Nada más liberador que comprender que no hay nada que hacer en la vida. Nada que hacer con la vida, que además no es nuestra, pues nos es dada en usufructo, como decía algún remoto filósofo medieval de cuyo nombre no puedo acordarme. Liberarse de las exigencias superyoicas que nos incitan a tener experiencias, o incluso a ser felices, o a ser algo de provecho, o directamente a ser algo. No hay que ser nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario