martes, 14 de junio de 2016

Bibliotecas, expendedoras de veneno moral

Las mismas voces que se alzaban contra la perniciosa manía lectora se ocuparon también de las bibliotecas de préstamo como principales semilleros de tal vicio. Los tachaban de «expendedores de veneno moral y burdeles» que servían su «arsénico del espíritu» a jóvenes y viejos, ricos y pobres.
Reinhard Wittmann, «¿Hubo una revolución en la lectura a finales del siglo XVIII?», en Historia de la lectura en el mundo occidental, bajo la dirección de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier 

3 comentarios:

Beauséant dijo...

No hay nada mejor para el poder que gente incapaz de pensar por sí misma.. supongo que en cierto modo la democracia funciona así, ¿no? es decir, al final toca dejar de pensar un poco y taparse la nariz...

Señor S. dijo...

Sí, aunque la crítica a la "manía lectora", durante el siglo XVIII y XIX, se refería fundamentalmente a la lectura de novelas. Se consideraba que las novelas eran mero entretenimiento, lecturas frívolas que exaltaban las pasiones y las fantasías eróticas (de ahí Madame Bovary y Ana Karenina, por ejemplo), y ponían en riesgo la estabilidad social. A Kant también le parecía que leer novelas era una chorrada XDDD

Esto tiene que ver con el cambio de un modelo de lectura intensivo, de pocos textos, religiosos y clásicos, a un modelo extensivo, burgués y consumista, de obras laicas.

La demagogia es la mala hierba que brota espontáneamente de la tierra democrática (algo así decía Michels en su estudio clásico sobre los partidos políticos); y los políticos mienten sistemáticamente desde que hay sufragio universal. Eso está claro.

Una cosa es el debate de ideas y otra el agitprop y la lucha encarnizada en el barro, pero aun asi yo no tengo que taparme la nariz en el contexto actual. Gracias a Podemos, obviamente

Señor S. dijo...

Quería decir que Madame Bovary y Ana Karenina reflejan ese contexto social (las dos son adúlteras), no que fueran lecturas frívolas. Son dos novelas megacanónicas por muy buenas razones.

Por lo demás, es cierto que a veces el público lector hace cosas raras. Werther es claramente una especie de crítica de la pasión pura. La pasión pura conduce al suicidio, así que tened cuidado (este sería un resumen bastante bestia del mensaje de Goethe). Algunos lectores entendieron justo lo contrario: suicidémonos por desamor como buenos románticos. (si es que es cierta esa leyenda de la gente que se suicidaba después de leer Werther, que no sé yo...)