Decidí abrir la ventana y morar para siempre en lo que huye, en las inasibles grietas de la realidad, en los ojos diluidos en las nubes. Entregué una vez más mi ser al viento, lo hice trizas, lo aligeré y sonreí feliz ante el cadáver del Yo, aquel Rey muerto por fin, sin cabeza, oscurecido por el esplendor salvaje del mundo en huida hacia sí mismo.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
He leido CASI todo tu blog simplemete se respira magia,muy interesante luego pasare a terminarlo.
ResponderEliminarsaludos.