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viernes, 3 de mayo de 2019

Netflix dice adiós a Doctor Who

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¿Acaso no saben que solo Doctor Who es necesaria y el resto de series contingentes? Ojalá los responsables de quitar Doctor Who tengan muertes extremadamente lentas y terriblemente dolorosas.

sábado, 30 de marzo de 2019

Shabbat

Día de descanso. He comido tres platos de macarrones con chorizo y no he parado de escuchar a la Polla Records. 

sábado, 23 de marzo de 2019

Dulce sabor amargo

Salir de un examen para estar en la bolsa de auxiliares de biblioteca de Extremadura en el que lo has hecho relativamente bien (60 preguntas, 57 aciertos y 3 fallos) preguntándote todo el rato por qué mierda has confundido el campo 260 del Marc 21 con el 300, qué puta neurona te patinó para contestar que la iluminación general recomendada en una biblioteca es de 400 lux en vez de 500 lux y, sobre todo, en qué hostias estabas pensando al responder que el acceso a la información a través de Internet no es un servicio básico (este último fallo es el más martirizante). 

PD: Pero bueno, vi a muchos amigos, excompañeros de trabajo, y hubo abrazos y algarabía (no solo soy un agonías neurótico).

viernes, 15 de marzo de 2019

Día mundial del sueño

Hoy es el día mundial del sueño. Precisamente hoy yo tengo muchísimo sueño porque anoche, precisamente anoche, no dormí casi nada. Me desperté a las cinco de la mañana y me pasé las siguientes dos horas dando vueltas en la cama y alejando la posibilidad del sueño con el consabido y contraproducente intento de obligarme a dormir. A ratos, medio dormido medio despierto, soñaba con una biblioteca inmensa, llena de pasadizos oscuros y de atareados bibliotecarios que los recorrían con inexplicable urgencia. No sabía cómo salir de esa inquietante biblioteca y no podía preguntar por la salida a las huidizas figuras que recorrían los pasadizos con inexplicable urgencia. Desaparecían antes de que lograra formular una pregunta. En los pasadizos no había libros. Ni en ningún otro sitio de la biblioteca. No logré encontrar la salida. Al fin sonó el despertador, abandoné mi angustiosa duermevela y me fui, despeinado, ojeroso y con demasiada cafeína en mi torrente sanguíneo, a trabajar a mi biblioteca no onírica. Se me olvidó una vez más llevar los libros que tengo prestados y que ya tienen un retraso considerable (lo lógico sería que devolviera los libros a tiempo a una biblioteca a la que voy a trabajar todos los días, pero no es así). Entre bostezo y bostezo ordené la bebeteca, la zona más caótica de toda biblioteca pública, un auténtico vórtice de entropía. La zona infantil ya es de por sí un caos, pero la bebeteca es el caos dentro del caos. Luego fui con un compañero a tomar más café para poder seguir vivo. Luego seguí ordenando la biblioteca infantil (no es verdad, como quiere el tópico, que lo único que haga un bibliotecario sea colocar y ordenar libros, pero en la sala infantil, por la mañana, es básicamente lo que hay que hacer). Luego estuve tejuelando y luego, por fin, fiché y me fui a casa y comí rápido y mal y luego, en vez de echarme a dormir la siesta, me puse a ver vídeos en youtube y a leer un artículo sobre la relación de Foucault con Kant, y luego fui a pedir vez en la peluquería porque necesito cortarme el pelo ya y luego fui a comprar, que para mí siempre es un auténtico fastidio, pero más hoy, con mi estado de consciencia a caballo entre el sueño y la vigilia, y ahora, en este día mundial del sueño, sigo teniendo muchísimo sueño y estoy, obviamente, escribiendo este texto y preguntándome si estará bien o mal escrito y por qué sigo escribiendo textos tan rematadamente autobiográficos yo, precisamente yo, que en teoría odio la autoficción y amo la ciencia ficción. Seguramente lo de odiar la autoficción sea una pose, me digo. Tal vez soy un egocéntrico sin remedio (de la llama del inconfesable deseo de alcanzar la gloria literaria que mi mente adolescente se proponía como objetivo vital primordial hoy apenas quedan las cenizas, ay, pero algunos rescoldos, me temo, permanecen). De todas formas, la parte de de ficción de la autoficción no está presente en este texto. Todo es rigurosa, aburridamente cierto. He dormido poco y mal, he soñado con bibliotecas raras, he ordenado libros y he comprado bebidas y alimentos en el Carrefour. Sin embargo, pese al carácter rigurosa, aburrida, anodinamente cierto de lo que he escrito, algunas frases han sido reescritas, ciertos adjetivos han sido borrados y vueltos a añadir, ciertos adverbios se han repetido deliberadamente. O sea, que ha habido, con independencia de la calidad del resultado, lo que podríamos llamar pomposa y pedantemente —y con un preocupante exceso de adverbios— un trabajo de composición literaria. O sea, que en cierto modo podríamos decir que este texto también es una ficción literaria...

Una vez, hace muchos años, me pasé la noche antes de un examen estudiando y, después de hacer el examen, continué el resto del día sin dormir. Me acuerdo de que ese día mi estado de ánimo era más salvajemente fluctuante de lo normal. Me acuerdo de que, por un lado, deseaba dormir más que nada, pero por otro lado sentía una tremenda curiosidad por saber cuánto podía resistir sin dormir y qué sensaciones podía experimentar si seguía venciendo al sueño un poco más. Estaba irritable y ensimismado, pero también extrañamente eufórico, o al menos eso es lo que yo recuerdo...

Incapaz de vencer mi tendencia a la pedantería extrema, debo decir que ese estado extraño, ambivalente, entre la vigilia y el sueño, apuntaría a algo así como un espectral tercer lugar indialectizable... 

Estoy desbarrando, lo sé, pero recuerden que en este día mundial del sueño tengo mucho, muchísimo sueño...

viernes, 1 de marzo de 2019

No hacer nada: el nihilismo místico del Señor S.

Me preguntan que si voy a hacer algo el fin de semana y yo pienso: ya he hecho bastantes cosas durante la semana —trabajar, estudiar, la comida, etcétera— así que no, no voy a hacer nada, salvo entregarme a los (agri)dulces placeres del pensamiento rememorante* y de la contemplación desinteresada de la naturaleza y de las cosas bellas (tengamos en cuenta que, digan lo que digan, el ser humano es esencialmente contemplativo y solo por oscuras y misteriosas razones se ve obligado a ingresar en el mundo de la acción, y tengamos en cuenta también que yo, en cuanto me descuido, dejo de ser un racionalista cabal para convertirme en una suerte de fenomenólogo teológico-poético, o de fideísta irracionalista, cuyo único deseo es la mística unión con una trascendencia inconcebible pero que de alguna forma se puede vislumbrar en lo sensible —en la hora mágica del atardecer, por ejemplo, o en donde sea que estemos cuando escuchamos música con auténtica atención y fervor—, por decirlo de forma grandilocuente, pedantesca y tal vez un poco enrevesada)

*Melancólica, agridulce** rememoración de lo que en el pasado fue presente y que hoy ya es solo una pálida sombra (valga el oxímoron), una huella, el testimonio de una ausencia paradójicamente tan presente y tan insistente...

**Dulce sabor amargo, que diría Kase.O

jueves, 14 de febrero de 2019

Guillermo de Haro - El terraplanismo es lo normal

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Yo de pequeño creía que si dormías en una habitación con plantas morirías de forma súbita y terrible. Mi abuela me transmitió esta creencia. Considerar a las plantas como terribles entidades primigenias que acechan en la oscuridad con la intención de succionar todo el oxígeno de una habitación hasta matarte me parecía lo normal. 

PD: Evidentemente, que un minúscula parte de la población crea una idiotez tan monumental como que la tierra es plana no tiene ninguna importancia. 

domingo, 9 de diciembre de 2018

Extrañezas, lejanías, desarraigos, melancolías y algunos raros y bellos momentos de felicidad

Creo que este sería un buen título para unas memorias. Aunque creo que nunca las escribiré. 

España, un país para atravesar huyendo

Aún recuerdo cuando un grupo de neonazis intentó pegarme una paliza en la calle ancha de León. Es un recuerdo difuso, porque hará unos quince años que pasó, pero aún me acuerdo. Era de noche, volvía de fiesta y me dirigía a la parada del autobús de Santo Domingo. Me rodearon, mirándome fijamente, y me preguntaron si me sentía español. Dije que sí (me hubiera gustado contestar que no, que me sentía albanokosovar, pero estaba acojonado). 

Uno de ellos (eran cuatro o cinco) replicó que entonces por qué llevaba el pelo largo, y me tiró el gorro al suelo (era invierno, hacía mucho frío). Eché a correr (era obvio que iban a darme una paliza), crucé la plaza de Santo Domingo a toda hostia y al poco rato me di cuenta de que me llamaban desde un coche de policía. Me subí en el coche, dimos una vuelta, no vimos a los neonazis por ningún lado y luego los policías esperaron conmigo hasta que cogí el autobús.

Total, que cuando escucho a los neofascistas de Vox hablar de España mi primer impulso es echar a correr. Como se dice en Los Reconocimientos de Gaddis, España es un país para atravesar huyendo.

PD: Y como dice Simone Weil: el gran animal es siempre asqueroso. El gran animal, es decir, la patria, lo colectivo, entendida como instancia trascendente, objeto de idolatría.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Drama tras drama

Después de haber estado a punto de morir brutalmente atropellado en un paso de peatones —hoy he surcado velozmente varios pasos de peatones, con el corazón palpitante— los dramas continúan: he comprado, sin darme cuenta, pan bajo en sal, que no sabe a nada, y chorizo dulce en vez de picante. Una vez compré, también sin darme cuenta, cerveza sin alcohol, algo que no tiene el menor sentido si no vas a conducir después de beber. En fin, that's life.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Todo el mundo fantasea con una muerte dramática

Hace un rato, al salir del trabajo, casi me atropella un coche en un paso de peatones. El conductor se disculpó, dijo que no me había visto, y yo le creí y acepté sus disculpas diciendo que suponía que no tenía intención de atropellarme, pero que menudo susto me había llevado. 

Después de que se me pasara el susto, recordé la certera sentencia de algún filósofo medieval de cuyo nombre no logro acordarme, a saber, que nuestra vida no nos pertenece, solo nos es dada en usufructo, y también, cómo no, me acordé del estar a la muerte heideggeriano. 

viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Me contradigo?

Dos de las cosas que más me gustan son a) la música pop superficial y b) la profundidad abismal de la mística tipo Eckhart, que viene a identificar a Dios con la nada*.

*Un materialista cabal diría que la nada es una pseudoidea, pero yo, ay, no soy demasiado cabal... (Dios existe, Dios no existe, un caso de contradictorios verdaderos, diría Simone Weil)

Apoteosis bibliotecaria

Trabajar en un biblioteca y estudiar movidas biblioteconómicas en los ratos libres y, para colmo, soñar una noche que me quedaba a dormir en la biblioteca. 

PD: Creo que yo también puedo decir, como DFW, que no soy un tipo interesante, porque básicamente me paso la vida en una biblioteca.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Días en que valdría más no salir de la cama

Hay días en que valdría más no salir de la cama. 

Días en los que, por ejemplo, se te estropea el calentador y no puedes ducharte, y como ha estado lloviendo toda la noche y tú has dejado la ropa tendida, está empapada, y además es domingo y todo está cerrado y no has ido a hacer la compra y casi no tienes comida, y afuera sigue lloviendo y es un día gris y no te apetece bajar a comprar el pan ni cocinar ni nada, y tendrías que fregar los platos, con agua fría, porque el maldito calentador no enciende, y hacer algo con el montón de ropa que se acumula en la silla de tu habitación. 

Pero decides hacer un café, encender un cigarro* —café y cigarros, esa es la combinación—, leer un poco Nuestro grupo podría ser tu vida: escenas del indie underground norteamericano (1981-1991), de Michael Azerrad, y escuchar un directo de Black Flag y esperar absurdamente que lo del calentador y lo de la falta de víveres se solucione por arte de magia.

*Has vuelto a fumar a diario aunque tienes planeado volver a dejarlo.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Confesiones

Últimamente estoy leyendo poquísimo, menos que nunca. Es una sensación rara porque, aunque esté mal que yo lo diga, y sin que esto signifique me crea un tipo superinteligente ni nada por el estilo —me estremecería de horror sonar como uno de esos deplorables tipejos pretenciosos que van por ahí presumiendo de lo listos que son por el mero hecho de que leen un montón— yo siempre he leído muchísimo (porque la lectura siempre fue un refugio, un vicio, una cueva mágica, un viaje maravilloso, fantástico, inagotable, con paradas en la posada del Poney Pisador, caídas en madrigueras tan profundas en las que mientras caías podías hacer reverencias, podías perderte en senderos que se bifurcaban, esconderte en habitaciones para sentir y pensar, cosas ambas muy tristes y que requerían cierta intimidad, irte de aventuras con los cinco, una dicha extraña, infinita, algo tal vez muy parecido a la felicidad, la manera de darle sentido y forma y una peculiar intensidad a lo vivido)

Pero, en fin, estoy en un raro periodo de sequía lectora...

PD: Como también es posible que sea un carca y una especie de moralista, he de decir que creo sinceramente que la bondad es una virtud muy superior a la inteligencia, y si esto suena espantosamente ñoño —a mi yo de otro tiempo le hubiese sonado horriblemente ñoño y tonto, lo admito— lo siento, pero en las trincheras del día a día de la vida adulta, como diría DFW, se trata de, a mi modo de ver, simplemente la verdad.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Tenía que pasar

Devolver libros con retraso a la biblioteca a la que voy a trabajar a diario.

En fin.

PD: Mañana, con motivo del día mundial de la Filosofía, voy a hacer un centro de interés con montones de libros de filosofía cuidadosamente seleccionados, entre los cuales estará el Capital en versión manga, porque es maravilloso que esa marcianada exista.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Otra cosa que odio por encima de todas las cosas

El Hormiguero. Ahora mismo estoy escuchando revelaciones grotescas de Pablo Motos sobre cómo se recorta las cejas y casi se me atraganta un trozo de pizza cuatro quesos.

PD: Nótese cómo este blog está degenerando hacia el comentario narcisista casual y breve. 

PD2: Solo he visto El Hormiguero en un intermedio de El Intermedio, programa que, por lo demás, también aborrezco.

PD3: Ahora he cambiado y estoy viendo First dates, otro programa deplorable. Un programa que solo puede verse desde una óptica paranoico-dickiana, es decir, pensando que esa gente no puede ser real, no puede existir de verdad. 

PD4: Solo veo la tele normal mientras ceno (bueno, Masterchef sí lo veo, aunque no siempre consigo acabar de verlo porque dura una eternidad). Con tele normal me refiero a lo que no es ni Netflix ni HBO.

PD5: Como este post se está convirtiendo en el Señor S viendo la tele mientras cena (en realidad ya he acabado de cenar), he decido aventurarme en los terrenos tenebrosos de Telecinco. Están echando Gran Hermano VIP. Definiría este programa, que llevo viendo unos tres minutos, como la quintaesencia de lo grotescamente aburrido.   

PD6: Ahora toca La Sexta. Chicote en Ibiza. Supongo que habrá revelaciones impactantes sobre mala praxis culinaria. 

PD7: En la 1 echan OT, seguramente lo peor de todo. Fin del tour televisivo. 

PD8: Este post también ha sido bastante lamentable, pero debo decir que llevo todo el día trabajando con un tremendo dolor de cabeza y hoy no doy más de mí.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Obstáculos vitales

Exactamente los mismos que los de Simone Weil: el cansancio y el asco.

PD: Tengo fobias extremas a toda clase de bichos. Resulta bastante molesto.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Los ambiciosos planes vitales del Señor S (incluye citas)

1) Sobrevivir (ved cómo aquí y en el título hay una cita/referencia encubierta (ya no encubierta, en realidad) de Nacho Vegas)

2) Ser un adulto mínimamente funcional (otra cita/referencia encubierta-ya-no-encubierta-en-realidad, esta vez de DFW)

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.