Ojos alucinados
explorando la espesura
alumbran lugares
tan frágiles
que son siempre a punto de romperse,
y la vida, digo,
es una larga caída iluminada,
entreverada de sombras
y bocas que se beben
en un breve estallido.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
Al habla un terrible desconocido. Me gusta el poemita, denota improvisación y naturalidad. No está muy pulido, o eso me parece, pero ahí radica su gracia.
ResponderEliminarUn saludo,
Julián
Tienes razón, está improvisado y sin pulir...
ResponderEliminarun saludo