viernes, 16 de mayo de 2014
miércoles, 14 de mayo de 2014
viernes, 9 de mayo de 2014
Un gran paso
Entender lo difícil no es mérito, pero amar lo fácil de amar es un gran paso en la escala humana.Clarice Lispector, Tempestad de almas
Un barco, un mar, un viento
¿Qué hay? ¿Eres un caño de fuente, muchacha? ¿Qué, todavía con lágrimas? ¿Siempre diluviando? En un solo cuerpecito representas un barco, un mar, un viento: pues tus ojos, que llamaremos el mar, no hacen más que crecer y rebosar de lágrimas: el barco es tu cuerpo, navegando en esa inundación salada: los vientos, tus suspiros, que, luchando enfurecidos con tus lágrimas, y estas con ellos, sin una calma repentina, harán zozobrar tu cuerpo zarandeado por la tempestad.Shakespeare, Romeo y Julieta
jueves, 8 de mayo de 2014
Hablando de escritoras alucinantes
Clarice Lispector. Alucinante y alucinada. Una escritora rarísima. Leánla y flipen.
Allá arriba
El viento rizaba el lago funesto y los pensamientos mientras barrías las nubes, las desintegraba con el hacha, y allá arriba se entreveía el Juicio Final que culpaba de nada a cada uno de nosotros.Fleur Jaeggy, Los hermosos años del castigo
Mis manos son también unas manos de viejo, se pueden contar los huesos y las venas. Y entre las páginas de algunos libros también guardo flores secas. Están ahí para que adustos filósofos, demasiado serios, se conmuevan y dejen de pensar tanto. Pétalos secos contra la Filosofía occidental. Ahí es nada. Pero ya no fumo. Aunque, a veces, me da muchísima pena no fumar. Hay algo muy triste en el hecho de no fumar.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Fleur Jaeggy
Después de leer Los hermosos años del castigo casi salgo a la calle gritando que he encontrado a la mejor escritora de todos los tiempos. Casi.
Micrología matutina
Cuántas cosas inolvidables he olvidado. Algunas, no tengo más remedio, me las invento, porque creo que son importantes y sería horrible que simplemente se esfumaran. Me invento, pues, para que no se olviden, recuerdos de cosas que he olvidado.
Caminos de sirga, paredes estucadas, vestidos de tafetán rosas. Estas cosas aparecen solo en las novelas.
El sol matinal de mayo. El café. Afuera, los pájaros, no sé si gorriones o ruiseñores o qué clase de pájaros, se lo he preguntado a todo el mundo y tampoco saben. Solo sé que cantan, sobre todo por la mañana, y que hay muchos.
Nuevas obsesiones fermentan en mí. En realidad, viejas obsesiones que acuden a mí con renovado fervor.
La luz, las palabras.
Por la mañana, mirar los pájaros. Por la tarde, las nubes del atardecer. Lo que podríamos denominar el dulce sopor de una existencia sin ambiciones ni objetivos.
La modernidad, naturalmente, arruinó el ideal de la vida contemplativa. En su lugar puso la acción. Motivo más que suficiente para ser antimoderno. Dicho sea entre nosotros.
La secreta vibración que anima las cosas aparentemente quietas. No existe la quietud, solo una trémula serenidad.
Lo que pudo llegar a ser pero no fue, lo que estuvo a punto de pasar y no pasó, eso la memoria lo registra de forma implacable.
La loca idea de vivir como si el tiempo se hubiese cumplido ya. No el fin del tiempos sino el tiempo del fin. Un tiempo, en cierta manera, eterno. Pero no me pregunten qué significa todo este rollo.
Dejar a las cosas ser lo que son. Que se muestren, diáfanas. Este dejar no es pasivo ni activo, sino algo intermedio.
Yo tengo mucha fe en la lámpara eterna. El hecho de que no exista carece, para mí, de importancia.
Caminos de sirga, paredes estucadas, vestidos de tafetán rosas. Estas cosas aparecen solo en las novelas.
El sol matinal de mayo. El café. Afuera, los pájaros, no sé si gorriones o ruiseñores o qué clase de pájaros, se lo he preguntado a todo el mundo y tampoco saben. Solo sé que cantan, sobre todo por la mañana, y que hay muchos.
Nuevas obsesiones fermentan en mí. En realidad, viejas obsesiones que acuden a mí con renovado fervor.
La luz, las palabras.
Por la mañana, mirar los pájaros. Por la tarde, las nubes del atardecer. Lo que podríamos denominar el dulce sopor de una existencia sin ambiciones ni objetivos.
La modernidad, naturalmente, arruinó el ideal de la vida contemplativa. En su lugar puso la acción. Motivo más que suficiente para ser antimoderno. Dicho sea entre nosotros.
La secreta vibración que anima las cosas aparentemente quietas. No existe la quietud, solo una trémula serenidad.
Lo que pudo llegar a ser pero no fue, lo que estuvo a punto de pasar y no pasó, eso la memoria lo registra de forma implacable.
La loca idea de vivir como si el tiempo se hubiese cumplido ya. No el fin del tiempos sino el tiempo del fin. Un tiempo, en cierta manera, eterno. Pero no me pregunten qué significa todo este rollo.
Dejar a las cosas ser lo que son. Que se muestren, diáfanas. Este dejar no es pasivo ni activo, sino algo intermedio.
Yo tengo mucha fe en la lámpara eterna. El hecho de que no exista carece, para mí, de importancia.
martes, 6 de mayo de 2014
Oficios supuestamente alegres que pueden ser muy penosos
El supuestamente alegre oficio del escritor puede ser muy penoso, en ocasiones muy aburrido, muchas veces incluso peligroso. El hambre y el frío, la sed y la estrechez, las humedades y la sequía han sido siempre, en todas las épocas históricas y de la cultura, fenómenos conocidos en la variada vida de los héroes de la pluma, y lo seguirá siendo probablemente también en el futuro. Pero no menos sabido es que hay escritores que han ganado fortunas, construido villas palaciegas en las inmediaciones de algún lago y vivido rebosando buen humor.Robert Walser
En la nieve de Appenzell
A veces pienso que es hermoso morir así, después de un paseo, dejarse caer en un sepulcro natural, en la nieve de Appenzell, al cabo de casi treinta años de manicomio en Herisau. Es una verdadera lástima que no hubiésemos conocido la existencia de Walser, habríamos recogido una flor para él. También Kant, antes de morir, se conmovió cuando una desconocida le ofreció una rosa.Fleur Jaeggy, Los hermosos años del castigo
jueves, 1 de mayo de 2014
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