Me preguntó que si los peces también lloraban. Le dije, no sé por qué, que sí. Después me preguntó que si los peces también lloraban, ¿cómo se daban cuenta los demás peces de que otro pez estaba llorando? Le dije que no podían darse cuenta. Entonces me preguntó que si un pez lloraba y los demás peces no podían darse cuenta de que lloraba, ¿se sentiría muy solo el pez? Tuve que decirle que sí, en efecto, que ese pez se sentiría muy solo y muy perdido en la inmensidad del océano.
Y a continuación se echó a llorar.
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En defensa de Bergson
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
Sus lágrimas ya son parte del océano, su aleteo es parte del océano, el pez ya es parte del océano.
ResponderEliminarTodo cuento se lee tal y como es y se siente tal y como se es.
Aunque al fin y al cabo el pez no estaba tan solo, alguien le dio una respuesta. Bonito cuento.