viernes, 7 de junio de 2019

07/06/2019

Después de ocho meses por fin me he decido a cambiar la inenarrablemente espantosa decoración de mis caseros —cuadros atroces de payasos, de mariposas horrendas, etcétera— por algo más acorde con mi gafapasterismo militante: pósters de Sonic Youth, Radiohead, Beck, Pulp Fiction y Doctor Who.


Supongo que este diario no tiene mucho interés —mi lucha contra las cucarachas, mis firmes principios en cuanto a decoración de interiores se refiere— y que es un ejercicio de narcisismo supremo, pero gracias a él he redescubierto el placer de escribir, de simplemente escribir, sin ninguna pretensión, sin ninguna razón, sin apenas lectores, porque sí, escribir lo que sea y como sea, frivolidades, absurdeces, neurosis varias, lo que surja, pero escribir.

07/06/2019

He aquí la lista de libros que he empezado a leer y que de momento no he terminado: 

Las aventuras de la mercancía, Anselm Jappe
Nuestro grupo podría ser tu vida: escenas del indie underground norteamericano, 1981-1991, Michael Azerrad
Fenomenología Queer: orientaciones, objetos, otros, Sara Ahmed
La promesa de la felicidad: una crítica cultural del imperativo de la alegría, Sara Ahmed
Aceleracionismo: estrategias para una transición hacia el poscapitalismo, Arman Avanessian y Mauro Reis (Comps.)
La silicolonización del mundo: la irresistible expansión del liberalismo digital, Éric Sadin
Manifiesto pospolítico: rutas ideológicas para la izquierda del siglo XXI, Jorge Fernández Gonzalo
Dirk Gently: agencia de investigaciones holísticas, Douglas Adams.
Autobiografía, Morrissey 

Leer nueve libros a la vez es demasiado, quizá un síntoma de vergonzosa desidia intelectual o de escasa capacidad de atención. En lugar de concentrarme y acabar de leer los libros que empiezo, picoteo aquí y allá sin leer ninguno atentamente. Tengo que autodisciplinarme. 

07/06/2019

Me encanta el olor a insecticida por la noche, huele a victoria.

Parece que la limpieza obsesiva, las trampas y el insecticida han surtido efecto. Hace dos días que no veo ninguna cucaracha. Mi cruzada contra las mostruosas, siniestras cucarachas, no ha terminado, porque pueden volver en cualquier momento, pero es un alivio.

martes, 4 de junio de 2019

04/06/2019

La retórica de cumplir nuestros sueños y de el esfuerzo siempre se ve recompensado me repatea. En un grupo de Facebook de Oposiciones a Bibliotecas, varias personas a las que han llamado para trabajar en verano dicen que han cumplido un sueño y que el esfuerzo, finalmente, siempre se ve recompensado. Me alegro por ellos, pero no deja de ser mentira que el esfuerzo siempre se ve recompensado. A veces sí, a veces no. Lo ideal sería esforzarse no en función de un fin, sino porque no queda más remedio. Si nos ponemos en plan spinozista, diríamos que no es propio de hombres libres esperar ser recompensados por sus actos. Esta idea de no actuar en función de un fin, sino de una necesidad, también la sotienen Simone Weil y Gilles Deleuze. Es un idea hermosa y liberadora, mucho más que la idea de que debemos cumplir nuestros sueños o ser recompensados, en el futuro, por nuestros esfuerzos.

04/06/2109

No puedo pensar sobre los Grandes Temas Trascendentales de la Vida, sean estos los que fueren, porque solo pienso en cómo exterminar cucarachas. He limpiado a conciencia, desinfectado con lejía suelos y baños, además he fregado el suelo con agua con vinagre —aunque supongo que este remedio casero seguramente no sea tan eficaz como la buena y vieja lejía de siempre— y he puesto trampas y rociado generosamente con insecticida todos los rincones de mi humilde morada. Luego me he vuelto paranoico pensando en que igual me estaba intoxicando con tanto insecticida. Pero las cucarachas siguen apareciendo.

Es asqueroso. 

Entre mi extenso catálogo de fobias a animales, las cucarachas no ocupan el primer puesto, pero no andan muy lejos, de manera que llevo varios días limpiando de manera obsesivo-compulsiva y viviendo en un estado de ansiedad moderado pero constante. Hoy casi no como porque vi una cucaracha en el fregadero y salí corriendo de la cocina. La idea de volver a la cocina a preparar la comida me parecía aterradora. Mis amigos y hermanos creen que exagero porque yo cuento mi combate contra las cucarachas con ironía y distanciamiento, pero no exagero nada.

Mi primer impulso, como es lógico, ha sido decir: «¡Se acabó, me mudo de casa otra vez!». Pero es un engorro. No quiero mudarme. Apenas hay pisos cerca de la Biblioteca, y yo no quiero vivir lejos de la Biblioteca porque tengo que ir todos los días por la mañana y por la tarde. Y tengo Internet contratado por un año, y el contrato del piso hasta septiembre. 

Etcétera. 

De todas formas, si veo un par de cucarachas más —contando con que no muera intoxicado yo en vez de ellas— es probable que finalmente acabe cambiándome de piso.

viernes, 24 de mayo de 2019

Entrevistas breves sobre el raro placer de la lectura

—La mejor situación para ponerse a leer literatura en serio es estar encerrado en casa, cobrando el paro. En esta supuestamente desgraciada situación te puedes pasar tranquilamente unas seis o siete horas diarias leyendo. Puedes hacer breves pausas para mirar por la ventana y echar un vistazo al mundo más allá del texto, un mundo tranquilo de tejados rojos y cielos serenos, un mundo que se prosternará ante ti, ante tu mirada errante y alucinada que oscila entre la realidad sugerida por la lectura, no por ello menos intensa, menos vívida, y la realidad filtrada por tus intuiciones sensoriales. Naturalmente, de vez en cuando puedes bajar a prepararte un café revitalizante y luego proseguir con tu lectura incesante, y levantarte y dar vueltas ensimismado alrededor de la habitación, rumiando lo que vas leyendo. Puedes permanecer callado y feliz durante horas, enfrascado en esos raros, fascinantes, paradójicos laberintos verbales en los que te encuentras a ti mismo y a la vez te pierdes a ti mismo. Sumergido en otro mundo, en el mundo de otro, inventado por otro, pero habitado ahora por ti y resucitado por el hecho de que tú lo estás leyendo...

martes, 21 de mayo de 2019

Juego de Tronos, las funestas consecuecias retroactivas de sus deplorables últimas temporadas

Ya ni si quiera es posible ver las seis primeras temporadas, que eran maravillosas. Ahora todo Juego de Tronos ha quedado arruinado por sus dos últimas temporadas.

Malditos sean

Netflix ha quitado Doctor Who.
Malditos sean de día y malditos sean de noche, malditos sean cuando se acuestan y malditos sean cuando se levanten, malditos sean cuando salen y malditos sean cuando regresan. Que el Señor no les perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra Netflix y arrojen sobre ellos todas las madiciones escritas en el libro de la Ley. 
PD: Se me había olvidado que ya había comentado esta suprema injusticia en otro post, pero da igual, estos malditos se merecen todos los males y todas las maldiciones. 

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.