jueves, 13 de septiembre de 2012
Ajedrez
Me fascinan las novelas y las películas sobre ajedrez, a pesar de que no tengo ni idea de ajedrez. Es raro. La torre herida por el rayo, de Fernando Arrabal, La defensa, de Vladimir Nabokov y la película En busca de Bobby Fischer, por ejemplo.
Libros y libros
Hay libros y libros. Hay libros excesivos, nimbados por un halo de demencia, misterio, hermetismo, libros desafiantes, orgullosos, libros con los dientes apretados, plantados de cara a un viento huracanado, libros que están ahí resistiendo el brillo de un frío cruel y para resistir el brillo de un frío cruel, libros que sobresalen del superpoblado pelotón de los mediocres y penetran en lo desconocido, a ciegas, abriéndose camino donde no parecía haber ningún camino, verdaderos actos creativos, arriesgados, que te dejan con la boca abierta de asombro, pasmado como un idiota, y te infunden una electricidad furiosa, que se ramifica por todo el cuerpo, libros atravesados por un aliento que recorre milenios, libros, cierto, difíciles, porque el arte es difícil y exige esfuerzo, igual que escalar las más altas cumbres, en las que una enigmática metamorfosis óptica tiene lugar, de las que se regresa, transfigurado, con los ojos enrojecidos por la intensidad singular de una visión inefable.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Acercamiento al Ulises
Uno debe acercarse al Ulises de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe.William Faulkner
martes, 11 de septiembre de 2012
Fragmentos
El frescor matinal preludia el otoño, la estación en que la vida se recoge sobre sí, se envuelve como un ovillo de lana, se acurruca soñolienta mientras caen las hojas; el olor del café impregna la habitación; humea un cigarrillo olvidado; afuera pasan aviones, muy cerca de los tejados de las casas, y desaparecen dejando ese ruido tormentoso que lentamente se va extinguiendo, ese ruido que se diluye poco a poco, sin que sea posible determinar el momento exacto de su conversión en silencio pleno, de su desaparición definitiva.
No hay momentos exactos, discretos, solo el continuo fluir la corriente inaprensible de la vida, un solo gesto, un solo movimiento.
Los cipreses, escuálidos, espirituales, son como antenas esperando recibir una señal. Los cipreses no creen en Dios, pero le echan de menos.
El hombre es un animal, pero hay que reconocer que se trata de un animal muy raro. Solo el tiene acceso al claro del bosque. Solo él es un extraño en la tierra. Solo él se asombra de ser.
El llanto y la risa son testimonios de la excepcionalidad y rareza de ese animal que somos: un desgarrón en la cadena del ser.
El pecado original es ese desgarrón, asumido con satánico orgullo. Morder la manzana es abrir los ojos, el despertar de la conciencia; y la conciencia nos hace desgraciados, nos separa de la gracia, nos sitúa en lo abierto, en la intemperie. El corazón chiflado del hombre grita: mejor vivir libre y desgraciado que esclavo, aunque sea esclavo de un dios.
El tema cristiano por antonomasia: Dios ha muerto.
Hermann Timm: "Dios ha muerto. ¡Viva la religión!"
El hombre no tiene esencia, es un camaleón. Dicho de modo paradójico: la esencia del hombre es no tener esencia, es estar escindido de lo que es.
Es mentira que Job se calle la boca, que sea paciente y no proteste. No para de protestar, de quejarse, de pedir explicaciones a Dios.
Mi historia preferida de la Biblia no es especialmente simbólica, ni reveladora, ni enigmática. Judith, la hermosa y joven viuda Judith, para librarse del asedio al que están sometiendo a su pueblo, Israel, se viste con sus mejores galas, seduce a Holofernes y cuando éste duerme, borracho perdido, le hiere dos veces en el cuello, cortándole así la cabeza. Erotismo, violencia, política y religión se anudan en el relato con una sencillez y maestría narrativa inigualables.
El dominio de las técnicas narrativas, el conocimiento de la gramática y de los tropos, no garantiza el éxito de la creación literaria. Hace falta algo más, un suplemento indefinible, un destello de demencia. Hace falta inspiración, divina locura, esas ideas desacreditadas por la modernidad y tan evidentes para los viejos griegos. Ni siquiera saben qué es poesía, hace falta estar en determinado estado de ánimo, como decía Joyce.
La voz del narrador o del sujeto poético es siempre una voz imaginada, siempre. En literatura es imposible decir yo.
Al leer la noticia de la inminente publicación de una biografía de David Foster Wallace he recordado lo que dijo Cioran acerca del sorprendente hecho de que la perspectiva de tener un biógrafo no haya disuadido a nadie de escribir. También he pensado en gente troceando un cadáver y amasando beneficios con la venta de sus putrefactos productos. Yoko Ono es un ángel en comparación con los amigos de DFW.
Evidentemente, distanciarse de la propia época es un requisito imprescindible para poder verla. Ser contemporáneo es ser intempestivo, no pegar las narices al presente, ni rendirle pleitesía, ni tampoco despreciarlo olímpicamente. La perspectiva es el asunto crucial. Un asunto difícil.
En La naranja mecánica el brutal contraste entre estética y ética nos advierte muy bien del peligroso mito de la Cultura. Alex, extasiado con las trompetas de los ángeles y los trombones del infierno, en su cama, con su maravilloso equipo de música puesto a todo volumen, después de haber asaltado una casa y violado a una mujer, se está riendo a la cara de la idea de la alta cultura como remedio contra la violencia. A Leni Riefestahl, la cineasta de Hitler, solo le interesaba la Belleza.
Me entran arrebatos de fatalismo metafísico, no lo niego; me entran ganas de gritarles a los humanistas bienintencionados que creen en la utopía de la educación como panacea o cumplimiento final del reino de los cielos en la tierra que sus ideas escatológicas torpemente secularizadas son una patraña y que acepten de una vez que la existencia es trágica y que Dios ha muerto. Que la existencia sea trágica, por supuesto, no quiere decir que no sea alegre. Tragedia y alegría van de la mano desde Nietzsche.
Habría que matizar lo anterior. No creo en el progreso, pero tampoco en la apelación reaccionaria a los hechos, a que las cosas son como son. Puesto que el hombre no tiene una naturaleza fija, determinada, lo que es y su potencia son inseparables. La potencia incluye, de todas formas, la negatividad, es decir, que aquello que las cosas son en potencia puede darse o no, pues precisamente en eso consiste que sean en potencia, y no en acto. El hombre siempre está en disposición de poder mejorar o empeorar, pero esto solo se determinará en el tiempo.
El tema del azar y del destino: ambos términos, tradicionalmente pensados como opuestos, pueden ser pensados como términos correlativos, al modo de Nietzsche. En un primer momento, el de la tirada de dados, se afirma el azar, no se sabe de antemano el resultado, pero el momento de la caída es el momento de la necesidad, del destino, ya no se puede cambiar el resultado. El hombre, en cada época, tira los dados, con las manos temblorosas. La serie de resultados es la Historia.
A pesar de todo, de mis arrebatos fatalistas, creo que es urgente recuperar el futuro, porque desacreditando el futuro es el presente el que se vuelve inviable e invivible.
Que Godot no llegue significa un millón de cosas a la vez y ninguna en particular. Una de las cosas que significa es la imposibilidad de la parousía, la imposibilidad de una presencia plena, de un sentido último de la vida. Godot nombra más bien un sentido ausente que una ausencia de sentido. Algo que cuya forma de ser es no estar presente.
Nadie mejor que Beckett ha mostrado la absurda comedia de la existencia, cuyos personajes, contra todo pronóstico, perseveran y resisten, aunque sea realizando actos nimios, ridículos.
También el mundo de Kafka, al igual que el de Beckett, es un mundo donde Dios ha muerto, o se ha retirado, o ha enmudecido. Dios no está presente. Estamos solos. Ni Godot va a llegar, ni nosotros podemos acceder al Castillo.
¿Por qué simplemente no esperar a Godot, no tratar de llegar al Castillo?
Las guerras entre escritores son una especie de batallas libradas por egos enfermizamente hinchados, eso lo sabe todo el mundo, sobre todo los propios escritores, pero tampoco hay por qué extrañarse. La envidia, los celos, todos los afectos, se rigen por leyes geométricas y hay que comprenderlos, no despreciarlos sin más. El esfuerzo de comprenderlos ya lo hizo Spinoza. Aún así, ser conscientes de cómo funcionan los afectos y las pasiones no implica dejar de estar sometidos a su poder. En este sentido, la conciencia está sobrevalorada.
Ni creyente ni ateo ni agnóstico. ¿Tiene eso sentido?
La superficie es más misteriosa, más interesante e incluso más profunda que la profundidad. ¿Tiene eso sentido?
La belleza está en el interior. Creo que me moriré sin comprender esa frase. El interior se compone de vísceras y cosas así bastante asquerosas, creo yo.
No hay momentos exactos, discretos, solo el continuo fluir la corriente inaprensible de la vida, un solo gesto, un solo movimiento.
Los cipreses, escuálidos, espirituales, son como antenas esperando recibir una señal. Los cipreses no creen en Dios, pero le echan de menos.
El hombre es un animal, pero hay que reconocer que se trata de un animal muy raro. Solo el tiene acceso al claro del bosque. Solo él es un extraño en la tierra. Solo él se asombra de ser.
El llanto y la risa son testimonios de la excepcionalidad y rareza de ese animal que somos: un desgarrón en la cadena del ser.
El pecado original es ese desgarrón, asumido con satánico orgullo. Morder la manzana es abrir los ojos, el despertar de la conciencia; y la conciencia nos hace desgraciados, nos separa de la gracia, nos sitúa en lo abierto, en la intemperie. El corazón chiflado del hombre grita: mejor vivir libre y desgraciado que esclavo, aunque sea esclavo de un dios.
El tema cristiano por antonomasia: Dios ha muerto.
Hermann Timm: "Dios ha muerto. ¡Viva la religión!"
El hombre no tiene esencia, es un camaleón. Dicho de modo paradójico: la esencia del hombre es no tener esencia, es estar escindido de lo que es.
Es mentira que Job se calle la boca, que sea paciente y no proteste. No para de protestar, de quejarse, de pedir explicaciones a Dios.
Mi historia preferida de la Biblia no es especialmente simbólica, ni reveladora, ni enigmática. Judith, la hermosa y joven viuda Judith, para librarse del asedio al que están sometiendo a su pueblo, Israel, se viste con sus mejores galas, seduce a Holofernes y cuando éste duerme, borracho perdido, le hiere dos veces en el cuello, cortándole así la cabeza. Erotismo, violencia, política y religión se anudan en el relato con una sencillez y maestría narrativa inigualables.
El dominio de las técnicas narrativas, el conocimiento de la gramática y de los tropos, no garantiza el éxito de la creación literaria. Hace falta algo más, un suplemento indefinible, un destello de demencia. Hace falta inspiración, divina locura, esas ideas desacreditadas por la modernidad y tan evidentes para los viejos griegos. Ni siquiera saben qué es poesía, hace falta estar en determinado estado de ánimo, como decía Joyce.
La voz del narrador o del sujeto poético es siempre una voz imaginada, siempre. En literatura es imposible decir yo.
Al leer la noticia de la inminente publicación de una biografía de David Foster Wallace he recordado lo que dijo Cioran acerca del sorprendente hecho de que la perspectiva de tener un biógrafo no haya disuadido a nadie de escribir. También he pensado en gente troceando un cadáver y amasando beneficios con la venta de sus putrefactos productos. Yoko Ono es un ángel en comparación con los amigos de DFW.
Evidentemente, distanciarse de la propia época es un requisito imprescindible para poder verla. Ser contemporáneo es ser intempestivo, no pegar las narices al presente, ni rendirle pleitesía, ni tampoco despreciarlo olímpicamente. La perspectiva es el asunto crucial. Un asunto difícil.
En La naranja mecánica el brutal contraste entre estética y ética nos advierte muy bien del peligroso mito de la Cultura. Alex, extasiado con las trompetas de los ángeles y los trombones del infierno, en su cama, con su maravilloso equipo de música puesto a todo volumen, después de haber asaltado una casa y violado a una mujer, se está riendo a la cara de la idea de la alta cultura como remedio contra la violencia. A Leni Riefestahl, la cineasta de Hitler, solo le interesaba la Belleza.
Me entran arrebatos de fatalismo metafísico, no lo niego; me entran ganas de gritarles a los humanistas bienintencionados que creen en la utopía de la educación como panacea o cumplimiento final del reino de los cielos en la tierra que sus ideas escatológicas torpemente secularizadas son una patraña y que acepten de una vez que la existencia es trágica y que Dios ha muerto. Que la existencia sea trágica, por supuesto, no quiere decir que no sea alegre. Tragedia y alegría van de la mano desde Nietzsche.
Habría que matizar lo anterior. No creo en el progreso, pero tampoco en la apelación reaccionaria a los hechos, a que las cosas son como son. Puesto que el hombre no tiene una naturaleza fija, determinada, lo que es y su potencia son inseparables. La potencia incluye, de todas formas, la negatividad, es decir, que aquello que las cosas son en potencia puede darse o no, pues precisamente en eso consiste que sean en potencia, y no en acto. El hombre siempre está en disposición de poder mejorar o empeorar, pero esto solo se determinará en el tiempo.
El tema del azar y del destino: ambos términos, tradicionalmente pensados como opuestos, pueden ser pensados como términos correlativos, al modo de Nietzsche. En un primer momento, el de la tirada de dados, se afirma el azar, no se sabe de antemano el resultado, pero el momento de la caída es el momento de la necesidad, del destino, ya no se puede cambiar el resultado. El hombre, en cada época, tira los dados, con las manos temblorosas. La serie de resultados es la Historia.
A pesar de todo, de mis arrebatos fatalistas, creo que es urgente recuperar el futuro, porque desacreditando el futuro es el presente el que se vuelve inviable e invivible.
Que Godot no llegue significa un millón de cosas a la vez y ninguna en particular. Una de las cosas que significa es la imposibilidad de la parousía, la imposibilidad de una presencia plena, de un sentido último de la vida. Godot nombra más bien un sentido ausente que una ausencia de sentido. Algo que cuya forma de ser es no estar presente.
Nadie mejor que Beckett ha mostrado la absurda comedia de la existencia, cuyos personajes, contra todo pronóstico, perseveran y resisten, aunque sea realizando actos nimios, ridículos.
También el mundo de Kafka, al igual que el de Beckett, es un mundo donde Dios ha muerto, o se ha retirado, o ha enmudecido. Dios no está presente. Estamos solos. Ni Godot va a llegar, ni nosotros podemos acceder al Castillo.
¿Por qué simplemente no esperar a Godot, no tratar de llegar al Castillo?
Las guerras entre escritores son una especie de batallas libradas por egos enfermizamente hinchados, eso lo sabe todo el mundo, sobre todo los propios escritores, pero tampoco hay por qué extrañarse. La envidia, los celos, todos los afectos, se rigen por leyes geométricas y hay que comprenderlos, no despreciarlos sin más. El esfuerzo de comprenderlos ya lo hizo Spinoza. Aún así, ser conscientes de cómo funcionan los afectos y las pasiones no implica dejar de estar sometidos a su poder. En este sentido, la conciencia está sobrevalorada.
Ni creyente ni ateo ni agnóstico. ¿Tiene eso sentido?
La superficie es más misteriosa, más interesante e incluso más profunda que la profundidad. ¿Tiene eso sentido?
La belleza está en el interior. Creo que me moriré sin comprender esa frase. El interior se compone de vísceras y cosas así bastante asquerosas, creo yo.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Arena entre la arena
Envuelto en la luz brumosa de la mañana , con la mirada fija en la línea desvaída del horizonte. El ritmo de las olas, pies descalzos, huellas que se borran, brisa que eriza la piel, carne de gallina, plegarias mudas atrapadas en la garganta y la promesa de una serenidad indestructible. Cuerpos animados, hipnotizados, yendo de aquí para allá, cuerpos que se desvisten y labios que sonríen y miradas cristalinas que hienden el aire, soplos de luz, espasmos eléctricos, hasta encontrarte. Qué alegría no ser nadie, solo arena entre la arena, bajo una mirada desconocida.
Sin destino
Cada palabra sin destino
lanzada al centro de la noche
brilla como una plegaria
muda y sin esperanza.
lanzada al centro de la noche
brilla como una plegaria
muda y sin esperanza.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Tan fuerte, tan cerca
La película es bastante lacrimógena, ciertamente, pero a los críticos que lo único que hacen es insultar al protagonista, entre otras cosas porque necesita llevar una pandereta para mantener la calma, les quiero decir tres cosas: una, son gilipollas; dos, son unos ignorantes y tres, ESPERO QUE TENGAN UNA MUERTE EXTREMADAMENTE LENTA Y EXTREMADAMENTE DOLOROSA.
Los dos polos
Hacia el fin de su vida, Flaubert escribió, en una de sus admirables cartas, a su amigo Turgueniev, una frase muy corta que quisiera ubicar al inicio de mis reflexiones, porque las resume muy bien: "Siempre traté de vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda golpea sus muros, hasta derrumbarlos". Estos son los dos polos de la situación: por una lado la "torre de marfil", por el otro la "marea de mierda".Simon Leys
viernes, 7 de septiembre de 2012
Llamaradas
Llamaradas súbitas golpean las venas
en el silencio inquieto de la noche.
El resplandor de un rostro sin nombre
que brilla más allá del tiempo
atraviesa el paisaje del desconcierto.
en el silencio inquieto de la noche.
El resplandor de un rostro sin nombre
que brilla más allá del tiempo
atraviesa el paisaje del desconcierto.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Work in progress (undécima parte)
PRÓLOGO (PRESCINDIBLE, UN POCO EMBROLLADO Y CON BRUSCOS CAMBIOS DE TONO E IDEAS) DEL AUTOR
El autor es consciente de que debería estar prohibido escribir sobre escritores que escriben, con el fin de evitar las ingentes dosis de tedio, solipsismo y narcisismo que este tipo de escritura conlleva inevitablemente. El autor asegura sinceramente que no es posmoderno Lo jura, pone la mano en el fuego, hace lo que haga falta con tal de probar que considera la ironía corrosiva un callejón sin salida y que la posmodernidad, si existió, hoy no es nada más que una curiosidad que sirve de entretenimiento a arqueólogos de la cultura o a estudiantes desnortados que leen a David Foster Wallace sin prestar atención. Lo verdadero nunca cambia su melodía. No obstante, el autor también es consciente de que cualquier intento de negar la ficción desde dentro de la ficción está condenado al fracaso. Por eso considera que no existe nada parecido a una reivindicación del autor material y declara solemnemente que la idea de autor material es en sí misma contradictoria y, por lo tanto, imposible. Debemos, en un mismo gesto, negar esa posmodernidad ciega a las cuestiones morales y a las propuestas de sentido y afirmar, por otro lado, el carácter artificial, construido y ficticio del texto literario. La literatura debe inmiscuirse en los estadios estético, ético e incluso religioso y trenzar los hilos que los unen, de modo que pueda revelar la verdad de la experiencia. De ahora en adelante, el autor promete minimizar al máximo la neurastenia contemplativa del presente escrito y despertar a su protagonista, a palazos si hiciera falta, de sus dulces sueños catatónicos.
O no, ya veremos. El autor no debería de haberse metido en este berenjenal, porque el futuro es imprevisible. El coro de suplicantes está cantando. Lo que tenga que ser, será. Además, qué coño, el que quiera leer aventuras que se vaya a leer a Conrad, aquí va a haber dosis y sobredosis de seres contemplativos que solo son felices cuando están tristes, de vagabundos insignificantes clamando con gritos sordos en playas que les conducen a la eternidad y de pedantes insoportables y torturados para quienes la felicidad hedonista no tiene ninguna grandeza y que aspiran con todas sus fuerzas a habitar el tranquilo centro del ojo del huracán.
Por otra parte, Martin Amis tiene razón al recomendar no leer a ningún autor menor de treinta años porque solo saben hablar de ellos mismos. La toxicidad del yo de la que le hablaba Santiago al Redactor Jefe en la cafetería. Total, que el autor está en un atolladero que muy probablemente no sepa resolver y ya ha leído a copias baratas de DFW que no aportan nada, de ahí su permanente tentación de gritar a voces: que escriban otros. La idea paranoica de que todo aspirante a escritor menor de treinta años lo que está haciendo no es otra cosa que intentar imitar a DFW le roe las entrañas. Que sea una idea paranoica no significa que no sea cierta. Los artistas de verdad rasgan el paraguas de convencionalismos y banalidades bajo el que nos resguardábamos cobardemente y dejan entrar un poco del caos libre del exterior, pero los imitadores restauran el paraguas rasgado con un trozo de tela que solo muy vagamente se parece a la visión original que penetraba a través de la rasgadura. Esto del paraguas es genial, pero no es una idea mía, es de Deleuze. Por tanto, afrontémoslo: los imitadores son fuerzas neocon y son tristes. El atolladero es brutal, créanme.
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