sábado, 8 de septiembre de 2012

Tan fuerte, tan cerca

La película es bastante lacrimógena, ciertamente, pero a los críticos que lo único que hacen es insultar al protagonista, entre otras cosas porque necesita llevar una pandereta para mantener la calma, les quiero decir tres cosas: una, son gilipollas; dos, son unos ignorantes y tres, ESPERO QUE TENGAN UNA MUERTE EXTREMADAMENTE LENTA Y EXTREMADAMENTE DOLOROSA.

Los dos polos

Hacia el fin de su vida, Flaubert escribió, en una de sus admirables cartas, a su amigo Turgueniev, una frase muy corta que quisiera ubicar al inicio de mis reflexiones, porque las resume muy bien: "Siempre traté de vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda golpea sus muros, hasta derrumbarlos". Estos son los dos polos de la situación: por una lado la "torre de marfil", por el otro la "marea de mierda".
Simon Leys

viernes, 7 de septiembre de 2012

Llamaradas

Llamaradas súbitas golpean las venas
en el silencio inquieto de la noche.
El resplandor de un rostro sin nombre
que brilla más allá del tiempo
atraviesa el paisaje del desconcierto.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Work in progress (undécima parte)

PRÓLOGO (PRESCINDIBLE, UN POCO EMBROLLADO Y CON BRUSCOS CAMBIOS DE TONO E IDEAS) DEL AUTOR

El autor es consciente de que debería estar prohibido escribir sobre escritores que escriben, con el fin de evitar las ingentes dosis de tedio, solipsismo y narcisismo que este tipo de escritura conlleva inevitablemente. El autor asegura sinceramente que no es posmoderno Lo jura, pone la mano en el fuego, hace lo que haga falta con tal de probar que considera la ironía corrosiva un callejón sin salida y que la posmodernidad, si existió, hoy no es nada más que una curiosidad que sirve de entretenimiento a arqueólogos de la cultura o a estudiantes desnortados que leen a David Foster Wallace sin prestar atención. Lo verdadero nunca cambia su melodía. No obstante, el autor también es consciente de que cualquier intento de negar la ficción desde dentro de la ficción está condenado al fracaso. Por eso considera que no existe nada parecido a una reivindicación del autor material y declara solemnemente que la idea de autor material es en sí misma contradictoria y, por lo tanto, imposible. Debemos, en un mismo gesto, negar esa posmodernidad ciega a las cuestiones morales y a las propuestas de sentido y afirmar, por otro lado, el carácter artificial, construido y ficticio del texto literario. La literatura debe inmiscuirse en los estadios estético, ético e incluso religioso y trenzar los hilos que los unen, de modo que pueda revelar la verdad de la experiencia. De ahora en adelante, el autor promete minimizar al máximo la neurastenia contemplativa del presente escrito y despertar a su protagonista, a palazos si hiciera falta, de sus dulces sueños catatónicos.

O no, ya veremos. El autor no debería de haberse metido en este berenjenal, porque el futuro es imprevisible. El coro de suplicantes está cantando. Lo que tenga que ser, será. Además, qué coño, el que quiera leer aventuras que se vaya a leer a Conrad, aquí va a haber dosis y sobredosis de seres contemplativos que solo son felices cuando están tristes, de vagabundos insignificantes clamando con gritos sordos en playas que les conducen a la eternidad y de pedantes insoportables y torturados para quienes la felicidad hedonista no tiene ninguna grandeza y que aspiran con todas sus fuerzas a habitar el tranquilo centro del ojo del huracán.

Por otra parte, Martin Amis tiene razón al recomendar no leer a ningún autor menor de treinta años porque solo saben hablar de ellos mismos. La toxicidad del yo de la que le hablaba Santiago al Redactor Jefe en la cafetería. Total, que el autor está en un atolladero que muy probablemente no sepa resolver y ya ha leído a copias baratas de DFW que no aportan nada, de ahí su permanente tentación de gritar a voces: que escriban otros. La idea paranoica de que todo aspirante a escritor menor de treinta años lo que está haciendo no es otra cosa que intentar imitar a DFW le roe las entrañas. Que sea una idea paranoica no significa que no sea cierta. Los artistas de verdad rasgan el paraguas de convencionalismos y banalidades bajo el que nos resguardábamos cobardemente y dejan entrar un poco del caos libre del exterior, pero los imitadores restauran el paraguas rasgado con un trozo de tela que solo muy vagamente se parece a la visión original que penetraba a través de la rasgadura. Esto del paraguas es genial, pero no es una idea mía, es de Deleuze. Por tanto, afrontémoslo: los imitadores son fuerzas neocon y son tristes. El atolladero es brutal, créanme.

Work in progress (décima parte)

EN CUANTO A VIVIR, QUE LO HAGAN NUESTROS CRIADOS POR NOSOTROS

Paloma sale a la calle enfadada y se dirige directamente hacia su casa. Ese idiota engreído. Solo abre la boca para soltar gilipolleces. Cree que lo sabe todo de todo. No sabe una mierda. No se entera de nada. No sabe nada de nada. Pero cuando hay que sujetarle la cabeza para que vomite, ahí estoy yo. Porque encima le da miedo vomitar. Paloma camina en modo piloto automático, a toda prisa, con los brazos cruzados y agarrándose el abrigo con las manos. Se detiene frente a un Estanco y entra a comprar tabaco y papel de liar. Esta noche no pienso pensar en él. Irene viene a casa. Fumaremos, nos reiremos, sin Santiago teniendo revelaciones psicogénicas acerca de espacios de luz trascendentes o fusionándose con la conciencia cósmica o lo que mierda diga cuando está fumado. Solo un poco de relax. Sin poetas románticos que se creen la reencarnación de Ian Curtis. Si pudieras ver la belleza, estas cosas que nunca podré describir. ¿Acaso yo no puedo verla? ¿No puede cualquiera? Cuando le dije que Joy Division eran demasiado monocromáticos, que solo exploraban un sentimiento, que eran demasiado herméticos, que estaban bien, pero que no veían todos los tonos de la vida, solo uno, de forma fija, obsesiva, y se cerraban al resto, me miró como si le hubiera ofendido, se enfadó de verdad, como si él fuera el jodido Ian Curtis, como si se lo estuviera diciendo a él, y se calló de repente, dejó de hablarme, y luego le digo vamos, hombre, solo es un grupo, no es para ponerse así, y me suelta que lo que he dicho es mucho peor que decirle a un cristiano que Jesús solo era un pobre hombre. No se puede ser más fanático. ¿Piensas madurar algún día? Y el artículo para la revista, que encima considera una revistucha de mierda, me lo corrige, lo cambia todo. Me dice que está mal. Él sí que está mal, no el artículo. Que he enfocado la cuestión desde un punto de vista psicológico. Por el amor de Dios, ¿desde qué punto de vista quiere que lo enfoque? Un artículo sobre el apego irracional a objetos en los niños con trastorno del espectro autista. ¿Qué otro puto enfoque hay que no sea el psicológico? Un enfoque ontológico, dice, un análisis existenciario de fenomenología hermenéutica. Dudo que eso tenga siquiera sentido. Pero él insiste, lo cambia todo, dice que no va a permitir que un montón de patrañas psicoanalíticas salgan en su revista. Si no es suya, joder. Luego el idiota se queda parado y con la cara inexpresiva cuando todo el estúpido rollo de las votaciones, que es una bobada, desde luego, pero yo me acerco y le digo que le voté a él, porque quería hablar con él, y no dice nada. Solo sabe reírse si ve algo gracioso en una pantalla. La vida real es aburrida. Precisamente el criterio para distinguir la realidad de la ficción es que la vida real es aburrida. ¿Cómo puede decir algo así? En cuanto a vivir, que lo hagan nuestros criados por nosotros, dice. Es una cita. Otra cosa, siempre con las citas. Eso sí, el muy tarado llora de risa con Una noche en la ópera. Harpo sí que comprendió la existencia, dice. Dice un montón de cosas por decir. Pero le gusta Harpo, sobre todo Harpo, porque es el personaje más irreal de todos, es como un dibujo animado, sus actos no tienen consecuencias. Harpo no puede morir. Ni hablar. El cine no se vuelve sonoro impunemente, dice. El advenimiento de la voz es el advenimiento de algo muy serio. Tras todo este monólogo interior, Paloma llega a casa, llama a Irene, pone el horno a calentar para preparar unas pizzas y le dice que compre cerveza, que a ella se le ha olvidado, que compró el tabaco y el papel, pero la cerveza no, porque iba pensando en otras cosas.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Work in progress (novena parte)

SIEMPRE ES DE NOCHE; SI NO, NO NECESITARÍAMOS LUZ

Una vez en la calle, el Redactor Jefe y Santiago caminan juntos en dirección a la plaza de la fuente. Se encienden las luces de las farolas. El Redactor jefe le ofrece un cigarro a Santiago, que éste acepta. La plaza es como una cabeza de pulpo de la que salen calles como brazos. La gente va y viene.
-¿Tú a quién prefieres, a Marilyn Monroe o a Audrey Hepburn? -pregunta de repente Santiago.
-No sé, yo diría que Audrey Hepburn es más guapa...
-Por supuesto que lo es, joder, es la mujer más guapa de la puta historia, pero la vida de Marilyn es una tragedia digna de ser narrada por Eurípides -dice Santiago, que se choca sin querer con un señor enorme que fuma un puro también enorme.
-A ti todas las historias que acaban mal te interesan. Si Marilyn no se hubiese suicidado, ¿te fascinaría tanto? -pregunta el Redactor Jefe.
-Claro que no, capullo. ¿Sabías que Von Kleist y su mujer se suicidaron juntos? Von Kleist le disparó a ella y luego se disparó a sí mismo. De mutuo acuerdo, al parecer. No es que la matara...
-Lo sabía porque ya me lo habías contado -interrumpe el Redactor Jefe.
-Burroughs sí que mató a su mujer. Sin querer. Estaban jugando a Guillermo Tell. Fue un accidente. Creo que Burroughs no fue a la cárcel ni nada. Eso le marcó para toda la vida, lógicamente. ¿Te imaginas cómo tiene que ser vivir así? Quiero decir, el peso de la culpa, se tiene que notar incluso físicamente, constriñendo tu cuerpo...
-Prefiero no pensarlo.
-Pero no se trata solo de que Marilyn se suicidara. Su madre estaba loca. Sufrió abusos. Era amiga de Truman Capote, por cierto. -Santiago choca de nuevo, esta vez con una chica-. Joder, no hay quien ande por aquí.
-¿Quieres ir a tomar algo o te vas ya para casa? -pregunta el Redactor Jefe-. Venga, una cerveza.
-Lo que sea con tal de salir de este infierno caótico de mierda en el que no se puede ni dar un paso sin chocarse con algún transeúnte y es imposible dejar de oír los ruidos de los coches -dijo Santiago, que tenía lo que él llamaba cierta tendencia a sufrir ataques de ira y nerviosismo incontrolables en situaciones desestructuradas y agobiantes.
-Vale, vamos, pero no te nervies, chico -dice el Redactor Jefe, dándole una colleja amistosa.
-Yo siempre estoy nervioso, jefe. Siempre. -dice Santiago-. Formo parte de esa raza. La raza de los creadores de religiones, de los constructores de grandes obras arquitectónicas, de los pintores y poetas más visionarios, de los novelistas que han sabido revelar la esencia de la condición humana, de los músicos que han arrancado lágrimas a los hombres a fuerza de belleza y melancolía, de esa maldita raza, de esa raza maldita, formo parte, por si no lo sabías.
-Y tú sabes, igual que todo el mundo sabe o debería saber, que en el fondo todo el mundo se considera un ser singular, único, que cada uno es especial... -el Redactor Jefe hace una pausa antes de añadir enfáticamente-. Creerse especial es lo más común del mundo.
Entran en un bar. Ambos apoyan los brazos en la barra y esperan a que les atiendan. Gracias a Dios, en el bar casi no hay gente, el silencio es acogedor, suena música, pero de fondo, a un volumen muy bajo.
-Evidentemente. Pero ser especial no es muy distinto de sentirse solo -dice Santiago.
-¿Eso es una cita? -pregunta el Redactor Jefe-. Has puesto tu tono de estoy citando a alguien a quien venero con fanática devoción y todo lo que dice va a misa y ni se me pasa por la cabeza cuestionarlo.
-No he puesto ningún tono, capullo -dice Santiago, riéndose, lo que da a entender claramente que el Redactor Jefe tiene razón-. Piensa en Gödel, por ejemplo, piensa en cualquiera a quien pudiéramos calificar sin asomo de duda como un tipo especial. Temores obsesivos a ser envenenado, en el caso de Gödel. Piensa en Gödel. Se debió de sentir muy solo y muy atemorizado. Su mujer debía probar la comida antes que él. De acuerdo, estaba su mujer, quizá no se sintiera tan solo, pero, aún así, él estaba solo con su miedo, nadie podía librarle de su temor obsesivo, nadie. Entonces su mujer es hospitalizada y Gödel no puede comer, se deja morir, muere de inanición. Pesaba poco más de treinta kilos en el momento de su muerte. ¿No te parece paradójico que Gödel, precisamente él, muera de hambre por miedo a ser envenenado?
-Seguro que lo es, pero yo no comprendo muy bien la movida esa del teorema de incompletud -dice el Redactor Jefe, que está alzando las cejas en dirección al camarero-. ¿Nos pones dos cervezas?
-Yo tampoco muy bien, es un problema de autorreferencialidad, eso está claro, y tiene que ver con proposiciones verdaderas, pero indemostrables. La mejor anécdota de Gödel es esa de cuando va a pedir la ciudadanía de Estados Unidos. Gödel va con Einstein y con Morgersten y les dice que ha descubierto una inconsistencia lógica en la Constitución, según la cual un ciudadano norteamericano puede acabar siendo dictador. Morgersten le dice que no le mencione al juez su descubrimiento. Gödel, de todas formas, le empieza a explicar al juez la inconsistencia, pero el juez le interrumpe y hace como que no ha escuchado nada, o el juez le dice algo así como que él, Gödel, viene de un país con una dictadura, algo que en Estados Unidos no puede ocurrir, y claro, Gödel no se puede callar, le dice al juez que está equivocado, que sí puede ocurrir. El psiquiatra de Gödel se supone que dijo que su pensamiento era paranoico y con ideas fijas sobre su enfermedad, ¿pero qué hostias sabrá un psiquiatra lo que significa pensar? No tuvo descendencia.
-Pero, al fin y al cabo, murió paranoico perdido, ni siquiera se fiaba de los médicos, pensaba que también le iban a envenenar -dice el Redactor Jefe mientras deja el dinero justo sobre la barra y coge las dos cervezas y ambos se dirigen a una mesa-. Así que algo de pensamiento paranoico sí que había, ¿no?
-De acuerdo, él acabó paranoico, eso está claro, pero su pensamiento... Eso es otra cosa. Quizá fue realmente libre en su pensamiento. De hecho en el pensamiento es en el único lugar en el que alguien puede ser realmente libre y ser él mismo -dice Santiago.
-Eso suena muy platónico -dice el Redactor Jefe, que se relame la espuma de la cerveza y saluda extendiendo la mano y agitándola levemente a alguien que está en la barra y a quien Santiago no conoce.
-Es posible -admite Santiago-. De todas formas, es muy difícil saber en qué consiste ser platónico, ¿no te habrás tragado la estupidez esa del mundo de las ideas? No están en otro mundo, no están en ninguna parte, no son cosas, ni cosas inteligibles ni hostias, sencillamente no son cosas, no tienen carácter de cosa, les falta coseidad, la coseidad misma puede ser una idea, pero no un cosa, ¿está claro?
-Ni por asomo -el Redactor Jefe se parte de risa-. Está mucho más oscuro que antes.
-Siempre es de noche; si no, no necesitaríamos luz -dice Santiago con su inequívoco tono de cita y con cierta tristeza.


EN CASA

El problema es que Santiago quiere, a la vez, leer y fumar un cigarro con la ventana abierta y las cortinas descorridas. Si no enciende la luz, no puede leer. Si enciende la luz, puede leer, pero tendría que correr la cortina para que el interior no se vea desde el exterior. Se encuentra ante una disyunción exclusiva. Nuestro héroe catatónico finalmente se decide, con cierto fastidio, por encender la luz y correr las cortinas.


LA PEQUEÑA ISLA DE LAS CANCIONES TRISTES Y LOS OJOS CERRADOS
(Pequeño interludio algo cursi)

Un lugar solitario. Toda la belleza desolada y el paso de los años se concentran formando un islote. El mar lame la orilla con un ritmo que es la esencia de todas las canciones tristes y que solo puede escucharse con los ojos cerrados. Santiago puede mirar el mar durante horas sin aburrirse. Cuando cierra los ojos, viaja a la pequeña isla.

Work in progress (octava parte)

LA CUESTIÓN

-Está bien, calma, no habléis a la vez -dice el Redactor Jefe, que en este momento es la ecuanimidad personificada. Un dechado de virtudes diplomáticas irradia desde su sonrisa comprensiva y atenta-. A ver, Santiago, dime, ¿cuál es el problema?
-No hay ningún jodido problema, que yo sepa -dice Santiago, encogiéndose de hombros y apartando la mirada hacia la ventana abierta por la que llega en sordina el griterío del partido de fútbol sala que se está disputando ahora mismo en el patio y que Santiago se ha perdido por culpa de un esguince. Su tobillo derecho está hinchado y le envía a su cerebro agudas e intermitentes punzadas de dolor.
-El problema es que este lunático no ha corregido mi texto, lo ha rehecho por completo -dice Paloma con calma- lo ha cambiado todo.
-Me lo creo -murmura el Jefe con tono resignado-. A ver, limítate a corregir errores ortográficos, joder, no es tan difícil.
-La cuestión no es la facilidad o la dificultad -Santiago se levanta, va hacia la ventana-. La cuestión es si... -Santiago no dice nada más. Mira el partido. Su equipo está jugando de una forma totalmente desorganizada. Gustavo está lanzando balones largos y pidiendo a todo el equipo que suba. Los defensas rivales tienen ventaja en esos balones. Roban el balón, ahora Gustavo está solo para defender el contrataque. Gol. A Santiago le dan ganas de gritarles que qué cojones están haciendo, que saquen el balón jugado y que si les presionan hagan rotaciones, no que lancen balones sin ningún jodido criterio.
-¿Si qué? Habla, joder -grita el Jefe.
-Dios, ¿puedes dejar de mirar por la ventana y venir aquí? -aúlla Paloma-. La cuestión es si este tarado ególatra va a aceptar alguna vez que hay más personas en el mundo aparte de él que pueden tener razón. Esa es la cuestión.
-Bueno, calma -el Redactor Jefe extiende las palmas de sus manos en un gesto omnicomprensivo-. Tú, listillo de mierda, no cambies los textos. Que sea la última vez, ¿vale?
-De acuerdo -dice Santiago, regresando a su silla-.
-¿Solucionado? -pregunta el Redactor Jefe mirando a Paloma y alzando sus cejas a la vez que asiente con la cabeza.
-Solucionado, pero que no vuelva a pasar -dice Paloma, en el fondo siempre dispuesta a perdonar a Santiago. Ha pronunciado la oración adversativa con la mirada clavada en el suelo y apenas un hilillo de voz.
-¿Quieres que nos demos la mano para hacer las paces, jefe? -pregunta Santiago, cuyo estado de ánimo de repente es casi eufórico-. ¿Un beso de reconciliación tal vez? Me refiero a un casto beso sin lengua ni nada.
-Joder, es que eres idiota -dice Paloma, que se levanta y se va.
Afuera el griterío ha cesado. Los jugadores beben agua, se cambian las camisetas sudadas por camisetas limpias, se dan la mano, bromean. Algunos se quedan jugando a palo. Dar en el larguero vale diez puntos, en los palos cinco y en la escuadra quince. A Santiago le encanta ese juego. Hay que lanzar el balón desde donde quede tras el lanzamiento del jugador anterior.
-No lo decía en serio, Jefe, aunque bien mirado no hubiese estado mal, quiero decir que no hay mejor manera de comunicarse sin palabras que besarse y, dado que tampoco estamos buscando una unión muy profunda, solo una relación amistosa para evitar futuros incidentes, la opción beso sin lengua era ideal, porque otras opciones más profundas crearían las condiciones de posibilidad de desencuentros más profundos, no sé si me explico... Aparte obviamente de que esas otras opciones exigen privacidad y tú estabas aquí delante de nosotros.
-¿Tú te escuchas cuando hablas?
-Claro -responde Santiago con un exagerado gesto que significa obviamente capullo-. ¿Tú no?
-Sí, pero no quería decir literalmente, me refiero a... Bueno, joder, al sentido, a la forma de hablar
-No es lo mismo, aunque sentido y forma están imbricados, desde luego...
-A eso me refiero, por ejemplo -dice el Redactor Jefe ante la atónita mirada de Santiago.
-¿A qué? No entiendo una mierda de lo que estás diciendo -Santiago se levanta y se asoma otra vez a la ventana. Fin del partido-. Mira, ya se acabó el partido. ¿Podríamos dejar esta conversación? No me encuentro bien.
-¿Qué te pasa? -pregunta el Redactor Jefe, frunciendo el ceño, con tono de sincera preocupación.
-Nada, es solo que no me encuentro bien.
Una especie de gong vibrante sacude el aire cada vez que alguien acierta y golpea con el balón uno de los palos de metal de la portería. El sonido se extiende por el aire, diluyéndose lentamente, hasta que por fin es absorbido por el silencio. Como gotas de lluvia cayendo sobre el mar, piensa Santiago. No le gusta mucho la comparación, pero no se le ocurre otra. La sombra del edificio en el que se encuentran cubre ya la mitad del campo. Todo adquiere una cualidad lenta y soñolienta. Las risas estridentes de un grupo de chicos y chicas que están abajo fumando suenan como zarpazos que rasgaran el aire. El azul del cielo es inabarcable.
-La cuestión no es tener razón o no tenerla, Jefe. No es esa. Yo preferiría ponerme a rezar con las manos extendidas hacia la puta nada en mitad de un desierto sabiendo que nadie me escuchará que verme obligado a confesar algo que ni siquiera sé qué es, ¿entiendes? Algo que no sé qué es, pero que se supone que uno siente y debe confesar para formar parte de la asquerosa raza humana y no ser un marciano, ¿sabes qué quiero decir? -Santiago habla sin mirar al Redactor Jefe, que escucha en silencio y no tiene ni la más remota idea de qué intenta decir su amigo.
-No muy bien, la verdad -contesta el Redactor Jefe-. ¿Culpa metafísica, a lo Kafka?
-No, no creo, da igual, he hablado sin pensar, olvídalo -Santiago hace un gesto como si apartara un mosquito molesto de delante de sus narices-. Vámonos de una vez de aquí.
-Vamos.
Todavía permanecen inmóviles durante un tiempo. La sombra que proyecta el edificio cubre casi la totalidad del campo de fútbol sala. El patio está ahora vacío, silencioso. Santiago echa un último vistazo. El nihilismo y la belleza al fin juntos sobre la superficie de cemento de un campo de fútbol sala, piensa. Y sonríe.

martes, 4 de septiembre de 2012

Work in progress (séptima parte)

DESCRIPCIÓN BASTANTE REALISTA DE UN DÍA EN LA VIDA DE SANTIAGO

Después de tomar su segundo café de la mañana, jugar al futbolín y asistir a la última hora de clase, Santiago está sentado en el banco de la parada del autobús y fuma un cigarro. Está sentado mirando los chorros de agua de la fuente situada justo enfrente de la parada y escucha en su walkman una cinta de los Beatles. Está sentado solo porque sus amigos -y esto es la primera vez que sucede- se han ido a casa antes que él, probablemente porque no tenían clase, porque no vino el profesor, porque algo pasó, sin duda. Sus amigos no van a la misma clase que él, sus compañeros de clase están bien, pero no son sus amigos, son solo conocidos, gente que se saluda por la calle y con la que se intercambian impresiones precisamente codificadas, reguladas por un código, lo que a Santiago le parece muy bien. Qué tal, bien, etc. Está sentado solo en el banco de la parada del autobús escuchando a los Beatles y pensando en lo que le dijo Irene acerca de que escuchar a los Beatles era algo así como tierno, patético, amanerado o muy mono, o eso entendió Santiago que le decía Irene, quien, desde luego, no sabía de lo que hablaba. Santiago se ha quitado la cazadora porque al mediodía hace mucho calor y ahora mismo el sol le da de lleno en toda la cara. Por las mañana y por las noches hace mucho frío. Estamos en una época de oscilaciones térmicas bastante salvajes. Una señora se queja amargamente por la tardanza del autobús y busca con su mirada comprensión, apoyo o simplemente que le den la razón, pero la señora ni siquiera sabe a qué hora pasa el autobús y tampoco sabe la hora que es, a pesar de que hay un gigantesco reloj situado al lado de la fuente, a la vista de todo el mundo. Santiago observa que la señora mueve los labios y le hace gestos al ritmo de A day in the life, se quita los cascos y escucha sus preguntas. El autobús pasa a las tres menos cuarto. Son las dos y media. Ahí hay un reloj digital gigantesco, mire. La señora se ríe, qué tonta, no se había dado cuenta, se disculpa, no pasa nada, señora. Ahora, sintiéndolo mucho, un pequeño inciso metanarrativo se impone a la fuerza: ¿cómo sabía Santiago que la señora se estaba quejando amargamente si tenía los cascos puestos y no escuchaba nada que proviniera del mundo exterior? Está sentado solo y con los cascos otra vez puestos. El autobús llega puntual. En el asiento del autobús a Santiago le rugen las tripas y reflexiona sobre el hecho de que se pasa la mayor parte del tiempo sentado: sentado en la parada del autobús, sentado en el autobús, sentado en clase, otra vez sentado en la parada del autobús, otra vez sentado en el autobús, sentado a la mesa para comer, etc. Está sentado en el asiento del autobús y se dedica a observar a la gente. De momento, no pasa nada más.

Work in progress (sexta parte)

INTERRUPCIÓN METANARRATIVA: MÁS FALSO QUE UN REY DE ESPAÑA CON EL PELO DE PAJA

He de aclarar que este relato no es en modo alguno metanarrativo (excepto quizás esta interrupción) y probablemente ni siquiera sea narrativo y tampoco parece ser un relato. Tampoco es una autoficción. Dentro de poco espero que realmente empiecen a pasar cosas y que haya verdaderos personajes y trama y emociones frescas (nótese que digo emociones frescas con el típico tono de gélido distanciamiento irónico, pero eso no invalida ni cuestiona la veracidad de mi esperanza en la verdadera trama, personajes, etc.) Lo del Rey de España con el pelo de paja es una referencia. Si alguien está realmente aburrido y dispone de mucho tiempo libre y no le funciona del todo bien la cabeza puede intentar averiguar su procedencia. Sería un gasto de tiempo totalmente inútil. Lo advierto. Les reto a que lo encuentren*.

*El narrador delira: ¡vivimos en la época de Google! (Nota del Autor). 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Work in progress (quinta parte)

EL VERDADERO PORQUÉ DEL LANZAMIENTO DE BOTELLA, QUE SIN EMBARGO QUEDA IMPLÍCITO, O: LOS BARDOS DEBEN BEBER

Lo cierto es que el novio furibundo quizá sí tuviera algún que otro motivo, no tanto para lanzarle una botella a Santiago, pero al menos sí para sentirse un poco molesto. Si bien Santiago no supo cómo reaccionar en aquel lamentable estado de total sobriedad, en posteriores ocasiones de total ebriedad la lengua del bardo se desató. En su defensa hay que decir que nadie le informó respecto a posibles novios y que las primeras borracheras no son precisamente ocasiones propicias para medir las consecuencias de las acciones que uno lleva a cabo. La chica se llamaba Laura. En realidad, no se llamaba así, pero así vamos a llamarla.

Work in progress (cuarta parte)

DESCRIPCIÓN DE SANTIAGO POR PARTE DE SU RIVAL Y POTENCIAL AMIGO YA NO TAN IMBÉCIL AQUÍ LLAMADO REDACTOR JEFE

Estamos hablando de un tipo que considera que usar palabras como ennui, flâneur, doppelgänger y weltanschauung es algo guay y de lo más cool. De esa clase de tipos estamos hablando. No quiero decir que fuera imbécil. Era un presuntuoso y reaccionaba a las críticas con una mezcla de ferocidad y desprecio, pero no era un imbécil. Su manía de llamarme cerdo, por ejemplo, provenía, según él, de sus lecturas de Beckett. Probablemente no estaba del todo bien de la cabeza, pero era un corrector de textos formidable e incansable. Sus compañeros no acababan de llevar del todo bien el hecho de que no parase de insultarlos. Santiago se partía de risa. Cerdos, piojos humanos, miserable raza humana. Le encantaba. El arte del insulto como sublimación de la angustia existencial, lo llamaba. No podía dar un paso sin pensar en los inmensos problemas y complejidades conceptuales que implicaba pensar el movimiento. También podía ser amable y simpático, aunque fundamentalmente era un ser retraído que abandonaba su ensimismamiento para gritar frases de libros: el corazón del hombre está chiflado; sabed los hombres todos que con las ruinas del tiempo se edifican las mansiones de la eternidad; cualquier objeto intensamente contemplado se convierte en el pórtico de acceso al incorruptible eón de los dioses. Memorizaba frases. Sobre todo de Joyce. Decía que de pequeño sufría ecolalia y que ahora intentaba hacer un uso artístico de su trastorno del lenguaje. Estoy bastante seguro, sin embargo, de que nunca sufrió ningún trastorno de ese tipo. Sencillamente los trastornos le parecían muy interesantes desde un punto de vista estético, siempre y cuando no se les redujera a un grosero piscologismo. Para él la palabra psicologismo era el peor de los insultos. Equivalía a nefasto, profundamente equivocado, reductor en un grado de grosería insoportable. El nombre de ecolalia provenía de la ninfa Eco. La ninfa Eco repetía las palabras de Narciso, de manera que Narciso nunca pudo enterarse de que Eco le amaba. Me lo contó cien veces. Decía que cuando se muriera no quería que le llevasen al cielo cristiano, quería ir al bosque, a ver a las ninfas.

Work in progress (tercera parte)

OBSERVACIONES SUELTAS, RASGOS PSICOLÓGICOS DE SANTIAGO

Fascinación por los movimientos giratorios. Apego irracional a objetos. Adicción a la cafeína y a la nicotina. Procastinación aguda. Intereses limitados y obsesivos. Ecolalia. Narcisismo. Posible trastorno obsesivo compulsivo. Posible trastorno maníaco depresivo. Adhesión inquebrantable a rutinas y rituales. Posible trastorno del espectro autista. Mutismo selectivo. Grafomanía. Fobia a las polillas. Obsesión con las paradojas autorreferenciales. Fobia a cualquier explicación de carácter psicologista. Megalomanía. Delirios de grandeza. Solipsismo. Obsesión con la idea de que no puede existir un lenguaje privado. Tendencia a valorar un libro exclusivamente por la sintaxis. Sordera selectiva. Desprecio del psicoanálisis. Tendencia rascarse la barbilla con la mano izquierda. Uso obligatorio de una determinada marca de calzoncillos. Miedo a dormirse y despertarse al día siguiente en un escenario postapocalíptico. Obsesión con las ideas de infinito y eternidad. Obsesión con las ideas de trascendencia e inmanencia. Posible trastorno no determinado. Tendencia a inventarse trastornos. Fascinación por el movimiento de las olas. Creencia irracional sobre el lenguaje secreto producto del viento agitando los árboles. Fascinación por las fechas. Obsesión con los patrones que rigen el desarrollo mecánico y predeterminado estructuralmente del cine convencional. Obsesión con las ideas e imágenes que de alguna forma connoten cosas tales como expansión, despliegue y apertura. Tendencia a pensar que la expansión, el despliegue y la apertura se han llevado a cabo en el arte contemporáneo de diversas formas. En en land art, yendo más allá del museo; en la escultura, mediante lo que se ha dado en llamar campo expandido de la escultura; en la pintura, mediante la abstracción y recuperación de la superficie, liberándose por fin de la mímesis figurativa; en la danza, mediante movimientos orgánicos y fluidos que dejan atrás la rigidez encorsetada de épocas anteriores; en la música, con el dodecafonismo; en la novela, con Pynchon y otros lunáticos del maximalismo disparatado; en la poesía, con el abandono de formas prefijadas en favor de la búsqueda de acontecimientos rítmicos insólitos. Obsesión con la idea de que todo esto remite a cierta unidad del sistema de las artes, si bien dicha unidad no debe ser pensada de modo sustancial.

GRITOS LANZADOS EN LA CAFETERÍA PÚBLICA DEL INSTITUTO PARA QUE EL REDACTOR JEFE SE ENTERE BIEN DE UNA VEZ POR TODAS DE EN QUÉ ÉPOCA ESTAMOS

¡Vivimos en una época de toxicómanos del yo! ¡Date cuenta de una vez, capullo, porque tomar conciencia de ello es el primer paso para superar la catástrofe! ¡Además, la posmodernidad ha muerto! ¡Retornan la tragedia y la trascendencia, porque también ha retornado el dolor y la injusticia, porque la Historia ha vuelto! ¡Muerte al individuo! ¡El individuo no era nada más que una cárcel y una trampa, un efecto de los eslóganes publicitarios! ¡Nada más! ¡Era el niño mimado de la ideología del consumo! ¡Pues bien, todo eso se acabó! (Esta parte quizá abusa de las exclamaciones, y este paréntesis quizá abusa del metacomentario) ¿Acaso pretendes sublimar el sufrimiento con la trascendencia? ¿Qué hay más idealista que eso? La pregunta irritó a Santiago. Aquella especie de redactor jefe tenía razón.

DE TODAS FORMAS

Recreémonos en la desgracia y en la enfermedad del ser humano. Nada más divertido. Deberíamos cambiar el nombre de la revista. Se debería llamar Nada más divertido. Y nosotros deberíamos lucir un aspecto enfermizo y pálido que fuera la negación y verdad de la colorista sociedad espectacular, dijo Santiago. Todo muy romántico y muy de izquierdas, pero eso se contradice bastante, dijo el ya no tan imbécil redactor jefe, asume los tópicos del romanticismo, por una parte, y los tópicos de rebeldía de mayo de 68. No se contradice, y si lo hiciera, pues muy bien, se contradice, dijo Santiago. (Esta parte ha quedado muy confusa, soy consciente). 

Work in progress (segunda parte)

ALGUNOS INCIDENTES NO ESPECIALMENTE RELEVANTES QUE DEBEN SERVIR COMO TRASFONDO PSICOLÓGICO DE NUESTRO HÉROE CATATÓNICO

Santiago fue considerado por votación popular como el segundo chico más guapo de la clase. El más guapo era un tal Jorge. Santiago decidió que Jorge era estúpido, pero la verdad es que Jorge era un tipo amable y simpático. Un día llegó a clase y los resultados de la votación estaban escritos en el encerado y todas las chicas se estaban riendo, situación que llenó de espanto a nuestro héroe catatónico, que procedió a sentarse en su sitio, bajar la mirada y no decir ni una sola palabra. Una chica se le acercó y le dijo que ella le había votado como el más guapo de todos. Santiago no tenía ni la más mínima idea de cómo debía reaccionar, así que no reaccionó de ninguna forma.

Una situación similar vivió y sufrió nuestro héroe posdramático la primera vez que fue a una discoteca. Dos chicas se le acercaron a informarle sobre lo guapo que era. Santiago, en estado de sobriedad absoluta, no supo qué decir. Posteriormente el novio de una de las chicas le arrojaría una botella vacía de coca-cola a la cara, pero erraría el tiro. Santiago se declararía incapaz de comprender el complejo mundo de las relaciones sociales y de los novios celosos que le atacaban sin que él hubiese tenido la culpa de nada.

Work in progress (primera parte)

MANIFIESTO EPOCAL VIOLENTO E INTEMPESTIVO Y ENCUENTRO DE SANTIAGO CON UNA ESPECIE DE REDACTOR JEFE

Somos los héroes catatónicos de la pos-posmodernidad, héroes de la no-acción, bartlebys consumados, artistas del hambre que no tienen más remedio que ayunar, somos los alienados autoconscientes y resignados a una existencia inauténtica signada por la deriva incierta de un movimiento inercial sin propósito, la consabida falta de fundamento tras la disolución de todo lo sólido en el aire, la sobreexposición a miles de estímulos mediales que cortocircuitan la posibilidad de desarrollar una vida en el marco de una segura progresión aristotélica con final catártico incluido y cierta nada desdeñable dosis de neurosis variadas que se alzan como oasis en el desierto de tedio contemporáneo que no para de crecer, pero algún día seremos pieles rojas, daremos caza a los snarks. Así comenzaba el manifiesto que Santiago había escrito para la revista del instituto. El manifiesto adolecía de una intertextualidad superficial y un estilo ampuloso, según le advirtió el tipo que ejercía funciones de redactor jefe. Santiago replicó que si no advertía el sutil distanciamiento frío y desapasionado con el que embebía su texto de ironía y ambigüedad la culpa no era suya (de Santiago) sino suya (del especie-de-redactor-jefe). Se trata de una endiablada diatraba contra el mundo contemporáneo, intempestiva y violenta, como debe ser, dijo Santiago. Aunque mejor no hablar mal de nuestra época, no es peor que las anteriores. Era la mejor de las épocas y también la peor, ya sabes. Mejor no hablar, ya sabes. ¿Ya sé qué?, preguntó el redactor jefe (vamos a llamarle así). Dickens, Beckett, ¿acaso no lees?, ¿no me dirás que dirige esta revistucha de mierda un iletrado capullo? (No debemos apresurarnos a odiar a Santiago por sus aires de superioridad y su pedantería irritante, no sin antes poner de manifiesto la inseguridad y melancolía que explica, si bien no necesariamente justifica, su manera de ser y actuar). ¿Se puede saber entonces por qué quieres colaborar en esta revista, si te parece una revistucha de mierda?, dijo el redactor jefe, visiblemente molesto y herido en su orgullo. Por el amor de Dios, es una revista de instituto, se da por supuesto que es una revistucha de mierda cuya especie de redactor jefe no ama la literatura sino que le vean como alguien que ama la literatura y está en el centro del meollo cultural de esta ciudad, que también es una ciudaducha de mierda, dicho sea de paso, dijo Santiago, visiblemente orgulloso de su retórica, de su odio a los redactores, a los necios figurantes de un espectáculo ni siquiera divertido y a su ciudad de provincias. De acuerdo, mira, escribes esta tontería repleta de miles de referencias, un batiburrillo insoportable, y luego vienes aquí a insultarme con tus aires de alma bella, que te den por el culo, dijo el redactor jefe. Si vamos a hablar sobre la necesidad de ensuciarse las manos en el barro de la historia, estoy de acuerdo, es necesario hacerlo, el alma bella es un egoísta, un ser moralmente reprobable que rehuye la responsabilidad inherente y fastidiante de ser un ser humano caído en desgracia, y mi culo va a quedar inmaculado por los siglos de los siglos, no te hagas ilusiones, dijo Santiago. Eres la hostia, chico, dijo el redactor jefe, aún enfadado pero sonriente. Tienes que publicar mi manifiesto, si tienes un mínimo de ética periodística, más que nada porque la mayoría de los colaboradores de esta revista necesitan un corrector de estilo que al menos sepa dónde poner acentos y comas, razón por la cual esta revistucha es una revistucha de mierda aún más mierdosa de lo lógicamente esperable. Por el amor de Dios, estoy dispuesto a corregir todos los malditos textos, con tal de no sufrir leyendo oraciones que parecen condicionales pero en realidad son afirmativas porque su autor ignora la diferencia entre un sí y un si. ¿Acaso saltarse las clases de lengua es un requisito imprescindible para publicar aquí?, dijo Santiago. El redactor jefe se sumió en una profunda meditación, sabedor de que las acusaciones de Santiago eran ciertas, los artículos de la revista estaban plagados de errores mayúsculos y vergonzosos. Está bien, dijo, publicamos tu diatraba violenta si tú corriges todos los textos, y más te vale que lo hagas bien. Descuida jefe, por muy mal que lo haga le aseguro que la mejora será sustancial respecto a la paupérrima calidad precedente de esta revista perpetrada por iletrados sin nada mejor que hacer que emborronar textos en su tiempo libre pero que parecen no haber leído un puto libro en su puta vida. Seguirá siendo una revistucha de mierda, obviamente, pero cada palito irá en su lugar correspondiente. Será un gran avance, ya lo verá. El espectáculo debe continuar. Mi ánimo está exultante, amigo, ahora mismo amo a toda la humanidad, a toda la inmunda y delirante multitud. Celebremos nuestro acuerdo yendo a tomar un café. Pagas tú, que yo no tengo dinero.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Entrevistas breves con seres que en su vida anterior fueron humanos y ahora explican a extraños seres vagamente humanoides en qué consistía vivir en el planeta Tierra

-Los seres humanos iban y venían y las cosas eran como eran y nada parecía tener mucho sentido. Era como estar en mitad de una trama diseñada por una mente perturbada. A veces pasaban cosas y a veces no. Eso es todo lo que puedo decir. Yo me dedicaba a escribir informes al respecto. ¿Al respecto de qué? Eso no lo sabía.

jueves, 30 de agosto de 2012

Godspeed You! Black Emperor - The Dead Flag Blues


1. The dead flag blues (intro) -6:37
2. Slow moving trains -3:33
3. The cowboy -4:17
4. The dead flag blues (outro) -2:00

domingo, 26 de agosto de 2012

Arder

Ya no hay fuegos, nadie arde por nada. 
De tarde en tarde, el sabor a ceniza mojada.
Luego las sombras, cosidas a mis ojos,
siembran de silencio el aire y yo, lejos de todo,
camino feliz por el confín del mundo, mudo
y terrible como un ángel que llora por nada,
que arde por nada cuando al fin oscurece,
que desaparece con un fulgor inútil
de alas quemadas en la noche.

martes, 21 de agosto de 2012

El problema

El problema radica en que nuestro espíritu científico piensa y vive de forma concreta imágenes que habían surgido como metáforas.
Bachelard

Y así, sin diferenciar ámbitos discursivos, nos topamos continuamente con consideraciones falaces realizadas desde un orgulloso espíritu científico respecto a los mitos y relatos simbólicos, con confrontaciones mal enfocadas entre la Ciencia y el Mito, en las que siempre sale ganadora la Ciencia, considerada como discurso epistemológicamente superior. El problema es que se considera a los mitos como si fueran lenguajes descriptivos, sin preguntarse siquiera si lo son. Se da por supuesto que lo son y, desde este supuesto, se confrontan con la Ciencia, sirviéndose de los hechos como árbitro neutral que decreta la victoria de la Ciencia. Todo cambia si vemos los mitos, no como un discurso precientífico superado de una vez por todas por la verdadera Ciencia, visión, por cierto, muy ligada al mito moderno del progreso, sino como instancias discursivas en las que el lenguaje no refiere directamente a hechos, sino a valores y a valoraciones, lenguaje más connotativo que denotativo y abierto, por su carácter simbólico, a una pluralidad irreductible de significados posibles, por cuanto el símbolo, esencialmente ambiguo, disemina el significado de las figuras en las que se expresa, sin que se agote en ellas, ya que, en tanto que signo, el símbolo remite a algo distinto de sí, a un contenido que excede la figura que habría de acogerlo, siendo este desajuste lo que caracteriza a lo simbólico como tal. Este excedente, este suplemento, puede ser pensado como informe, como las sombras de la razón, lo cual no equivale a pensarlo como un mundo paralelo inasumible desde la razón. Aquello de lo que no se puede hablar con sentido puede ser dicho o aludido mediante un lenguaje analógico, indirecto, que no busca determinar hechos ni explicar cómo es el mundo reduciendo unas cosas a otras, sino expresar el asombro ante el hecho de que las cosas sean, porque lo misterioso, como diría Wittgenstein, es el ser; expresar esa dimensión de apertura que constituye al existente, ampliando el sentido de lo que es. Un lenguaje capaz de acoger lo maravilloso atacando al mundo de los hechos, como diría Jünger. La expresividad de este lenguaje, creemos, no puede situarse ni en lo subjetivo ni en lo objetivo, sino en ambos lados, entrelazados al modo de una cinta de Moebius.

Arte serial


El tema de la serialización, de las repeticiones y las diferencias, puede verse desde las dos grandes obras de Deleuze, Diferencia y repetición y La lógica del sentido. Este último libro está construido por treinta y cuatro series.


Es preciso que cada término de una serie, siendo ya diferencia, sea puesto en relación variable con otros términos, y constituya así otras series desprovistas de centro y de convergencia. Hay que afirmar, en la serie misma, la divergencia y el descentramiento. Cada cosa, cada ser, debe ver su propia identidad sumida en la diferencia, ya que cada uno no es más que una diferencia entre diferencias. Hay que mostrar a la diferencia difiriendo. Se sabe que la obra de arte moderna tiende a realizar estas condiciones: se convierte en este caso en un verdadero teatro, hecho de metamorfosis y permutaciones.
Gilles Deleuze, Diferencia y Repetición, pág. 101.

Fue una década extraordinaria en la que proliferaron los objetos dispuestos en cadenas aparentemente infinitas y obsesivas, cada uno de ellos en correspondencia con otro: una cadena en la que todo estaba vinculado con todo, pero en la que nada era referencial.
Rosalind Krauss, LeWitt en progresión

Por supuesto, otro artista al que es obligado remitirse siempre que se hable de serialización es Andy Warhol, el gran Andy Warhol, a quien yo veo como el exponente supremo de artista de la repetición y la diferencia. En el terreno literario, quizá sea Bernhard el mejor ejemplo de cómo se hace arte a base de repeticiones obsesivas, siguiendo una lógica compulsiva, casi demencial, sobre todo en Corrección. Seguro que también podríamos sumar a Beckett a esta insigne lista de obsesivos. Se trata en estos casos de recorrer exhaustivamente las series hasta agotar todas sus posibilidades. Concretamente en el caso de Beckett Deleuze habla de agotar lo posible a través de disyunciones inclusivas. El procedimiento lo expone el propio Beckett en el comienzo de El innombrable: por pura aporía o bien por afirmaciones y negaciones invalidadas al propio tiempo, o antes o después. También en David Foster Wallace, creo yo, puede verse esta afán de agotar todas las posibilidades de un tema, de ir hasta el fin de la serie, de colmar su potencia, de exprimirla al máximo, de ahí que sus textos parezcan extenderse sin fin, con un tempo lentísimo, intentando captar todos los detalles de una situación, enfocarla desde todas las perspectivas posibles.

Una y tres sillas


Es posible que una pieza en muchos sentidos inaugural del alcance y la economía alegórica por intersección de niveles o registros de significancia diferenciales lo constituyera la célebre Una y tres sillas, de Joseph Kosuth. A la yuxtaposición del objeto real y su representación se le añade -o cruza- la definición de él propuesta en el orden textual, escritural. Y, por supuesto, es este tercer elemento-nivel el que desbarata la posible verticalización jerárquica que en el orden de la representación podría articularse entre los dos primeros para introducir el desvío alegórico, para impulsar la significancia de la pieza en efectos tangenciales, derivativos.
Jose Luis Brea, Nuevas estrategias alegóricas. 


Como figura de este tercer momento, este tercer mundo donde se superan las dualidades precisamente para presentar la fuerza y complejidad de la unión concepto-objeto, nada mejor que el ejemplo clásico, la obra Una y tres sillas del propio Kosuth (presentación de un objeto -la silla-, su fotografía y su definición de diccionario). El ejemplo es espléndido porque permite mostrar la relación con los dos mundos anteriores: si en LeWitt los cubos se serializaban, mostrando en sus diversas formas los ejemplos de una misma idea, si en el mundo suprasensible del conceptualismo radical únicamente se habría incidido en la idea de silla, desmaterializada, alejada de sus imágenes, ahora Kosuth (y no hay que olvidar que es una obra de 1965), al mostrar los tres niveles, presenta la univocidad de la idea precisamente a través de la pluralidad de sus manifestaciones, es decir, deconstruye la idea misma. Tan real es el objeto sensible como su imagen o su definición. Se sigue eliminando toda ambigüedad, pero ahora a través de esa diversidad alegórica de las representaciones que causan "intersección de niveles o registros de significancia diferenciales", como ha escrito Jose Luis Brea
Domingo Hernández Sánchez, La ironía estética: estética romántica y arte moderno

viernes, 17 de agosto de 2012

Inventario

Aquí y allí, dentro y fuera, arriba y abajo, antes y después, lleno y vacío, sí, yo diría que eso es todo, todo y nada, se me olvidaba la nada, y la luz y la oscuridad, se me olvidaban la luz y la oscuridad, sí, ahora ya está todo, o todavía no, se me olvidaba el todavía no, creo, y algunos objetos quizás, que nunca están quietos del todo, sino en movimiento, se me olvidaba el movimiento, sí, ahora sí está todo, o no, se me olvidaba el no, aunque podríamos incluirlo como una modalidad de la nada, creo, no estoy seguro, incluir y excluir, excluir también es necesario, aunque mi propósito era incluirlo todo. Necesario y contingente. Al principio, al menos, era mi propósito incluirlo todo, luego ya veremos, lo veremos cuando el luego sea ahora, quiero decir. Mi propósito inicial, los inicios y los finales. Se me olvida algo, sin embargo. Noto una sensación extraña en la nuca, como si me la mordiera algún insecto. El olvido y la memoria, desde luego. Olvidar, excluir. Involuntariamente. Lo voluntario y lo involuntario, eso también. También y tampoco. Derecha e izquierda. Plegarse y desplegarse. El caparazón y el claro del bosque. El ser y el ente. Creo que se me olvida algo, que falta algo, que algo se me escapa, pero no sé qué. Saber e ignorar. El bien y el mal, claro. Dios y el diablo. Ausencia y presencia. Centro y márgenes. Ya estamos acabando, creo, aunque el algo que me falta sigue faltándome, me pica la nuca una especie de insecto, pequeño mordiscos, no duele demasiado. Algo sí, poco, lo justo. Acabar y empezar, se me olvidaba empezar, olvido imperdonable, pero no era eso lo que me faltaba. Perdonar, no perdonar. No, no se me olvidaba, ya lo había dicho. Lo digo otra vez, repetir, veces y veces, un montón de veces. A veces tal, a veces cual. He aquí el sentido de la vida, o el sinsentido de la vida, es lo mismo, pero diferente, también diferente, a la vez diferente, en distintos sentidos, en todo caso, si no uno se contradice. Vivir y morir, esto sí que lo resume todo, creo. El principio y el fin, esto ya lo he dicho, creo. El alfa y el omega. El círculo. En el principio está el fin, como si dijéramos. ¿Dijéramos quienes? Decir y callar. Las palabras y el silencio. Montañas y valles, por ejemplo. Eso también, por qué no, el oasis en medio del creciente desierto. El desierto, buen lugar para los iluminados, en teoría. En la práctica es un fastidio. Esto y aquello. Lo de más allá. Cerca y lejos, por supuesto. Ayer y mañana, pero esto es lo mismo que antes y después. Lo mismo y lo diferente. Mermelada ayer y mañana, pero nunca hoy, nunca ahora. Siempre y nunca. Todos y ninguno. Luego están los algunos. Algunos hacen esto, algunos hacen lo otro, y así. Hacer y deshacer. Tejer y destejer. El movimiento y el reposo, creo que me estoy repitiendo. Los objetos están ahí, susceptibles de movimiento y reposo. He aquí lo que llaman física, creo. El caos y el orden, eso sí que no podía faltar. Palabras y cosas, más o menos esto ya se venía diciendo, de alguna forma, o puede que no, no importa, tampoco era eso lo que me falta aún por decir, lo todavía no dicho sigue sin decirse. Quizá sea su modo de ser. Por eso me repito a veces, porque busco, he de buscar, de seguir buscando, y mientras tanto hablar, enumerar, con la intención de decirlo todo, pero me falta algo para redondear el todo, y he de decir, de seguir hablando, aunque me repita, porque noto que estoy muy cerca ya de lograrlo, de decirlo al fin, noto que eso que falta se insinúa vagamente en el aire, suave y quedo se insinúa, casi transparente, diáfano, como la luz que se derrama sobre la meseta, casi lo toco con la punta de los dedos, estoy con las manos extendidas, pero no toco nada, distancia y dolor, melancolía de algún modo, exiliado de no sé dónde. La tierra y el cielo. El rostro de la profundidades vacío de forma y las formas eternas del cielo platónico. Esto último no ha tenido mucho sentido. La razón y la locura. Antes estábamos hablando del espacio y del tiempo, al principio quiero decir, ahora no sé de qué. Antes era mejor, creo. Mejor y peor. Buscar y encontrar. Antes era más puro mi decir, conceptos cristalinos y fundamentales tales como arriba y abajo. Quizás desde el punto de vista de Dios no existan arriba y abajo, de todas formas. Quizás Dios no existe, pero, aún así, qué es Dios, qué es eso que no existe, pregunto. Esencia y existencia. Esto es muy abstracto. Abstracto y concreto. Amor y odio, se me olvidaban el amor y el odio. Antes, cuando todo era mejor, estas palabras, amor y odio, eran fuerzas que regían el universo, juntaban a los seres, de cualquier clase, y los separaban. Me refiero a mucho antes. Mucho y poco. No tan mucho, depende de la perspectiva. Aquí todo es difuso, bastante difuso, como la palabra bastante, por ejemplo. Para algunos es bastante una cosa, para otros otra cosa, y así. Cantidad y calidad. Extensión e intensión. Pero no es esto todavía. Lo que falta se obstina en faltar. Así no hay manera. Posible e imposible. Hecho y derecho. Sensible e inteligible. Acto y potencia. Forma y materia. Ni siquiera El Filósofo lo sabía todo. Oh tú, Dios, acto puro, el más solitario de los monstruos, pensando en tus pensamientos, ignorando que hay hombres en la tierra, tú que eres el que eres, aunque el que es es otro Dios, en realidad, el de la Biblia, el que contesta yo soy el que soy, contestación ambigua, equívoca. Equívoco y unívoco. Azar y destino. Es impresentable que lo que falta falte todavía a estas alturas, a estas alturas, quiero decir, del tiempo que llevamos ya aquí, todo este rato de búsqueda infructuosa. Mañana seguiremos buscando, hoy no, hoy ahora aquí termino ya mi búsqueda, aunque nada termina nunca, desde luego, siempre después del final pasan cosas, creo. El rato que llevamos, no sé, yo llevo ya bastante rato aquí hablando, no sé ustedes, ni siquiera sé quién son ustedes. Puede que tampoco sepa quién soy yo, puede que, de hecho, yo no sea el mismo del principio, pues el tiempo que ha pasado no lo habrá hecho en vano, algo me habrá cambiado y, a decir verdad, no estoy nada seguro de que el tiempo que ha pasado para ustedes sea el mismo tiempo que ha pasado para mí, la misma cantidad de tiempo, quiero decir, si es que decir cantidad de tiempo tiene sentido. Verdad y mentira. No hay duda de que cada vez es más difícil que se me ocurran las cosas que he de enumerar. Fácil y difícil. Duda y certeza. Sí, quedaban aún algunas oposiciones, evidentemente. Las fuerzas me abandonan, lo noto. Habré de irme a dormir con la molestas sensación de algún insecto que me está mordiendo la nuca, ya lo estoy viendo, lo preveo desde este momento preciso del tiempo, que en el futuro inmediato todo seguirá igual. Puede que el insecto sea un gusano, el gusano de la nada. Me gusta esa frase: el gusano de la nada, el gusano de la conciencia, algo así, o la nada de la conciencia, no recuerdo bien ya. Igual y distinto, pero esto es lo mismo que lo mismo y lo diferente. Claro que, si cada futuro inmediato que se suceda en el futuro es igual, cuándo cambian las cosas. Así sería todo siempre igual. Cada futuro presente es igual al, o cada presente futuro, mejor dicho, es igual al presente pasado anterior o, mejor dejemos esto de una vez. Pasa lo mismo con el montón de arena. Parece imposible, si se piensa. Un grano y otro y otro y el montón cuándo. No sabemos pensar bien. Hay algo que falla, no sé qué, pero sé que algo falla, no sé nada más. Más y menos. Espacio y tiempo, creo que no he hablado de otra cosa, creo que no hay otra cosa de la que hablar, es una cuestión muy amplia, una cuestión que lleva mucho tiempo, que lleva mucho tiempo solo el hecho de plantearla. Abordarla es difícil. No quiero ni pensar en solucionarla. Me agoto solo de pensarlo. Pero falta algo. Debe de existir una grieta o algo por la que se cuele un resplandor. Esto no es decir mucho, lo sé, pero al menos es decir algo, eso no podrán negarlo, aunque quisieran. Yo, sea quien sea ahora, confío en esa grieta, signifique esto lo que signifique. No sé pensar ni hablar mejor, sabrán disculparme. Soy una sombra quizás, espectro tejido con palabras torpes. El resto ya se sabe. Cuando llegue a ser quien soy, quizás entonces, pero no, tampoco, qué ocurrencia. Bah, da igual. Se abrirá un grieta en el cielo de la tarde que rasgará las nubes rosadas, el viento soplará con fuerza agitando las ramas de los árboles, la luz borboteará a raudales, se derramará como una inundación, chorros de luz manando sin parar y entonces nada, no ocurrirá nada más, eso será todo. No me preguntéis qué significa. No sé si se están dando cuenta, pero desde hace un rato, un rato pequeño, según creo, más pequeño para ustedes que para mí, probablemente, vengo abandonando la idea de que falta algo y ya no enumero tanto como antes. Grande y pequeño ya lo dije, creo, no sé, me estoy cansando de tanto no saber, de tanto creer, de tantos probablemente y quizás, pero mientras yo siga siendo yo, mientras el tiempo no me haya cambiado lo suficientes, estas son mis palabras y no hay nada que hacer al respecto, creo, aunque quizá podría forzarme a no usar esas palabras, los quizá, los creo, los probablemente, los no sé, podría prohibirme su uso yo a mí mismo, para ver qué pasa. La idea no me atrae, sin embargo. Algo cambiaría, seguro, pero necesito los quizá, los probablemente y los creo, y los no sé, porque si yo ya no fuera vacilante e inseguro seguramente yo sería otro yo, y me asusta la idea de no ser yo, no sé si se dan cuenta. Es un círculo, creo. Fíjense bien. Mi yo inseguro tiene miedo de dejar de ser yo precisamente por ser un yo inseguro. No sé si han intentando imaginarse ser otra persona. No sé, no sé, no sé. Lo que a mí me sucede es que, al intentar imaginarme ser otra persona, esta otra persona se convierte en yo. Algo así, me temo que no me explico bien. Quiero decir, si te imaginas siendo otra persona, te imaginas a ti siendo esa otra persona. En el fondo, sigues siendo tú. Es imposible imaginarte siendo otra persona, al menos para mí. Posible e imposible, esto sí que lo he dicho ya, me acuerdo perfectamente. El caso inverso también es interesante. Imaginar que otra persona es tú. Interesante y aburrido, esto no lo había dicho todavía. Otra persona que es tú, de alguna forma, porque todo esto es bastante extraño, y entonces comprende tu ser porque está en él, ve lo que tú ves, siente lo que tú sientes y piensa lo que tú piensas, exactamente del mismo modo en que tú lo haces. Extraño y normal. No necesitarías explicar nada. Está bastante claro que esto es imposible. Claro y oscuro. No te harían falta las palabras, para explicarte, pero quizás esto sería una catástrofe, la ruina del lenguaje, su aniquilación más bien, aunque ahora mismo estoy pensando en que, si otra persona estuviera en mi ser, por decirlo así, no tendría que esforzarme por transmitir, con palabras, lo que estoy pensando, lo que estoy intentando decir, a la vez que estoy pensando en que todo esto es terriblemente confuso, porque no se puede decir sin palabras, claro, y que tal vez no me esté haciendo comprender. Qué disparate. Por lo pronto, pronto y tarde, antes y después, volvemos al tiempo, al movimiento también, claro, el tiempo es la medida del movimiento, como sabemos, aunque esto no esté, ni mucho menos, claro. Por lo pronto, de todas formas, no sé qué venía a continuación, esperen, iba a decir algo más, todavía algo más, algo más que no es aún lo que falta, de lo que hablaba antes, de aquello que falta, se acuerdan de que faltaba algo, seguramente se acuerdan, lo he dicho bastantes veces ya, deben ustedes de acordarse bien, pues no era eso que falta el algo más que iba a decir. No importa. Qué silencio se ha hecho, de repente, aquí, y qué de noche. La imposible noche, y las rocas ígneas tejidas en su piel. Con esto basta, por ahora, siginifique lo que signifique y aun si no significa. Mirad ahora esa luz, dejad las palabras, que descansen un rato. Como un lienzo el silencio, ved eso, ved las palabras como gotas de color, goteando sobre el lienzo del silencio, escuchad su música, aunque no suene, escuchadla igual. Palabras, música, color, hay tenues hilos que unen estos elementos, seguramente los hay. No ha quedado muy bien esto del lienzo. Me he liado un poco. Hay hilos, ya lo he dicho, pero se me han enredado un poco quizá. Da igual, seguro que entienden, más o menos, qué quiero decir. Quiero acabar ya de una vez, no sé cómo. Así, sin más, es una posibilidad. Una entre tantas. Acabar aquí.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Love of Lesbian - Me amo

Sally y Ana


Fallar en esta prueba no tiene nada que ver con la incapacidad de atribuir estados mentales a los demás. Lo que de verdad sucede es que el niño (o el adulto distraído) ubica metonímicamente la canica de acuerdo a su desplazamiento espacial de la cesta a la caja (lo acabo de leer y de asentir enérgicamente). Uno puede fallar si le preguntan así a bote pronto y, no obstante, ser consciente de que la mayoría de las personas tienen estados mentales. De todas formas, lo que nunca se menciona en esta prueba es que si la canica es de Sally y la guarda en su cesta, ¿por qué narices Ana la cambia de sitio? Si todo el mundo se comportara como Ana y se dedicara a cambiar las cosas de los demás de sitio nadie encontraría nunca nada y el mundo sería un caos apabullante.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Entrevistas breves con místicos chiflados


Según el autor, este post debería permanecer aún en estado de borrador, si bien esta declaración encierra una paradoja evidente.

-Tienes que comprender que soy un místico sin doctrina al que las explicaciones racionales le interesan muy poco, casi nada, porque carecen de verdadera importancia, no solucionan nada, no tocan siquiera las cuestiones cruciales, no se adentran en ellas, no las ven, ni de lejos.

-Un ansia irrefrenable de trascendencia bulle en mí como un fuego feroz; no puedo evitarlo, estoy al acecho de algo indecible, en tensión permanente; mi cerebro está empapado de intensidades y visiones que tiemblan en la noche con una dulce agresividad y una extraña serenidad, y solo quiero desplegar mi ser al máximo, fluir en una profunda eternidad.

-Lo que digo no tiene sentido, y precisamente su falta de sentido es su sentido. Mejor que callarse, sin embargo, arañar el sinsentido que fulgura en la piel del firmamento como un rostro ígneo tejido en ella con símbolos y palabras oblicuas que no signifiquen nada más que ellas mismas.

-Estoy fijado aquí por el resplandor de una mirada inagotable y mi ser se desborda en un clamor de voces asidas a la inexistencia.

-En cuanto empiezo a hablar me doy cuenta de que no es eso lo que quería decir, de que las palabras no me bastan y me rehuyen. Extraño oficio perseguir lo que huye, lo que jamás será encontrado, porque huir es su modo de ser. Es como vivir atado a la presencia de una ausencia luminosa e invisible que hace señales al ocultarse.

-Morder el viento, me gustaría que esa simple expresión albergara una densidad semántica infinita de forma inmediata y evidente para cualquiera, pero esto es imposible, su sentido está necesariamente indeterminado, incompleto, preso del azar de las lecturas. Tal vez sea mejor así. Una voluntad prendida de un objeto de deseo imposible, diría que eso es, más o menos, lo que significa para mí, pero mira qué desastre, antes teníamos una hermosa expresión, una hermosa imagen, y ahora una palidez conceptual abstracta. De la aérea ligereza de las metáforas hemos pasado a un cementerio de fósiles, del movimiento inaprensible de un gesto hemos pasado a la quietud decrépita de un significado que pretende fijar el vagabundeo de lo semántico. Una pretensión irrisoria.

-Los poetas entienden un lenguaje sin sentido, como dijo Blanchot. Se trata de entender que no es exactamente con la facultad del entendimiento como se puede entender ese juego de lenguaje que llamamos poesía. No es un uso descriptivo del lenguaje. Se puede perfectamente expresar sensaciones con determinadas imágenes que no representen las creencia del poeta. Puedo decir, por ejemplo, que un ángel ha venido a llorar a mi ventana. Aquí la pregunta de si creo en los ángeles es, evidentemente, una pregunta estúpida. Además, ni siquiera está claro qué es lo que pretendo transmitir. ¿Tristeza? Pero el caso es que ahora no estoy en modo alguno triste. Es más simple, y quizá también más complejo: la imagen no significa más que ella misma. La belleza no significa nada. Nada más que a sí misma. Ese es su poder de atracción irresistible, y de ahí emana, a la vez, la frustración que produce, porque se trata de un límite, no se puede traspasar. Parece como si tuviera que significar algo más, como si nos fuera a ofrecer una respuesta, pero permanece en sí misma, terca, enigmática, fascinante...

-Las ideas relampaguean en estallidos simultáneos y al tratar de imponerles el orden sucesivo de la sintaxis se me escapan. Es como tratar de barrer hojas en medio de un vendaval.

-Estoy a solas frente al trono vacío de Dios, escuchando su silencio.

-Verá, para mí lo místico no es ver el mundo como una totalidad limitada, como una unidad, sino lo contrario, ver la unidad sustraída, su multiplicidad destellante, sin centro, sin circunferencia, disperso como una nube, extendiéndose en direcciones aleatorias.

-Bailo al borde del precipicio, pensando en la música de las supercuerdas; no hay sonidos, solo una armonía silenciosa que el universo teje y desteje sin propósito, incansablemente.

Diálogos ciberplatónicos (lo que piensa el TecnoNúcleo)

En la evolución reciente de La morada de los existencialistas errantes , el blog cruza una línea tecnológica y emocionalmente cruda. El dolo...