miércoles, 10 de septiembre de 2025
sábado, 6 de septiembre de 2025
Chaos reigns
El caos es inherentemente más probable que el orden.
Manifiesto por una demonología revolucionaria
No es posible un proceso que convierta todo el calor absorbido en trabajo
domingo, 31 de agosto de 2025
Demonología revolucionaria
Cosmologies are thermodynamic machines that proceed blindly by chewing up the free energy of matter in motion. The order of the cosmos is a symmetry painfully carved in blood.
Revolutionary Demonology, Gruppo di Nun
miércoles, 27 de agosto de 2025
Nietzsche, patrimonio cultural de la humanidad
Al parecer, la obra de Nietzsche ha sido declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.
El bueno de Nietzsche debe de estar revolviéndose en su tumba. A mí se me revuelve el estómago al ver cómo la UNESCO intenta domesticar al más salvaje de los filósofos, un auténtico noble polaco pura sangre sin mezcla de sangre alemana. (Supongo que intentarán vendernos la moto de un Nietzsche demócrata, puede que incluso, en el fondo, pacifista y feminista, interpretación que sería tan ridícula y delirante, al menos, como la del Nietzsche nacionalsocialista).
Nietzsche no es cultura, es dinamita.
PD: La guerra y el valor han hecho cosas más espléndidas que el amor al prójimo, dice Nietzsche. ¿Será este el nuevo lema de la UNESCO?
viernes, 22 de agosto de 2025
jueves, 21 de agosto de 2025
Cristianismo y comunismo: desmontando Los Enemigos del Comercio de Anton...
jueves, 14 de agosto de 2025
domingo, 10 de agosto de 2025
sábado, 17 de mayo de 2025
Tractatus logico-culinarius
1. No hay que echar guisantes a la ensaladilla rusa. Ni a nada. Es más, no hay que comer guisantes.
1.2. A no ser que sean crudos. Directamente de la vaina a su paladar. Así estaban buenos, creo recordar.
2. La tekne culinaria requiere praxis. Como en cualquier otro aspecto de la vida, la clave para mejorar es repetir y repetir.
3. Cocinar es un juego o arte libre, creativo, pero sometido a normas.
3.1. Por ejemplo, no hay que echarle chocolate blanco a una hamburguesa (caso real). Esto ya no sería libertad, sino un caso flagrante de libertinaje culinario.
3.1.1. No todo vale: demasiada libertad convertirá vuestros platos en mejunjes ininteligibles.
4. Máximas que pueden servir como guía: paciencia, tiempo, ser generosos con el aceite de oliva, sofreír y remover con entusiasmo y alegría, no lavar los champiñones (se limpian en seco)
4.1. Las salsas se espesan con tiempo y calma, no con harina. Eso es de torpes.
4.1.1. A ver, en ocasiones, cierto es, en determinadas salsas, sí que hace falta harina.
5. El Hypokeimenon, la Substantia, la Ousía, el Primer Principio, el Fundamento Primigenio, la Causa Incausada, el Motor Inmóvil, el Sujeto Trascendental que debe poder acompañarlo todos los guisos... todo eso y más es el Sofrito.
Contra la teoría
No solo los físicos, los filósofos también han considerado que la física es la reina suprema de las ciencias y que, en última instancia, todo se reduce a ella. Esta visión tan simplista, por inverosímil que parezca, ha sido predominante durante cierto tiempo. La búsqueda de una teoría del todo se ha propuesto sin asomo de ironía. ¡Del todo, nada menos! La objeción filosófica a este delirio igualmente filosófico es obvia: no puedes meterte el todo en el bolsillo, porque el bolsillo forma parte del todo.
Pero, más allá de este totalitarismo metafísico y extremo reduccionismo, esta visión de la física se basa en un prejuicio injustificable: la superioridad de la teoría sobre la práctica. Primero estaría la teoría, después vendrían, si eso, las aplicaciones prácticas. Este teoreticismo se da por sentado cuando no hay ninguna razón que lo justifique. De hecho, es falso: las ciencias no son actividades meramente especulativas, no observan el mundo desde fuera, sino que están implicadas en él y lo transforman. Teoría y praxis están implicadas dialécticamente entre sí. El reino puro de la teoría es un puro cuento.
Contra la ambición
Decía Cioran que la ambición es la fuente de todas las catástrofes. Así es, desde luego. Nada más perverso y despreciable que el sujeto moderno, deseoso de superarse a sí mismo. Su ciega actividad febril debiera producirnos una mueca de espanto. Ajeno a la contemplación, al silencio, a la belleza y a la serenidad, a los encantos y dones de la pereza, el ambicioso vive para imponer su voluntad, para imponerse a los demás, e incluso a sí mismo. Pobre diablo. Desde aquí nos apiadamos de su atribulada alma.
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He ahí a Joyce, feliz e inagotable coto de caza para mentes desequilibradas, señor del lenguaje. Tal día como hoy, un 16 de junio,...
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Tardé mucho rato en darme cuenta de que las luces de las farolas estaban apagadas. Había algo raro, pero no sabía qué. Desde la ventana con...