Eso decía Bolaño. ¿Podrá resistir también, lo que ya sería mucho resistir, a Andrés Trapiello, quien se dedicó, parece ser que no tenía otra cosa que hacer el hombre, a mutilar arbitrariamente la obra de Cervantes, sustituyendo unas palabras por otras sin ton ni son, a destrozar la musicalidad de la sintaxis cervantina y a aplanar su sentido del humor?
Que semejante atropello a la razón haya quedado impune no tiene perdón de Dios. Esperemos que, a pesar de todo, el Quijote, el de verdad, siga leyéndose, y que esta y otras versiones paniaguadas que pululan por ahí caigan en el más absoluto de los olvidos.
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