatura de la implosión mediática, Eloy Fernández Porta

Marzo

10. Iluminaciones*, Arthur Rimbaud
11. El canon occidental, Harold Bloom
12. Conversaciones con David Foster Wallace*, Stephen J. Burn (ed)
13. El cartero de Neruda, Antonio Skarmeta
14. El ermitaño de la calle 69*, Jerzy Kosinski
15. Esto es agua*, David Foster Wallace

Abril

16. Metáfora y memoria, Cynthia Ozick
17. La estación vacía, Jorge Riechmann
18. El corte bajo la piel, Jorge Riechmann
19. Esclavos y libertos, Verónica Pedemonte
20. Cartas de amor de un comunista, Isabel Pérez Montalbán
21. Itinerario de la luz, Iván Mariscal
22. El demonio te coma las orejas, David González
23. Un palo al agua: ensayos sobre estética, Ernesto Castro
24. El fuego y el relato, Giorgio Agamben
25. Los viajes sin fin, Juan Luis Panero
26. La literatura y los dioses, Roberto Calasso

Mayo

27. En el viñedo del texto. Etología de la lectura: un comentario al didascalicon de Hugo de San Víctor, Iván Illich
28. Estudio de lo visible, Mariano Peyrou
29. El arte de la indignación, Ernesto y Fernando Castro (eds.)
30. Sobre la literatura, Umberto Eco
31. ¡Despidan a esos desgraciados!, Jack Green
32. Magistral, Rubén Martín Giráldez

Junio

33. Historia de la lectura en el mundo occidental, Cavallo y Chartier

Julio

34. Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, Simone Weil

Agosto

35. La comunidad del anillo*, Tolkien
36. Escrito en piedra. Dios como autor, Daniel Jándula Martín
37. Postpunk: romper todo y empezar de nuevo, Simon Reynolds

Septiembre

38. El odio a la música, Pascal Quignard
39. Apocalípticos e integrados, Umberto Eco
40. El Reino, Emmanuel Carrére
41. Hacia el realismo especulativo, Graham Harman
42. Vida de Simone Weil, Simone Petrement

Octubre

43. Mis chistes, mi filosofía, Slavoj Zizek
44. La ética hacker y el espíritu del capitalismo, Pekka Himanen
45. El cosmos, el caos y el mundo venidero, Norman Cohn
46. Contra la posmodernidad, Ernesto Castro
47. Tao te king, Lao Zi
48. Después de la finitud: ensayos sobre la necesidad de la contingencia, Quentin Meillassoux
49. Cero K, Don DeLillo
50. Ecce homo*, Nietzsche

Noviembre

51. Historia del pensamiento: India, Jesús Mosterín
52. Poesía completa, San Juan de la Cruz
53. La broma infinita*, David Foster Wallace
54. Pirografía, John Ashbery

Diciembre

55. El universo de las imágenes técnicas: elogio de la superficialidad, Vilém Flusser

Pues esto es lo que ha dado de sí el 2016 en cuanto a lecturas se refiere (los asteriscos indican relecturas). Tengo medio empezados Ciclonopedia, de Reza Negarestani, Pequeños tratados, de Pascal Quignard, los Upanisad y Las grandes tendencias de la mística judía, de Gershom Scholem. Pero básicamente esto es todo. 

Una hermosa amistad

Apunte autobiográfico: Extinción fue el primer libro de DFW que compré, en 2005. Recuerdo perfectamente estar en la librería Cervantes de Salamanca, con el libro en la mano, indeciso. No sabía si comprar Extinción o La broma infinita. Estaba con una amiga que debió decirme algo así como «decídete de una puta vez, llevamos aquí una hora». Me decidí por Extinción porque La broma infinita la tenían en la biblioteca de la Casa de las Conchas y la podía sacar cuando me diera la gana. No tuve un flechazo repentino con el estilo de DFW, pero sí que me quedé en shock. Nadie escribía así. Fue el comienzo de una hermosa, inquebrantable y ya bastante larga amistad.

PD: Estamos a punto de acabar el año 20 después de La broma infinita, así que se me disculpará que haya escrito una vez más sobre DFW.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Recuerdos

—¿Estudiaste Filosofía?
—Sí, pero entré en la academia sin saber geometría, así que supongo que soy un diletante.
—¿Y has trabajado?
—Sí, pero de bibliotecario. 

(Más o menos esto es un fragmento de una conversación real, a eso de las tres de la mañana, con una chica vasca que estaba impresionada con las tapas de León y que había estudiado en Salamanca, lo que me obligó a recordar. Me preguntó por mi bar preferido de Salamanca, que por supuesto es el Paniagua. Para mí era un templo*. Y la plaza San Justo, que está al lado, era el ágora)

*Lo digo en serio. Un templo es una espacio ontológicamemente diferenciado del resto. Para mí el Paniagua era eso. 

Escribir recuerdos. Hacer que el pasado, esa región remota, ese país extranjero, quede fijado en unos cuantos signos. Sin embargo, mis percepciones, aunque las detallara minuciosamente, seguirían siendo privadas (este es un viejo problema filosófico, creo); las letras no lograrían captar toda su riqueza. 

La percepción es irreductible al concepto, por así decirlo. 

Felicidad clandestina

Sería exageradísimo decir que concibo la lectura como un pecado, como si la lectura fuera el demonio de inocentes y hermosas piernas que tienta a Simón del desierto. Exageradísimo. Pero es verdad que de pequeño mi madre me obligaba a dejar de leer pronto porque al día siguiente había que ir al colegio. Tenía que apagar la luz. 

La felicidad de la lectura, como dijo Clarice Lispector, es una felicidad clandestina.

The end is near (ahora de verdad)

Después de leer ESTE  artículo he estado aterrorizando a mi familia con la inminente llegada del fin de la civilización occidental. Porque el fin está cerca (ahora de verdad). 

En Ciclonopedia Reza Negarestani dice que el crudo, como jugo de cadáver de hidrocarburos, es una entidad mortal. No hay que olvidar esto: es una entidad mortal.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Kafka en la madriguera

Volviendo al tema Kafka —Kafka como encarnación de la literatura, como enigma, mito, fantasma, pozo inagotable—. Una vez se imaginó a sí mismo viviendo en una gruta, en una caverna, aislado de todo y de todos, escribiendo a la luz de una vela, en un estado de concentración total. Si no recuerdo mal —puede que sí, que recuerde mal, que algunas partes de lo que digo sean inventadas— habría, pese al aislamiento, una forma de comunicarse con Kafka. Una vez a la semana, por ejemplo, alguien llamaría a la puerta de la gruta. La gruta tendría una puerta. Quizá era una especie de sótano, quién sabe. Alguien llamaría y aparecería Kafka, con unos papeles en una mano, en la otra un candil (supongo). La débil luz titilante iluminaría a intervalos irregulares la cara de Kafka. Los papeles serían entregados. Kafka volvería a su madriguera (tal vez fuera una madriguera de lo que estamos hablando) a seguir escribiendo. Pero puede que no lograra concentrarse, que su atención se dispersara, que fuese mejor volver a la oficina. 

Sobre Fernando Trueba, Pascal Quignard, Eduardo Mendoza, Javier Cercas, Franz Kafka, Harold Bloom y Cronos

Al contrario que a Fernando Trueba*, a mí no me gustaría que España hubiese perdido la guerra de la independencia. 

Sin embargo, y dicho sea sin ánimo de apuntarme a esa suerte de chovinismo inverso según el cual todo lo extranjero es mejor, el premio a Eduardo Mendoza me es indiferente; justo hoy acabo de recibir los Pequeños tratados de Pascal Quignard, una maravilla editada con primor y gusto inconmensurables por Sexto Piso. Así que me voy a dedicar a leer al francés Pascal Quignard y no al español Eduardo Mendoza**. 

Apenas he hojeado el primer volumen. He estado recreándome con el objeto material en sí, antes de desvelar su contenido —los que creen que solo importa el contenido son unos idealistas, a mí me gustan los objetos, la materia— pero ya he visto que hay un tratado sobre la palabra objeto. La Ontología Orientada a los Objetos (OOO) puede haber encontrado un poderoso aliado literario.

PD: En ESTE artículo Javier Cercas se deshace en elogios a Eduardo Mendoza. Hay tantos adjetivos laudatorios que casi me mareo. Los adjetivos y los adverbios, como es sabido, aportan una valoración subjetiva de las cosas. No me parece mal, pero en este caso quizá a Javier Cercas se le ha ido de las manos. ¿Libros pudorosamente ricos, profundos, transparentes, ligeros, de apariencia superficial? ¿Puede algo ser a la vez profundo, transparente y tener una apariencia superficial? ¿Y por qué la falta de pretensiones es valiente? En fin, da igual. Nunca entiendo nada de lo que dice Javier Cercas.

*Hay que recordar que Fernando Trueba, independientemente de si se siente español o kazajistaní, elaboró una teoría sumamente cuestionable sobre el origen del arte en su afamado y polémico discurso (aunque seguramente era un chiste más que una teoría, igual que la boutade sobre la guerra de la independencia). Sostuvo que el origen de las artes es pornográfico y no tiene nada que ver con lo sagrado. La disyunción es absurda. Seguramente Fernando Trueba ignora que Samhat, la prostituta del Gilgamesh que civiliza a Enkidu, era una sacerdotisa del templo de Ishtar. 

**Se me podrá objetar que qué tendrá que ver la velocidad con el tocino. Que se puede leer a Pascal Quignard y también a Eduardo Mendoza. Y es cierto, no tengo respuesta a esa razonable objeción. Pero le tengo mucha tirria a Eduardo Mendoza. Primero dijo que Kafka era un mal escritor, luego, cuando le dieron el premio Kafka, se retractó de su absurdo intento de kafkicidio y dijo que Kafka era un grandísimo escritor. Retractarse, al no tener razón, le honra. Pero, ¿lo hizo solamente porque le dieron el premio Franz Kafka? Sea como fuere, hay muchos, demasiados escritores, y hay que escoger. El canon, como bien dice Harold Bloom, no es para nada algo arbitrario, sino el heraldo de la muerte. Es decir, la necesidad del canon se fundamenta en la brevedad de la vida. No se puede leer todo, no hay tiempo. Cronos devora a sus hijos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Sobre la dificultad de leer

Quería leer mucho, pero no lo conseguía. Quería sumergirme en la literatura europea. Allí estaba yo en nuestro humilde apartamento con jardín, en una zona anodina de Queens, sumergiéndome en la literaura europea. La palabra sumergirse era lo que importaba. Una vez tomada la decisión de sumergirme, ya no había necesidad de leer las obras. Lo intentaba a veces, haciendo un esfuerzo, pero no lo conseguía.
Don DeLillo, Cero K


Todos vosotros habéis experimentado aquellos momentos en los que quisiéramos leer, pero no lo logramos, en los que nos obstinamos en hojear las páginas de un libro, pero el volumen literalmente cae de nuestras manos. 
En los tratados sobre la vida de los monjes, ese era precisamente el riesgo por excelencia al cual un monje podía sucumbir: la acedia, el demonio meridiano, la tentación más terrible que amenaza a los homines religiosi se manifiesta sobre todo en la imposibilidad de leer.
Giorgio Agamben, Sobre la dificultad de leer 

Björk - Human Behaviour



💓💓💓💓💓💓

lunes, 28 de noviembre de 2016

Las chicas Gilmore

¿Por qué ahora somos todos fans?

Yo ya era fan antes de que se pusiera de moda. Y puedo demostrarlo. He AQUÍ un post de mi viejo y querido blog Pensamientos Despeinados. Hace doce años de ese post. Queda claro que era fan de Las chicas Gilmore y que las Olimpiadas me importaban un comino.

PD: Rory siempre fue guay. Dean, sin embargo, era un memo. Jess, el sobrino de Luke, hizo el mayor sacrificio por amor que se ha visto jamás en una pantalla: leer a la abominable Ayn Rand porque Rory se lo dijo.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Ángeles golpeando sus alas contra sí mismos

Yo dije tú eras el viento y la luz perpetua 
y me ponías la carne de gallina.
Pero yo soy ese cielo gris y triste,
un grito mudo, un encogimiento de hombros.

Tus palabras son cursis y no tienen sentido, me dijo alguien.
Solo sabes hablar de hojas arrancadas de ningún árbol, 
de las últimas hojas de otoño antes de que llegue el invierno.

La nieve es un tobogán por el que bajarán ángeles sonrientes, dije yo.

Solo sabes escribir poemas líricos, cursis y narcisistas
en los que seres que no existen caen desde el cielo,
y siempre nieva y es invierno.

Yo me encogí de hombros y no dije nada.
Tuve una visión muy clara de la espalda de una mujer desnuda
y de mi mano sobre su espalda (era un recuerdo lejano).

Te estás construyendo una cabaña imaginaria. Vives en una caverna.
Serás el rey de la nada en tu pequeño y solitario mundo.
¿Estás rehuyendo las contradicciones dialécticas de la realidad?

¿Las contradicciones diaqué? Me había topado con un filósofo.
¡Peor que toparse con la Iglesia! Las contradicciones de...
¡Valiente mamarracho!

Me asomé a la ventana y el viento era frío,
un cuchillo lúcido que atravesaba mi piel. Respiré hondo.
Nada en que pensar. Un pájaro saltaba por el tejado.

Pero era cierto, estaba solo en mi caverna. Las sombras reptaban
por la pared, pero yo no quería ir a ningún sitio.
Se está bien aquí, dije.

Escribes poemas dándole a la tecla enter al azar, dijo el filósofo.
Es verdad, mis frases se rompen al azar. Es la melodía
rota de mis frases. Me gusta así.

El filósofo era un capullo, un arrogante y un idiota.
No entendía nada.

Me encogí otra vez de hombros, miré las nubes,
recordé sus manos y su aliento en mi cuello.
Las sábanas sonaban como un susurro arenoso.

Como la nieve. Pero no hacía frío. Sudábamos.

Y no bajarán ángeles sonrientes del cielo, dijo. 

También eso era cierto, desgraciadamente. 
Un día David Foster Wallace tuvo una visión de ángeles que lloran
y golpean afligidos sus alas contra sí mismos.

No me atreví a decir que los copos de nieve 
eran las lágrimas de los ángeles
por miedo a que me llamara otra vez cursi y me acusara
de estar obsesionado con los ángeles y con la nieve. 

En cualquier caso, todo es triste, pensé. 
Todo está lejos, y en mi casa tengo cardos, no lirios ni rosas.

Tu poema cada vez tiene menos sentido, dijo el filósofo.
¿Se puede saber qué criterio sigues 
para dividir las estrofas? ¿Se puede saber hacia dónde se dirige,
qué quieres decir, si es que quieres decir algo?

No se dirige a ningún lado. Da vueltas
alrededor de un vacío.

¿El vacío eres tú, ególatra presuntuoso?

Tal vez tendría que volver atrás y corregirlo todo, pero es tarde.
Debería hacerme un té, lavar la ropa
que se amontona sobre la silla, y luego tenderla
para que se seque, y dejar de pensar
en ángeles que golpean sus alas contra sí mismos.

Un té caliente no ahuyentará la tristeza,
porque nada lo hará. La maldición de la sensibilidad,
el miedo a quedar sepultado bajo el peso de tus propias emociones.

Ángeles golpeando sus alas contra sí mismos,
esa es la escena que ahora se repite una y otra vez 
en la pared de la caverna. Ya no se está tan bien aquí.

Solo tiene que tranquilizarte y pensar, dijo el filósofo.
Afuera está el sol. ¿No lo sabías?

Pero lo que pensé no fue nada tranquilizador. Pensé
que  tal vez fuera el negro sol de la tristeza y que los ángeles
desfilarían en fila india, por una llanura sin fin,
gimiendo y golpeando sus alas contra sí mismos.

Y ella ya no era ni un recuerdo.
El sol negro lo engullía todo, incluido el pasado.
El sol del verano ya no brilla más.
La tristeza ha de bastar, dije.

Eres un poetastro que no sabe ni versificar, dijo.
Y estás doblemente alejado de la verdad. 

Permaneceré oculto un rato más y mañana Dios dirá.
Pintaré estrellas en el techo de la caverna, tal vez.
Me iluminarán o no me iluminarán, eso no lo sé.

Eso ya no es asunto mío.
Ya no pensaré más en mí ni en los ángeles tristes.
Me callaré por fin y simplemente miraré
porque mi alma es solo silencio.

Vuelves a hablar de cosas que no existen, dijo.
El alma no es nada.

Pero ¿y si es una nada luminosa? ¿Un silencio
ardiente? ¿Una nada plena?

Lees demasiadas movidas místicas, dijo.
Haces mala poesía, metafísica barata.

Pensé en un poema de Louise Glück en el que pregunta
¿Por qué alzas los ojos? ¿Para oír
algo así como el eco de la voz 
de Dios?

Me pegunté si yo alzaba lo ojos apara ver
algo así como la ausencia de Dios.

Tu poema se está volviendo demasiado abstracto y teológico,
no hay savia que corra por sus venas, nada que lo vivifique.
Una luz pálida lo amortaja.
Y yo diría que lo sigues escribiendo porque no sabes cuándo
ni cómo acabarlo.

Es verdad, estoy esperando a que el poema me abandone,
pero antes quiero que la luz del atardecer lo incendie,
y queden las cenizas como único testigo,
huellas del fuego que nunca se consume.

Siempre hablas de lo mismo: cenizas, silencio,
pájaros, estrellas, Dios, tristeza, ventanas, gritos mudos
y ángeles tristes. Ya solo te falta volver a hablar del viento.

El viento es el único poema. El viento esparcirá las cenizas
y algún día me llevará con él

¿Habría votado David Foster Wallace a Donald Trump?

Hay gente que se ha planteado esta estrambótica pregunta y que concluye que sí, porque David Foster Wallace era (se supone) políticamente conservador*. Y aducen como pruebas de su conservadurismo El rey pálido y Arriba, Simba, su artículo (soberbio) sobre McCain, incluido en Hablemos de langostas. Víctor Lenore, autor de Indies, hipsters y gafapastas, un panfleto delirante en que se denuncia una más bien imaginaria dominación cultural indie, también enarboló hace algún tiempo Arriba, Simba como prueba irrefutable de que David Foster Wallace era un republicano conservador, un amigo de McCain, un hipster intelectualoide y un moralista recalcitrante. 

Todo esto es muy raro. No lo digo en calidad de fan chiflado de DFW herido porque atacan a su ídolo (mi fanatismo, como ya he dicho, es a prueba de herejes), pues no podrían serme más indiferentes las acusaciones de conservadurismo, siendo yo mismo un conservador —hay cosas que merece la pena conservar (creo), y no me parece mal la insistencia de DFW en la importancia de la atención y de la empatía, insistencia que comparte con Simone Weil, por cierto— sino como ciudadadano confundido y aturdido por las opiniones literarias y políticas de algunos de sus semejantes. 

Los capitalistas revolucionarios lo tienen claro: no hay nada que conservar, los mercados y la desregulación deben arrasar con todo, la acumulación de capital es el único fin, los seres humanos y las comunidades y sus tradiciones deben ser sacrificados a la mayor gloria de los mercados. La financiarizacion mola. Bajemos los impuestos. Que se jodan los pobres y los parias de la tierra, etcétera.

En El rey pálido, resumiendo mucho, DFW viene a decir que la piedra de toque de la ética es la actitud que uno tiene respecto a los impuestos y la redistribución de la riqueza. Y la actitud por la que DFW se inclina es, si no me equivoco, más bien favorable a un sistema financiero progresivo y redistributivo. Los viejos empleados que ven su trabajo como un servicio público parecen ser los que reciben la aprobación de DFW, no los nuevos emprendedores cuyo único objetivo es la maximización de beneficios. ¿Es a esto a lo que se le llama el conservadurismo de DFW? Si es así, ¿cuál es el problema? ¿Los progres anti-DFW están a favor de las desregulación, de la finaciarización de la economía y, en general, del caos y de la explotación generadas por el sistema capitalista? ¿Creen que el individualismo y el aislamiento promovido por el neoliberalismo es algo bueno y que todo lo que implique creer en algo que trasciende el interés personal nos lleva directamente al fascismo o a la URSS? ¿Eso es lo que significa ser progre ahora?

No sabemos qué habría votado DFW. Sinceramente, no creo que hubiese votado a Donald Trump. Aunque supongo que se habría dado cuenta de que Hillary Clinton apoyó la guerra de Irak, vendió armas a Arabia Saudí, destruyó Libia, era favorable a la construcción de una barrera en la frontera con Mexico y a la deportación de inmigrantes ilegales incluso si estos eran niños y se pronunció en contra de los matrimonios homosexuales. Tal vez hubiera empezado un artículo así. He aquí unos cuantos hechos: Hillary Clinton apoyó la guerra de de Irak, etcétera. Pero Trump es aún peor: homófobo, racista, xenófobo, machista.

Por cierto, Arriba, Simba no es una declaración de amor a McCain ni una toma de postura a favor de los republicanos. DFW acabó votando a Bill Bradley, como dice el propio DFW. También dice: «Personalmente no se me ocurre por qué iban a importarle a nadie mis inclinaciones políticas». Fliparía si viera que se especula ociosamente sobre qué habría votado en el año 2016.

Una de las cosas más paradójicamente interesantes de Arriba, Simba es la pregunta de por qué la política resulta tan aburrida. Y lo que ha hecho Donald Trump, y tal vez ahí resida parte de su éxito —la otra parte, la parte realmente importante, tiene que ver con la economía, ya que hay una evidente correlación entre los Estados más desiguales y el voto a Trump— es hacer de la política un espectáculo entretenido. Sí, está loco, es un machista grotesco, dice barbaridades sin parar y lleva un peinado ridículo, pero suscita reacciones extremas, odio visceral y apoyo entusiasta, no indiferencia.

*Cierto artículo de un autor cuyo nombre no recuerdo sostenía que había una línea recta que unía el supuesto conservadurismo de DFW con su obsesión con el solipsismo y con su suicidio. DFW se suicidó, en mi humilde opinión, porque tenía depresión. No por escribir La broma infinita ni por estar obsesionado con el solipsismo ni porque prefiriera la admiración de los extraños al amor de su familia y amigos. Porque tenía depresión. Eso es todo. Una depresión de verdad, no una vaga tristeza otoñal que te impulsa a mirar soñadoramente por la ventana con el mentón apoyado en el puño cómo caen las últimas hojas de los árboles y se anuncia la llegada del invierno. Una depresión endógena, una enfermedad fisiológica. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Ciclonopedia, Reza Negarestani


He ahí al filósofo iraní Reza Negarestani. Tal vez esté hablando de demonología, de planos de consistencia, del paso de lo antrópico a lo telúrico, de monstruos lovecraftianos, del mundo ancestral en el que aún no había nada construido por manos humanas...

Si estáis interesados en la ciencia ficción, el realismo especulativo, la geopolítica, Deleuze y Guattari, el zoroastrismo, Oriente Medio y el petróleo*, Ciclonopedia es vuestra novela. 

*Sinceramente, no se me ocurre ningún motivo por el que alguien podría no estar interesado en todas estas cosas.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Derviches



Pocas cosas tan hermosas como el sufismo.

Microdiálogos nada socráticos

—¿De dónde salen todos esos escritores sociables y alegres que aman a la humanidad y desprenden buen humor a su paso? ¿Qué ha sido de los misántropos, de los cascarrabias, de los desesperados, de los fracasados?
—...

viernes, 18 de noviembre de 2016

¡Copiad, malditos!

Aprendemos por mímesis; aprendemos copiando, y esto ya lo dijo un señor [Aristóteles] hace 2500 años.
Javier de la Cueva

Open Acess

Cielos, tejados y casas abandonadas


Vaya por delante que no tengo ni idea de hacer fotos. Pero he contemplado con placer mórbido, propio de los románticos, el devenir ruinoso —bajo cielos grises, despejados y nublados— de las casas vacías que tengo enfrente de mi casa, y he tenido la osadía de hacer algunas fotos*. 

Los tejados nevados evidencian que —aquí parafraseo/pervierto a Ashbery— la nieve es un milagro no hecho para nosotros, y las hojas no son parte del invierno

*Tengo muchas más, pero no sé dónde. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Dwight Schrute Vs. John Lenon


Qué gran filósofo positivista es Dwight Schrute

El anuncio de la lotería (y III)

Se me olvidó decir una cosa —y además EL PEOR ANUNCIO DE LA HISTORIA requiere más de un análisis y más de dos: el infierno no es solo religioso, también es estético, como sabía Rosenkraz* y como prueba este anuncio, y hay que atreverse a bajar a él, por duro y desagradable que sea—, un detalle que pasé por alto en el primer visionado. Cuando el nieto va corriendo por la calle diciendo que les ha tocado el gordo, una señora se asoma a la ventana y le grita: «pero qué dices, chalao». En medio de esa vorágine de demencia y falsedad en que se ve envuelto un pueblo entero, esta mujer es la voz de la razón. Desgraciadamente, es una voz que clama en el desierto. 

*«Estamos inmersos en el mal y en el pecado, pero también en la fealdad», Rosenkraz, Estética de lo feo

El estupor cultural

AQUÍ

Menos respetar los libros y más leerlos. Yo he visto niños corriendo por la sala infantil, henchidos de entusiasmo, con tochacos de Harry Potter que pesaban más que ellos, diciéndoles a sus padres que lo habían encontrado. Por no hablar de Gerónimo Stilton y del Diario de Greg, sagas que los chavales devoran. La voracidad lectora de la muchachada supera ampliamente a la de los viejos, diga lo que diga este artículo.

PD: Y no estoy promoviendo la gerontofobia. La guerra civil supone un retroceso cultural brutal que se extiende durante tres décadas, así que es lógico que las personas mayores (en general) lean menos (lo que en cualquier caso tampoco quiere decir que sean más ignorantes, ni mucho menos. Mi abuelo sabe montones de cosas sobre remolacha y lúpulo y sobre vacas y sabe el nombre de miles de pueblos de León dejados de la mano de Dios y hasta sabe cómo construir casas y arreglar tejados y yo no tengo ni puta idea de nada de eso). A partir de los setenta comienza un ciclo expansivo (el número de lectores crece muy considerablemente respecto de las tres décadas anteriores). Este ciclo puede haberse estabilizado, eso sí. Pero como yo no creo en el crecimiento infinito (haría falta ser economista para crer en algo tan raro), no me parece tan escandaloso. Hay que mejorar, vale. Hay que seguir trabajando en la promoción de la lectura, desde luego. Pero sin lamentos y crujir de dientes.