La morada de los existencialistas errantes
But Sometimes standing still is also life
sábado, 3 de octubre de 2026
Aburrirse
Me aburro tanto como siempre; nunca he conocido a nadie que se aburra tanto como yo.
Arthur Rimbaud
El cielo es de un gris metálico. Ha llovido, pero sigue haciendo calor. El calor no se va a ir nunca, ni la atroz humedad. Hay que abandonar toda esperanza. En este lúgubre lugar el calor se pega a la piel como una maldición y no te suelta. Es como un demonio rabioso que no cejará en su empeño por destruirte. En fin, he estado tumbado en el sofá, sudando —debo de haber perdido hectólitros de agua en los últimos meses— y mirando el cielo gris por la ventana. También he mirado una antena vieja y la pared de enfrente, que no tiene nada de particular.
Esta ciudad es el infierno
Esta ciudad es el infierno, dijo Bernhard. Curiosamente, no se refería a la ciudad más fea y húmeda del mundo, este espantoso y pegajoso estercolero.
viernes, 2 de octubre de 2026
La Llanura y la nada
Exiliado para siempre de la Llanura desolada, planicie infinita donde aletea el sereno espíritu de la sequedad, donde el espacio tiene espacio para darse y se ofrece a la mirada transparente y puro, frío y cristalino. Estudiando otra vez, en un lugar con el peor clima posible para él, humedad pegajosa y noches en las que no refresca nunca. El demonio meridiano le ataca implacable: el monje opositor experimenta una parálisis y un asco profundo ante la tarea de tener que estudiar para sacar mejores notas que todos los demás. Mejor no tener plaza nunca, vivir a salto de mata, de aquí para allá, desarraigado por los siglos de los siglos.
El mar no es tan bonito, piensa. Lleva el páramo vacío grabado en las entrañas. Le da igual estar cerca del mar. No le va la humedad. Solo le gustaba el mar cuando era algo lejano, casi imaginario, un acontecimiento raro que se daba muy de vez en cuando, algunas veces, algunos veranos, no todos, cuando se iban de vacaciones. Ahora la Llanura desolada se está volviendo también algo imaginario, fantasmal, un vago recuerdo de noches estrelladas sobre las tierras sembradas de maíz que regaba de pequeño con su padre. Esa humedad sí le gustaba. No se le pegaba a la piel. El agua sacada de la acequia recorría los surcos con lentitud, pero con determinación, y se filtraba en la tierra, y el maíz crecía y les sobrepasaba a él y a su padre en altura. No es que fueran muy altos ninguno de los dos.
También recuerda ir a cortar árboles con su padre y sus hermanos, y hacer leña para la calefacción, tal vez de los chopos que había cerca del río de su pueblo, pese a que no era buena leña. Recuerda el frío de las mañanas de invierno, al levantarse para ir al colegio, cuando él y sus hermanos dejaban la ropa preparada para vestirse a toda velocidad nada más saltar de la cama. Recuerda cencelladas, heladas, nevadas. Aquí no hay nada de eso, solo un calor húmedo horrible que le hace sudar a chorros. Recuerda que por aquel entonces las mantas pesaban mucho y los colchones eran muy blandos. Las ventanas eran de madera y estaban pintadas de un color como de vainilla. La madera los protegía del frío, la madera que ardía en la calefacción y la madera que los separaba del exterior. Tal vez de chopos, no está seguro.
Ninguna estructura es eterna. Ni siquiera la Llanura. Aunque pareciera que la Llanura siempre ha estado ahí, desapareciendo, en un proceso de fuga inacabable, y que precisamente por eso la Llanura es de un modo raro eterna, por estar eternamente al borde de la extinción. Una brisa sagrada y pacífica parece haber recorrido desde siempre la Llanura, anunciando su pronta caída en el abismo de la nada (los exiliados añoran este soplo de paz, propio de la Llanura, difícil de definir si no se ha vivido). Habría que saber si esta nada es como una nieve luminosa o una noche tenebrosa y hostil. Pero la Llanura siempre ha estado entreverada con la nada misma, eso sus habitantes lo saben de sobra. Sus habitantes se van y no vuelven, desaparecen para siempre dejando pueblos fantasma, casas de adobe caídas, fundidas de nuevo con la tierra, barro al barro, y así la Llanura avanza y al final todo será Llanura y, por tanto, nada.
jueves, 1 de octubre de 2026
Hostia pedagógica - Altas capacidades
La inmortalidad o el horror
En el fondo, todos sabemos que la farsa macabra de la vida solo es soportable porque tiene un fin. Nada más pavoroso que la horrible inmortalidad, como demostró inapelablemente Borges en El inmortal.
viernes, 4 de septiembre de 2026
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Hacía muchísimo tiempo que no escuchaba Ok Computer (CD original, supercuidado), de Radiohead. Casi muero de un ataque de nostalgia. Ha si...
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Hay rachas en las que solo me apetece leer ficción y otras en que creo que si no me pongo a leer a algún filósofo analítico mi vida corre un...