viernes, 4 de marzo de 2011
Sin título
Cielo gris tirando a blanco, gris perla, vaporoso y adensado. Tenue película de nieve sobre los tejados. Antenas como espantapájaros. No hay pájaros. Silencio, herrumbre ambiental. Humo que sale de una chimenea. Quietud postapocalíptica. No hay personajes. No hay conversaciones. Pasa una furgoneta blanca. No hay, tampoco, efluvios de sonrisas que irradien desde el aire deseos melancólicos. Por no haber no hay, tampoco, acción ni desarrollo. Hay, si es que algo hay, despojamiento. Dicho en términos metafísicos: esa nada que tan plenamente somos. Sin atributos. Y bailando y levantando piedras, joder.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
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