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viernes, 11 de noviembre de 2016

Contra la lectura (excesiva)

Hoy ha habido demasiados elogios de la lectura. Recordemos, para contrarrestar tanto ensalzamiento de las librerías y de los lectores, que para Nietzsche leer era un placer superficial y los que leían nada más levantarse, cuando el sol brillaba en un despejado cielo azul, unos putos viciosos que no tenían remedio. También Séneca tiene duras palabras para los que leen demasiado. Dice que leer está bien, pero sin pasarse. Los que leen demasiados libros son gente dispersa, no te puedes fiar de ellos (cito de memoria, así que es probable que esté tergiversando lo que realmente dicen Nietzsche y Séneca, pero creo que más o menos era eso).

miércoles, 22 de febrero de 2012

Los resentidos

Los resentidos son venenosos.

El hombre del resentimiento es en sí mismo un ser doloroso: la esclerosis o el endurecimiento de su conciencia, la rapidez con que cualquier excitación se fija y se congela en él, el peso de las huellas que le invaden son otros tantos crueles sufrimientos, decía Deleuze. Los resentidos están poseído por el espíritu de venganza y el rechinar de dientes. Se caracterizan, principalmente, no por su maldad, sino por su despreciable mala voluntad, su capacidad despreciativa. Algunos de estos resentidos quisieran convencernos de que ningún autor español joven sabe escribir, guiados por el principio de que al otro no hay que tratar de comprenderlo, sino vigilarlo. Es una forma de leer muy triste.

Deben de tener digestiones muy pesadas, lo que explicaría su sarcasmo. 
Y la risa de la sátira es una mala risa. ¿Por qué? Porque es una risa que comunica la tristeza. Podemos burlarnos de la naturaleza humana, la risa de la sátira es burlarse de los hombres. Hago ironías, una especie de ironía acre. La sátira es otra manera de decir que la naturaleza humana es miserable. "Ah, ¿ven qué miseria la naturaleza humana?" Es la proposición del juicio moral. 
Deleuze, En medio de Spinoza 


En primer lugar, denuncian la miseria del medio literario, porque se trata de juzgarlo. Quieren juzgarlo. En términos de Nietzsche, son esclavos
Estos tipos son tiránicos. Te enganchan, no te sueltan. No paran de meter la nariz en cualquier mierda, de otra manera no están contentos. Siempre es preciso que rebajen las cosas. No es que las cosas estén forzosamente altas, pero para ellos siempre es demasiado alto. Siempre es preciso que descubran una pequeña ignominia bajo la ignominia. Se sonrojan de alegría. Cuanto más repugnante, mejor. Eso es el esclavo, es también el tirano y es también el hombre del remordimiento. 
Deleuze, ídem.

Por supuesto, Spinoza no condena el humor. El Príncipe de la Filosofía es un filósofo de la alegría. El humor es ligero, afirmativo, liberador, activo.

jueves, 26 de mayo de 2011

Spinoza, Nietzsche, Deleuze: filosofía de combate

Es propio de los reaccionarios ver las debilidades de un movimiento, pero no el halo de potencia que nimba lo real (Tiqqun)

Son especialistas en inocular pasiones tristes, en contagiar fuerzas reactivas, en cortar líneas de fuga.

A las fuerzas reactivas hay que oponer fuerzas activas, creadoras.

domingo, 15 de mayo de 2011

Es superhombre contra los hombres superiores

Vosotros, hombres superiores, aprended ¡a reír!
Nietzsche, Así habló Zaratustra.


¡Muerte a los hombres superiores!

martes, 19 de abril de 2011

Vitalismo

De la escuela militar de la vida. Lo que no me mata me hace más fuerte.
El crepúsculo de los ídolos, Friedrich Nietzsche

miércoles, 23 de febrero de 2011

viernes, 21 de enero de 2011

Necesidad y libertad

Ellos [los artistas] saben demasiado bien que justo cuando no hacen ya nada voluntariamente, sino todo por necesidad, es cuando llega a su cumbre el sentimiento de libertad, de finura, de omnipotencia, de establecer, disponer, configurar creadoramente, en suma, que entonces es cuando la necesidad y la libertad de la voluntad son en ellos una sola cosa.

Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal

sábado, 15 de enero de 2011

Baco y Ariadna


Es tarea de Dionysos hacernos ligeros, enseñarnos a danzar, concedernos el instinto del juego. Hasta un historiador hostil, o indiferente a los temas nietzscheanos, reconoce la alegría, la aérea ligereza, la movilidad y la ubicuidad como otros tantos aspectos particulares de Dionysos. Dionysos lleva al cielo a Ariadna; las pedrerías de la corona de Ariadna son estrellas. ¿Reside ahí el secreto de Ariadna? ¿La constelación surgida del famoso lanzamiento de dados? Dionysos es quien echa los dados. Él es quien danza y se metamorfosea, quien se llama «Polygethes», el dios de las mil alegrías.

Gilles Deleuze, Nietzsche y la Filosofía

viernes, 14 de enero de 2011

Respirando el aire de las alturas

Ahora el viento entra a raudales y oxigena el alma
que sobrevuela la noche a toda velocidad
transformando el caos en una estrella danzarina.

La ventana ha devenido trampolín,
casi rozamos la corona de Ariadna.

Aprender a jugar

Saber afirmar el azar es saber jugar. Pero nosotros no sabemos jugar: «Tímido, vergonzoso, torpe, semejante a un tigre que ha perdido su impulso: así es, hombres superiores, como os he visto a menudo deslizaros hacia un rincón. Habíais perdido una tirada. Pero ¡qué os importa a vosotros jugadores de dados! No habéis aprendido a jugar y a provocar del modo que hay que jugar y provocar». El mal jugador confía en varias tiradas, en un gran número de tiradas: de esta manera dispone de la causalidad y de la probabilidad para conseguir una combinación deseable; esta combinación se presenta en sí misma como un objetivo a obtener, oculto tras la causalidad. Es lo que Nietzsche quiere decir cuando habla de la eterna araña, de la tela de araña de la razón: «Una especie de araña de imperativo y de finalidad que se esconde tras la gran tela, la gran red de la causalidad — podríamos decir como Carlos el Temerario en lucha con Luis XI: "Lucho contra la araña universal"». Abolir el azar cogiéndolo en las pinzas de la causalidad y de la finalidad en lugar de afirmar el azar, confiar en la repetición de las tiradas; en lugar de afirmar la necesidad, confiar en una finalidad: he aquí todas las operaciones del mal jugador. Tienen su raíz en la razón, pero, ¿cuál es la raíz de la razón? El espíritu de venganza, nada más que el espíritu de venganza, ¡la araña!. El resentimiento en la repetición de las tiradas, la mala conciencia en el creer en una finalidad. Pero así nunca se obtendrán más que números relativos más o menos probables. Que el universo no tiene finalidad, que no hay ni finalidades que esperar ni causas que conocer, ésta es la certeza para jugar bien.

Gilles Deleuze, Nietzsche y la Filosofía


PD: Esto, por cierto, tiene que ver también con el Amor Fati, la fórmula que le sirve a Nietzsche para expresar la grandeza del hombre. La afirmación del azar y de la necesidad, del azar y del destino, su correlación y no su oposición. Ya en Spinoza la libertad no se oponía a la necesidad, al contrario, no se puede ser libre sin asumirla. Necesidad, pero no finalidad. A mí todo esto me parece extraordinariamente liberador. La vida ya no es objeto del juicio de Dios, no está sometida a modelos trascendentes y no tiene finalidad. Lo cual no quiere decir que carezca de sentido, sino que su sentido es inmanente, es el juego mismo. Muerte del idealismo. Incipit Philosophia.

jueves, 13 de enero de 2011

Dialéctica y Diferencia

Que la dialéctica sea un trabajo y el empirismo un placer, ya es caracterizarlos suficientemente. Y, ¿quién se atreve a decir que hay más pensamiento en un trabajo que en un placer? La diferencia es el objeto de una afirmación práctica inseparable de la esencia y constitutiva de la existencia. El «sí» de Nietzsche se opone al «no» dialéctico; la afirmación a la negación dialéctica; la diferencia a la contradicción dialéctica; la alegría, el placer, al trabajo dialéctico; la ligereza, la danza, a la pesadez dialéctica; la hermosa irresponsabilidad a las responsabilidades dialécticas. El sentimiento empírico de la diferencia, en resumen, la jerarquía, es el motor esencial del concepto más eficaz y más profundo que todo el pensamiento de la contradicción.

Más aún, debemos preguntarnos: ¿qué es lo que quiere el propio dialéctico? ¿Qué quiere esta voluntad que desea la dialéctica? Una fuerza agotada que no posee la fuerza de afirmar su diferencia, una fuerza que ya no actúa, sino que reacciona frente a las fuerzas que la dominan: sólo una fuerza así sitúa al elemento negativo en primer plano en su relación con la otra, niega todo lo que ella no es y hace de esta negación su propia esencia y el principio de su existencia.


Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Amor Fati

Mi fórmula para expresar la grandeza del hombre es el Amor Fati: no querer nada que sea distinto, ni en el pasado, ni en el futuro (...) No sólo soportar lo necesario sino amarlo.

Friedrich Nietzsche, Ecce homo

jueves, 13 de mayo de 2010

... and Carolyn



Mi Alfa y mi Omega es que todo lo que es pesado y grave llegue a ser ligero; todo lo que es cuerpo, bailarín; todo lo que es espíritu, pájaro

Nietzsche

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.