martes, 14 de octubre de 2014

Una idea maravillosa

El aire era claro y fragante, la brisa removía suavemente la alta hierba que rodeaba la cueva, los pájaros intercambiaban sus trinos y toda la naturaleza parecía conspirar para resultar lo más agradable posible.
Pero lo que producía en Arthur un sentimiento de tanta alegría no eran los placeres bucólicos. Se le acababa de ocurrir una idea maravillosa para combatir su tremendo aislamiento, las pesadillas, el fracaso de todos sus ensayos de horticultura, la absoluta ausencia de futuro y la inutilidad de su vida en la prehistoria terrestre: decidió volverse loco. 
Douglas Adams, La vida, el universo y todo lo demás.  

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