Hay cosas que están más allá de los límites de la razón, cosas que se abisman en un nebuloso mundo nouménico, sobre el cual no se puede decir nada con sentido. Por tanto, mejor callar.
PD: Creo que voy a practicar la ataraxia y la imperturbabilidad, esa apatía que para San Agustín es el peor de los vicios. Y si hay algún jardín al que poder huir para no volver jamás a una polis (sé que esta huida es imposible, como muestra Mad Max: furia en la carretera, pero dejadme soñar...), buscadme allí.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
Ese lugar se llama biblioteca, y mucho ánimo para la próxima si esta vez no te sale. Seguro que el alma también agradece las lecturas que la despierten.
ResponderEliminarMucho suerte.