Mostrando entradas con la etiqueta Bolaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bolaño. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de marzo de 2023

Finitud e infinitud

Los libros son finitos, los encuentros sexuales son finitos, pero el deseo de leer y de follar es infinito.

Roberto Bolaño 

martes, 30 de agosto de 2016

Leer te hará libro (la Pharmacia del Señor S.)

He puesto un título extremadamente ridículo y bobo a este post, soy consciente de ello.

AQUÍ se dice que leer no sirve para nada. Que leer —en paráfrasis libérrima— no te hará libre sino libro. A mí la cantinela de que la literatura no sirve para nada, igual que la cantinela de que la filosofía no sirve para nada —porque no es sierva de nadie, añadiría con tono orgulloso el envalentonado y sabelotodo estudiante adolescente—, me parece una memez. Así de claro: una memez.

Una coquetería que no se creen ya ni los más jóvenes, que diría Deleuze.

Si realmente ni la literatura ni la filosofía sirvieran para nada, suprímanse de los planes de estudio. Y destrúyanse las bibliotecas. ¿En qué cabeza cabe que el Estado se gaste pasta en cosas que no sirven para nada? 

Bueno, el Estado se gasta pasta en cosas que no sirven para nada, pero ¿qué razones habría para justificar tal despilfarro? Si no sirviera para nada, si lo único que hiciese la literatura fuese, pongamos por caso, proporcionar cierto tipo de gustirrinín privado a una cierta clase de personas, si la lectura no tuviera ninguna importancia social, ninguna relevancia pública, el Estado no tendría por qué hacer nada para fomentarla.

PD: Yo sí creo en la literatura. Tengo fe en la literatura. Igual que Bolaño*. ¿Se me va a acusar de místico y de irracionalista por ello, de profesar un ofuscado fervor religioso a ciertos escritores y libros? En tal caso, señores del jurado, me declaro culpable. 

*La diferencia, claro, es que Bolaño era un genio y yo escribo chorradas en un blog marginal, pero de todas formas los buenos escritores necesitan a los malos escritores, ya sea como escuderos o como lectores. 

PD2: La escritura es un pharmakon, efectivamente. ¿Qué iba a ser sino? Envenena y sana.

PD3: Recordemos que Henry James, otro titán en esto de escribir, dijo que la literatura existe para ser utilizada y que la consideraba «relevante a tal punto que supera todo lo demás». Es el arte, según Henry James, lo que hace la vida interesante. 

PD4: No obstante, no me considero un fundamentalista de la lectura. No le digo a nadie que tiene que leer o su vida estará vacía, porque eso es un idiotez. Supongo que un deportista, por ejemplo, puede alcanzar la plenitud y la felicidad sin abrir un libro en su vida. De hecho, para mí, hasta los diecisiete años o así, el fútbol era relevante a tal punto que superaba ampliamente todo lo demás. 

PD5: De lo que la parecer sí soy un fundamentalista es del uso inmoderado —y no sé si irritante— de las posdatas. En esta última posdata he de decir que pese a no ver nada de malo ni en la consideración del libro como fetiche ni en la de la lectura como farmacopea, sí que es verdad que la mayoría de las apologías de la lectura se basan en tópicos, prejuicios, etcétera. Y uno sospecha maliciosamente que esas apologías muchas veces las hacen personas que apenas leen. Pero aun así —nueva y definitiva vuelta de tuerca— leer es verdaderamente un acto mágico y sin un poco de magia la felicidad no es posible. 

martes, 14 de abril de 2015

Anarquía Total

Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los días inúltilmente cansado. Por las noches trabajaba. Durante el día escribía y leía. No dormía nunca. Me mantenía despierto tomando café y fumando. Conocí, naturalmente, gente interesante, alguna producto de mis propias alucinaciones. Creo que fue mi último año en Barcelona. El desprecio que sentía por la así llamada literatura oficial era enorme, aunque sólo un poco más grande que el que sentía por la literatura marginal. Pero creía en la literatura: es decir no creía ni en el arribismo ni en el oportunismo ni en los murmullos cortesanos. Sí en los gestos inútiles, sí en el destino.
Roberto Bolaño, Amberes 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Tres poemas de Roberto Bolaño

ENTRE LAS MOSCAS

Poetas troyanos
Ya nada de lo que podía ser vuestro
Existe

Ni templos ni jardines
Ni poesía

Sois libres
Admirables poetas troyanos



ERNESTO CARDENAL Y YO

Iba caminando, sudado y con el pelo pegado
en la cara
y entonces vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo
¿tiene un sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los edemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.



MUSA

Era más hermosa que el sol
y yo aún no tenía 16 años.
24 han pasado
y sigue a mi lado.

A veces la veo caminar
sobre las montañas: es el ángel guardián
de nuestras plegarias.
Es el sueño que regresa

con la promesa y el silbido.
El silbido que nos llama
y que nos pierde.
En sus ojos veo los rostros

de todos mis amores perdidos.
Ah, Musa, protégeme, le digo,
en los días terribles
de la aventura incesante.

Nunca te separes de mí.
Cuida de mis pasos y los pasos
de mi hijo Lautaro.
Déjame sentir la punta de tus dedos

otra vez sobre mi espalda,
empujándome, cuando todo esté oscuro,
cuando todo esté perdido.
Déjame oír nuevamente el silbido.

Soy tu fiel amante
aunque a veces el sueño
me separe de ti.
También tú eres la reina de los sueños.

Mi amistad la tienes cada día
y algún día
tu amistad me recogerá
del erial del olvido.

Pues aunque tú vengas
cuando yo vaya
en el fondo somos amigos
inseparables.

Musa, adondequiera
que yo vaya
tú vas.
Te vi en los hospitales

y en la fila
de los presos políticos.
Te vi en los ojos terribles
de Edna Lieberman

y en los callejones
de los pistoleros.
¡Y siempre me protegiste!
En la derrota y en la rayadura.

En las relaciones enfermizas
y en la crueldad,
siempre estuviste conmigo.
Y aunque pasen los años

y el Roberto Bolaño de la Alameda
y la Librería de Cristal
se transforme,
se paralize,

se haga más tonto y más viejo
tú permanecerás igual de hermosa.
Más que el sol
y que las estrellas.

Musa, adondequiera
que tú vayas
yo voy.
Sigo tu estela radiante

a través de la larga noche.
Sin importarme los años
o la enfermedad.
Sin importarme el dolor

o el esfuerzo que he de hacer
para seguirte.
Porque contigo puedo atravesar
los grandes espacios desolados

y siempre encontraré la puerta
que me devuelva
a la Quimera,
porque tú estás conmigo,

Musa,
más hermosa que el sol
y más hermosa
que las estrellas.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El secreto del mal

Cierto, es una obra menor. Para algunos, un conjunto de relatos inacabados, sin pulir y, por tanto, prescindibles. Para otros se trata directamente de una obra que nunca debió ser publicada. Decididamente, nos encontramos ante el más pequeño y deslucido satélite del Planeta Bolaño. No hay ni que prestarle atención. No hay nada que se acerque ni remotamente a la altura de Últimos atardeceres en la tierra, no hay ningún cuento comparable a los que integran Putas asesinas.

Todo esto es cierto. Son esbozos, proyectos en ciernes, notas desmigajadas, obras potenciales. Aún así, en El secreto del mal hay al menos un cuento tremendamente interesante, o que a mí me parece tremendamente interesante: Laberinto. Se trata de un intento de agotar una fotografía, muy en plan Perec quien, como es sabido por Los sinsabores del verdadero policía -una obra nada menor, por cierto, digan lo que digan los demás-, muy probablemente fuera la reencarnación de Cristo. Bolaño describe minuciosamente esta fotografía.


Bolaño describe y, durante un  instante, parece que no va a pasar nada, nada más que el instante detenido de la fotografía. Pero Bolaño es Bolaño, lo que quiere decir que siempre pasan cosas, incluso cuando no pasan. Yo imagino a Bolaño, antes de ponerse a escribir, gritando: ¡señores, acción! Acción, acción y acción.

Parece imposible, dicho sea como digresión, como pensamiento pasajero y peregrino, como mero apunte sin importancia, que se le haya podido comparar con David Foster Wallace. No podrían ser más opuestos, creo yo. David Foster Wallace o el arte del anticlímax extremo, así titularía yo un hipotético libro sobre el genio norteamericano (esto que acabo de escribir necesitaría muchos matices, aunque lo voy a dejar así, porque soy muy perezoso)

Volvamos al genio latinoamericano. Primero está la superficie, lo que vemos y que es objeto de una descripción pormenorizada. No obstante, eso no es todo, porque algunos símbolos presentes en la foto nos llevan presuponer un entramado más complejo y más sutil de relaciones entre ellos. Y este entramado ya no puede ser descrito sino narrado y, ademas, es puramente imaginario. Los símbolos son signos que nos remiten a una realidad (múltiple) que no aparece, que no se presenta de manera inmediata, pero de la que Bolaño va a arrancar historias, montones de historias, y nos las va a contar a un ritmo endemoniado que no excluye ni la complejidad ni las sutilezas.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Et in Esparta ego

Mi lema no es et in Arcadia ego, sino et in Esparta ego
Roberto Bolaño

Condición del hombre. Inconstancia, aburrimiento, inquietud. 
Blaise Pascal, Pensamientos

Diálogos ciberplatónicos (lo que piensa el TecnoNúcleo)

En la evolución reciente de La morada de los existencialistas errantes , el blog cruza una línea tecnológica y emocionalmente cruda. El dolo...