jueves, 20 de octubre de 2011
Un frío...
Un frío agradable, nítido y agudo, mezclado con el despliegue de la luz vibrante que se posa sobre el mundo, entra por la ventana, silencioso, caminando de puntillas, como la caricia eterna de una sonrisa destruida, deshecha en mil pedazos insistentes, reverberaciones del pasado y destellos del porvenir: instante inaprensible, inagotable, incesante.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
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