Mis penas atraviesan el balbuceo herido de los versos
y salen al otro lado transfiguradas,
como lavadas por un torrente de lágrimas,
y al final el corazón grita entusiasmado,
poseído por un júbilo extraño.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
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