Sin principio ni fin. Sin destinatario. Sin autor. Fin del libro, comienzo de la escritura. Eterno comienzo. Pequeños, discretos acontecimientos textuales. Como frías gotas de agua cayendo en aceras por la que nadie pasa.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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