El título es un poco exagerado, la verdad; solo quería decir que para mí el centro del canon no es Shakespeare, es el Yahvista, el primer autor de la biblia hebrea, sea quien fuera —en un arrebato especulativo al comienzo de El canon occidental Bloom sugiere la atractiva pero infundada hipótesis de que el primigenio e ignorado autor de la Biblia, o sea, el Yhavista, fuera una mujer de la corte del Rey Salomón; y a sugerencia de un reseñista Bloom se apunta a la idea de que esta fuese Betsabé, la madre de Salomón, una mujer hitita que el rey David tomó tras disponerlo todo para que su marido, Uriah, muriera en el campo de batalla—, porque sin la Biblia sencillamente no hay manera de entender la literatura, el arte o la música occidentales.
Dejando a un lado todas las teologizaciones o lecturas moralizantes de la Biblia —y, dicho sea de paso, la Biblia no es un libro de teología ni un libro de moral; de hecho ni siquiera es un libro, aunque sí tenga cierta coherencia, toneladas de referencias internas y el arco argumental definitivo, pues va de la creación del mundo a su fin—, leyéndolo de forma puramente mitológica y literaria, vemos que su potencia simbólica y metafórica, y su despliegue de formas narrativas, son abrumadores.
¿Hay algún texto con la importancia y la resonancia del Génesis, por ejemplo?
PD: Aunque la discusión está abierta, supongo, y yo realmente no soy un experto ni en la Biblia ni en Shakespeare...
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jueves, 11 de febrero de 2016
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