Todo duerme hoy aquí dentro,
mecido por el ritmo de ahí fuera.
Un susurro tembloroso,
capaz de vencer tanta soledad,
flota ingrávido en el aire
como un copo de nieve
que se derretirá.
Una caricia leve se posa
sobre tus ojos llorosos.
Un lento vaivén acuna las nubes,
mientras el mundo duerme,
acurrucado aquí dentro.
Se está bien aquí. No me quejo.
Los ojos no lloran de tristeza,
lloran de otra cosa
que no sé qué es.
lunes, 27 de febrero de 2012
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