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jueves, 28 de abril de 2011

Larga vida al Rey


El máximo goleador es el mejor poeta del año.

En el fútbol hay momentos que son exclusivamente poéticos: se trata de los momentos del "gol". Cada gol es siempre una invención, es siempre una perturbación del código: todo gol es "ineluctabilidad", fulguración, estupor, irreversibilidad. Precisamente como la palabra poética.

Pasolini

miércoles, 27 de abril de 2011

Apuntes para una Filosofía del fútbol

Lo que define a la filosofía, según Hegel, no son las representaciones, sino las Ideas. Pero como la filosofía, en singular, no existe, lo que hay es una multiplicidad de filosofías con diversas formas de concebir la Idea en tanto realidad propiamente filosófica. Idea de Platón, de Kant, de Hegel, de Deleuze, etc. Las Ideas, en cualquier caso, atraviesan o sobrevuelan las fronteras que se erigen entre diferentes dominios. Así, la Idea de ritmo, por ejemplo, se da en la música, en el lenguaje, en los cuerpos, etc.

Mientras que la Idea en Platón remite a una instancia trascendente idéntica a sí misma, la Idea en Deleuze remite más bien a un plano de inmanencia poblado por multiplicidades, a relaciones diferenciales y singularidades. En esta concepción, la Idea es real, sin ser actual, y la actualización de una Idea es creación y no realización de un posibilidad inscrita en un modelo preexistente. No estamos ante el par trascendental/empírico, sino ante el par virtual/actual. Hay, siempre, todo un conjunto de dinamismos espacio-temporales que determinan, actualizan, dramatizan la Idea. Lo virtual es real, en tanto que virtual; su modo de ser consiste, precisamente, en no ser actual. Es un modo de ser potente y creativo (Pierre Levy).

Todo lo anterior pretende responder a la perplejidad que mostraba cierto comentarista al decir que no entendía cómo se podía llamar "filosofía" a una determinada forma de darle patadas a una pelota.

Se le puede llamar filosofía, si uno es platónico, en tanto participación en un eidós, (en una Forma, precisamente), en un modelo que trasciende y preexiste el dinamismo espacio-temporal en que se desarrolla, y al cual trata de ajustarse, o, si uno es deleuziano, en tanto actualización creativa que dramatiza las relaciones diferenciales y singulares de la Idea.

Dice Deleuze que no estamos fijados a un momento o a un estado, sino siempre fijados a una Idea como por el resplandor de una mirada. No entiendo muy bien qué quiere decir Deleuze con esto del resplandor de una mirada, pero es muy bonito.

Según el análisis de Pasolini, habría dos grandes Ideas futbolísticas: el fútbol-poesía y el fútbol-prosa. Nada que objetar. Desde aquí, añadimos simplemente que las Ideas son complejas, no se excluyen necesariamente y que se actualizan de modo creativo.

PD: Mucho más sencillo que todo esto: se le llama filosofía porque una acepción de este término es manera de pensar o de ver las cosas

martes, 8 de marzo de 2011

Fútbol y poesía

No veo el fútbol como una forma de alienación moderna, lo siento más bien como una poesía colectiva.

Edgar Morin


¡Visca el Barça!

martes, 30 de noviembre de 2010

viernes, 9 de abril de 2010

Spinozismo en acción

Cuanto más feliz me siento, mejor juego.

Messi.


Y es que los afectos positivos favorecen nuestra potencia de obrar.

jueves, 19 de marzo de 2009

Ser-en-el-fútbol-sala: estilo, riesgo, ritmo e imaginación

Más importante que marcar goles es jugar con estilo, lo cual requiere asumir riesgos y despreciar la eficacia en favor del virtuosismo. En lugar de asegurar un pase previsible al cierre, arriesgar un regate inverosímil por la banda, sobre la línea de fuera. Tomar decisiones absurdas con determinación, como tirar desde el medio del campo o intentar regatear a todos los jugadores, confiando en el éxito de la hazaña, porque sin riesgo no hay gloria, es una cualidad que suscita amores y odios, pero constitutiva de un estilo de juego que aspire a la excelencia y a la belleza, tanto a la belleza lírica de un regate realizado en la zona del corner, cercado por dos jugadores, como a la belleza épica de un disparo de volea desde tu propio campo.

Carácter es destino, también en un partido de fútbol-sala.
La sintaxis es una cualidad del alma, también en un partido de fútbol-sala.

Pero no se trata únicamente de correr riesgos. Arriesgarse cuando sabes que la acción que vas a realizar no tiene ninguna posibilidad de éxito es sin duda una estupidez. Hay que saber correr riesgos. La inspiración sobreviene en el momento en que ves con claridad la forma de llevar a cabo una posibilidad que aun así permanecerá hasta su realización en un estado parecido al del gato de Schrödinger. En ese momento, que dura unas milésimas de segundos, es cuando hay que correr el riesgo. Si el gato está vivo, el balón entrará en la portería. En el ser-en-el-fútbol-sala el sentido es transparente e incuestionable y algo que hay que producir, tal como enseñaba Deleuze en La Lógica del Sentido.

La gracia de los movimientos y el ritmo son, además del riesgo, elementos imprescindibles en la constitución del estilo. La apariencia de libertad de los movimientos, simultáneamente relajados y tensos, no se consigue sin haberlos previamente automatizado mediante su repetición incansable. Por eso jugar a fútbol-sala y hacer los deberes son actividades incompatibles. No hay tiempo para todo, así que es preciso priorizar actividades.

Para lograr un buen ritmo también es fundamental automatizar movimientos. En este caso hay que hacerlo sobre todo como grupo. Si no sabeis rotar o jugar al primer toque sencillamente no sabeis jugar a fútbol-sala y os van a golear porque vuestro ritmo como conjunto será demasiado lento e inofensivo. Saber rotar y saber jugar al primer toque son los cimientos sobre los que se edifica un equipo de infantiles poderoso y temible. Pero los cimientos no lo son todo. También hay que saber deconstruirlos, porque si no el ritmo se vuelve previsible, lo cual implica que la fotaleza que debe ser un equipo deja de ser inexpugnable: el rival puede adivinar la dirección de un pase y anticiparse (la fe en el portero es el último recurso que nos deja la desesperación). Es preciso, por lo tanto, cambiar de ritmo para sorprender al rival. Un ritmo desestructurado, con aceleraciones endemoniadas, cambios repentinos de dirección y paradas estratégicas que te permitan observar la posición de los jugadores es indispensable. Los cambios de ritmo son a la vez individuales y grupales: si subes a toda velocidad por la banda alguien debe ir a toda velocidad al segundo palo, si haces una pared con un compañero la fuerza del pase y la velocidad deben coordinar (también hay que prever los movimientos de la defensa y juzgar la viabilidad del pase, puediendo elegir otra opción, si fuera necesario). El ritmo debe ser armónico e imprevisible (para el rival).

Pero quizá lo más importante de todo sea tener visión de juego. La visión de juego es el arte de crear espacios, y de hacerlo rápido, porque si no te roban el balón. Aquí hay que combinar riesgo, movimientos gráciles y ritmo. Pero sobre todo hay que tener imaginación. También conocimiento mutuo entre los jugadores: saber indicar con signos apenas perceptibles tu intención y que el otro la reconozca de inmediato, sin que lo haga el rival (en el fondo un partido es un complejo diálogo entre dos rivales, cada uno de los cuales es un sujeto colectivo que a su vez dialoga entre sí para ejecutar una acción colectiva existosa, el ser-ahí-con y la dialéctica amigo-enemigo en su máximo esplendor). Quien está en posesión del balón es el punto a partir del cual se abren y dibujan espacios en potencia, mientras el rival, lógicamente, trata de cerrarlos e imposibilitar que se conviertan en espacios en acto (que serían potencialmente peligrosos por cuanto habría que confiar en el portero para que evitara que el gol pasar al acto). El poseedor del balón no es el principal encargado de crear espacios, es más bien el principal encargado de reconocer los espacios que tratan de abrir su compañeros. En última instancia, si no ves ningún hueco, siempre puedes tirar directamente a puerta (la portería es un espacio ontológicamente diferenciado, en el sentido en que describe el espacio de lo sagrado Mircea Eliade) o lanzar un balón perdido, sin dirección, dejando las consecuencias al azar (el espacio al que aquí se apunta es cualquiera, y cualquiera puede aprovecharlo). Esto es lo que hacen los malos jugadores.

También, obviamente, hay que saber rematar. No hay que tener piedad por los porteros (parece que estoy tratando muy mal a los porteros, pero en realidad son los guardianes del espacio ontológicamente diferenciado, y son tan importantes como Frodo, ellos llevan el anillo, son los más importantes y por eso los de su equipo deben protegerles; los rivales (que lo son relativamente unos a otros) sin embargo son como Sauron, más o menos, la analogía no h quedado muy lograda, lo sé). Disparos rasos y ajusados al palo. Entrenamiento diario. Si suspendes todas las asignaturas menos lengua y literatura no te preocupes, porque vais a ganar la liga y es improbable que exista algo más importante en el mundo. Los demás Colegios son unos pringados.

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.