Soñé algo así como me volvía loco. Loco del todo. Irremediablemente. Tenía tanto miedo que tuve que despertarme. Imaginaba mi cerebro y le rogaba que funcionara bien. Tanto miedo. Despertar. Quería ocultarme en un lugar fuera del espacio. Algo así como una necesidad imperiosa de escuchar música desgarrada y triste y de llorar de nostalgia me sobrevino al despertar. Imaginaba mi cuerpo drogado sobre un escenario, mi cuerpo salvaje y demasiado cobarde para envejecer. Cantaba y luego le rogaba a la chica de la primera fila que me abrazara muy fuerte sin mirarme a los ojos. Tanto miedo. Alguien me decía estás como un puta cabra. Yo callaba. En serio, insistía. Prefiero irme a casa, decía yo. Poco antes de despertar. Tanto miedo. Mi cerebro ahora no puede pensar en nada. Repta sobre el lodo tratando de no sucumbir. Tratar de no sucumbir agota todas sus fuerzas. Ella decía todo va a ir bien, ensaya pasos de baile mientras te arrastras por el lodo, pequeños pasos invisibles, oxigenarán tu cerebro. Tu cerebro hambriento de horizontes absolutos.
sábado, 26 de septiembre de 2009
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