viernes, 17 de febrero de 2017

La La Land y Los Señores de Salem (ejercicios de crítica cinematográfica comparada, hipersubjetiva y sin criterio)

Hace unos días, justo después de ver La La Land 



me puse a ver Los Señores de Salem


Las imágenes dejan claro el brutal contraste estético que hay entre ambas. 

Se supone que la película de Rob Zombie es blasfema, pero a mí me pareció un espectáculo católico-sangriento estándar. Es una buena peli, pero como artefacto espanta-católicos no lo acabo de ver (quizá debería desarrollar más esta idea, pero baste por ahora con preguntar si acaso hay algo más católico que la representación del mal).

Mi deber de esnob y elitista me obligaría, en principio, a repudiar La La Land, pero la verdad es que me parece que está bastante bien*. Por añadir una nota pedante, citaré a Wallace Stevens: «la imaginación es el poder que tiene el espíritu sobre las posibilidades de las cosas». Véase el (triste) final de La La Land en conexión con esta cita.

*Eso sí, no llega ni de lejos a la altura de los musicales clásicos, por la sencilla razón de que Ryan Gosling y Emma Stone no saben bailar, ni de lejos, como Fred Astaire y Ginger Rogers. Veamos esta maravilla (yo soy muy fan de los musicales: no cejé en mi empeño de conseguir descargar La Calle 42, todo un clásico; y me parece obvio que Mary Poppins es una obra maestra total, por mucho que para algunos deconstructores de mitologías Disney represente el mal). 

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