martes, 11 de noviembre de 2014

Indies, hipsters y demás

Aquí. Es preciso permanecer alertas, no vaya a ser que dentro de poco tengamos que preguntar a los defensores del igualitarismo qué podemos hacer en el ámbito artístico y qué es moralmente condenable. Tal vez las innovaciones formales sean de derechas. Tal vez los lectores de DFW debieran ser perseguidos por tratar de diferenciarse de la masa ignorante y ser condenados a leer a Corín Tellado. No lo sé. Lo que diga el Comité Ético encargado de juzgar a la estética para ver si es lo suficientemente de izquierdas.

PD: Naturalmente, igualdad se opone a desigualdad, no a diferencia, como han explicado diversas autoras del feminismo de la diferencia.

4 comentarios:

Alex Palahniuk dijo...

El problema es que al querer colonizar lo políticamente correcto, acabamos siendo gilipollas.

Señor S. dijo...

No sé, a mí me parece que el autor del libro ha descubierto la pólvora y nos viene con debates cuasi prehistóricos, como el de el posmodernismo descomprometido, individualista, la "lógica cultural del capitalismo tardío" de la que hablaba Jameson, o la acusación de nuevos reaccionarios que les lanzó Habermas. En fin, los ochenta, como poco.

El problema es que, además, no parece que el indie represente en el mercado algo tan voluminoso, así que la continua acusación de que son un producto de la industria cultural, pues bueno, sí, pero no el que más vende. Por otra parte, parecería que hay una "afuera del mercado", un mundo maravilloso donde se intercambia cultura al margen del sistema capitalista, y no.

Otro problema, tal como yo lo veo, es el fuerte normativismo moral que impregna todo esto. Me da la sensación, ya digo, de que el juez ético va a estar vigilando al creador artístico, y fruncirá fieramente el ceño si detecta regodeo narcisista en los sentimientos individuales en vez de una invitación al comunitarismo folk comprometido con las clases pobres, o algo así, y a bailar todos juntos abrazados o qué sé yo.

En fin, no me gusta. Por mi parte, prefiero compromiso ciudadano y libertad artística (y el arte podrá tener implicaciones políticas o no, pero no será la política quien dicte su hoja de ruta... Es que siguiendo a Victor Lenore resultaría que todo el romanticismo es el movimiento de una panda de reaccionarios; la gente consideraba cool la flor azul de Novalis; y no sé qué pasaría con las grandes obras de la literatura, ¿exigirle al lector un mínimo esfuerzo sería elitista?).

Y no sería raro que gente radical en el arte fuese conservadora en la vida... Y ya me callo XDDD

Señor S. dijo...

Aunque creo que mi verdadero problema es que ni sé lo que es la cultura indie-hipster-gafapasta ni me interesa lo más mínimo averiguarlo. Que si salir del indie, que si tal, son cuestiones totalmente ajenas para mí. Yo ni he entrado ni salido de ningún sitio. Me gusta Tool, me gusta Silvio Rodríguez y me gusta Supersubmarina, por ejemplo. Y las Grecas. Y Godspeed you! Black Emperor.

Claro que cuando uno es joven tiene prejuicios y claro que el gusto está condicionado socialmente, por el nivel educativo, por el grupo de amigos, etc. Pero es que no hay tal cosa como un gusto "incondicionado", puro, libre...

Y aún así, sin negarle a Bordieu lo que es de Bordieu, esta especie de reduccionismo sociológico se olvida por completo de un análisis inmanente de la obra de arte. Por impopular que suene, no es equiparable una obra de Stravinski con una canción de Camela. No se trata de que el oyente de Stravinsky sea mejor que el oyente de Camela, sino de que la obra de Stravinsky es mejor que la de Camela, y hay criterios objetivos que definen ese "ser mejor que"; otra cosa es que esos criterios sean discutibles o que eso siginifique que a uno le tiene que gustar más Stravinski que Camela, que no tiene por qué (sobre el gusto por lo que es de mal gusto ya se pronunció ni más ni menos que Rimbaud -convertido en todo un referente de alta cultura- en una declaración programática)

Lo que Bordieu dice, si no le entiendo mal, es que el acceso a una obra de alta cultura como la de Stravinsky está determinado socialmente, sobre todo por el nivel educativo (y también, ciertamente, que entre las clases altas estaría mal visto que te gustara Camela). Podemos extraer la conclusión de que Stravinsky y Camela valen lo mismo y que lo que sucede es que los oyentes de Stravinsky quieren destacar socialmente como seres de gusto superior -y que eso es lo único que sucede-; o que Stravinsky exige conocer un código cultural que mucha gente no conoce.

Los izquierdistas que pretenden rebajar la cultura supuestamente elitista se considerarán de izquierdas, populares y tal; a mí me parece que lo que hay que hacer es aumentar el nivel educativo para que tengan acceso a esas obras difíciles.

El arte no es difícil porque quiera ser difícil, sino porque quiere ser arte, como dijo alguien de cuyo nombre ahora mismo no me acuerdo.

Decir, como hace Lenore, que Foster Wallace es un producto de consumo, es falso y demuestra que Lenore no ha leído, o ha leído muy mal, la obra de Wallace, en la que es más que evidente una profunda preocupación moral por la condición humana -no en vano adoraba a Tolstoi, por ejemplo-, y política incluso (y ambas ligadas por el ámbito financiero, como se ve en El rey pálido, donde confluyen... En algún momento de la novela se dice que es en el sistema financiero donde se demuestra la moralidad de una sociedad; por no hablar de las discusiones sobre cómo el capitalismo absorbió la imaginería sesentayochista que se dan también ene sa novela... así que acusar a Wallace de ser un producto de aquello que él mismo critica en su obra me parece, como poco, una impostura intelectual, o que Lenore, en sus apresurados juicios generales, se dedica a lanzar nombres guiado por prejuicios asumidos acríticamente, como el de que Foster Wallace es un posmoderno individualista... Igual Lenore objetaría que no está haciendo un análisis de la obra de Wallace sino de la recepción indie de Wallace, que es superficial y lo toma como un icono, y en ese sentido tendría que darle la razón... desconozco qué recepción pueda tener entre los así llamados indies una obra como la suya, pero lo que sí digo es que no se puede juzgar la calidad de una obra porque haya impostores que la toman como pretexto de lucimiento intelectual para causar una gran impresión social... Hablo de cosas que me suenan a chino, la sola idea de causar una gran impresión social por haber leído a Wallace me parece algo marciano, inconcebible)

Humm... He perdido el hilo de la argumentación, si es que lo había... jejeje

Saludos Xd

Señor S. dijo...

Voy a seguir desbarrando un rato más, que estoy lanzado, jeje.

(He de reconocer que probablemente estoy caricaturizando la postura de Lenore y, por tanto, cometiendo la tan usual falacia de el hombre de paja. En alguna medida esto es así, lo admito.)

Dicho lo cual, me parece de risa que se hable de dominación cultural indie cuando Bustamante es un ser mediáticamente hegemónico que puede aparecer en cualquier momento en nuestras pantallas desplegando un inagotable repertorio de sonrisas y abrazos y simpatía extrema. ¿Los indies tienen prestigio, un prestigio excesivo? Bueno, no sé, habría que verlo caso por caso, pero déjales que tengan algo, copón. ¿Planeta vende libros que los indies desprecian, los indies leen libros de Blackie Books que la mayoría ni saben que existen? Pues bien, la corriente principal, dominante, el maintream, es obvio que la representa Planeta, los otros son más bien marginales. ¿Que entre los lectores de Blackie Books hay soberbios irritantes, capullos pedantes, gentuza con la que no te irías de cañas ni aunque te invitaran? Pues vale, de todo hay en la viña del señor.

Además, si el dominio cultural se lo ha ganado alguien a pulso (caso de Wallace), no tengo nada que objetar. Me parece más grave el dominio mercantil de escritores como Ruiz Zafón. ¿Se puede decir en serio alo así como que DFW es funcional al capitalismo y Zafón no? No se puede, claro.