viernes, 22 de mayo de 2009

Emitiendo

Emitir no puede ser nunca más que un medio para emitir más, como la droga. El Emisor no es humano, es el virus humano.

W. S. Burroughs.

La aceleración hipermoderna de la narración adictiva de Lost no puede ser más que un medio para acelerar más, para emitir más.
Diferir el sentido.
Lost no puede acabar (quizá ninguna narración acaba)
Lost es un dispositivo, una lógica de la narración puesta en funcionamiento más que una narración, una máquina de producir misterios consumidos globalmente. Cohesión social a través de todas las pantallas del mañana que parpadean hoy.
Los adictos a Lost podrían seguir viendo Lost toda la vida.

El drogadicto no pregunta por el sentido del acto de drogarse, quiere su dosis: el espectador quiere su dosis. Homer quiere su bo-cadillo.

Burroughs lo sabía (Burroughs lo sabe todo desde siempre, Burroughs es Jacob y el amigo de Jacob y continúa sentado ante las estatuas del tiempo mítico que será recobrado en el imposible pasado mañana). Nos encaminamos al caos, a la saturación, a la confusión (confusion!!!), al silencio.
Para llegar al silencio que ya estaba antes de todo, al caos silencioso, al caos que ya no es caos sin dejar de ser caos, caos transparente, transparencia pura destilada con caos, es necesario perderse en loops de confusión y paranoia (¿soy lo suficientemente paranoico?) por flujos verbales entrópicos que se preguntan por su sentido una tarde de noviembre bajo un cielo estrellado.

El sentido no está aquí, no somos sus guardianes sino sus merodeadores, nosotros lo producimos mientras espirales de vértigo lo lanzan afuera, no sabemos dónde está, ni siquiera si está en un lugar. El misterio y el sentido coinciden en una Afuera Absoluto, eso pensamos, nosotros, la rebelión anónima de Niños Perdidos y Mutantes Melancólicos. Pero no sabemos qué sentido tiene lo que pensamos pero nosotros somos sus proletarios trabajamos incansablemente todos los días no va a llegar ni aunque corras y escribas más rápido de lo que piensas somos los hombres-máquina que fabrican sentido y el sentido se enfrenta a nosotros como lo inhóspito.
Nuestra alienación es metafísica y algunas noches de verano describimos sentimientos que revolotean en el aire y se esconden como niñas y niños jugando al escondite en parques radioactivos bajo un cielo teñido de verde y amarillo un denso humo flota y nos envuelve.

Estamos cansados. Perdidos. La sintaxis se rompe, nos deja solos, ¿quién dijo que la ceremonia de la confusión concluiría? Concluirá, sí. Nosotros no estaremos allí. No hay el allí. El silencio final no estaba antes, te mentimos, es una ilusión que altera la realidad. Allí no llega nada. Tú eres el límite. El Límite. No hay manera de no pensar metafísicamente. El verbo nos produjo extrañeza desde el día en que nos lo presentaron. No fue un día. Surgió. Aconteció. Irrumpió. Ha estado por aquí, dando vueltas. Da vueltas. Digamos: entre vuelta y vuelta hay ilusión de progreso. Nosotros nos ilusionamos. Avanzamos. Decimos: el destino no implica necesidad, o decimos la libertad y el azar y la necesidad son lo mismo. El destino es una llamada sin sujeto. Nadie nos llama. Pero hay una llamada. De repente te despiertan y suena el móvil y vas a cogerlo y todo era un sueño. Hay sueños dentro de los sueños capas infinitas capas.
Uno se aventuró, que nosotros sepamos, eso refieren las noticias desde el fondo, fragmentos alucinados de información. Podría ser mentira. Una leyenda, que uno se aventuró.

Ah, pero entonces no había espectadores. Eso sí que eran héroes. Pero fueron héroes porque Alguien los narró. Produjo a los espectadores del futuro. El sentido se disemina porque el lenguaje es un virus. Los produjo, no nos mireis así. No entendemos muchas cosas. La espera. El verbo mirado desde cierto ángulo se escurre como los peces mutantes del pasado. Hablo de un pasado remoto en el que no había hombres, no había espectadores quiero decir. Así que nadie lo vio o quién sabe. Si los calamares gigantes nos leen la mente 2+2=4, esto es lógica. Tampoco sabemos cómo irrumpió la lógica, tampoco qué pensaban los espectadores de los peces mutantes, quizá advirtieron que esa mutación ni siquiera era el comienzo de una narración y que llegaban cuando ya había empezado (quizá estaba por la mitad, imposible saber) y que un poco más tarde hombres y mujeres serían los protagonistas de la narración.
Nada comienza ni termina. El verbo se hizo carne, dicen. Pero no es carne. Es el virus de la carne. Esto está mejor.

Usted corta una barra de pan y la identidad de su sustancia se divide, ahora tienes dos sustancias, aunque el sustantivo no cambia, sigues diciendo pan, pero ya no es el pan, es dos panes. ¿No es maravilloso? Pasamos años meditando sobre esta cuestión. Era para nosotros una cuestión técnica. Un problema a resolver. Nos dolió la cabeza y nos arrastramos por el suelo mirando estrellas. Que soledad pasamos. Pues bien, el verbo nos desveló y pasamos meses sin dormir, o mejor dicho, durmiendo poco y mal. Cuando ya era de día nos dábamos cuenta de que no habíamos avanzado nada: nos habíamos entretenido dibujando figuras en la arena, aplazando el momento. Era un momento importante y el temblor y la agitación convulsionaban nuestra carne que hervía bajo las estrellas. Dormíamos con rabia: la tranquilidad la aplazábamos también. Caíamos rendidos sobre la arena en una confusión (Confusion!!!) sin límites, monstruosa, la pura diferencia sin identidad, sin sustantivos a los que agarrarnos. Piénsenlo bien: un Universo sin sustantivos. Ansiábamos refugio metafísico. Parias galácticos, huérfanos. Siempre con una espesa mezcla de temor inabarcable y vitalidad extrema y desgarrada que nos dejaba un gusto agridulce en la boca.

En fin, cuando cortas una barra de pan estás tú, el sujeto, y está el pan, el sustantivo, del que puede predicarse que está duro, poco cocido, etc. Sus cualidades. Oscuramente presentíamos que la clave de todo era el verbo... pero no sabíamos, no acertábamos a, no... Beber, por ejemplo: el agua recorre tu garganta. Pero. Nos enfurecimos con la gramática. En vez de frases nos hubiese gustado lanzar al viento mordiscos y puñetazos y gritos y patadas.

Construir el sentido como máquinas averiadas, fuera de quicio. Nos sentimos estafados. Nada acontecía. Nada acontecía y si quitabas sujetos y predicados sólo quedaba el acontecimiento, el maldito verbo y no podíamos dejar de hablar como posesos yonquis enfermos: precipicios derrumbes aceleración entrópica verborraigica. Lo llamamos Principio de Aceleración Semántico-entrópica. Porque no podíamos dejar de llamar cosas, etiquetarlas, clasificarlas, ordenarlas. Luchando como titanes insomnes contra el caos y siendo vencidos una vez y otra: bucle infernal sin salida, loop maldito, ensordecedor, infinito.
El silencio, aspirábamos al silencio y si no había forma de logarlo íbamos a hablar hasta destruir el lenguaje.
El virus se ramificaba no importaba que nadie escuchara. Hablábamos para seguir hablando para no morir y morir era el silencio y el caos y fragmentos de meteoritos nublaban la pantalla chocando entre sí: planos de medio segundo, de menos aún, planos invisibles, velocidad terrorífica, pavor, esto ya no puede acelerarse más, la tendencia tendrá que revertir, volver al psado para comenzar el futuro.
Otra vez.
Siempre.
Llamadas de auxilio.
Dijimos: estamos solos.
Creo que no se entendió bien lo que queríamos decir.
El sentido.
Flotaba como una nube de gas aureolando la espiral galáxica. No era no estar con gente. nada que ver. Cómo nos gustaría saber expresarnos. Queremos decir: una soledad de derrumbe del Gran Otro Simbólico.
El Gran otro no existe. ¿Compartirán nuestros espectadores el marco de referencia? ¿Hay un marco de referencia? No hay cuestión, no hay tema, ésa es la cuestión, si se me permite lo paradojal de todo esto. No es esto. Estamos recorciendo el pescuezo del sentido. Ahora que el Gran Otro no existe, ¿podemos creer en él?.

-Tú llamas al Gran Otro deseando lo que no existe.
-No, yo aúllo a las estrellas y fumo un millón de cigarrillos porque el Gran otro se ha fragmentado y se ha disuelto en el torbellino entrópico que nos asola. El cadáver descompuesto de la ilustración.
-¿Qué significa eso?

Un Gran boca gigante ha soplado la nube de gas que aureolaba la espiral galáxica, creo que es hora de irse a dormir y mañana será otro día y luego otro y luego otro.

Voces desde el comunciador a ti confluyen, conducto de fragmentos de información.

El Gran Otro Fragmentado ha dejado de emitir señales, llamadas. Mañana nos arrastraremos otra vez, perdidos, acorralados. ¿Pasado mañana mereceremos un respiro? Nuestros nudillos sangrantes se perderán como lágrimas en la lluvia.

-Piensa en la nada no como una entidad negativa sino como una no-entidad positiva, como un agujero flotante en la Gran Pantalla Total a la que llaman Universo y piensa en los ojos de las estrellas vistos sin la interferencia de la atmósfera, piénsate como un satélite olvidado girando en torno a un planeta muerto. Construye el sentido en medio de la saturación mediática. El naufragio se ha quedado sin espectador.
-Nadie está mirando el laberinto desde arriba. Nos movemos y auto-replicamos como virus desplazando continuamente los límites del laberinto, trastocando su forma, mutándola.

Una nube de mosquitos. La droga es la mercancía definitiva y las grandes corporaciones han comprendido que la publicidad viral era el mejor medio de invertir los términos haciendo de toda mercancía una droga, el ciclo compulsivo del consumo y el retornar de las modas que nos pasan, dijo W. sintiendo el centro ausente de la noche al exhalar el humo dulce de la marihuaba.

jueves, 7 de mayo de 2009

Fuga Geométrica V

El grupo de Contra-Entretenimiento liderado por las Cheerleaders Orgullosamente Deformes, Repulsivas y Violentas (CODRV) fue fundado por la bellísima Irene Valinski, algo que más tarde le sería echado en cara como algo manifiestamente inconsistente. Irene se quejó: lógicamente no es inconsistente. Desde un punto de vista lógico, quiero decir. Es paradójico. Pero paradójico no significa contradictorio. La denominación del grupo obedece a un intención política, no a una realidad empírica. A una voluntad de lucha. El mismo discurso es un elemento de nuestra lucha. Un grito solitario y apocalíptico en la larga noche de los integrados. Asumimos la alta probabilidad de nuestro fracaso, porque si alcanzar el éxito obliga a plegarse a los valores dominantes que circulan por los anuncios publicitarios, está claro que sólo lograremos, en el mejor de los casos, un éxito parcial, una pequeña subversión minoritaria, un leve brote de lava de la nueva política extática. No somos estúpidos posmodernos. Escupimos en la cara de los posmodernos, porque no encontramos un lugar más inmundo. No nos entienden, bien, cabalgamos. Que se jodan. La opción no es entre la violencia y la paz, sino entre dos tipos de violencia: la violencia del Entretenimiento y la violencia contra el Entretenimiento. La violencia de los oprimidos no es igual que la violencia de los opresores. Que es igual, eso lo dicen los opresores, claro. Los filósofos del terror, dicen. Que hipócritas. Que grandísimos hijos de su puta madre. Anoréxicas, ludópatas, mendigos, esa es la verdad de su Entretenimiento y de su sagrada libertad individual. Su sagrada hijoputez moral, su conservadurimos político barnizado de post-ideología cool. Yonkis, parados, depresivos, suicidas. Los dientes destrozados de los cocainómanos son la negación dialéctica de las sonrisas profiden. Los cuerpos anoréxicos el resultado de la lógica Special K. Por eso nos declaramos, con solemnidad y sin asomo de ironía contrarrevolucionaria, lejos de la tiranía de lo cómico, Cheerleaders Orgullosamente Deformes, Repulsivas y Violentas, dispuestas a reapropiarnos de la violencia monopolizada por los Estados y oblicuamente ejercida por la publicidad de los cuerpos danone. Sabemos que fracasaremos. No hace falta que nos lo digan. Excluidos del mundo, escupid. Y no dejeis de bailar al hacerlo.

El resto del grupo aplaudió enfervorecido. No sabían si Irene se había vuelto loca o qué, pero en ese preciso momento los sentimientos eran de identificación con su éxtasis confusamente revolucionario. Un discurso indeterminado, eso es cierto. Alguien dijo: demasiado politizado, hay humor en Acción Mutante(1). ¿Para qué luchar si vamos a fracasar? No luchar ha dejado de ser una opción, o al menos ha dejado de ser una opción neutral, dijo Irene cuando la entrevistaron en la cárcel. Los medios lograron sin problemas ofrecer la imagen de una perturbada de extrema izquierda. Irene, con tristeza, sabía que esa era la imagen de ella que iban a ofrecer los medios. Quizá no estaba tan preparada como ella se había figurado para asumir la derrota.

1. La fundación del CODRV tuvo lugar tras un visionado informal en casa de Irene de la película de Alex de la Iglesia. Por supuesto, Alex no tiene la culpa de las derivas violentas del grupo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Fuga geométrica IV

Pablo pablito se clavó un clavito. Se lo decían cantando, para fastidiarle, pero muchas veces se equivocaban y por tanto el efecto de la burla no sólo quedaba desactivado sino que se volvía en contra del burlador; el burlador burlado agachaba la cabeza y fijaba los ojos en el suelo del patio de recreo y entonces Pablo incluso llegaba sentir cierta lástima por su estrepitoso y vergonzante fracaso, pero tampoco podía acercarse a su lado y darle una palmada en el hombro y decirle que no pasaba nada, porque, al fin y al cabo, había intentado burlarse de él y humillarle cantando el trabalenguas al que desgraciadamente se prestaba su nombre, y la intención es lo que cuenta; no obstante, empatizaba lo suficiente con aquel chico sucio y marginado socialmente que había intentado escalar posiciones en el complejo ránking de popularidad del microcosmos axiológicamente confuso que representa el patio del colegio arriesgándose a cantar el complicado trabalenguas como para no lanzarle piedras a su raquítico cuerpo de colegial acomplejado. Las batallas de piedras eran habituales. Pablo, en la medida de lo posible, intentaba escabullirse y no participar en ellas, pero todo el mundo sabe que hay situaciones de las que sencillamente no es posible escabullirse, situaciones en las que ni el más redomado pacifista podría evitar la necesidad de luchar. Hay que pelear y entonces más vale que tengas reflejos y un mapa mental del patio señalado con cruces en los escondites clave y buena puntería y rapidez para escapar a los gritos de retirada. Una vez casi se desmaya al ser golpeado en el ojo izquierdo con una piedra de tamaño mediano, pero esa vez le dieron sin querer, ni siquiera se trataba de una batalla. Alguien tiró un piedra contra una farola estando sentado en la hierba del parque y Pablo frenó su bicicleta en el momento justo, cortando la trayectoria ascendente de la piedra.

martes, 5 de mayo de 2009

La tierra no es un satélite artificial creado por seres extraterrestres

El viajero del espacio aterrizó asustado sobre el desierto de Sonora(1) y salió de su nave mirando hacia todas las direcciones. Los restos de la batalla entre La Tierra y los Platillos Volantes(2) yacían desperdigados aquí y allá(3). Se sintió solo. Se quitó su traje espacial y dejó que el mortal oxígeno acabara con su vida.

1. Este desierto se cita tres veces, a lo largo de las primeras 427 páginas de La Broma Infinita. Todavía no he leído más, así que quizás se cite más veces en total. La utilidad de este dato aparantemente es nula, pero podría, por ejemplo, ser la última pregunta de ¿Quieres ser millonario?

2. Película de ciencia-ficción no excesivamente interesante: vienen los Platillos Volantes, luchan contra la tierra. Cumple lo que promete, eso sí.

3. No es probable que los restos de la batalla acabaran en el desierto de Sonora. La batalla se libra entre los edificios emblemáticos de EEUU, que quedan destruidos: el mayor atractivo de la película son los efectos especiales terriblemente desfasados, para quien guste de esa delicatesen retro, claro. Hay quien opina que la amenaza de los extraterrestres destructores en este tipo de películas representa la paranoia anti-comunista de los estadounidenses durante la guerra fría. Es posible. Respecto a esta lectura, señalamos que un significativo porcentaje de personas(a) contestan que si la Tierra Media fuese Europa, Mordor sería Rusia.

a. Hasta el presente, y que sepamos, a este tipo de preguntas sólo responden personas (y no todas)

Fuga Geométrica III

Pablo siguió hablando, haciendo caso omiso de las miradas francamente hostiles que dirigían contra él y de los bostezos y de los gestos de asombro o de incredulidad que expresaban muy elocuentemente un deseo imperioso de que por favor se callara de una vez, diciendo que estaba más o menos claro que existía una conexión más o menos evidente entre los movimientos y tensiones de la geopolítica mundial y el desarrollo tecnológico, porque el desarrollo tecnológico se conectaba a su vez con el desarrollo económico y que lo que no estaba tan claro era que el último grito tecnológico fuera el más eficiente, y que la eficiencia era el valor por antonomasia asociado a la tecnología y que a él, por ejemplo, le parecía más eficiente un reloj de cuerda, al que hay que darle cuerda, por supuesto, hay que acordarse de darle cuerda, eso es cierto, pero que desde el punto de vista de la autonomía energética, piedra de toque de todo el revuelo geopolítico, pues qué quería que les dijera, que era más eficiente y más inteligente porque empleaba la fuerza motriz humana para funcionar, y que la producción de obsolescencia planificada era una estratagema, o una necesidad, eso también puede ser, de una economía que pivota sobre el consumismo, columna vertebral o espina dorsal, como cada cual prefiera, cada uno es cada cual, de nuestras vidas, de la formación de nuestras identidades o subjetividades, no hay tiempo para sutilezas y diferenciaciones precisas, no ya simplemente alienadas sino confudidas con nuestra alienación hasta el punto de que querer separarlas se vuelve un ejercicio ilusorio más propio de tiempos remotos o pretéritos, y que entonces qué hacemos, eso sí que no está claro en modo alguno, está oscuro y turbio, todos vamos en el mismo barco, esa metáfora ya la usaba Sófocles, ni más ni menos, cuyos libros, por cierto, son auténticamente sagrados, la interpretación de Hegel de la esencia de la tragedia es muy interesante, ahí se ve también la esencia de la dialéctica, pensada como tragedia, no se trata de que se opongan dos verdades igualmente válidas, la única verdad es la contradicción, el conflicto, la verdad en sí misma es pura tragedia, y el ser es tragedia y por lo tanto la verdad de nuestras vidas es la tragedia, y si pasamos de Hegel a Nietzsche veremos que o somos capaces de afirmar la tragedia, de decir sí a la vida, aunque sea difícil, o somos capaces de bailar y danzar y ensanchar nuestra voluntad de potencia, que no es otra cosa que nuestra capacidad de obrar, o que bueno, pues nos vamos a la mierda, así de claro, sin medias tintas, eso es en el fondo lo que quiero decir, que la vida es como una tirada de dados, a unos les toca un seis, a otros un uno, bien, cada uno avanza lo que le toca en la partida, tú sólo tiras los dados, esto no suena muy bien, no sé, ¿pedimos más cerveza? y si a los que les toca un uno se unen y van a por los del seis por ser unos auténticos hijos de puta pues que bueno, eso también forma parte de la partida, bien, voy a salir un rato a la calle, me estoy mareando, aunque, claro, Nietzsche no es dialéctico, bueno, da igual, salgo un rato.

lunes, 4 de mayo de 2009

Esperando, eso es todo (incluye notas a pie de página que dificultan la lectura!!)

Estoy sentado esperando a que cese la lluvia ácida(1). El exceso de canales de televisión dispersa mi atención: cambio continuamente de canal, cada tres segundos, sin expectativas y sin la capacidad requerida para seleccionar algún programa determinado del flujo constante de programas que desfilan por la pantalla y concentrarme en su visionado. Ha sido necesario cerrar las ventanas y bajar las persianas Anti-radiación (AR). Un exceso de ofertas que paraliza la capacidad de decisión(2). Espero. Para describir mi estado psíquico es necesario acudir al símil de las ruinas arquitectónicas. Mi mente es como un edificio en ruinas(3). También: como una máquina averiada. Como un animal deslumbrado por las luces de un coche, incapaz de apartarse, consciente de la inminencia de la catástrofe. Como un espantapájaros sin cerebro(4). Como una pequeña laguna de agua estancada. Espero. La certeza de que el retorno al estado de fluidez y agilidad mentales es un acontecimiento independiente de mi voluntad me deja en la incómoda posición de tener que acudir al rezo (a algún dios bailarín) como último, desesperado e inútil recurso. Como una marioneta guardada en un viejo baúl de madera. Afuera sigue lloviendo. La lluvia ácida deshacía la carrocería de los automóviles antiguos. Se estropearon millones. Gracias a la lluvia ácida la industria del automóvil pudo recuperarse y rebasar su tasa de ganancia anterior a la crisis, ya que fue necesario fabricar nuevos coches con protección anti-lluvia-acida (PAA). Una bendición caída del cielo. La mayoría de los canales de televisión tienen la función de fomentar, canalizar y difundir el rencor y la ira. El Espectáculo grotesco de una discusión permanente que se alimenta de discusiones anteriores y proyecta hacia el futuro nuevos horizontes de exabruptos y malentendidos. Emitiendo las veinticuatro horas del día. Desde todos los alatavoces y desde todas las pantallas. Un bucle sin punto de fuga. Apago el televisor y me quedo mirando la pantalla vacía. Se escuchan durante unos segundos unos chisporroteos supongo que electromagnéticos. Un extraño vacío me eriza la piel: quizá se trate de un nudo en el estómago, que es una forma de decir que no me encuentro muy bien y que todo me asusta. Deja de llover. La sensación de que todos los transeúntes se fijan en mí sin duda se debe a un estado de conciencia alterado, pero el hecho de saberlo no es suficiente, la sensación persiste: una sensación viscosa, desagradable, paranoica. La ansiedad es como un barranco. Como caer por un barranco, mejor dicho, porque a un barranco como tal la verdad es que no se parece en nada. Si estás cayendo a veces lo único que se te ocurre es cerrar los ojos y confiar en que lo imposible irrumpa en el mundo de los hechos, una variante de creo porque es absurdo(5). Fabricar dos alas de cartón y pegártelas con celo en la espalda y correr por la carretera solitaria salpicada de farolas crepusculares y seguir corriendo aunque notes el pulso latiendo en la sien y sientas que tus piernas van a doblarse en cualquier momento dejándote tirado en la cuneta. Una carretera en el desierto. De noche tu cuerpo se encogerá por culpa del miedo adoptando la posición fetal (regresión infantil) y enviarás mensajes al móvil de desconocidos pidiendo ayuda. Nadie contestará(6). Como un muñeco de nieve en agosto. Espero. Me siento en un banco. Hay restos de pipas y colillas en el suelo. Un hombre toca un violín. Sonríe. La vida no es tan mala. Al fin y al cabo, hay momento buenos. Eso pienso. Me doy ánimos. Eso es todo lo que soy capaz de pensar en mi estado psíquico de ruinas prematuras. Eso es todo, eso es todo. Repito que eso es todo hasta que deja de tener significado. Hago un gesto con las manos abarcando la totalidad del universo. Me encojo de hombros. La multitud que circula por la calle justo delante del banco en que me he sentado hace que me sienta más solo. Dos chicas me miran y luego hablan entre ellas y luego se ríen y luego se acercan al banco en el que estoy sentado mirando con ojos catatónicos a la desfilante y caótica multitud como si desfilaran por la pantalla de un televisor gigantesco de alta definición. Me siento completamente aterrorizado. Quizá mi terror las espanta, porque me saludan y se van y se dan la vuelta y se ríen. El corazón me late como un doble bombo arrítmico y feroz. Me pongo rojo de vergüenza, examino mi ropa, mi pelo, buscando algún detalle del que haya que avergonzarse, pero no encuentro nada y no entiendo nada y quisiera dejar de ser yo, aunque sólo sea durante un rato(7). Espero sentado hasta que me recupero y entonces me levanto y camino a la deriva. Las afueras de la ciudad conforman una especie de cementerio industrial, viejas fábricas en ruinas que emiten una fantasmal luminiscencia(8) de nostalgia y silencio, de abandono y resistencia estoica(9). Llueve otra vez. Me refugio en un portal. Espero. Quiero que mi cerebro vuelva a su sitio y desaloje el miedo. Eso es todo. No encuentro las baldosas amarillas.
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1. Causada por los gases contaminantes que emiten los motores de los coches: óxidos de nitrógenos (NO y NO2), así como el azufre, en forma de dióxido de azufre (SO2). Información obtenida de Manual de normas, señales y seguridad vial (incluye contenidos de seguridad vial y onducción de motocicletas).
2. Una experiencia similar a la del ser-arrojado-en-el-supermercado. Esto lo escribo deliberadamente en contra de las teorías que celebran la acumulación de mercancías como una ampliación de la libertad. Quizá incluso contra cierta tosca concepción de la libertad.
3. No obstante, la metáfora de la mente como un edificio no podría estar más equivocada. Sacrificamos, a nuestro pesar, la dimensión cognitiva de la metáfora en aras de su dimensión expresiva, porque los estados de ánimo no se expresan solos. Aprovechamos la ocasión para desaconsejar lecturas subjetivistas: creemos en los estados de ánimo como singularidades impersonales. Con esto queremos decir que un estado de ánimo, por muy singular que sea, no es una propiedad exclusiva de un sujeto.
4. Clara referencia a El Mago de Oz. Imaginen la versión en modo dirty realism: el espantapájaros pierde su cerebro por culpa de una resaca de campeonato.
5. Según Slavoj Zizek, la verdadera fórmula de la creencia
6. Lógico, no te conocen.
7. Típico misticismo resacoso.
8. Existen varios tipos de luminiscencia, clasificados en función de la fuente de excitación lumínica: fotoluminiscencia, electroluminiscencia, y dos tipo de fotoluminiscencia, clasificados en función de la duración del fenómeno: fluorescencia, fosforescencia, siendo ésta última la que dura más tiempo una vez ha sido removida la fuente de excitación. Los materiales fotoluminiscentes requieren la siguiente estructura: ZnS, CaWO4, Zn2SiO4, que no tengo ni idea de lo que significa. Las pantallas de televisores a color requieren de cuatro colores catoluminiscentes. Estos son: (a) rojo, para el cual se usa frecuentemente YVO4:Eu3+ . (b) azul -ZnS:Ag+ (c) verde -ZnS: Cu+. Para pantallas blanco y negro, se usan mezclas de la emisión azul ZnS:Ag+ y la emisión amarilla (Zn, Cd)S:Ag+. Aquí, no obstante, me limito a un uso metafórico que conlleva un vagabundeo semántico por las connotaciones de la nostalgia y el abandono y no precisión científico-química, pero me apetecía introducir una nota a pie de página emulando a David Foster Wallace (DFW).
9. El atributo estoico creo que puede ser transferido a un edificio, con base en el vagabundeo semántico que implica (veáse nota 1) el uso metafórico del lenguaje. Pueden detectarse ciertas manías de la estética expresionista o romántica(a) en dicha transferencia. Dicho vagabundeo incluiría un recorrido por ciertos términos del conjunto semántico del estoicismo, tales como la serenidad, la ataraxia, etc(b), así como una especie de vapor connotativo no verbalizado.
a. Nos referimos a la proyección de estados de ánimo sobre el paisaje (veáse nota 3 sobre los estados de ánimo).
b. Cualidades del tipo de resistencia al que nos referimos.

jueves, 30 de abril de 2009

Simulacros primitivistas en la era de la ultramodernidad

La llama primitiva de las antorchas
temblaba poco antes del alba
sus pies desnudos sobre la arena
trazaban senderos irreconocibles
la luz bañaba sus rostros
petrificados por la espera
y al tercer día del sexto mes
la princesa se sacrificó
al dios desconocido
lloraron amargamente las plañideras
del fúnebre cortejo
a la luz de las antorchas
secundadas por las olas
que lamían la arena silenciosa
y al regresar a casa
colgaron su video en youtube
que fue considerado
por varios usuarios
de contenido inapropiado
pese a que todo fue
un simulacro teatralizado

miércoles, 29 de abril de 2009

Diario de Irene Valinski (Deseo)

Mi deseo los días buenos no tiene nada que ver con una carencia, nada que ver con la nostalgia paralizante de echar de menos algo que nunca estuvo en ningún lado, en ningún tiempo; todo lo contrario: irradia una potencia alocada que se expande en todas direcciones, que se consume a sí misma sin agotarse nunca, que se agita como una bailarina que hubiese estado encerrada en su caja de música durante mucho tiempo y hubiese cobrado de repente vida, tanta que no puede contenerla y se desparrama y afuera el mundo ofrece un espectáculo fuente de continua exaltación. Una alegría salvaje, desorbitada, frenética. Mi deseo es ir hasta el fin de mi deseo, si esto tiene algún sentido. Digamos que es como tratar de levantarse a uno mismo tirándose del pelo hacia arriba sin detenerse ni por un momento a considerar las prohibiciones establecidas por las leyes de la física. Pero no dura mucho tiempo. Si lo hiciera me destrozaría.

Canto a la insurrección que viene

De entre las sombras
en la noche más larga y oscura del alma
emergió el guerrero del espacio;
proclamó que el halo de potencia
y querencia futurista
que nimba lo real
resplandecería pasado mañana
con la forma borrosa
de un fantasma sonriente
proviniente del futuro;
se esfumó como un eco
y al despertar el sol
astro por siempre venerado
se filtraba por las rendijas de la persiana

lunes, 27 de abril de 2009

Fuga Geométrica II

-Al final nos va a volver locos, si sigue, si no para...
-Pues a mí me gusta.
-Pero eso es porque tú ya estás loco
-Sí, eres un puto colgado, lo sabe todo el mundo.
-Ya, bueno, si que me guste el viento es motivo suficiente para merecer el nombre de loco, loco me quedo.
-...
-...
-El loco del viento acompaña a la ardiente enamorada del viento
-Joder, pa que te encierren
-Puto colgado, ¿mañana vas a venir a clase?


El propósito de la redacción era contestar a la pregunta de si la historia se repetía. La respuesta de Pablo fue muy confusa o, mejor dicho, no fue una respuesta sino una serie de conjeturas en forma de oraciones condicionales que abrían más interrogantes y se perdían en digresiones especulativas que no parecían llevar a ningún lado.


LA HISTORIA, ¿SE REPITE?

Si consideramos los acontecimientos en su irreductible singularidad, ¿cómo podrían repetirse? Si contemplamos el curso de los acontecimientos históricos encajándolos en la figura geométrica del círculo, ¿qué clase de terrible temporalidad carcelaria sufrimos? Si en lugar de pensar en un círculo infernal, pensamos en el círculo de la teodicea cristina, ¿la temporalidad lineal propia de la modernidad es sólo un momento, o una serie de momentos, fugaces, insustanciales, el reflejo pálido de una temporalidad más auténtica, la del mito, pensando, aunque pueda parecer lo contrario, platónicamente, momentos destinados a culminar felizmente un Gran Círculo, que empieza y termina con Dios, o con la realización del Espíritu Absoluto, pensando hegelianamente (Hegel piensa desde Aristóteles, Kant desde Platón)? Pero Dios no se repetiría de la misma forma. Lo mismo no es el objeto de la repetición. La larga travesía de la historia, con sus contingencias y singularidades, desplegaría la esencia del ser que es, es decir, Dios, Inicio y Fin. La identidad absoluta se reconciliaría consigo misma. No está ya constituida antes de la historia: se despliega, deviene. Si aceptamos toda esta parafernalia hegeliana, y una interpretación que peca de simplista o, peor aún, de errónea, en la cual la diferencia finalmente se cancela y regresamos al Uno primordial (pero no el Uno inmediato místico) la respuesta a la pregunta de si la historia se repite podría ser que puede, que quién sabe. Si en lugar del círculo pensamos en la mucho más atractiva figura de la espiral creo que tendremos la posibilidad de pensar un concepto de repetición más sutil. No obstante, la historia seguiría teniendo un centro teológico, Dios, así que, si Dios ha muerto, necesitamos, sobre todo, una nueva concepción geométrica sin un Gran Centro Atractor, sin Origen ni Meta. Tanto Hegel como Marx piensan la historia con un Sujeto de la misma, según Foucault. Al quitar el Sujeto de la Historia uno puede sentirse desconcertado. Lo que sucede es que la filosofía de la historia que dio lugar a la concepción de una Historia, con mayúsculas, unitaria, se tambalea, su supuesta universalidad se revela una particularidad elevada a Historia Universal. No obstante, quizá necesitemos la ficción de un sujeto. Quiero decir: quizá se trate de una ficción operativa, con efectos reales. El modo de ser de los conceptos no difiere demasiado del modo de ser de las herramientas: sirven, funcionan, se usan, o bien se quedan obsoletos, se oxidan, etc. Tal como la pensamos, la historia no es sino un producto de la modernidad. Su temporalidad es una línea recta, simbólica. Con la caída del Sujeto, ya sea el Espíritu o los modos de producción, asistimos a las ruinas del futuro; la imaginación del futuro es indistinguible de un remoto pasado, aunque esté situado en una atmósfera post tercera guerra mundial o post catástrofe nuclear en la que la post-humanidad sobrevive entre inteligencias artificiales demasiado humanas: volvemos a un estado de barbarie, en castigo por la barbaridad de la civilización que ha creado tecnología ultradestructiva. La Ciudad de Dios se vuelve ciudad infernal en esa teología secularizada que es la concepción progresiva de la historia.

Puede que la historia se repita, una vez como tragedia, otra como comedia. No se repite lo mismo. La historia es el teatro de la diferencia. Se trata de un teatro sin espectador, sin punto de vista externo; todos estamos sumidos en su remolino y en sus caprichosas figuras geométricas: círculos, líneas, espirales. Antes de responder a la pregunta de si la historia se repite necesitamos una nueva concepción geométrica de la misma que salve el futuro y supere (¿hegelianamente?) la posmodernidad.

Pablo García Ruiz, 8º de E.G.B, Grupo A.


Su profesora de Lengua y Literatura, la señorita Loren, le aconsejó a Pablo que tratara de ser más claro, que escribiera algo que no pudiera ser confundido con una tomadura de pelo. Pablo respondió que él no había intentado tomar el pelo a nadie, sólo esbozar un plan de trabajo teórico, y que la pregunta exigía, en primer lugar, considerar el propio concepto de historia y, en segundo lugar, el concepto de repetición, y que, en tercer lugar, no hacerlo así sí que sería una tomadura de pelo, porque en ese caso estaría simulando saber lo que no sabe. La señorita Loren le contestó que sólo se trataba de una redacción, que los de Coca-Cola iban a juzgar su corrección a la hora de escribir, no sus ideas, y que si quería participar en el concurso de redacción iba a tener que limitarse a escribir frases bien construidas, a demostrar la amplitud/riqueza de su vocabulario/léxico y su capacidad para inventar/construir comparaciones/símiles/analogías y metáforas y desarrollar la redación acogiéndose al rígido esquema de presentación-nudo-desenlace, o dicho de otro modo: introducción-desarrollo-conclusión. Pablo, que pasaba por un período platónico, respondió que todos esos consejos de sofista le parecían inmundos, porque de lo que se trataba era de ver la Verdad, y que los sofistas eran falsos pretendientes de la Verdad y que si se iba a librar una batalla entre las letras y la filosofía él ya había escogido su bando.

La señorita Loren le obligó a repetir la redacción. La señorita Loren consideraba que era una pena que un chico con tanto potencial como Pablo estuviera tan perturbado. Siempre le contemplaba en el patio, durante el recreo, paseando de un lado a otro, completamente solo. Era el chico más retraído del mundo. Sólo hablaba, de vez en cuando, con Irene Valinski, de 8º B, una chica en cierto sentido tan rara como él, pero mucho más alegre y habladora. A Irene le caía bien Pablo, pero no sabría decir por qué.

viernes, 24 de abril de 2009

Fuga geométrica

El viento soplaba fuerte y racheado arrancando las últimas flores del cerezo que no pudieron sortear con éxito las embestidas de las últimas heladas y ya nunca llegarán a ser cerezas y ahora caen al suelo del patio y son zarandeadas por el viento y dibujan complejas geometrías fractales en variación perpetua, componen danzas ebrias y febriles, se agrupan en montones, apenas unos segundos, y a continuación se disuelven en numerosas partículas solitarias, átomos incomunicados que huyen espantados, sin dirección, o en cualquier dirección, o en todas las direcciones posibles a la vez, inertes ya pero animados por el viento, que les inyecta un espejismo de vitalidad alegre y danzarina sobre un fondo de melancolía implacable, un viento que las agrupa de nuevo en pequeños montoncitos inquietos o directamente desquiciados, diminutos cadáveres, flores muertas, marionetas cuya única alma es el viento, ese viento despiadado al que es dulce ofrecerse y que te despeina el pelo y agita tus pensamientos que también se desquician, sintonizándose con la danza alocada de las flores consumidas por el frío, aunque ahora ya no hace frío y estás en manga corta, en el patio, y te dan ganas de cerrar los ojos y de unirte a la comunidad de las flores muertas, de viajar o danzar con ellas, de sumergirte en el fulgor de su silencio expectante y de su agitación suave y delicada que se desliza como un susurro y también rabiosa y violenta que golpea como un puñetazo absurdo el rostro imposible del viento.
Danza ciclotímica y, sin embargo, sorprendentemente capaz de efectuar transiciones de ningún modo abruptas entre la delicadeza de unas manos blancas y delgadas a punto de acariciarte y unos dientes furiosamente apretados a punto de moderderte el cuello o de enfrentarse a un vértigo que forma un nudo en tu estómago.

Figura de espaldas. En el brazo derecho, tatuaje de estrellas de distintos tamaños. Pantalones vaqueros de pitillo, ligeramente caídos. Zapatillas Victoria, negras. Camiseta de tirantes, blanca. Pide un paquete de cigarrillos marca Lucky Strike, y papel de fumar fino, marca OCB. Pulsera de cuero negro en la muñeca derecha. Sin anillos en los dedos. Al darse la vuelta para irse vemos que lleva unas gafas de sol Ray-Ban sobre la frente y en la camiseta aparece el dibujo de un rostro también con gafas de sol, situadas sobre los ojos, un rostro que en realidad es un montaje de varios rostros, la boca y la nariz pertenecen a un rostro distinto del rostro que lleva las gafas, la barbilla a otro rostro distinto de ambos y parte de la frente y el pelo a un cuarto rostro. Debajo del cuádruple rostro está escrita la palabra Deconstruct. Al salir a la calle el pelo teñido de verde se le despeina. Se sube, sola, en un Volkswagen blanco, viejo y pequeño estacionado frente al estanco, embrague, primera, arranca y se va.

En el mismo instante en que estábamos a punto de resignarnos y aceptar nuestro destino alguien empujó una ventana y comprobó que estaba abierta. Sin embargo, la distancia que había entre la ventana y el suelo de la calle provocó un momento de indecisión. Habíamos encontrado una salida, despues de haber estado vagando por los pasillos del instituto, corriendo para evitar a los profesores, ocultándonos en el baño de las chicas, donde también nos escondíamos para fumar, en parte porque estaban situados en la misma planta en la que estaba nuestra clase y en parte porque estaban muchos más limpios que los baños de las chicos y, además, allí estaban las chicas, aunque cada vez iban más chicos, y eso que los profesores ejercían una vigilancia especial, mucho más exhaustiva, sobre nosotros, los repetidores de segundo de bachillerato, que incluía frecuentes inspecciones del baño de las chicas, donde ellos sabían que íbamos a fumar, en los descansos entre clase y clase, y sabían también que las chicas no sólo no nos delataban sino que nos encubrían, y ahora dudábamos, en un repentino acceso de cobardía, si saltar o no a la calle, hasta que Pablo se encaramó a la ventana, con decisión, y saltó sin pensarlo siquiera, cayéndose al suelo, ante las miradas atónitas de los transeúntes, pero levantándose en seguida y comunicándonos con alegría que se podía saltar, que no pasaba nada, así que fuimos saltando uno tras o otro, temiendo en todo momento ser vistos por algún profesor.

Nada más llegar a casa Irene Valinski se quita la pulsera de cuero de la muñeca derecha y se tumba en el sofá, se descalza y enciende la televisión, se levanta y abre la ventana, para que entre un poco de viento, y vuelve a tumbarse en el sofá, sin ver ni oír la televisión, que permanece encendida sólo para aplacar el silencio de la casa vacía. Por la ventana abierta llegan voces y se levanta otra vez y sale a la terraza y observa a varios grupos de estudiantes novatos vestidos con batas blancas pintadas que beben cachis de calimocho y de cerveza y cantan canciones en las que se ensalzan sus respectivos colegios mayores en detrimento del resto, que al parecer son una mierda, están plagados de zorras calientapollas que se frotan contra la esquinas y enseñan las tetas a tíos feos con las pollas pequeñas, o son unas monjas estrechas que no han tocado una polla en su vida, ni siquiera borrachas, o van a colegios mayores con nombres del tipo esclavas de Cristo, lo que sugiere a la vez depravación sexual y castidad a prueba de bombas; Irene escucha entretenida todos estos cruces de insultos y acusaciones y le divierte la falta de consistencia que revelan, puta y estrecha se complementan en lugar de excluirse, y le divierte que se insulten cantando, con rimas infantiles y abusando de palabras como zorra, niñata, comepollas, etc. Irene no pasó por ninguno de estos rituales iniciáticos, se fue directamente a vivir a un piso compartido. Se sintió muy sola y muy triste pero también muy libre y muy feliz, aunque la felicidad a veces estuviera teñida con un matiz de terror. Fumaba porros a solas y luego se mareaba y salía a la calle y daba largos paseos y volvía a casa y leía hasta las cinco de la mañana y al día siguiente iba a clase con ojeras y con la sensación de estar a punto de desmayarse en cualquier momento y escuchaba la voz de los profesores como si éstos habitaran un universo infinitamente alejado del suyo, aunque les tuviera delante y pudiera verlos intuía la existencia de una barrera invisible que dividía dos universos. Así que contempla con curiosidad los grupos de chicas que beben y se insultan con cánticos. Si lo piensa, le parecen bastante imbéciles; reproducen una cosmovisión machista con tanto zorra y calientapollas, y la masa suele ser repugnante, y además se someten a la autoridad de las mayores de un modo vergonzoso. Pero Irene no lo piensa y va a la nevera a por una cerveza y vuelve a la terraza a observar a las estudiantes novatas y nota que un nudo se le forma en el estómago. Está a punto de llover, aunque no hace frío, el frescor del viento se gradece. Termina la cerveza y va a por otra y luego a por otra, hasta que se emborracha y entra en casa y se va a la cama y sueña con tormentas y charcos que se convierten en oceános e inundan la ciudad y su casa se transforma en un barco que avanza sin rumbo, dejando estelas caprichosas, complejos dibujos que nadie podrá seguir, el dibujo de un rostro que se deshace sin llegar a definirse nunca.

martes, 21 de abril de 2009

Sobre relojes y otras cosas

El sonido monótono, incesante e incansable del viejo reloj de cuerda situado sobre la mesita de noche, al lado de la cama, funciona como un somnífero mecánico muy eficaz, un guardián siempre vigilante en la oscuridad, combatiendo los ruidos imprevistos y desprovistos de ritmo que pueden sobresaltarte y hacer que el corazón se acelere presa de una ansiedad súbita y pasajera, pero que puede dejarte en vela durante horas, y también el silencio, ese silencio excesivo que es como el aullido sordo de la muerte o como un lago blanco e infernal carente de límites y capaz de absorberte y sumergirte en un temible estado psíquico en el que todas las imágenes que cruzan por tu mente, por muy alejadas que estén de sugerir elementos siniestros o amenazantes, por muy neutras que puedan ser, son como ráfagas de pavor que inundan tu frente de transpiración y provocan en tu cuerpo movimientos rápidos y nerviosos, desesperados cambios de postura sobre toda la superficie de la cama. El sonido mecánico del reloj es previsible, calmante, un refugio circular, las manecillas del reloj no tienen escapatoria pero viven felizmente su eterno retorno, afirmándolo una y otra vez, siempre y cuando uno se acuerde de darle cuerda cada cierto tiempo.

El olor a hierba recién cortada del jardín triangular que se encuentra al doblar la esquina, y la claridad alegre del día, sin una sola nube surcando el cielo, más la ligera brisa que eriza el vello de los antebrazos, componen una suerte de saludo impersonal de la primavera.

El momento de llegar al último cigarrillo del paquete de Ducados rubio es inminente.

El primer disco de Décima Víctima, grupo español de los años ochenta claramente influenciado por Joy Division, suena a un volumen moderado; las líneas del bajo se proyectan sobre la claridad del cielo como una geometría melancólica y la voz grave se expande como el humo de un cigarrillo, en ondas concéntricas, lentamente y con cierta densidad oscura, aunque no opresiva.

jueves, 16 de abril de 2009

Borbotones de palabras

El eterno resplandor de una caída infinita en un pozo sin fondo obnubiló la mente de Jim el maldito, el anacrónico, el misántropo, el irónico, el herido hijo de puta, una visión fugaz que le persiguió toda su corta vida plena de desdichas, Jim el atribulado, el navegante perpetuo, el atravesado, el despreciador de toda conveción social diseñada, según su conspiranoica perspectiva de las cosas, para joderle y sacarle de quicio y arruinarle la vida, para enmarcarlo en la feliz estampa de un presente perpetuo enamorado de sí mismo, una época narcisista por la que se arrastran penosamente individuos, mónadas aisladas, desoladas, retorcidamente cómicas, tiernas, malvadas, todos aletargados, flotando en un líquido narcótico, dulcemente anestesiados, dejándose llevar por la inercia, desidiosos, locos, puteados, cabreados, arañando el suelo como los condenados de algún círculo del infierno, dejándose llevar por la corriente, la masa exangüe de licenciados y licenciadas varados en las barras de los bares, esperando algo, cualquier cosa, que nunca llega y entonces ni siquiera se plantean las preguntas, el miedo nos atenaza la garganta, esbozan muecas, gestos quebrados, frases que no dicen nada, el viento fresco en la cara sienta bien, salgamos afuera, un rato, toda la vida, ¿y tú qué esperas de la vida? yo nada, no busco, encuentro, voy a ir hasta el fondo de las cosas, pero mejor voy a dejarme caer en el pozo sin fondo, sin rencor, libre al fin para nada, gozando, si es que es posible, de esta libertad inútil, esta libertad en el vacío, desnudando las mentiras que recubren con una fina película invisible nuestras vidas, pero para qué, es una estupidez, seducido por el eterno resplandor del fracaso en la era en que se extinguieron al fin los poetas malditos y fueron suplidos por los intelectuales engreídos lectores de contraportadas de libros de Derrida, mi tragedia será en vano, seducido por la simplicidad abstracta de la nada que puede serlo todo vagaré por ahí, las calles mojadas serán mi alimento, mi último aliento será para las estrellas que no nos ven, las estrellas, ves que anacrónico, que romántico, es para partirse de risa o de tristeza, noches azules, demasiadas, iré a cualquier parte, pero iré en tren, y una vez allí no desharé la maleta, daré una vuelta por el centro, probablemente me meteré en un bar y pediré un bocadillo de tortilla y una caña, luego fumaré un cigarrillo, recordaré viejos tiempos, los viejos tiempos no fueron mejores, a nuestro parecer, el poeta lo dice bien claro, a nuestro parecer, pero si lo fueron para nosotros es que lo fueron, qué más da, creo estar en el infierno, luego estoy en él, dijo el príncipe de los poetas, conclusión válida, sin que importe la opinión de nuestros doctrinarios contemporáneos, el gran discurso de la Ciencia, que les follen a todos, Jim el sufriente os desprecia y os quiere, luego cogeré otro tren, y otro, y entrenaré mis poderes mentales para enamorar a chicas a distancia y aunque no me mueve sabed que no he parado de bailar.

Diario de Irene Valinski (Sin sentido)

No tiene sentido, pero da igual. La razón, al menos la mía, no puede dominar las pasiones, al menos las mías, por mucho que Séneca. Quiero decir: la alegría y la tristeza acontecen, eso es todo. Ya no sé hablar, pero da igual. Tartamudearé, sin tener nada que decir, palabras a la pata coja, palabras, palabras, palabras. El resto es silencio. Algo huele a podrido en Dinamarca. Bien, dejemos de citar a Hamlet. Inmersión total en los caprichosos designios de afectos que se mueven en ondas expansivas, luego se contraen, se pierden, se agotan, se desmayan, resucitan, etc.

Diario de Irene Valinski (Todo se rompió)

El sol sale siempre. Sin la seguridad de una deducción lógica, pero salir, sale. El viento se escucha. Con temblor de ojos y manos blancas y delgadas como pájaros muertos de miedo en las tormentas. Nadando en un mar filmado por Herzog. No sé qué digo. Todo se rompió, ya no sé hilvanar frases. Salto a la pata coja, para apaciguar la angustia. Sé que no tiene ningún sentido.

miércoles, 15 de abril de 2009

Diario de Irene Valinski (Nunca se sabe)

Nunca se sabe. El silencio, blando, todo de algodón. O también: cuchillos y alfileres y toda clase de instrumentos punzantes hiriendo de muerte las nubes y las almohadas. El silencio es imposible, aterrador, es la muerte. Por eso es importante tener el calzado adecuado y los pantalones ajustados y saber fumar con lentitud sin desesperarse por la espera y la huelga de los acontecimientos. Es decir: vosotros queridos moralistas no vais a evitar que nos sacrifiquemos alegremente en la celebración de la decadencia. La vida justificada únicamente como fenómeno estético, más allá del bien y del mal, Nietzsche dixit. Los últimos hombres saludamos. Sonreimos. Todo es tan divertido. La risa se hiela y se quiebra y compone un rictus patético. Pero a nosotros no nos cuida Beatriz. Dante tuvo suerte. Así cualquiera. Cruzaría infiernos si no fuera por nuestro triste apego a la vida, que nos condena. Ah viejo moralista, Séneca, tienes toda la razón del mundo. Ah la seguridad burguesa. Siempre pensé que en Séneca no había una filosofía de la muerte sino un curioso vitalismo que exigía vencer el miedo a la muerte como condición de un libertad que se conquista a martillazos y a base de autodisciplina. Pero nunca se sabe, se está a punto, se retrocede. Visiones, antes de dormir. Deseos furiosos. Había un verso que decía: la que se rompe de tanto desear lo que no existe. Ah las ganas de todo y de nada. Los nómadas sedentarios. La fibre salvaje que desemboca en consoladores refugios artificiales.

martes, 14 de abril de 2009

Diario de irene Valinski (Correspondencias arriesgadas)

No Future, el viejo lema punk, es aplicable a Beckett, sus personajes saben que no hay futuro, que estamos solos para diñarla ante la muerte, como dicen los de Tiqqun. Quizá incluso podría aventurarse una analogía entre la simplicidad de los acordes punk y la sintaxis beckettiana. A mí Beckett me deja desolada, me consume, sin embargo el punk me da fuerzas para plantarle cara al tedio y a la nada. Soy una punk beckettiana.

Un mero divertimento: poemas intraducibles para pasar el rato en las noches de insomnio

El cielo descendía azul ceniciento deslizándose hacia la zona
de la tierra de rocas rojizas rozando ramos de raras rosas
entre ronquidos feroces de ciegos brontosaurios veloces
zambulléndose en las piscinas de las princesas de ceniza
esparcidas por el horizonte celeste de luciérnagas fosforescentes
cenando en el cementerio de los azules cielos descendentes.

lunes, 13 de abril de 2009

Diario de Irene Valinski (Horizontes despejados)

La lluvia cae.
Lentamente. Y toda la boca me sabe a agua fresca, el olor a tierra mojada acogerá mis huesos rotos. Y mi esqueleto es un sauce. Un sauce llorón. Ruido de coches. No, es mentira. No se oye nada. Tengo un paisaje anodino que obervar y poco más. Me molesta casi todo. No siempre. Necesito estar sola. No siempre. Viajo sin moverme del sitio. Yo nunca he estado aquí. Oídme bien: nunca he estado aquí. Ni siquiera para escenificar la mentira consoladora de saberme un destino trágico. Un cadáver entre las flores y la lluvia. El deseo romántico es una estrategia para combatir el tedio cotidiano. Los días pasan. Los ciclos se repiten. No estoy aquí para encontrar una salida. Nada más terrible puede cantarse. Si viviéramos en el mundo de los dibujos animados dibujaría una puerta y saldríamos por ella, cantando y danzando. No puede ser. Nada más terrible. Le grito a no sé quién, perdido entre las sombras que se avecinan. Le grito sólo por el placer de gritar. Grito tan fuerte y durante tanto rato que me caigo al suelo, desmayada. Palabras como hachas para romer el pedazo de hielo que soy. Algo así dijo Kafka, creo. No importa. Cascadas locas y furiosas a falta de puertas imaginarias. Desería hallar una forma de explicarlo mejor. Que estalle la rabia y la belleza. Perdimos algo. No, no había nada. Este amor violento a la melancolía me deja exhausta e inútil para afrontar la vida cotidiana. Pero miradme, qué ridícula. Escenificando para nadie la tragicomedia de los destinos rotos. Tan desorientada. Por las noches, tan perdida. Me cogen de la mano, porque sino me quedo atrás. Esperando. Acechando sombras con los ojos fuera de sus órbitas. Bailaría hasta consumirme. Bajo la lluvia. Desnuda y loca. Libre para nada. Horizontes despejados, es lo único que pido. Mi anhelo. Mi enfermedad. Horizontes. Despejados. Las cosas tal como son: infinitas. Infinitas, eso dije un día de alegría omnipotente. Luego viene la cuesta, la depresión del valle, donde ni siquiera hay rabia, donde nada se mueve. Solidez y opacidad axfisiantes. Lo contrario de los horizontes despejados. Ayer soñé con una angustia parecida a una soga apretada al cuello con gente que se tiraba desde una ventana y nunca me he sentido tan asustada. Y eso que yo estoy acostumbrada desde pequeña al acoso de las pesadillas. Mi esqueleto era un sauce llorón. Le pongo poesía porque si no me caigo.

Diario de Irene Valinski (al salir de la caverna)

Pero al salir de los locales cavernosos y oscuros en los que la vida se detiene, hipnotizada por notas musicales que flotan entre el humo denso y las conversaciones entrecortadas precipitándose hacia un fin que testimonia la fugacidad absurda de la existencia, las calles vacías demasiado ciertas y la calma del sol pálido y matinal de invierno me inyectaban una dosis de tristeza inexplicable, que se me pegaba a la piel sin remedio y que tardaba varios días en abandonarme.

Diario de Irene Valinski (el día en que conocí a John Cale)

Camino por las calles de Nueva York. 1966, tal vez 1967. Saludo a John Cale y le digo que White light/White Heat va a ser la hostia. Contesta que lo sabe y que Lou Reed es un puto envidioso. Le digo que mi resistencia a la cerveza es mayor que la de Maureen Tucker y que en sueños toco la batería de una forma tan extraña e inquietante que yo misma me asusto. Contesta que eso habría que verlo y que el batería de AC/DC es una puta mierda y se ríe. Tomamos unas cuantas pintas de cerveza en un local oscuro y mugriento. Me dice que con mi pelo verde tengo una pinta genial. Contesto que ya lo sé y que no hay mucho que hacer. John Cale lo sabe, pero no se desespera. Ensayo percusiones sobre la barra del local oscuro y mugriento y John emite sonidos chirriantes con la boca. Improvisamos durante diez minutos, el tiempo que tardan en echarnos del local. Idos al infierno con esa mierda. Todavía es de día. Sobre todo Sister Ray. Va a ser tremenda. Será una canción mutante, sin forma definida, como si huyera de sí misma, a punto de precipitarse en el caos, algo así, como un corsé rompiéndose, única, no la repetiremos, quede como quede... Lo sé, lo sé.

Comemos pipas. Fumamos cigarrillos. Compramos una litrona. Nos la bebemos en un parque. A Nico le desenchufábamos el micrófono en plena actuación. Ya lo sé. Que se joda, Lou y yo estábamos de acuerdo en eso. Sin avisar, John Cale se esfuma. Me pongo a hacer sonidos chirriantes con la boca. Una vieja me mira como si fuera un ser diabólico. Le saco la lengua. Espero sentada en un banco a que anochezca. Sometimes i feel so happy, sometimes i feel so sad

domingo, 5 de abril de 2009

Diario de Irene Valinski

Seguiré siendo frívola y pretenciosa y juguetona y me teñiré el pelo de verde y compraré un montón de chapas poppys y me moriré de gusto comprando la ropa más fashion en la tienda de segunda mano y escucharé a los Strokes y a grupos revival y adoraré a la Velvet Underground y ensayaré poses de frío distanciamiento ante el espejo y leeré a Rimbaud y colgaré una foto suya en mi habitación y saldré a la calle con gafas de sol y me tumbaré en el suelo de la plaza mayor entre guiris rubias de piel rosada a punto de abrasarse a saborear un helado del McDonalds y por las noches beberé cachis de cerveza en el Paniagua cantando Morrisey Morrisey Morrisey y les pondré unos cordones negros a mis Converse rosas sucias y desgastadas y caminaré por Gran Vía con el Ipod a todo volumen observando a la gente como si fueran marionetas ridículas contoneándose sobre el abismo de fauces negras con una sonrisa en los labios y despreciaré el vértigo que a veces, de repente, sin avisar, me entra en el estómago y me marea y me asusta, ese vértigo que se inventa abismos por los que despeñarse inconscientemente, borracha y a toda prisa, como si ya no hubiese tiempo, como si el tiempo se hubiese vuelto loco y girara descontrolado, cada vez más deprisa: danza entrópica de una realidad fuera de quicio que observa en un espejo el espectáculo hipnótico de su propia fiesta de autodestrucción, fiesta frenética con coros trágicos exaltados y retorcido barroquismo y al final una honda serenidad de simplísima paz minimalista y meditación sobre el vacío primordial. Recta final del tiempo de la modernidad, línea simbólica quebrada en miríadas de micronarraciones sin centro vertebrador, caos y frenesí y fumaderos de opio de la India.

No sé lo que estoy diciendo. Mañana haré algo productivo, lo prometo. Promesas que no valen nada nada nada, como cantaban Los Piratas. Quizá. Miraré y admiraré una vez más el cielo nublado, los árboles de figura triste, el paisaje melancólico, sabiendo que el melancólico no añora un objeto perdido sino una falta, algo que nunca ha estado en ningun parte: la verdadera vida ausente.

martes, 31 de marzo de 2009

El desequilibrado inventor de títulos, o la tristeza de las empanadas sin relleno

-Vagabundos perdidos en una cuneta desafían a Dios.
-Confesiones de una marioneta asesina.
-Al oeste en Filadelfia crecía y vivía.
-Pétalo de flor de cerezo viaja como minúscula partícula de nieve derritiéndose por el cauce imposible de un viento desconocido que no ha dejado ni un instante de soplar.
-Adolescente Punk muy guapa de quince años se enfrenta al sistema bebiendo cerveza y muriendo románticamente.
-Música electrónica experimental para parados aburridos con mucho tiempo libre.
-Recuerdos de un viejo incandescente.
-Postnovela postnarrativa positrónica.
-Atornillando y desatornillando: las aventuras de Penélope en la sociedad industrial.
-A mitad de precio: consumiendo hasta morir en un orgiástico apocalipsis postindustrial.
-Rugir de tripas en la clase de Metafísica.
-Nanas grindcore, baladas hardcore.
-Metales hirviendo para merendar.
-La apasionante historia de mis repentinas bajadas de tensión, o ¿Cómo demonios tengo dos brechas de siete y cinco puntos cada una en mi cabeza, se verán mucho si me rapo el pelo?
-Posthombres posthistóricos postcapitalistas postmetafísicos postpop postrockeros postpoéticos postmodernos postorgánicos: cómo ponerle el pefijo post a todo y quedarse tan ancho, un postensayo postpost.
-Navegar sin velas y en círculos en mares desérticos.
-Rebelión en el supermercado (¡Se cita a Orwell!)
-¿Dos por uno o tres por dos?, ¿Por qué no siete por cinco u ocho por seis?, ¿nueve por siete?, ¿once por ocho?

lunes, 30 de marzo de 2009

De hipócritas y neutrales

No hay que fiarse de la gente que se presenta diciendo que odia sobre todo la hipocresía y la mentira. Si fuese cierto, la civilización estaría en un serio peligro. Por suerte, su odio es hipócrita y mentiroso.

Tampoco hay que fiarse de la gente que dice estar hablando desde un lugar neutral, muy lejos de cualquier posicionamiento político o contenido ideológico. Precisamente lo propio del mecanismo ideológico es ocultarse a sí mismo su carácter ideológico. Suelen coincidir con los que odian la hipocresía.

Experimentos situacionistas

No es posible tocar el corazón o la médula espinal o las entrañas de una ciudad si no has navegado (navegado, sí) por ella a la deriva borracho un domingo cualquiera a altas horas de la madrugada.

jueves, 26 de marzo de 2009

Nubarrones en el horizonte

-Sin duda se acercan ya los mensajeros...
-Noticias terribles, supongo.
-De las que nadie quiere oír hablar...
-¿Qué noticias?
-No sabría concretar...
-Yo tampoco.
-Tengo miedo.
-Yo también.
-¿Qué será?
-No sabría concretar.
-Yo tampoco.

Etc.

martes, 24 de marzo de 2009

Interpretaciones probablemente muy cuestionables

Kavafis tiene razón: no hay que temer a los Lestrigones. Y hay que procurar que el viaje a Itaca sea largo. Ezra Pound también tiene razón: escuchad al viento, ese es el paraíso. Y, finalmente (última cita, lo prometo) Panero también tiene razón: qué lejos sigue el mar de nosotros, qué lejos el ser.

Frente a la intuición de la insuficiencia de lo real, incompletud o falla ontológica, presencia de una ausencia, o como quiera que se le denomine, Kavafis nos anima a buscar la plenitud, advirtiéndonos de los peligros pero sin amedrentarnos, a que afirmemos, en fin, nuestra voluntad de poder.

Ezra Pound nos ofrece una particular concepción del paraíso: el lugar supremo que no puede tener insuficiencia ontológica alguna no es un lugar, sino el permanecer a la escucha. El objeto escuchado, el viento, es casi la negación de un objeto: no es una canción, ni una palabra, no tiene un significado identificable. Es una escucha en intensidad. ¿Qué escuchamos cuando escuchamos el viento para que pueda ser considerado el paraíso? Nada distinto de sí mismo, ningún mensaje identificable. El mensaje está ausente. Si nos pusiéramos heideggerianos podríamos decir que escuchamos el ser que se sustrae, diferente de los entes, que no puede presentarse en su positividad, porque no la tiene. El viento es lo que huye, lo que no tiene más identidad que un soplido en la noche y deshace identidades, desterritorializador poético por antonomasia; morar en el viento es morar en la errancia, de forma que no hay más un yo en el lugar del viento, o el yo como lugar de lo imaginario (y de lo "sónico"... no sé cómo decir esto pero hay que decirlo) se ha vuelto poroso y ha sido atravesado por líneas de fuga.

Afuera los árboles se agitan. Y adentro.

Escuchar como verbo intransitivo. No escuchar algo, que el viento vendría a traernos, sino dejarnos llevar* por el sonido del viento en una inmersión que deshace nuestra individualidad, ese es el paraíso.

[Alternativa kafkiana: estamos frente a la puerta, esperando, y cuando por fin se abre descubrimos que lo hace hacia afuera, que hemos estado dentro todo el rato: el viento no nos va a llevar al paraíso, escucharlo es el paraíso]

[Duda: ¿es demasiado absurdo pensar que el verso de Pound nos sitúa en el límite entre el ser y el ente, en el límite que somos nosotros mismos, sin la cáscara de la metafísica de la subjetividad? Quizá esto ya tiene poco que ver con el verso y nos estamos precipitando en las temibles garras de la hermeneútica más desbocada que olvida la obra por completo para dedicarse a sus cosas. De todas formas, el dejad indica un impedimento u ocultamiento del hablar del viento y una invitación a dejar que se muestre por sí mismo, lo que un pensar objetivante no entiende porque no calla un momento e impone formas y reducciones por doquier. Novalis sí entendía bien esto de dejar que se manifieste lo que es y escucharlo y tenía un verbo para nombrar esta acción: romantizar]

Ítaca, el ser, el mar, siguen lejos porque no son un espacio positivo, al que se pudiera llegar. La casa buscada por los románticos no está en ninguna parte. Somos sujetos escindidos, autoconscientes, exiliados de una patria imaginaria (el mito del paraíso). El mar como imagen originaria alude tal vez a un estado de unión, al ser, sin distinción de sujeto y objeto, como un espacio de inmersión total al que abandonarse.

En cualquier caso, escuchad el viento.


*El valor para marcharse,
el miedo a llegar.

Llueve en el canal, la corriente enseña
el camino hacia el mar.
Todos duermen ya

Dejarse llevar suena demasiado bien.
Jugar al azar,
nunca saber dónde puedes terminar...
o empezar

Vetusta Morla, Copenhage

Tiburones muertos o satélites oxidados

No es tan fácil escapar de esa desidia que te atrapa y avanza uniformemente en línea recta como un tiburón muerto con ojos muy abiertos que lo miran todo sin ver nada. Un día cualquiera te conviertes en un tiburón muerto flotando a la deriva con una inercia imparable y los ojos muy abiertos, sin párpados, y deseas despertar del sueño de la muerte y descubres que no es tan fácil, de hecho puede llegar a ser muy difícil, incluso puedes llegar a creer que es imposible, aunque no lo sea, porque desde luego no lo es, un poco de fuerza de voluntad, y en algunos momentos, breves y fugaces, que descartas rápidamente, como relámpagos que no estás seguro de haber visto de verdad, el deseo de despertar se invierte y sólo deseas dormir, todo lo profundamente y el mayor tiempo que sea posible, apagar el mundo, aunque sólo sea un rato, descansar, porque el cansancio de no hacer nada, o peor, la angustia de no saber qué hacer y la densidad cada vez mayor del paso del tiempo, que ahora hace esfuerzos dolorosos por pasar, agotan, más aún que la rabia o que el esfuerzo encaminado al logro de alguna meta futura y apetecible. Deseas escapar y el miedo al mundo de ahí fuera te paraliza, te deja exhausto. Más bien: deseas ser capaz de desear escapar.

No está claro, ni mucho menos, de qué deseas escapar. Una pulsión a la huida te ha acompañado desde hace mucho tiempo. Incluso en las tardes de verano en las que eras feliz imaginabas que lo abandonabas todo y viajabas durante meses hasta encontrar tu sitio, una casita en una montaña, al lado de un río, o en la playa, enfrente del mar, o un tren que no paraba nunca, en el que no viajaba nadie más, y que recorría todos los lugares y todas las estaciones, y entonces sentías la necesidad de huir también de aquel tren que trazaba un bucle infernal.

Del presente también se puede huir hacia atrás, recordando, recobrando imaginariamente el tiempo perdido, y a eso te dedicabas cuando creías que ya no podrías soportar más el hecho de ser un desidioso tiburón muerto, un exiliado de su propia vida, separado de todo, ausente, un trasto inútil, cada vez más feo, un satélite oxidado que ya no transmite ninguna señal pero que continúa orbitando, sin poder evitarlo, por pura inercia, sin sentido, esperando sin mucha esperanza una última señal que le comunique con el mundo, un mundo que se disuelve en la nada de sus cimientos, por decirlo de alguna manera.

Que algo pasara, cualquier cosa, un acontecimiento al que poder ser fiel, en eso cifrabas una esperanza escuálida y frágil, pero esperanza al fin y al cabo. Un amor, una rebelión, una vocación, algo, en fin, que pudiera ser afirmado y sostenido más allá del presente, con fervor y perseverancia y cierta serenidad sobrevolando alegremente vicisitudes y contratiempos. Pero lo que hacías era regodearte en un solipsismo tan estúpido como agotador. Nunca tuviste fuerza de voluntad.

Escuchabas música sin parar, y fumabas, y mirabas por la ventana, las flores del cerezo, tan blancas, pronto van a helarse, porque va a nevar, y las ballenas blancas son demoníacas pero al menos Ahab tenía algo que hacer*

* Según Homer Simpson la moraleja de Moby Dick es: Sé tu mismo.

jueves, 19 de marzo de 2009

Ser-en-el-fútbol-sala: estilo, riesgo, ritmo e imaginación

Más importante que marcar goles es jugar con estilo, lo cual requiere asumir riesgos y despreciar la eficacia en favor del virtuosismo. En lugar de asegurar un pase previsible al cierre, arriesgar un regate inverosímil por la banda, sobre la línea de fuera. Tomar decisiones absurdas con determinación, como tirar desde el medio del campo o intentar regatear a todos los jugadores, confiando en el éxito de la hazaña, porque sin riesgo no hay gloria, es una cualidad que suscita amores y odios, pero constitutiva de un estilo de juego que aspire a la excelencia y a la belleza, tanto a la belleza lírica de un regate realizado en la zona del corner, cercado por dos jugadores, como a la belleza épica de un disparo de volea desde tu propio campo.

Carácter es destino, también en un partido de fútbol-sala.
La sintaxis es una cualidad del alma, también en un partido de fútbol-sala.

Pero no se trata únicamente de correr riesgos. Arriesgarse cuando sabes que la acción que vas a realizar no tiene ninguna posibilidad de éxito es sin duda una estupidez. Hay que saber correr riesgos. La inspiración sobreviene en el momento en que ves con claridad la forma de llevar a cabo una posibilidad que aun así permanecerá hasta su realización en un estado parecido al del gato de Schrödinger. En ese momento, que dura unas milésimas de segundos, es cuando hay que correr el riesgo. Si el gato está vivo, el balón entrará en la portería. En el ser-en-el-fútbol-sala el sentido es transparente e incuestionable y algo que hay que producir, tal como enseñaba Deleuze en La Lógica del Sentido.

La gracia de los movimientos y el ritmo son, además del riesgo, elementos imprescindibles en la constitución del estilo. La apariencia de libertad de los movimientos, simultáneamente relajados y tensos, no se consigue sin haberlos previamente automatizado mediante su repetición incansable. Por eso jugar a fútbol-sala y hacer los deberes son actividades incompatibles. No hay tiempo para todo, así que es preciso priorizar actividades.

Para lograr un buen ritmo también es fundamental automatizar movimientos. En este caso hay que hacerlo sobre todo como grupo. Si no sabeis rotar o jugar al primer toque sencillamente no sabeis jugar a fútbol-sala y os van a golear porque vuestro ritmo como conjunto será demasiado lento e inofensivo. Saber rotar y saber jugar al primer toque son los cimientos sobre los que se edifica un equipo de infantiles poderoso y temible. Pero los cimientos no lo son todo. También hay que saber deconstruirlos, porque si no el ritmo se vuelve previsible, lo cual implica que la fotaleza que debe ser un equipo deja de ser inexpugnable: el rival puede adivinar la dirección de un pase y anticiparse (la fe en el portero es el último recurso que nos deja la desesperación). Es preciso, por lo tanto, cambiar de ritmo para sorprender al rival. Un ritmo desestructurado, con aceleraciones endemoniadas, cambios repentinos de dirección y paradas estratégicas que te permitan observar la posición de los jugadores es indispensable. Los cambios de ritmo son a la vez individuales y grupales: si subes a toda velocidad por la banda alguien debe ir a toda velocidad al segundo palo, si haces una pared con un compañero la fuerza del pase y la velocidad deben coordinar (también hay que prever los movimientos de la defensa y juzgar la viabilidad del pase, puediendo elegir otra opción, si fuera necesario). El ritmo debe ser armónico e imprevisible (para el rival).

Pero quizá lo más importante de todo sea tener visión de juego. La visión de juego es el arte de crear espacios, y de hacerlo rápido, porque si no te roban el balón. Aquí hay que combinar riesgo, movimientos gráciles y ritmo. Pero sobre todo hay que tener imaginación. También conocimiento mutuo entre los jugadores: saber indicar con signos apenas perceptibles tu intención y que el otro la reconozca de inmediato, sin que lo haga el rival (en el fondo un partido es un complejo diálogo entre dos rivales, cada uno de los cuales es un sujeto colectivo que a su vez dialoga entre sí para ejecutar una acción colectiva existosa, el ser-ahí-con y la dialéctica amigo-enemigo en su máximo esplendor). Quien está en posesión del balón es el punto a partir del cual se abren y dibujan espacios en potencia, mientras el rival, lógicamente, trata de cerrarlos e imposibilitar que se conviertan en espacios en acto (que serían potencialmente peligrosos por cuanto habría que confiar en el portero para que evitara que el gol pasar al acto). El poseedor del balón no es el principal encargado de crear espacios, es más bien el principal encargado de reconocer los espacios que tratan de abrir su compañeros. En última instancia, si no ves ningún hueco, siempre puedes tirar directamente a puerta (la portería es un espacio ontológicamente diferenciado, en el sentido en que describe el espacio de lo sagrado Mircea Eliade) o lanzar un balón perdido, sin dirección, dejando las consecuencias al azar (el espacio al que aquí se apunta es cualquiera, y cualquiera puede aprovecharlo). Esto es lo que hacen los malos jugadores.

También, obviamente, hay que saber rematar. No hay que tener piedad por los porteros (parece que estoy tratando muy mal a los porteros, pero en realidad son los guardianes del espacio ontológicamente diferenciado, y son tan importantes como Frodo, ellos llevan el anillo, son los más importantes y por eso los de su equipo deben protegerles; los rivales (que lo son relativamente unos a otros) sin embargo son como Sauron, más o menos, la analogía no h quedado muy lograda, lo sé). Disparos rasos y ajusados al palo. Entrenamiento diario. Si suspendes todas las asignaturas menos lengua y literatura no te preocupes, porque vais a ganar la liga y es improbable que exista algo más importante en el mundo. Los demás Colegios son unos pringados.

viernes, 13 de marzo de 2009

La nada que es canto

Puedes contemplar el sol como quien busca la Verdad, y se quema. Puedes también tumbarte en el patio como un lagarto con los ojos cerrados y casi sin respirar, con una pequeña sonrisa etiquetada como MUY FRÁGIL que el viento se llevará temblando sobre el abismo, temblor mudo que quiere ser canto, abismo sin fondo que no quiere nada, nada que es música y canto.


¡Las flores del ártico no existen!, gritó alguien, aterrado, en la oscuridad. Pero ella las busca con tesón y sin esperanza. El mal de la esperanza sigue encerrado en la Caja de Pandora, que por una retorcida astucia llevaba el nombre de Caja de la Felicidad. Por eso la abrieron y salieron los males. Quedó la esperanza. Luego la esperanza es un mal, según dice el mito. Ella lo sabe. Busca en silencio. Es una búsqueda solitaria. Por las noches a veces juega a que no hay luz eléctrica y enciende una vela y se imagina tiempos remotos. En la llama vacilante perviven espíritus de antepasados. Eso le dijo alguien, no importa quién, cuando era pequeña y asustadiza. Al soplar el espíritu se transforma en la materia sutil del humo e inicia su ascenso. Una noche soñó que ella vivía atrapada en la llama de una vela y alguien, no importa quién, soplaba la llama. Se deshacía su cuerpo, pura ligereza, puro flotar a la deriva a la espera de un encuentro casual con alguna galaxia en la que encallar y dormir profundamente. No era ni triste ni alegre el sueño. No era una pesadilla como esas pesadillas horribles en las que se sentía perseguida por Conan el Bárbaro. Se está muy bien buscando flores del ártico, que no existen, así, sin esperanza. Parece triste pero no lo es, o igual un poco sí, quién sabe. Cómo me gustaría saltar y encallar en alguna Galaxia, y que alguien me hiciera reír por el camino, con una risa franca, lejos de las muecas deprimentes que exhiben las máscaras que ríen por compromisos de sociedad.

Diálogos ciberplatónicos (lo que piensa el TecnoNúcleo)

En la evolución reciente de La morada de los existencialistas errantes , el blog cruza una línea tecnológica y emocionalmente cruda. El dolo...