Yo sé que existen personas que consideran a Disney el eje del mal. A mí, sin embargo, me parece que tiene un buen número de obras maestras. Entre ellas, por supuesto, la no demasiado bien conocida y nunca suficientemente venerada Retorno a Oz. Un delirio ochentero. Inmortal.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
Disney ha educado de forma un tanto machista, las cosas como son. Y ha sentado peligrosos precedentes.
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