AQUÍ.
Nadie se aburre tanto como yo, dijo Rimbaud.
Y DFW escribió El rey pálido, una obra póstuma, inconclusa, que trata fundamentalmente sobre el aburrimiento.
PD: Yo, como Leopardi, también vivo en un poblacho de mala muerte —y a menudo tengo que esperar el autobús para ir a León, lo cual me desespera— aunque creo que no me parezco en nada más a Leopardi.
PD2: Haciendo alarde de ese tipo de erudición inútil, que no lleva a ninguna parte, he de recordar la vinculación entre la esperanza y la espera y, por tanto, entre la fe y la espera. En un famoso pasaje de Kafka de sus Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero —que Perec, por ejemplo, cita al comienzo de Un hombre que duerme— podemos leer lo siguiente: «No es necesario que salgas de casa. Quédate en tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies». Como sabemos, Kafka supera a todos los escritores y a todos los teólogos y desespera a todos los intérpretes y comentaristas. Y la Monelle de Marcel Schwob dice, si mal no recuerdo, que ella no está sola porque está con su espera. No se sabe qué espera, solamente espera. Y su espera le sirve de compañía.
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