lunes, 27 de junio de 2016

Maldito país (II)

Por el bien de la civilización, España debería desaparecer del mapa. 

PD: O al menos que se cuelgue un cartel en todos los lugares de este maldito país en el que ponga bien claro: «JÓVENES, ABANDONAD TODA ESPERANZA». 

PD2: Enhorabuena a los corruptos, a los que piensan que debemos sacrificarnos para aplacar al dios de los mercados, a los explotadores y a los opresores, al Ibex 35, enhorabuena a toda esa buena gente que está a favor de bajar los salarios a los pobres, a favor del trabajo precario y de hundir en la miseria a los jóvenes y del crecimiento de la desigualdad. Habéis ganado. 

PD3: El fundamentalismo democrático debe de habernos vuelto tan imbéciles que ya no comprendemos ni la propia democracia. Rousseau jamás dijo que la voluntad colectiva fuera buena por ser colectiva, o que no pudiera estar equivocada. Como dice Simone Weil, con toda la razón, si la República de Weimar hubiera elegido democráticamente matar a los judíos, esta decisión no hubiera tenido ni un ápice más de legitimidad por el hecho de haberse basado en un procedimiento democrático. Lo que es legítimo es lo justo. Y lo que Rousseau dice es que, bajo ciertas condiciones, la voluntad común tiene más posibilidades de ser justa porque las pasiones particulares se compensan entre sí. Una de esas condiciones es que no haya pasiones colectivas, una condición que obviamente no se cumple, porque los partidos son máquinas de fabricar pasiones colectivas. Y en un día tan triste como hoy queda más que claro que la voluntad colectiva española está equivocada, porque apoya la corrupción, y la corrupción de ninguna manera puede ser legítima, porque de ninguna manera es justa.

2 comentarios:

Beauséant dijo...

De tus palabras deduzco algo que ya sospechaba: tenemos lo que nos merecemos. Así pues o nos hacemos a la idea o vamos haciendo la maleta.. no veo más alternativas, la verdad.

Señor S. dijo...

Yo tampoco veo más alternativas, pero no creo que nos lo merezcamos. Otros cuatro años de políticas austericidas (y de corrupción) contras las clases populares es un panorama aterrador.