Desde Nietzsche, por lo menos, sabemos que el arte claro y comprensible suele ser una mierda, por la muy clara y comprensible razón de que se limita a poner en circulación significados ya establecidos. No crea nuevas formas de ver, de sentir, no crea nada de nada. De ahí su mísera claridad, su cobarde inteligibilidad.
PD: No hay salvación fuera de Thomas Pynchon y David Lynch. Por supuesto, incluso estos dos tótems supremos de la resistencia a la explicación, ídolos nunca suficientemente venerados, son sometidos a intentos de jibarización hermenéutica. Intentos, afortunadamente, fallidos.