viernes, 23 de octubre de 2020
23/10/2020
Vaivenes anímicos y desbarres místicos: al mediodía, un estado de ánimo depresivo y desquiciado. Por la tarde, mientras paseaba y escuchaba música, mientras contemplaba las luces de las farolas cuando aún no es del todo de noche, una euforia desaforada, unas ganas locas de dejar de ser yo y fundirme con esa serenidad del mundo en calma que se desplegaba a mi alrededor y me envolvía como una promesa difusa, un deseo de no ser nada, nada más que silencio, vacío, se apoderó de mí. No ser nada, no querer ser nada, ninguna meta ni objetivo, ninguna ambición, ningún plan, ningún poyecto, ninguna preocupación, solo esta paz, vagar solo, como un monje loco, por estos caminos, alumbrado por esta luz tan tenue, tan tierna y desvaída. Supongo que mi alma, una vez más, se volvió loca, seducida por la promesa de la gracia.
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