(Tendría que dar muchas y tediosas explicaciones para aclarar lo que quiero decir, pero como ya sabréis, queridos lectores, mis semejantes, mis hermanos, no existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza, ella rige mi vida; y para más inri no está ni mucho menos claro que yo mismo sepa lo que quiero decir, y aunque lo supiera tampoco estaría claro que fuera capaz de aclararlo; un poco de oscuridad no siempre viene mal, aquí no somos filósofos analíticos, ni corteses, tal vez ni filósofos, pues amamos, eso es bastante cierto, a pesar de todo, pero amamos algo, o tal vez nada —¿amar como verbo intransitivo?, ¿estamos delirando? ¿somos ni más ni menos que contumaces nihilistas místicos?— que no tiene que ser precisamente la sabiduría).
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