Un cansancio con regusto milenario te arrastra, se infiltra por los poros, te mece en una cuna cósmica, te cierra los ojos, desapareces, la habitación se ha transmutado en un vórtice que rasga el espacio-tiempo, una puerta que conecta dimensiones mutuamente excluyentes, un espejo que atravesar, largos corredores iluminados a media luz para recorrer con la sombra del sueño pegada a los talones.
domingo, 22 de febrero de 2009
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