Y el desierto crecía y crecía, pero yo caminaba y caminaba, cada vez más cansado, presa indefensa de alucinaciones, espantapájaros y otros disparates, pesadillas que me acosaban sin tregua... pero al fondo, borrosa, pálida, como una luna que se apaga o una luz de neón a los ojos de un borracho que regresa a casa y hace frío, en una ciudad perdida... al fondo, digo, un oasis, la esperanza ficticia a que nos agarramos lo moradores de la existencia errante, el suspiro desmayado de la ninfa del bosque, que juega, alegre, con el agua de la fuente.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes. 1.2. A no ser que sean crudos. Directame...
y es tanta y acuciante la sed.. que tengo.
ResponderEliminary me taladra y asesina.
y el oasis aquel, en noches como esta...se desdibuja.
www.ficticio.info
ResponderEliminarPRIMERA VEZ QUE ENTRO A TU BLOG... SIMPLEMENTE VIVENCIAL Y NO MAS... PASAREMOS POOR AQUI MAS SEGUIDO.
ResponderEliminargracias, por hacer más liviano mi tormento
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