domingo, 30 de noviembre de 2008

No hay banda

Caminando entre la niebla. Los fantasmas se acercan y me piden fuego y sonríen y se alejan y ya no volveré a verlos más. Ojalá les vaya bien.

Ahora todas las canciones que escucho me dan ganas de encerrarme aquí para siempre. No salir jamás de aquí y no desear otra cosa que salir de aquí.

Afuera no hay música.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Pequeña catástrofe cósmica

Hay una pequeña catástrofe cósmica cuando el paquete de cigarrillos se queda vacío.

Está a punto de anochecer, debo apresurarme, llevar el dinero exacto porque la máquina del bar muchas veces así lo exige. La luz de las farolas cambia del blanco al amarillo. Bajo su resplandor los gatos juegan con la basura. Sin duda afuera hace frío.

Y silencio.

No sé por qué, pero es un silencio que se pega a la piel.

Como una niebla fantasma.

No hay niebla, pero se nota su ausencia.

Cuento con moraleja

Mr. Francisco desarrolló una violenta alergia a los haikús japoneses. Cuando en su presencia algún incauto manifestaba su predilección por estas formas breves, así como muy zen, espirituales y puras, Mr. Francisco se ponía en plan Conde de Lautréamount e insultaba a la divina providencia por haber creado tanta basura y, en particular, los haikús. La situación se volvía embarazosa. El silencio, incómodo. Mr Francisco mantenía su actitud desafiante, los dientes y los puños apretados, acechante como una fiera salvaje. La única basura peor que los haikús son los pepinillos, que los imbéciles de McDonalds ponen en sus asquerosas hamburguesas, sin avisarte del veneno putrefacto que ocultan. Entonces le daban la razón. Cierto, yo también odio los pepinillos, ¿qué clase de Dios crea algo como los pepinillos? Yo te lo diré, contestaba Mr. Francisco, un Dios que disfruta torturando a sus criaturas, esa clase de Dios. La situación se calmaba, el alérgico a los haikús y el amante de los haikús reían y brindaban por la exterminación de todos los pepinillos.

Moraleja: la identidad de grupo se configura odiando a un enemigo exterior.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Cuentos de ciencia ficción sin pies ni cabeza

En el año 3000 una tribu de bosquimanos se adentró en un fumadero de opio de la India en el que una mujer de remoto origen ibérico recitaba en estado de trance largas cadenas de códigos descargadas de las divinidades electrónicas y afuera, frente al mar, danzaban, en completo silencio, niños y ancianos y jóvenes y madres adorando la puesta de sol. Los bosquimanos se sentaron a ver la puesta de sol. Nadie hablaba. Sobre la arena, con un palo de madera, la mujer de remoto origen ibérico dibujó extraños símbolos y los sorprendidos bosquimanos vieron surgir ante ellos imágenes en movimiento y sonidos desconocidos. De fondo el rumor del mar inundaba el mundo de calma. Un bosquimano penetró en el mundo de las imágenes creadas por los símbolos dibujados en la arena, y luego otro, y otro, hasta que la tribu entera realizó una antigua profecía de los iconoclastas que atribuía un poder divino a las imágenes, un poder tan grande y de consecuencias tan imprevistas que ellos aconsejaban neutralizar destruyendo las imágenes, siempre que fuera posible porque, advertían, sin poder disimular su terror, llegará un día en que no será posible destruirlas, ya que se emanciparán de su soporte material y viajarán de una punta del mundo a la otra a la velocidad de la luz, y nos engullirán hechizándonos con su belleza, una belleza terrible que será como la promesa irrestible de calmar por fin nuestra sed de infinito. Los terrores atávicos de los bosquimanos nómadas e icnoclastas se derrumbaron y comprendieron que habían llegado a aquel fumadero de opio indio para iniciarse en las artes mágicas de aquella mujer negra de remoto origen ibérico. Las imágenes fluían en un ciclo sin fin, acompañadas por una música post-rock creada hace mil años. La mujer negra de origen ibérico sonreía como la estatua de un Buda.

martes, 4 de noviembre de 2008

Viaje en coche

La imagen es la siguiente: un tipo de unos treinta años entra en un coche, un viejo coche rojo. Pongamos un seat Ibiza de los años 80. Antes de arrancar se quita la cazadora de cuero, se frota las manos y trata de calentarlas expulsando vaho sobre ellas porque hace mucho frío, enciende un cigarrillo, busca la emisora de Radio 3, enciende la calefacción, se pone el cinturón de seguridad, ajusta el retrovisor, apura el último trago de una lata de coca-cola y guarda la lata vacía en la guantera. Suena una canción de Interpol y la tararea distraídamente. Decide escuchar la canción y terminar el cigarrillo antes de arrancar. Aún queda tiempo de sobra. Comprueba que queda gasolina suficiente. Observa a un grupo de chavales que vuelven del colegio cargados con pesadas mochilas, bromeando entre ellos y dando voces con esa urgencia desesperada que exige la construcción de una identidad diferenciada del resto, tan tierna y tan ridícula y en el fondo tan parecida a la del resto de la manada. Apaga el cigarrillo en el cenicero del coche y se da cuenta de que está repleto hasta los bordes de colillas, la sensación le desagrada y decide vaciarlo. Vuelve a su casa, vacía el cenicero y vuelve otra vez al coche. Más grupos de chavales vuelven del colegio. Es la hora de comer y le entra hambre. Hubiera sido mejor comer antes y viajar cómodamente con el estómago lleno. Ahora ya no hay nada que hacer, lo mejor será resignarse, ya no puede perder más tiempo, ya no queda tanto tiempo como antes. Vuelve a ponerse el cinturón de seguridad. Al girar la llave una repentina sensación de angustia se apoderá de él. Mejor esperar un rato. Suena una canción de un grupo que no conoce, pero es una buena canción y decide escucharla hasta el final antes de arrancar. Mira el cielo, la calle que se extiende enfrente de él, dos largas hileras de árboles a punto de perder sus hojas, dos largas hileras de farolas apagadas. Ahora le falta el aire, hace demasiado calor, baja la caleacción, abre la ventana. Así está mejor. Disfruta del viento helado que le golpea la cara. Lo mejor para contrarrestar el efecto de una bajada de tensión es dejarse sacudir por un frío polar en plena cara. Respira hondo, sale del coche un momento, para tomar mejor el aire. Ahora está indeciso, quizá sería mejor dejarlo para otro día, aplazarlo. Pero ya lo ha aplazado tantas veces. No, hay que enfrentarse al miedo. No hay otra solución. Ahora o nunca. Gira la llave, el corazón bombea la sangre con tanta fuerza que parece una batería de doble bombo tocada por un cocainómano hiperactivo. Pisa el acelerador y cuando se encuentra en la autopista se siente bien, de hecho se siente mejor que nunca y por eso sonríe y canta a pleno pulmón y sigue el ritmo de la música con la cabeza y dando pequeños toquecitos en el volante. No hay nada mejor que conducir sin una meta marcada de antemano por los paisajes monótonos de esta meseta. Paisajes minimalistas en los que el espacio mismo acontece con una serenidad inmóvil, como si el mundo se abriera o se desnudara y nos acogiera sin hacer preguntas, sin reprocharnos nada. Inmensa llanura donde apenas pasa nada. Toda la tarde para conducir y mirar el paisaje que es casi la negación de un paisaje, de lo que se supone que hay que ver. Leves ondulaciones del terreno, el tendido eléctrico, mudo y majestuoso, con sus gigantes antropomórficos sujetando los cables, algún pequeño lago y pueblos diminutos desperdigados aquí y allá, ajenos a la velocidad enloquecida del alma urbana. Nada más. La música y los cigarrillos y el viento y la tierra seca y la triste certidumbre del regreso.

Alegre y triste dios danzarín


La música me traslada al cielo de Manchester en los años 80. Debió de ser un cielo muy parecido a éste cielo gris del norte de España en noviembre. Ian Curtis ya está muerto y el aliento de su sombra se posa en la nuca de New Order. Afuera alguien baila al ritmo de Blue Monday sin importarle el frío hasta que cae rendido y expulsa así todos sus demonios.

Baila y arriesga tu vida, alegre y triste dios danzarín, baila por todos aquellos a los que la muerte no nos va a sorprender bailando.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Equilibristas a la intemperie


Dicen que el miedo no existía antes de que el ser humano alzara la cabeza, adoptando la postura erecta. Dicen eso, pero yo no sé quienes lo dicen. El lenguaje habla desde hace milenios, se despeña como un torrente inagotable por lo siglos y las civilizaciones, ilumina las cosas y deja zonas en penumbra. Antes de que el miedo existiera tampoco existía la alegría. En la radio Heráclito dice: armonía de contrarios, como el arco y la lira. Armonía de contrarios, tensión irresoluble. No hay superación sino tensa convivencia. Eso dice Héráclito y ningún tertuliano osa contradecirle. Equilibrio frágil. Si el miedo expande la zona en penumbra y conquista todo el territorio la catástrofe será de dimensiones difícilmente imaginables. El miedo planea sobre nuestros cerebros como una nube amenazante y dicen que el miedo no existía antes de que el ser humano alzara la cabeza y adoptara la postura erecta. Aunque probablemente no es cierto y el ser humano siempre haya conocido el miedo, incluso antes de hacerse humano. ¿Cuando se hizo humano? No hay consenso al respecto. Era, seguramente, un miedo más primitivo y concreto, más inmediato y definido. Miedo a los animales salvajes y a las tormentas, por ejemplo. Cuando alzó la cabeza vio las estrellas y antes de adorarlas un vértigo nunca antes sentido le recorrió la garganta y el pecho y sus manos temblaron. Mucho antes del desarraigo tecnológico se produjo el desarraigo de una mirada que de repente abarcaba millones de kilómetros. Una lejanía inconmensurable. Seguramente nos mareamos y agarramos la tierra con las manos en un intento vano de refugiarnos en una seguridad ya para siempre ilusoria. Y no nos quedó más remedio que enfrentarnos a las múltiples posibilidades abiertas por ese alzamiento de cabeza que alteraría el curso de la historia, convertidos todos en equilibristas caminando a la intemperie sobre el filo de una navaja.

viernes, 31 de octubre de 2008

La tristeza fosforescente de Pierre Huyghe





Al cesar la causa que la produce, la luminiscencia permanececerá, estoy seguro, como la sonrisa del gato.
Y yo vivo en este universo de líneas fosforitas, de contornos verdes como el agua verde fosforito de las piscinas en invierno, y nada más deseo recorrer todos sus pliegues, habitar su espacio, ese mundo que parece brotar de los labios insomnes que anhelan sombras húmedas y besan sábanas heladas. Que las sonrisas se despeguen y permanezcan flotando en la oscuridad del universo como aviones de papel, como las voces de los cantantes muertos que siguen sonando en el universo, seres situados en zonas fronterizas, donde no están vivos ni muertos. Criaturas del insomnio. El color del insomnio es verde fosforito.

El androide romántico en imágenes



jueves, 30 de octubre de 2008

El androide romántico

No podía dormir y siempre que eso sucede la mente se me dispara, se sale de quicio, rompe sus cauces habituales, miles de hilos de colores fosforescentes se proyectan desde mi mente a la oscuridad y se enredan en ella, formando un tejido potencial de historias, de imágenes, de ocurrencias. La mente como proyector. Me transformaba en un androide con un software que mostraba una predilección inquebrantable y agotadora por los paisajes románticos, por la belleza terminal, decadente, por los atardeceres y los cielos grises e imponentes en los que el hombre aparece como una figura minúscula, frágil, insignificante. Lo sublime es siempre la imagen de alguna transformación de un gran poder, de una gran fuerza terrible que nos amenaza y de eso van la mayoría de mis sueños. Sólo que en mis sueños el malestar suele ganar a la belleza, no tengo ni la más remota idea de por qué. Yo era un androide con un software desfasado, pasado de moda, y eso explicaba mi estado de ánimo y que yo pretendiera vivir únicamente para mis estados de ánimo. Un alma bella. Menuda tragedia. Tormentas furiosas decoraban el pasiaje por el que mi yo androide y solitario caminaba sin esperanzas pero muy bien vestido. En la ciudad, una ciudad industrial, feísima, no quedaba ni un alma. Pronto alcanzaba su límite. Verdes praderas, muy verdes y muy mojadas, se extendían hasta donde me alcanzaba la vista. Nada obtaculizaba mi visión del horizonte así que podía jugar a alcanzarlo. Corría sin importarme que la lluvia estropeara mis zapatos.

Diamond Dust Shoes

Este blog abandonado pretende agitar sus cenizas otra vez. Ahora una imagen de Warhol nos guarece: Diamond Dust Shoes. El brillo dorado y superficial rociará nuestras cabezas nocturnas. Nuestro desarraigo será hermoso y melancólico como una lluvia de zapatos. Solos en la oscuridad miraremos escaparates, la sucesión de imágenes que se repiten en el ciclo de la vida. Dandys del eterno retorno, nuestros gestos frágiles inventarán equilibrios precarios sobre el abismo, se deslizarán por la piel del mundo como una caricia tenaz consciente de que su difícil tarea consiste en abolir la distancia que nos separa de las cosas.

martes, 28 de octubre de 2008

Como un idiota

Las grúas -quietas, calladas, recortadas sobre el horizonte- parecen ruinas o fósiles fantasmales. Los chicos del pueblo se lanzan desde el segundo piso de los edificios cuya construcción se ha paralizado de repente y tal vez para siempre, y caen en la arena, con el corazón palpitante y la adrenalina revolucionada. El cielo gris es una promesa o una amenaza de lluvia. La tarde languidece entre bostezos. Los más valientes (o los más temerarios) se lanzan desde el tercer piso. Y tú estás ahí, aún en el segundo piso, en el nivel de los principiantes, sin atreverte a dar el salto, sin decidirte tampoco a dar media vuelta y regresar a la calle bajando por las escaleras, porque eso sería de cobardes, un gesto ridículo y vergonzoso que significaría resignarte a aceptar tu propia cobardía quien sabe si para siempre.

La sangre se te agolpa en las sienes, te golpea rítmicamente el cuello, a un ritmo cada vez más acelerado que abrasa todo tu cuerpo y te nubla la vista. Aprietas los puños y estás a punto de lanzarte, pero antes de hacerlo imaginas tu cuerpo suspendido en el vacío durante unos breves segundos, que en tu imaginación se hacen eternos mientras esperas, indeciso, en el borde. Imaginas también el contacto brusco con la arena, no sabes cómo reaccionarán tus piernas. Ese corto vuelo asusta y atrae a partes iguales y no sabes cómo deshacer el equilibrio, inclinar la balanza de una vez por todas.

Los demás niños gritan y ríen, la mayoría ya se ha lanzado, ya ha superado esa primera vez que da pavor y se comportan como expertos consumados en el arte de lanzarse desde el segundo piso de edificios en obras a las grandes montañas de arena que sirven para hacer el cemento. Algunos gritos son de ánimo y otros gritos son crueles. Mientras esperas, haciendo esfuerzos increíbles e invisibles por superar tu miedo, van lanzándose, como un goteo interminable, otros chicos, haciendo ostentación de su valentía, escupiéndotela a la cara con insolencia. Se lanzan como si nada, como si no tuviera importancia, se lanzan y ya está, sin pensar, suben las escaleras y bajan volando y aterrizan en la arena sin sufrir ningún tipo de daño. Tú permaneces ahí de pie, concentrado, sin escuchar los gritos de los demás, hasta que todos empiezan a irse, poco a poco, y al final te quedas solo.

Unos se han ido al parque, a tirarles globos de agua a las chicas, otros al quisco, a comprar pipas y gominolas, y otros van a jugar a fútbol. Por la noche van a apagar las luces de todo el pueblo. Eso es algo que ya habéis hecho más veces. Exige una táctica bien coordinada. El pueblo se divide en varios sectores: la barriada, la plaza, la zona del frontón y la zona del pueblo, aunque éste último no está bien delimitado ya que, en sentido estricto, debería denominar la totalidad del pueblo y no sólo un sector, pero supongo que a nadie se le ocurrió ninguna otra forma de nombrar esa zona mal definida, ambigua, de contornos borrosos, situada entre la plaza y el frontón y la barriada. Más allá está la zona del valle, en la que no hay farolas ni casas, salvo dos o tres chalets solitarios, por lo que no la consideramos exactamente una zona del pueblo, sino su límite. Para apagar las luces basta con dirigir la luz de un láser de llavero durante cinco o diez segundos a un aparato que controla la variación de la luz en un determinado sector. Se trata de engañar al aparato y hacerle creer que ya es de día. Pero al poco tiempo, si dejas de enfocar la luz sobre el sensor del aparato, las luces de las farolas vuelven a encenderse. Por eso, para que durante unos segundos todas las luces del pueblo estén apagadas, es necesario subdividirse en varios grupos y actuar de forma coordinada. La manera más sencilla es sincronizar los relojes y actuar a la vez, pero el tiempo necesario que hay que enfocar la luz del láser para apagar toda una zona no es el mismo, por eso las luces nunca se apagan a la vez, aunque durante unos breves segundos todo el pueblo se queda a oscuras.

Una vez el alcalde os persiguió. La persecución os excitó tanto que esa noche fue cuando más veces apagasteis las luces. Corríais por todo el pueblo, en grupos pequeños, de cuatro o cinco, atentos a cualquier ruido. Os llegaban informaciones cruzadas y contradictorias, que el coche del alcalde se dirigía hacia la plaza, y entonces corríais a apagar las luces de la barriada o las del frontón, y en mitad de la carrera se oía que en realidad estaba en la barriada, y volvíais a la plaza, así hasta que os cansasteis y fuisteis a la pista de fútbol sala y descansasteis contándoos las aventuras. El pueblo recuperó la luz y vosotros el aliento. Fumasteis cigarrillos como premio

Podrías ir a jugar a fútbol sala. Jugar a fútbol sala es lo que más te gusta en el mundo. Además, ahora nadie te verá, y no te creerán cuando les cuentes que te has atrevido, que lo hiciste, que por fin te lanzaste a la arena.

Anochece, has perdido la cuenta de las horas que llevas ahí parado, observando la montaña de arena, el prado de la era, que se extiende hasta el parque, el cielo gris, y a la derecha las montañas nevadas, que parece que están mucho más cerca de lo que en realidad están. Parece que podrías llegar andando hasta las montañas, pero en realidad no podrías. La arena parece estar más lejos de lo que en realidad está. Desde ahí arriba la distancia parece un abismo infranqueable. Los demás se tiran, eso significa que puede hacerse. No hay problema, no te vas a partir una pierna, hasta ahora nadie se la ha roto, y ya sería mala suerte que la primera vez que te tiras te rompieras una pierna. De nuevo coges aire, respiras profundamente, esperas un poco más, piensas que la cena ya estará lista, que tu madre estará esperando, que aún tienes que hacer los deberes y ya es el cuarto día de la semana que vas a clase sin hacerlos. Mañana es día de colegio, el último día de la semana, viernes. Se hace cada vez más tarde. Dentro de poco se encenderán las luces de las farolas y hoy tú no puedes ir a apagarlas con los demás, tu madre no te va a dejar salir después de cenar, ya no es verano, hay que ducharse, cenar, hacer los malditos deberes… te va a caer una bronca por no haber ido a casa a hacerlos antes. Caminando por la era, ves que se acerca, solitaria, una figura aún confusa.

Ahora ella ya te ha visto ahí parado como un idiota.

Un viento frío

Es frío el viento que esparce las cenizas del ser
y agita el humo de las chimeneas
y ondea su pelo abandonado en la estación
y se enreda en los dedos que se despiden
y arrastra las colillas hacia las alcantarillas

Es frío porque viene de la nieve
y es mudo como una larga caída
como una larga travesía sin huellas
-botas desgastadas y sin memoria-
atravesando ciudades heladas de frío
que escuchan el eco de la nieve sin memoria
del viento frío que viene de las montañas nevadas
y esparece el ser en cenizas
que revolotean en silencio por las calles
sin voz y sin memoria
y se posan en los tejados y en las botas
y emprenden de nuevo su viaje
sin descanso y sin meta
en manos del viento
que es frío porque viene
de la nieve

sábado, 25 de octubre de 2008

El canto más peligroso

Se rompe mi voz antes de salir al mundo.
Se rompe mi voz y ya no baila alegre por las cornisas,
abriendo los brazos al viento.
Se hace un ovillo y tiembla.
Se rompe ya en la garganta, se resquebraja.
Escombro polvoriento.
Cierra los ojos, se pone triste, se apaga.
Vive durante unos segundos, encerrada en su habitación,
y se hunde en silencio.
Se ahoga en el vacío de una piscina invernal.

Se mira en el espejo y ve una madriguera negra.
Hay una señal de prohibido en la puerta.
Y un campo sembrado de sogas en el ondean las voces muertas
como banderas derrotadas.

Y por fin, a última hora,
un grito estremecedor, el canto más peligroso.

domingo, 5 de octubre de 2008

Sobre la estética de la existencia (esbozo)

Hablemos, pues, del individuo, de el gran solitario. Procuremos, cuidadosamente, desmarcarnos de los discursos esencialistas. Gestos, estilos de mirar, de caminar, de reír, de llorar, de fumar, en definitiva, formas de actuar, prácticas a la vez sociales e individuales, conforman su ser, no como atributos de una esencia inalterable, como predicados de un sujeto (hay que pensar en un marco distinto al de la metafísica aristotélica) sino su ser pensado como las múltiples capas de una cebolla: si arrancas todas las capas no queda la esencia en su esplendorosa pureza, porque no existen ni la esencia ni la pureza. Los individuos no son átomos aislados, la interacción no es una propiedad accidental sino una relación necesaria en la constitución de los individuos en cuanto tales. No hay posibilidad alguna de autoconstituirse monológicamente. El rostro del otro aparece antes incluso que nuestro rostro. Sin el rostro del otro el ser humano no sabría reír. En la ética considerada como estética de la existencia hay que integrar la interpelación del otro; el cuidado de sí y el cuidado del otro no pueden desgajarse y oponerse. Si lo hacen, no hay ética sino escapismo y el cuidado de sí corre el riesgo de transformarse en una espectacularización de sí vacía, en la escenificación esteticista de una tristeza irreparable.

sábado, 4 de octubre de 2008

Anarco-capitalistas orwellianos (Queremos tanto al Gran Hermano)

"En el capitalismo la mayoría no obliga, no coacciona al individuo" nos dicen los ideólogos del anarco-capitalismo, (en una sentencia que revela un amor plenamente interiorizado a Gran Hermano, y por plenamente interiorizado quiero decir sin vistas a ningún tipo posible de línea de fuga, ya que habitamos una casa ideológicamente confortable, construida sin la violencia explícita de la bota permanentemente puesta sobre el rostro como visión del futuro) autodesignados como los auténticos representantes del liberalismo, los que aceptan su lógica con total coherencia. Son los utópicos de la década de los noventa, que continúan dando coletazos pese al derrumbe de la utopía. Amparados en el supuesto de una libertad individual que se identifica con la esencia (no con la existencia ni con una conquista histórica) del ser humano, de un ser humano concebido de forma alarmantemente abstracta, su hipótesis es más bien que nada puede condicionar al individuo. El individuo es libre, es soberano, decide sin que ningún elemento externo perturbe su decisión. Ni siquiera la publicidad, que se limita a informar. Pero entonces, si la publicidad no afecta a la decisión, ni siquiera pueden entenderse las razones de por qué existe la publicidad, ya que no trata de influir en la demanda. En realidad, hace ya mucho tiempo que los mensajes publicitarios no informan, ni tratan de hacerlo, perfeccionando mecanismos retóricos de seducción para dotar de trascendencia a lo intrascendente.

Si la libertad es un atributo esencial de un ser humano deshistorizado e independiente de sus circunstancias, cualquier crítica a la coacción real que sufren individuos concretos es automáticamente desestimada, porque los únicos responsables de esta coacción son los individuos que la sufren, ya que son libres. Cualquier otra explicación es un error epistemológico (todo lo que no comulgue con el individualismo metodológico es un error), un enfoque estructuralista u holista está condenado a priori, no se cuestiona el límite del reduccionismo o el campo de validez de una explicación reduccionista, que sin duda lo tiene, pero no es ilimitado: no todo es explicable en términos individuales en ciencias sociales. Además, por qué deternos en el individuos, sigamos hasta los genes y más allá. De esta forma, Paris Hilton es millonaria por sus propios méritos, y un inmigrante en paro es pobre únicamente por su culpa, ya que lo único que existe es una fórmula mágica: la libertad individual. ¿Qué lugar ocupaban en la estructura social? Preguntas erróneas, no existe nada parecido a una estructura social, todo lo que huela a estructuralismo o a socialismo es sospechoso de aberración totalitaria. O estás con nosotros los anarco-capitalistas o eres un marxista totalitario. No hay matices, sólo estrategias retóricas de exclusión/inclusión. La neolengua anarco-capitalista borra de su diccionario palabras como pobreza o desigualdad o, táctica más depurada, se limita a aceptarlas como lo natural, concebido, además, al más puro estilo de la metafísica tradicional: inmóvil, invariable, lo que conserva su esencia a pesar de los cambios. El modo de producción capitalista no es histórico, sino natural, criticarlo es como criticar la ley de la gravedad, una estupidez. La naturalización del capitalismo por parte de los anarco-capitalistas, ¿no conlleva, sin embargo, una contradicción? Somos libres, la libertad individual es la esencia del ser humano, pero esta libertad ha de circunscribirse a los límites que impone el propio capitalismo. Fuera del capitalismo, no existe libertad. Así, la verdadera libertad del ser humano, la capacidad de iniciativa, se ve severamente restringida. No tenemos capacidad de iniciar nuevas formas de organización social, creamos nuestras circunstancias sólo si aceptamos las circunstancias del capitalismo.

La guerra es la paz, la ignorancia la sabiduría, la coacción la libertad individual

Apuntes breves e inmediatos (lo interior es un pliegue de lo exterior)

El sonido digitalizado de la armónica de Dylan vibra en el aire frío de la mañana. El cielo tenuemente nublado, ni blanco del todo ni gris del todo: fuzzy logic. Un repentino acceso de tos, los pies fríos, entra el viento por la ventana abierta. Apago el cigarrillo. El movimiento de los árboles revela ya el alma de octubre.

viernes, 3 de octubre de 2008

Visión de un hombre fundiéndose con el horizonte

Un hombre camina de espaldas. Se aleja lentamente. Pero no vemos que sus pies se muevan. Suena una música atmosférica. Como si se deslizara sobre una cinta metálica. Seguramente va con los ojos cerrados. Se va haciendo de noche en la meseta. Queda poco tiempo. La línea del horizonte va a desvanecerse en breves instantes. Los objetos van a diluirse, su ser va a estallar en mil pedazos, en una explosión sorda, muy discreta pero inevitable y catastrófica. Suena la banda sonora del fin del mundo, la música de mono.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Por favor

Esto es de suma importancia: por favor, no doblen The IT crowd, sean quienes sean los monstruos sin escrúpulos que perpetran tamaña atrocidad.

La luz, again

No sé qué ha pasado con Pensamientos Despeinados, así que vengo aquí a escribir, como quien se va de vacaciones a una casa que es suya, pero que no es suya del todo, porque aún no la ha habitado el tiempo suficiente, no se ha acostumbrado todavía a ella. Aún tengo que limpiar el polvo, abrir las ventanas, comprobar a qué lugares nuevos puede asomarse. O a qué lugares viejos, desde perspectivas nuevas. Whatever. Si no recuerdo mal, venía aquí a hablar de errancias y de gusiluces, es decir, de vagabundos extra-vagantes y de nostalgias. (Gusiluz: símbolo con un exceso de significación que se refiere -aunque la referencia sea inescrutable (o algo así) y el sentido se disemine (o algo así)- al mundo perdido de la infancia, y aquí podemos enlazar con el mito Paradise Lost, paradise lost in your memory) En la memoria, que se alía con la ficción, para crear mundos perdidos. Gusi-luz. La luz, otra vez. La luz que brilla en la oscuridad. ¿Dónde iba a brillar? Como la palabra, como el verbo ser (el único verbo, todos los demás se refieren a él, según Foucault en Las palabras y las cosas), luz del mundo. Y la verdad no es otra cosa que el espacio-luz (Eugenio Trías, Los límites del mundo).

Disonancias, sad songs, rotondas (escrito sin ton ni son)

Una disonancia perturbadora entre unas imágenes alegres, que se sucedían en ráfagas intermitentes, y una música triste, con un piano que sonaba como sumergido en lo profundo de un lago, donde ya no llega la luz -y aunque la luz no sea condición suficiente es condición necesaria- azoraba mi ánimo resacoso y mi holgazanería crónica. Protect me from what i want. Pero ayúdame más bien a desear. Nada grande se ha hecho sin pasión (Hegel dixit). A-pático y a-taráxico como un filósofo estoico, revoloteando como un mosquito atontado alrededor del fuego digital de la pantalla, viendo video en youtube y enroscado y aterido de un frío que no pertenece del todo a este mundo. Extiendo la manos en busca de alguna hoguera. Las canciones tristes -el territorio ubicuo de Sad Songs- trazan la cartografía sentimental de subjetividades cool (frías) -ah, los sujetos indiferentes que crea la moda, la moda ha perdido la cabeza -lo sabe Eloy Fernández Porta: el coolhunter se internó en la selva. No más de tres minutos, toda nuestra desazón cabe en tres minutos. Mejor el pop que el piscoanálisis. Pop, Pop, pop, pop. Si supiera cantar. Sing a sad song, man.

Una auténtica política revolucionaria consistiría en una limitación del deseo, me dice el filósofo estoico que habita en mí. El deseo se liberó y creó una cultura de consumo, esquizofrenia productiva, emperoramiento generalizado de la mercancía y la sustitución de las personas por marionetas. Le escucho, no me convence del todo. A mí todo me parece bien con tal de poder seguir escuchando canciones. El misántropo se alía con el estoico en el teatro improvisado de mi mente, y juntos se ponen a la tarea de crear una fortaleza interior, para defenderse de los indios. Pero, por suerte, aparece otro personaje para decirles que están construyendo una cárcel. Dejad de hacer idioteces, les dice. Lo más importante en un edificio son las ventanas, el espacio es la esencia de la arquitectura. Que entre la luz. Volvemos al tema de la luz en esta filosofía improvisada y apresurada de la arquitectura. Metáforas aquitectónicas: el conocimiento como un edificio, la mente como un espacio interior, pero la mente, como la verdad de X Files, está out there (por cierto, sé que es una chorrada intercalar términos en inglés sin ton ni son, pero es cool; y aquí viene un emoticono: XD). Out there, el afuera (sobre esto veáse Foucault). Hay que prestar siempre atención a las metáforas: la metáfora de la red invade el pensamiento, las carreteras ya no se construyen siguiendo un modelo centralista sino un modelo de redes, una telaraña, y por eso cada día hay más y más rotondas.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Fenomenología poética

Estaba aquí, fumando marihuana y escuchando Nothing compares to U, la versión de Sinead O´Connor, y miraba su rostro con una atención infinita y escuchaba la música con una atención aún más infinita, escuchaba incluso lo que no sonaba, los silencios. Pensé que la fenomenología sólo podía entenderse practicándola con una buena dosis de marihuana, un mundo pleno de sentido brotaba con una sencillez pasmosa, la reducción trascedental se efectuaba sola, sin necesidad de ningún esfuerzo; el cuerpo se abandonaba y a la vez se intensificaba, los sentidos estaban más atentos, sentían más, pero sin esforzarse, era como abandonarse al mar, cerrar los ojos, y no tener miedo, no tener ya nunca más miedo, una burbujaba brotaba de la música, transparente, sonriente, no tener ya miedo. Dormir acurrucado en la voz de Sinead O´Connor. Los músculos relajados. La sonrisa, serenidad. Ser una hoja en el viento, en el País de la Música, tocar sus contornos difusos, la geometría de la niebla o de las olas, la mirada abandonando la cárcel de la carne y cayendo como una hoja en la línea imaginaria del horizonte.

Al horizonte íbamos a veces, antes, hace muchos años ya, a coger fruta o a salpicarnos, y regresábamos cansados pero felices. La noche era entonces aún un territorio prohibido, inexplorado. Aun no sabíamos el significado de la mayoría de las palabras. Y no los echábamos de menos porque aún no nos habíamos separado de las cosas, de los charcos que deja la lluvia, del vaho que lanzábamos contra los cristales fríos, en los que dibujábamos cuadros abstractos y efímeros, de la luz del pasillo que se filtraba por debajo de la puerta, de los saltos en la piscina de plástico del patio, de los juegos, de la ropa manchada, de heridas en las rodillas y de los dibujos animados.

Luego ya no sé qué pasó. Algo pasó. O nada, porque no nos dimos cuenta. No nos dimos cuenta del todo. No muy bien, no nos enteramos. ¿Qué pasó?, ¿a dónde se fue el mundo? Es este, sé que es éste. No hay el mundo del pasado. O sí lo hay, porque me acompaña. No siempre, casi siempre lo olvido, casi siempre no existe en absoluto. Pero de repente, apenas unos instantes, inaprensibles, hudizos, apenas unos instantes de los que uno no está seguro, que no sabe muy bien qué pasa, los recuerdos estallan, y no sé si son tristes o hermosos o alegres, pero su inevitable cualidad fantasmal los dibuja y los desdibuja a la vez como la proyección de una película cuyas imágens no sabemos muy bien si están desenfocadas, porque cuando te parece que lo están su dibujo se define más, y cuando te parece que su imagen ya se ha definido, vuelve a estar borrosa sin que hayas advertido el instante en que eso pasó, en que se transmutó en una sombra que se te escurre entre las manos.

Y el mundo y tú, os escurrís, os convertís en una cosa que ya no es un sujeto, porque no está sujeto a nada, y no hay un mundo enfrente distinto de ti, no hay nada parecido y eres un ser que vive en los gestos de una canción que viaja en el viento, te mueves en el viento como una melodía, no estás fuera de las canciones, escuhándolas, estás viviendo adentro de ellas.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Callejones sin salida

Ahora mismo sólo existe esta calle solitaria que contemplo con los ojos cansados. Ahora mismo bostezo pero aún no me voy a la cama, sigo empeñado en desentrañar los secretos que guardas, secretos que pueden ser vistos pero que no es tan fácil ver. Casi creo que puedo detener el tiempo, que puedor retener tus ojos, tu piel de nieve que se derrite, tus manos frías, tu imagen borrosa ya, hace tanto tiempo que no te veo, que no vienes a vivir conmigo debajo de las sábanas. Tu fantasma ya siempre repetirá el ruido de mis pasos condenados a los callejones sin salida.

Inmerse your soul in love

Estaba pensando en cómo traducir la intensidad de Radiohead en palabras escritas, en si era posible. Quizá no lo sea. Estaba pensando música triste=llanto, música alegre=risa. Estaba pensando en que hay una conexión profunda entre la música y el cuerpo, en que se escucha música y se lee con todo el cuerpo, incluso con los dientes y con las uñas, con los dientes apretados y los arañazos feroces de la ternura más salvaje y desbocada.

Los gestos que revelan la emoción más intensa de un cuerpo y la música, frases capaces de agarrarte del pelo y levantarte del suelo, música capaz de sumergirte. Flujos de intensidad que atraviesan los cuerpos. Velocidades infinitas, y también una calma sobrehumana, una serenidad más allá de todo cuyos signos se revelan como latigazos a cámara lenta en el agua salada que inunda tu castillo de arena.

Saltos ralentizados, una voz herida que surca los mares y los univeros dejando un reguero de estrellas.

Y no entender nada mientras el tiempo sigue avanzando impertérrito, dejándote a un lado, las uñas feroces rasgándote la piel quien sabe por qué.

Un mundo en pleno delirio explotándote en las manos y en los ojos, luchando por salir de sí mismo, desgarrado e implorando.

La manta azul

Hacía frío así que fui a buscar mi manta azul oscuro, mi manta preferida, azul oscuro con puntos luminosos que semejaban estrellas poderosas y solitarias y que tenía desde que era pequeño, puntos luminosos de pura intensidad vagando y brillando con un esplendor silencioso por todo el universo. Recordé un póster del cielo que me regalaron entonces, un póster negro en el que las estrellas brillaban en la oscuridad, casi al alcance de la mano, diminutas, como duendes alegres, creando una atmósfera mágica que me envolvía a mí y lo envolvía todo, esferas acogedoras, mi verdadera casa, poblada de espacios infinitos, azules, negros, y de seres que se fundían con el viento. Siempre intenté volver a aquella casa. Demasiado tarde comprendí que aquella casa ya no existía y que nadie puede vivir en sus recuerdos todo el rato sin volverse loco. Tal vez me volví loco. Echaba de menos. No algo concreto, mi estado de ánimo era un constante echar de menos. Somos incapaces de imaginar el fututo, pensé, por eso nos recreamos con nuestros recuerdos, nos refugiamos en un mundo sin contornos definidos, como borrachos desesperados buscando en la nevera la última lata de cerveza, un mundo que vivimos casi sin darnos cuenta, sin saber lo que vendría despues. Pensaba esto mientras miraba la manta azul. Era extraño pero en una simple manta azul se albergaba todo un mundo, flujos de intensidad recorrían mi piel, universos enteros se desplegaban ante mis ojos. Sin darme cuenta estaba sonriendo como un bobo, diría casi que feliz.

sábado, 25 de agosto de 2007

El Rey sin cabeza

Decidí abrir la ventana y morar para siempre en lo que huye, en las inasibles grietas de la realidad, en los ojos diluidos en las nubes. Entregué una vez más mi ser al viento, lo hice trizas, lo aligeré y sonreí feliz ante el cadáver del Yo, aquel Rey muerto por fin, sin cabeza, oscurecido por el esplendor salvaje del mundo en huida hacia sí mismo.

Niebla

La niebla más allá del ventanal insinuaba sus significados secretos. Salí, la hierba estaba mojada. Algo suspiraba. Algo hablaba en las hojas tembolorosas. En algún momento perdí el conocimiento. Al recobrarlo dos grandes ojos me contemplaban. Al incorporarme ya no estaban allí. Los busqué en vano. La niebla se los había tragado.

lunes, 20 de agosto de 2007

Peligros de la carne

¿Y si el deseo abrasa por dentro amenazando ruina y locura?


Nadie nos advirtió de los verdaderos peligros de la carne
del desquiciado furor de unos dientes sedientos
anhelando morder la manzana prohibida una noche cualquiera
de las manos violentas que arañan la fría piedra
y desgarran el alma atribulada de un caminante cualquiera


Nadie nos advirtió de la urgencia feroz de las bocas
ni de su sed insaciable en las cornisas del abandono
no nos contaron cómo te quiebra la garganta
la imagen de un cuerpo ausente proyectada en las sombras
el aliento de su piel de repente helado y lejano.

sábado, 9 de junio de 2007

Superpoderes

Tengo superpoderes: puedo hacer que los árboles despeguen del suelo, puedo beberme el cielo gris, puedo hacer el pino sobre la cuerda floja, puedo beberme una botella de tequila y salir a caminar solo por el mundo sin llorar ni asustarme ni protegerme de la lluvia ni nada, puedo sentir la música silenciosa del mundo antes de dormirme en un callejón sucio y maloliente, puedo escuchar la hierba cómo crece, puedo correr a la pata coja los cien metros lisos y ganar a los atletas dopados, puedo meterme debajo de las sábanas y esperar dos siglos antes de abrir un ojo si el monstruo que se esconde detrás del armario me asusta mucho, puedo hacer surf por un mar encrespado llorando y riendo a la vez y dejándome atrapar por la inmensidad del horizonte, por su inmensa serenidad, puedo hablar con las ballenas cansadas y conversar con ellas sobre cómo pasa el tiempo, tan pronto se viene la muerte, tan callando, puedo irme a vivir en la copa de un árbol, puedo convertirme en el rayo de una tormenta, en unos ojos emocionados por una película muy trágica y muy cierta, en las hojas de un libro colgado de la cuerda de tender, en el paraguas roto que protege nuestros pasos delirantes de sonámbulos cantando bajo la lluvia, en algo que pasa de repente sin avisar y trastoca todo y nada vuelve a ser lo mismo, en viento, en agua, en cucaracha, en trampolín, en ciempiés con las botas rotas.

Puedo escribir estas palabras y soplártelas al oído muy despacio.

Diálogos ciberplatónicos (lo que piensa el TecnoNúcleo)

En la evolución reciente de La morada de los existencialistas errantes , el blog cruza una línea tecnológica y emocionalmente cruda. El dolo...