sábado, 17 de octubre de 2026

Nacho Vegas - Solo Viento

Calor y centros comerciales medio vacíos

Sigue haciendo calor, un calor húmedo y pegajoso y, al parecer, eterno. Se suponía que iba a llover, pero no ha caído una sola gota. Por la mañana he subido a la azotea y recogido la ropa, bajo un tremendo sol de justicia. He contemplado la solitaria torre de la Iglesia y las montañas. Llegará diciembre y seguirá este sol atroz castigándonos sin descanso y sin piedad. He respirado hondo. Le he dicho a mi madre que sí, que cocinaría algo, pero la verdad es que no voy a cocinar nada, nunca más, solo voy a dejar que el tiempo pase. Esperaré a que mi sistema nervioso abandone su actual estado de caos y alcance algún tipo de homeostasis que me permita ser de nuevo un adulto mínimamente funcional, lo que no parece estar ni cerca de suceder. Casi me da por emular a Nietzsche y decirle: madre, soy tonto. 

No hay nada más triste que un centro comercial medio vacío un jueves a las nueve y media de la noche. Me como un menú del Burguer King y compro la entrada para el cine. La película me aburre. Sin David Fincher a los mandos, la cosa no funciona. El precio de la red es una mediocridad total. Y sí que hay algo más triste que un centro comercial medio vacío: el parking del centro comercial casi del todo vacío a las doce de la noche. Al llegar a casa lloro y no logro decidir si acostarme o ver otra película a la que no prestaré atención y que también me aburrirá, como todo me aburre ya. Estoy indeciso, como el asno de Buridán, ya que no hay una razón lógica para preferir una cosa a otra cuando nada vale nada. Nada tiene un valor intrínseco, eso es lo que descubre súbitamente quien está deprimido, decía alguien.

He venido aquí a volverme loco

Hay que imaginar a Robert Walser feliz, no solo loco y solitario. Célebre y hermosa fue su muerte. Fleur Jaeggy lo cuenta mejor que nadie en Los hermosos años del castigo. Murió en la nieve, tras un largo paseo, después de estar casi treinta años en un manicomio en Herisau. 

Una locura alada y ligera fue la suya, una locura mínima y discreta. Así, al menos, la imagino yo: tranquila, serena, libre de las cargas que nos oprimen el pecho y nos impiden el acceso a la divina levedad del ser. Porque lo divino es ajeno al esfuerzo y a la preocupación. 

«He venido aquí a volverme loco, no a escribir», dijo Robert Walser. 

Yo aún no estoy loco. Aún escribo. Pero las palabras no bastan. Lo que importa está más allá del lenguaje, o más acá. Esencialmente incomunicable, a lo más que podemos aspirar es a decir su indecibilidad mediante torsiones, metáforas y paradojas. No saber sabiendo. Noche oscura del alma.


Pero no es verdad. Seguramente Robert Walser, el bueno de Robert Walser, sufrió mucho. Al caer la tarde, o puede que al mediodía, una tristeza insoslayable le roería el corazón. Saldría a pasear. Caminaría sin prisa ni rumbo, observaría el paisaje con calma. La belleza, no obstante, no aliviaría la tristeza; más bien se entrelazaría con ella y la exacerbaría, dando como resultado una belleza tristísima, una tristeza hermosísima. 

Puede que fuera así, no tengo ni idea. En cualquier caso, me gusta pensar que Robert Walser, el paseante solitario, tuvo momentos radiantes de alegría pura en medio del desconsuelo y la locura; que la soledad no atenazó su vida, la desplegó en la plenitud de su esencia.   

El fracaso es la más resplandeciente victoria, aunque a Michi Panero le es igual

viernes, 16 de octubre de 2026

Pereza y libertad

Te queda todo por aprender, todo lo que no se aprende: la soledad, la indiferencia, la paciencia, el silencio.

Georges Perec, Un hombre que duerme


Libre es quien ha logrado conquistar la despreocupación

Peter Sloterdijk, Estrés y libertad 


Sin una meta o una obra, la vida se libera de los fantasmas del éxito, así como de todas sus cargas.

Juan Evaristo Valls Boix, Metafísica de la pereza

domingo, 11 de octubre de 2026

Rosas maniatadas

 y los trenes de rosas maniatadas

Federico García Lorca, New York


 Quiero lo imposible: ver a Dios

Clarice Lispector, Agua viva 


Quédate con la cerveza, la cerveza es continua sangre

Charles Bukowski, Cómo ser un gran escritor 


Mi triste corazón babea a popa

Arthur Rimbaud, El corazón robado 


Negra leche del alba te bebemos de noche

Paul Cela, Fuga de muerte 


Mi cerebro es una rosa

Leopoldo María Panero


 Mi corazón tendría la forma de un zapato

Federico García Lorca, Luna y panorama de insectos

 


Más triste que los trenes de rosas maniatadas
mi corazón babea a popa
mi triste corazón de rosas negras
bañado por el llanto
acunado por el llanto
mecido por el llanto
por el viento
por el llanto
por la pena
por la nada
por el horizonte de nada y de llanto
horizonte de rosas maniatadas
de rosas negras de pena negra
de llanto de ceniza de nada
de este alcohol en las venas
porque la cerveza es continua sangre
sangre negra de rosas negras
de pena negra
de llanto negro
de noche negra
mis ojos negros
anegados de llanto de rosas
que destilan miel negra
leche negra del alba
—te bebemos de noche te bebemos de día—
ya no hay días que valgan
solo minutos eternos
eternas mortajas de rosas muertas
barcos y almas ebrias
esperando amaneceres dorados
que son un negro son
de amarguras eternas
y no duerme nadie por el cielo
nadie nadie nadie
rosas maniatadas
sangre negra de rosas muertas
te bebemos de noche y de día
bebemos y bebemos continua
sangre allí no hay espesor
mi cerebro es una rosa un borbotón
de melancolías el viento
que algún día seré
porque escucho el viento en las ramas
y digo sí
quiero lo imposible
solo lo imposible
ver a Dios
y alzo la mirada y escucho al viento
y digo sí
así sea al fin
llévame de aquí adonde no hay espesor
no quiero estar más aquí
donde las rosas negras muertas gritan maniatadas
en mi corazón ebrio como el barco ebrio
en mi corazón que tiene
la forma de un zapato viejo
la forma de un zapato
abandonado

viernes, 9 de octubre de 2026

Sensación (remix)

Soñé que caminaba, una tarde azul de verano, por la hierba fresca. Iba sin hablar, sin pensar más, como en el poema de Rimbaud. Me alejaba, al fin, del mundo de los hombres, de la pesadilla de la conciencia; de una vez y para siempre me convertía en viento y era feliz, feliz de ser solo viento, que es lo que siempre he querido ser. No ser más yo, o seguir siendo yo sin serlo, disuelto en el viento. Cerraba los ojos, me liberaba de las palabras, de los significados... Pero sonó la alarma del despertador antes de que el amor infinito me subiera en el alma.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Todo, nada, nunca

Todo es indecible fastidio y fatiga.

Eclesiastés


No tenía adónde ir, no tenía nada que hacer y no había nadie a quien conocer.

Thomas Ligotti, El bungalow 


Nunca hubo nada más que nunca y nada.

Thomas Beckett, Textos para nada 

 

Nacho Vegas - Solo Viento