sábado, 11 de abril de 2015
Yo hago el amor con las mentes
Esta seguramente sea la frase más estúpida jamás escuchada en una película. El hecho de que tantas personas la repitan como loros oligofrénicos justificaría que el iracundo dios del Antiguo Testamento arrasara ciudades a diestro y siniestro, sin compasión alguna por su habitantes.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
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