Aunque esta sea la centésima o milésima vez que anuncio una retirada temporal de mis labores blogueras, aunque todas las anteriores veces haya incumplido mis solemnes promesas de enclaustramiento y alejamiento del mundanal ruido de esta jaula de grillos al instante, esta vez es la definitiva, esta vez me desconecto de la blogosfera, de mi marginal rinconcito, y me impongo una disciplina de estudio espartana. Eso, o me convierto en un anacoreta iluminado que camina sin rumbo por el desierto, meditando sobre la identidad del vacío y de la plenitud. La perspectiva de convertirme en un atleta del espíritu, en un místico solitario e incomprendido, tiene un potencial poético inigualable, pero es bastante probable que no lo haga porque, al fin y al cabo, en el desierto no es fácil conseguir cerveza.
Así que eso, hasta más ver; en mi ausencia sean buenos, no tomen demasiadas drogas, ni lean a Ruíz Zafón, y que la caprichosa Fortuna les sea favorable.
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En defensa de Bergson
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
Hasta pronto!
ResponderEliminarSolamente decimos adiós para siempre cuando no nos da tiempo a despedirnos...
;)
Cierto... volveré, estoy cogiendo fuerzas :)
ResponderEliminarSerá un placer precenciar su re-vuelta, señor S.
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