Mi voto será para el partido que prohíba el torrefacto y prometa que a partir de ahora solo se beberá café natural. Los españoles de bien no merecemos que en una cafetería nos pongan brebajes repugnantes y dañinos para la salud sin previo aviso. Los españoles de bien merecemos un futuro libre de esa abominación, de esa aberración absoluta llamada torrefacto, que consiste en convertir el café, la mejor droga del mundo, en una cosa espesa, asquerosa e intragable.
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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