lunes, 1 de marzo de 2010

Jódete Derrida

Extraña coexistencia
de nubes cenicientas
y otras de blancura inhumana
en el cielo de marzo:
dualidad nada metafísica
indeconstructible

viernes, 26 de febrero de 2010

Profesando culto a Joy Division

Ya están más allá, o más acá, del tiempo histórico-cronológico: han ingresado en el tiempo del mito. Ian Curtis es un cuerpo ígneo tejido a la noche cuyo resplandor perpetuo nos ilumina a los seres que habitamos la penumbra. Gloria eterna.



En mi opinión, debiéramos empezar a contar el tiempo desde la muerte de Ian Curtis. Año 30 d.c.

La insondable lógica maternal

Los muebles están bien donde están estén donde estén.
Este sencillo y, por qué no decirlo, cómodo principio vital, parece ser refractario a la insondable lógica maternal, más afín a la variación perpetua de muebles y a los complicadísimos y abstrusos cálculos espaciales. Existe un número, quizá no infinito, pero sí indefinido y sin duda muy alto, de posibilidades de colocar los muebles de una habitación.
En mi opinión, no es preciso explorarlas todas. En estoy soy estrictamente estoico y conservador: hay que intentar ser feliz acomodándose a la disposición de los muebles de una habitación tal como está.

martes, 19 de enero de 2010

¿Heidegger+Novalis+Spinoza?

Sobre la yerma planicie del aburrimiento vital se elevan de sopetón acontecimientos cuyo sentido es irreductible a sus causas y que provocan algo así como un ritmo interior que es un pliegue de lo exterior. Su infrecuencia es directamente proporcional a su intensidad. Espasmo nocturno de la mirada ebria mirando la noche por la ventana, por ejemplo. Aunque, bien mirado, no sabríamos determinar su sentido, como si éste se realizara tan solo como plenitud vacía, como relámpago en el claro del ser. ¿Qué es exactamente lo que pasa? Lo que pasa no tiene nada que ver con la exactitud. La pura sopresa de que haya algo en absoluto. Estar dispuesto a que lo amado por la mirada se convierta en el centro de un paraíso. Extraer de esta disposición, de esta apertura radical, una potencia activa inagotable, una alegría y un humor filosóficos elevados a la enésima potencia. Afirmarción osada de la filosofía como forma de vida más plena.

Delirios pseudofilosóficos

Es una verdadera monstruosidad, ¿entiendes? No quiero decir algo malo, definido lo más exactamente posible sería algo así como partes que se unen a otras partes sin formar conjuntos completos y armoniosos, porque no duran el tiempo suficiente, las relaciones se componen del modo más óptimo para ti sólo durante un instante de singular intensidad que atraviesa tu vida, toda tu vida, concentrada en ese instante-intensidad de furia mística apegada al más acá, se hace pura autotransparencia, es como conquistar la inefabilidad de lo más individual, entonces, al margen de su voluntad, uno se ve obligado a guardar fidelidad a ese acontecimiento-luz, a esa autotransparencia cósmica incapaz de pervivir en el tiempo... al instante siguiente estás instalado de nuevo en la secuencia cotidiana del acontecer insignificante y a tu mirada se le presentan cuerpos en descomposición, ruptura incesante de relaciones con el mundo, contigo mismo, con ese todo imposible y nada redondo, esa instantánea patafísico-químico-mística que está más acá y más allá y es la pura excepción, puro fuego, grito, desgarro, beatitud loca, desquiciada...

La vida es monstruosa, pero no quisiera apelar a una imaginería oscura y tenebrosa, simplemente quiero decir que las partes no encajan siempre entre sí, hay desequilibrios, tormentas, me refiero a ese presentimiento tan explotado por la ciencia-ficción, de que hay algo que no encaja, de que hay un fallo en matrix. Si uno lo piensa, lo único que no encaja somos nosotros. Ya sé, pensamientos de teólogo... en cualquier caso, Dios es para mí uno de los nombres de la nada. Dios no es. Y el hombre no es tanto la excepcionalidad en el orden del ser otorgado por decreto divino, sino la excepcionalidad en el orden del ser porque es el único ser que comprende, difusamente, el ser mismo. Tejemanejes filosóficos, dirás. Desconectados de la realidad. ¿No elevar la realidad a la autoconsciencia es estar conectado con la realidad? ¿No será acaso estar hundido en ella? Todo lo que hay son relaciones, mezcla, fantástica y resplandeciente impureza, devenir loco, fuera de quicio... Transforma los conceptos en intuiciones y verás el mundo tal cual es: infinito. Entropía galopante, juego de velocidades y lentitudes variables.

domingo, 10 de enero de 2010

jueves, 17 de diciembre de 2009

Cat Power



Todo el rato escuchando a Cat Power.
Leo, además, un poco a Kierkegaard. Me cae bien, pese a mi militancia (involuntaria) en el estadio estético, del que no suelo salir casi nunca, porque ni asomo el hocico al religioso: a mí me colma la inmanencia sin problemas, me basta y me sobra.
De hecho considero la trascendencia demasiado simple, sin matices, aburrida. Demasiado vertical y luminosa. Sin contrastes. En lo trascendente no hay claroscuros ni ritmo.
Eso creo, al menos. Quién sabe. Quizá allí esté la risa de los dioses.
Ando sobrado de melancolía. Que haya estado leyendo a Trakl lo explica, pero es una melancolía alegre, afirmativa. Something like that.
¿Una melancolía erótica? No sé ni lo que digo. Más acá y más allá de la reproducción, ahí reside el erotismo. El erotismo es musical. Aunque no suene nada. Quiero decir, todo es cuestión de ritmo.
También hay ritmo en una imagen fija. O puede haberlo.
Dios no parece que tenga ritmo.
Nietzsche solo podría creer en un dios que supiera bailar.
Pues eso.
Hablo de forma indeterminada, es cierto.
La música se posa y se desliza por la piel. La nieve se posa y se desliza por la piel de los tejados.
Esplendor eterno de la superficie.
Lo de decir eterno ya no se lleva, lo sé.
Mi melancolía es la más fiel amante que he conocido, escribe Kierkegaard.
La música salta sobre un abismo de silencio, los pies desnudos se posan sobre pequeñas piedras suspendidas en el aire.
El noise pavimenta todo el espacio, aterrorizado por los huecos. No se arriesga a caer por los huecos.
El noise es desesperado e incluso desgarrado, pero no es melancólico, o al menos le falta esa delicadeza desmayada que yo asocio a la melancolía.
Una melancolía que sonríe y acaricia.
Espero que esto no suene demasiado cursi.
Hay que imponer una distancia irónica en el texto con los sentimientos. La culpa es de Derrida. O quizá no. Da igual.
Los sentimientos no son individuales, pero sí singulares.
Un poeta no expresa su interior porque no hay espacio interior. Eso es una mala metáfora basada en una mala ontología.
Sigo con Cat Power.
Afuera la nieve permanece.
El sol se ocultará pronto.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Sol de invierno

Radiante sol de invierno
el cielo un gran vidrio transparente
música alegre para pasear por el frío
sin pensar en nada
respirar sin más absorvido por el mundo
su movediza quietud de piano saltarín
los árboles desnudos vistos
en alta definición
el tiempo de las imágenes
los objetos emancipados libres
asaltan nuestros sentidos
el mundo abierto feliz
en su esplendorosa superficie

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Ejercicio de prosa romántico-ontológica

La niebla es una mujer que se sustrajo quien sabe cómo a la ineludible, implacable, voracidad insaciable del tiempo, devorador aplicado, y se deshizo de su antigua forma en un descuido y ahora vaga en pos de ella siendo lo que no es, tan solo sus ojos, su fulgor frío contagioso adherido a la piel permanece de su perdido ser mortal, sus pasos sin huellas desgajados de la realidad, más sola no se puede estar, sin voz para llamar, sin manos para acariciar o simplemente saludar o despedirse de alguien en alguna estación, sin posibilidad de viajar y llegar a algún lugar, enjaulada en un espacio abierto imposible de habitar, sin casa, inmersa en la inhospitalidad esencial que, es cierto, nos aqueja a todos por el hecho de ser.

domingo, 6 de diciembre de 2009

En el limbo sí hay alcohol

La masa exangüe de parados aspirantes a consumidores asalariados y autosuficientes que continúa flotando como un gas informe en el limbo transicional ya-acabé-la-carrera-y-ahora-qué pulula de noche por las calles frías en las que no para de llover y va entrando y saliendo de los bares en los que baila alcoholizadamente, dejándose llevar con cierto estilo ralentizado por el ritmo, con afectada pose de nihilistas interesantes, cantando en momentos de feliz y fugaz entusiasmo colectivo al reconocer una canción que invita a la nostalgia y a celebrar la huida de uno mismo.

En el mortal y depresivo cansancio resacoso de la mañana siguiente lucharán arduamente por reponerse a base de beber líquidos isotónicos y comer macarrones con tomate y queso.

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.