miércoles, 15 de abril de 2015

León come gamba

Un hito televisivo.

Lo malo es que hay un inusitado número de tarados personas a quienes les ha parecido que el plato es una genialidad para que los niños coman verdura (sic) y proponen toda una serie de variantes, a cada cual más espeluznante: león come brócoli, león come espinacas (sic también).

Mi opinión sobre el brócoli es la siguiente:



PD: El propio concursante ha sabido reírse de sí mismo. Incluso le gustan los memes que se han hecho sobre su ya mítico plato, así que tranquilizaos, almas cándidas que odiáis al jurado, que el chaval ya lo ha superado.

PD2: No seré yo quien niegue que hay que saber diferenciar entre sinceridad y crueldad —lo dice mi líder espiritual, DFW, y mi otro líder espiritual, Walser, como acabamos de ver en este blog, dice que hay sinceridades que solo sirven para herirnos y aburrirnos—, pero también hay que saber tomarse las cosas con un poco de humor.

PD3: Es lógico y comprensible, y moralmente encomiable, identificarse con el más débil y odiar a las figuras de autoridad, en este caso el jurado de Masterchef. Es natural, aunque también es demasiado previsible.

PD4: Seguro que el chaval —digo chaval porque mañana, día terrible para mí, es mi cumpleaños, y lamentablemente estoy ya a punto de convertirme en un viejo fatuo lleno de recuerdos y los chicos de dieciocho años para mí son chavales, incluso chavalines (por no decir mocosos)— cocina mil veces mejor que yo.

PD5: Sin embargo, no creo que pique cebolla mejor que yo. Picar cosas en una tabla es una de las cosas que mejor se me dan. Tengo un don. Y eso que ni siquiera me interesa mucho la cocina. Me parece facilísimo y divertido y relajante. Humildemente me considero un genio y un maestro en el arte de picar cebollas, pimientos y ajos. Las cosas como son.

PD6: Pequeña reflexión sobre mis líderes espirituales: uno se suicidió, el otro se pasó más de veinte años en un manicomio.

PD7: Nota mental: añadir personas alegres y cuerdas a la lista de líderes espirituales. Buscar preferiblemente entre los no escritores (hay más posibilidades de encontrar personas que encajen en el perfil de cuerdos y no clínicamente depresivos).

PD8 (especie de coda incongruente): Esta posdata ya no tiene nada que ver con los leones comegambas ni con nada de eso. Hablando de escritores, pensemos por un momento en las millones de palabras de los diarios de, por ejemplo, Cheever, Trapiello o Dick. Pensemos también en la obra cuantitativamente mastodóntica, abrumadora, de Vollmann o de Oates. No solo hay demasiados escritores, sino demasiados escritores que escriben demasiado. Da igual lo que leamos, siempre será apenas una gota en el inmenso océano de lo no leído.

PD9 (especie de segunda coda incongruente): De ahí, de la imposibilidad material de leer siquiera una mínima parte de la literatura, la necesidad del canon. El canon, dijo Bloom, es el heraldo de la muerte (no lo dijo exactamente así, pero eso era lo que quería decir, háganme caso). Es decir, que como somos finitos, mortales*, como no disponemos de tiempo suficiente para leer todo lo que habría que leer, necesitamos un canon. Otra cosa, claro, es que el canon sea discutible, que las obras que figuran en él lo merezcan o no, etcétera. Pero, en definitiva, para lo que sirve el canon es para hacer un buen uso de nuestro tiempo y nuestra soledad (no sé si esto lo dice Bloom exactamente así, yo se lo oí decir a Ernesto Castro en un programa de radio en el que hablaba de Bloom)

PD10 (la última y definitiva posdata de este largo y errático post): Yo estoy muy a favor de usar indistintamente los verbos escuchar y oír.

*Polvo y ceniza, que dirían los viejos sabios hebreos.

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