El límite del mundo es borroso, poroso...
No, no, es una cuchilla de afeitar.
Allí baila la chica bonita, nunca verás unos ojos así, puro temblor de oceános ingrávidos...
Es un páramos helado, te mordería la yugular.
Saltas y despegas y eres melodía, burbuja...
Primero se te hielan las manos, luego se te agrietan los labios y por último te desangras.
Allí te transformas en materia, en misterio...
Y dejas de ser.
Dejas de ser, pero no hay espanto, sino...
Hay espanto. No insistas.
Expansión y fusión, despliegue y danza, bajo tus pies vacío colmado de plenitud...
No hay nada.
Eso, nada esplendorosa, maravillosa...
Bobadas.
Ya, sin embargo...
Sin embargo qué.
Nada, nada...
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