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miércoles, 6 de mayo de 2020

06/05/2020

También he estado viendo vídeos de científicos y divulgadores hablando sobre si Dios existe o no. La mayoría de estos teólogos espontáneos parecen considerar a Dios una especie de hipótesis científica. Pero hay muchas concepciones de Dios. Entre ellas, por poner tres ejemplos un poco al azar, podríamos mencionar el Ein Sof (sin límite) de la Cábala judía, el Nirguna Brahma (sin atributos) de las Upanisad o la concepción de Eckhart de Dios como el fruto de la nada. Ninguna de estas concepciones* puede ser considerada una hipótesis científica. En todas ellas Dios es algo que trasciende el cerco del aparecer, por usar la terminología de Eugenio Trías. En todas ellas Dios es algo inconcebible, carece de atributos, no puede ser pensado ni sentido. En cierto modo, ni siquiera puede decirse que sea, ni que sea algo

*Son, desde luego, concepciones paradójicas, pues tratan de concebir lo que se supone que escapa a todo intento de conceptualización, de ahí las fórmulas negativas, que expresan la imposibilidad de darle un contenido positivo a lo que se plantea como pura trascendencia.

sábado, 28 de enero de 2017

jueves, 12 de enero de 2017

El arte y lo sagrado

Toda obra de arte está ligada a lo sagrado en este simple sentido: presencia que subyuga.
Pascal Quignard, Pequeños tratados II 

Pascal Quignard es Dios.

viernes, 24 de abril de 2015

Tinieblas luminosas

Es una pena que el autor de la Teología mística no fuese realmente el Dionisio Aeropagita que se menciona en Hechos de los apóstoles. A mí me habría gustado más. Pero bueno, tampoco pasa nada. Por otra parte, que un autor sea conocido como Pseudo Dionisio también mola bastante... ¿Pseudo Señor S. quedaría bien? ¿Qué tendría que hacer para ser un falso yo? Humm...

He AQUÍ el gran clásico del mentado Pseudo Dionisio.

Citemos ahora a Eugenio Trías:
El núcleo (= x) de lo sagrado, en su propia forma presencial, constituye una luz intensísima que puede acaso concebirse como el máximo de oscuridad y de tiniebla. O como una efusión de inteligibilidad de tal intensidad y fuerza que en ella, de hecho, toda voluntad de compresión se derrumba. Sobreviene, en cierto modo, el anonadamiento general de toda comprensión y la desesperación de toda expectativa de inteligencia. Pero asimismo ese balance negativo se registra como el más alto y sublime de los ascensos posibles hacia el estrato radical de donde emana y dimana toda posible comprensión.
Eugenio Trías, La edad del espíritu

PD: Otro día hablaremos sobre la muerte de Dios. Hay un poema de Jean Paul en el que se narra un sueño: Cristo, muerto, sobre la cima del mundo proclama que no hay ningún Dios. Unos niños salen de sus tumbas y le preguntan si entonces son huérfanos, y Cristo contesta que sí, que ahora todos somos huérfanos. También hay un poema de Nerval en el que Cristo, en Getsemaní, se siente abandonado por Dios, lo que, por lo demás, se cuenta en los propios evangelios (Dios se abandona a sí  mismo). El llamado drama mesiánico consiste en eso, en la angustia mortal que le sobreviene a Cristo cuando está a punto de ser detenido (Zizek probablemente diría que la angustia de Cristo tiene que ver con la ausencia del Gran Otro simbólico). Sabe que le van a crucificar. Y, recordémoslo una vez más, el cristianismo consiste en adorar a un Dios muerto y es, por tanto y de forma evidente, la religión más atea que existe.

PD2: Y luego ya dejaré de dar la brasa con la teología y el cristianismo. Quizá me ponga a dar la brasa con Arrakis... Dune... El Planeta del Desierto... Ya veremos

jueves, 5 de abril de 2012

Sin título (iba a poner diario de un lector, o algo semejante, pero me pareció un título lamentable, en múltiples sentidos, no sé en cuales, pero en muchos)

Hay rachas en las que solo me apetece leer ficción y otras en que creo que si no me pongo a leer a algún filósofo analítico mi vida corre un serio peligro, aunque suele suceder que el filósofo analítico me aburra hasta el llanto, o me demuestre mi nulidad intelectual, o ambas cosas a la vez. Los filósofos analíticos usan estrategias retóricas muy retorcidas: empiezan diciendo cosas extremadamente simples para que te sientas bien y te digas a ti mismo que joder, estás entendiendo a un filósofo analítico, pero no tardan mucho en ponerse a formalizarlo todo o en decir cosas como que es bien conocido cómo es posible definir contextualmente la notación (x,y) de los pares ordenados con la ayuda de épsilon y las partículas lógicas. Esta última frase está sacada, precisamente, de su contexto, pero yo en su contexto tampoco entendí una mierda. Total, que dejo el libro de Quine a medio leer y abandono mi fugaz fantasía de convertirme en un orgulloso miembro de la secta analítica. Mi fantasía, más que un sincero interés por la lógica, obedecía a cierta fascinación con la figura de los lógicos y de los matemáticos como seres extremadamente inteligentes. Esto pasa mucho, a la mayoría de los escritores les interesa más la vida y la figura de Wittgenstein que el Tractatus. También pasa con Gödel: todo el mundo sabe que fue un genio, pero muy pocas personas saben por qué. Además, dado que sin saber lógica, es absolutamente imposible entender nada de Gödel, la gente le deja en paz, nadie osa llamarle charlatán. Con Heidegger no pasa eso, porque como todo el mundo sabe leer, hay gente que considera un insulto por parte de Heidegger que ellos no hayan sido capaces de entender a Heidegger, así que, sin más, suponen que es una estafa, que sus frases no tiene sentido, porque para ellos no lo tienen. Una vez que he sido derrotado por un filósofo analítico, sin embargo, no puedo volver sin más a la ficción, aún necesito ciertas dosis de abstracción inhumana, así que elijo un camino intermedio, leer sobre pensadores medievales. Casi todos me parecen interesantes. La idea de aplicar métodos lógicos y análisis gramaticales realmente concienzudos y rigurosos a un ente de ficción me parece una genialidad suprema y me entusiasma. Considero, igual que Deleuze, que el concepto de Dios durante la Edad Media permitió a la filosofía liberarse y desató creaciones conceptuales que hubieran sido imposibles si los conceptos hubiesen estado sometidos a tener que realizar tareas menores, como representar. Los conceptos no son meras representaciones. El problema o la cuestión de creer o no creer, de si Dios existe o no, me es por completo indiferente. La cuestión es qué se quiere decir al usar el concepto de Dios. Es evidente que el Dios de los filósofos no tiene nada que ver con el Dios de la fe. Digamos que no se hablan, ni se conocen, jamás se han cruzado por la calle. Pero si se parte de la suposición si Dios existiera, surgen preguntas interesantes a mansalva, como setas. ¿Es extenso?, ¿sería intuible?, ¿qué tipo de intuición, en caso afirmativo?, ¿qué razonamiento deduce su existencia, en caso negativo? O también: si está más allá de las categorías, porque las trasciende, ¿está más allá también de la categorías de existencia?, ¿entonces no existe? En fin, que los medievales molan y eran muy listos. Dun Scoto era muy listo. Tanto como Wittgenstein, o más. Aunque mi interés por los medievales también suele decaer y no me pongo como un loco a estudiarles. Básicamente, solo tengo dos fuentes de información, El pensamiento en la edad media, de Paul Vignaux, y el primer volumen de la historia de la Filosofía de Reale y Antiseri, que es mucho mejor, por cierto, que la historia de la Filosofía de Rusell. No niego que Rusell fuese un gran filósofo, pero como historiador de la filosofía... en fin, estoy convencido, sinceramente, que es de lejos la peor historia de la Filosofía jamás escrita, solo por las estupideces que dice sobre Nietzsche ese libro habría que, bueno, que quemarlo no, porque eso suena muy nazi, pero, al menos, habría que tirarlo a la piscina. No tengo nada en contra de Rusell, en cuanto aprenda algo de lógica me pongo a llorar de emoción con lo de las descripciones definidas y tal, pero eso, que si quieren leer una buena historia de la Filosofía, la de Reale y Antiseri. Y no se salten a lo medievales.

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.