Después de tanta seriedad y densidad -alguno dirá que después de tantos disparates teológico-políticos sobre cielos y cosas así, aunque, al fin y al cabo, citando al maestro Sterne, «yo no soy un hombre prudente y como, por añadidura, soy un mortal que importa tan poco al mundo, lo que yo haga no tiene en realidad demasiada importancia»- conviene amenizar este blog con un post frívolo e intranscendente.
Lo que no me gusta: Mario Benedetti, Rayuela, el vino tinto y los pepinillos.
Lo que sí me gusta: Juan Eduardo Cirlot, La broma infinita, la cerveza y los berberechos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
-
Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
-
1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
No hay comentarios:
Publicar un comentario