Los muebles están bien donde están estén donde estén.
Este sencillo y, por qué no decirlo, cómodo principio vital, parece ser refractario a la insondable lógica maternal, más afín a la variación perpetua de muebles y a los complicadísimos y abstrusos cálculos espaciales. Existe un número, quizá no infinito, pero sí indefinido y sin duda muy alto, de posibilidades de colocar los muebles de una habitación.
En mi opinión, no es preciso explorarlas todas. En estoy soy estrictamente estoico y conservador: hay que intentar ser feliz acomodándose a la disposición de los muebles de una habitación tal como está.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El código emocional patético de la comunicación contemporánea o El infierno de la sobresocialización compulsiva o...
El yo emocional y la desaparición de la intimidad: paradojas de la subjetividad posmoderna
-
¡Esto sí que es empoderamiento! Degustemos las palabras de la gran Danerys en Valyrio, su lengua materna: Dovaogēdys! Naejot memēbāt...
-
Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
Buenisimo sergio...he llorado de la risa. Sin comentarios
ResponderEliminar