viernes, 15 de noviembre de 2013

Narciso

Miren el cielo, mírense ustedes mismos y recuerden: no somos más que los ecos de Dios, y Dios es Narciso
Hanson Edwin Rose, Creationist Myths (Pneuma Publications, Detroit, Michigan, 1989), p. 229*

*En La casa de Hojas, Mark Z. Danielewski, (Primera edición Segunda edición, Alpha Decay, Pálido Fuego, 2013), p. 44.

Y llegó el invierno

-Abrigaos bien que hace un frío del carajo.
-¡Puta mierdra*!

*No es un error.

martes, 12 de noviembre de 2013

Extraña sensación paramnésica antes de leer aclamada novela de culto

Noto una sensación extraña. En realidad, se trata del típico déjà vu o paramnesia. La noto justo al comenzar a leer La casa de hojas. Es un día espléndido, soleado, una falsa primavera, antesala de la llegada del invierno. Se acerca el invierno, eso está claro, aunque hoy no lo parezca. La tregua antes de la guerra, por decirlo con retórica bélica. Las expectativas generadas sobre la novela de Danielewski son tan gigantescas, tan desmesuradas, que me fuerzo deliberadamente a rebajarlas con el objetivo de no sentirme decepcionado. Trato de leer como si nadie hubiera dicho nada de la novela. El torrente de referencias y comparaciones es, no sé si azaroso, pero desde luego muy caudaloso. Añadamos a la lista (David Foster Wallace, Melville, Borges, ¿Lovecraft?, ¿Joyce?, siempre hay que mencionar a Joyce) a Jerzy Kosinki, porque sí, y a Kundera, también porque sí (qué espantoso crítico literario sería si lo fuese, que no es el caso). ¿No se refiere a Kundera ese Muss es sein? Tal vez no, tal vez sí (yo digo que sí, de momento). ¿Por qué Kosinski? Hablo de Kosinski como si hubiera leído toda su obra, pero no es cierto, solo he leído El ermitaño de la calle 69 y no estoy seguro -nunca estoy seguro- de haberlo entendido (aquí debería introducir disquisiciones infinitas y potencialmente tediosas acerca de los libros considerados como máquinas asignificantes en contraposición a las lecturas deconstructivistas estándar, Deleuze versus Derrida, y preguntarme, con ademán solemne, la mirada perdida, pose de asombro y agudeza crítica, acaso mesándome la barba: ¿qué carajo significa entender una obra literaria?). ¿Por qué añado a un escritor judío poco conocido, y cuando digo poco conocido quiero decir que hasta hace muy poco yo no lo conocía de nada, lo cual no quiere decir, bien mirado, que sea poco conocido objetivamente (DFW se refiere a un libro suyo en En cuerpo y lo otro)? Bueno, por las notas a pie de página y las citas y todo este "ludismo metalibresco de raigambre cervantina" (¡toma frase!), y porque El ermitaño de la calle 69 es la transcripción de los papeles de trabajo de Norbert Konski. También, claro, tendríamos que hablar de Borges, pero es un referente demasiado obvio. Borges, Nabokov, sí, sin duda, pero si empezamos con todo este salvaje referencialismo no vamos a acabar nunca. Puede que la literatura, como el ágape cristiano, no acabe nunca, en otro sentido que no tiene nada que ver con esta referencia bíblica totalmente arbitraria. La sensación paramnésica tarda en evaporarse. Mientras dura no puedo concentrarme en lo que leo, solo en lo que siento, que no tiene nada que ver con lo que leo, aunque haya sido de alguna forma generado por la lectura del libro (aunque solo he leído la introducción y ese Muss es sein interrogativo que yo creo que se refiere a Kundera, a La insoportable levedad del ser, que si no recuerdo mal comenzaba hablando del eterno retorno, igual, por cierto, que la Historia abreviada de la literatura portátil, de Vila-Matas, que también comenzaba hablando de Nietzsche y del peñasco en el que Nietzsche tuvo la intuición del eterno retorno, idea, por cierto, que nada o muy poco tiene que ver, en mi opinión, con los átomos ni es refutable acudiendo a Cantor, como parece  pensar Borges al principio de La doctrina de los ciclos, aunque luego reconoce que Nietzsche nunca habló de los átomos, que la clave de Nietzsche (parafraseo libremente) es el Amor fati. Escribe Borges: "alguna vez nos deja pensativos la sensación de "haber vivido ya ese momento". Los partidarios del eterno regreso nos juran que así es e indagan una corroboración de su fe en esos perplejos estados". No creo, sinceramente, que haya de verdad partidarios del eterno retorno que busquen corroborar su fe en esos momentos (que estoy convencido de que tienen una explicación neurológica y no un alcance ontológico). Retornar es el ser del devenir; el eterno retorno es la disolución de la identidad sustancial, ya sea de Dios o del hombre, pero esta jerga de rufianes (que diría Walter Benjamin), o sea, de filósofos, amenaza con convertir mi post en un galimatías incomprensible).

En fin, que me voy a leer La casa de hojas y que se la recomiendo desde ya, aun sin haberla leído (qué coño, uno se puede fiar, en el moribundo y furibundo país de las letras, de la editorial Pálido fuego), mis escasos, sufridos y queridos lectores.

PD: Lamento tener que escribir una vez más algo tan desestructurado y carente de orden y geometría, basado en algo así como asociaciones libres teñidas de subjetivismo. Avanzando un poco en la lectura (no se preocupen, no voy a contar cada mínimo detalle que se me pase por la cabeza mientras leo) he reparado en la alusión a las estrellas y al tráfico. Las estrellas y el tráfico son cosas que siempre me obsesionan llaman la atención. Esto simplemente es así (en este momento mi hermano mi interrumpe para preguntarme cosas sobre gramática; respondo pero no me hace ni puto caso y entonces yo le pregunto que para qué me pregunta si no va a hacerme ni puto caso y luego está una eternidad de tiempo divagando sobre presente simple y presente continuo mientras yo no escucho casi nada de lo que dice y me concentro en cómo continuar este post porque temo perder el hilo, porque por muy embrollado que esté siempre tiene que haber un hilo, y pienso que se le está yendo la olla porque quiere ponerlo todo en presente continuo, cosas como ¿estás necesitando ayuda? en lugar de ¿necesitas ayuda? y yo le digo algo así como que la ayuda se necesita, en mi opinión, en un instante dado, discreto, del tiempo, no en un presente continuo, y que si uno lo piensa un poco, la gramática y la ontología están imbricadas de formas complejas y fundamentales (momento en el cual es él quien deja de escuchar), aunque en inglés, creo, se usa más el presente continuo que en español, así que tal vez él tiene razón, después de todo). Escribe Danielewski (Johnny Truant):
Podréis intentar entonces, como hice yo, encontrar un cielo lo bastante lleno de estrellas como para volveros a deslumbrar. Pero ya no habrá cielo que pueda deslumbraros. Por mucha magia iridiscente que haya ahí arriba, vuestra mirada ya no podrá detenerse en la luz, ya no podrá encontrar las constelaciones. Solamente pensaréis en oscuridad y os pasaréis buscándola horas, días, tal vez incluso años, intentando en vano creer que sois una especie de centinela indispensable nombrado por el Universo, como si con el mero hecho de mirar ya pudierais mantenerlo todo a raya.
Y, un poco más adelante, en El expediente Navidson:
Por lo que dice a su padre, lo que más echa de menos es el ruido del tráfico. Al parecer, el ruido que hacían los camiones y los taxis creaba para él una especie de nana vespertina.
Ahora, un fragmento de Una guitarra de diamantes, de Truman Capote:
Le gustaban mucho las estrellas, pero aquella noche no le sirvieron de consuelo; no bastaron para recordarle que lo que nos ocurre a los que vivimos en tierra carece de importancia contemplado desde el eterno fulgor de la eternidad.
Y ahora un fragmento de Profesor miseria, también de Capote:
 El ruido de un coche que pasa por la calle puede hacer que cientos de personas dormidas caigan en lo más profundo de sí mismas. Es curioso pensar en ese coche avanzando en la oscuridad, desatando tantos sueños.
Parece que no soy el único al que le gustan el ruido de los coches por la noche y las estrellas. Afortunadamente, dicho sea esto al margen, tampoco soy el único al que las películas de Nolan sobre Batman le parecen la peor mierda jamás filmada, bodrios insoportables, una negra eternidad de tedio sin límites, una prefiguración de castigos infernales.

sábado, 9 de noviembre de 2013

El otro

Necesito camisetas en las que ponga: no, queridos familiares lejanos a quienes casi ni conozco (primos de mi padre, hermanas de mi abuelo, etc) yo no soy el gemelo, no es que haya cambiado mucho y ya no nos parezcamos tanto, ES QUE YO NO SOY EL GEMELO y tener que explicarlo cincuenta veces seguidas es desesperante.

Transcripción más o menos fidedigna de una de las cincuenta conversaciones semejantes a esta que he tenido hoy

-¿Qué erais, gemelos o mellizos?
-Yo no soy nada de eso, señora, son mis hermanos...
-Pues os parecéis...
-Ya, pero no tanto...
-Creía que erais los mellizos..
-No, es mi hermano...
-¿Y tú no?
-No, no, yo soy el mayor...
-Ah, pero ¿gemelos o mellizos?
-Gemelos
-Pues no os parecéis tanto para ser gemelos, parecéis mellizos...
-¡Por los clavos de Cristo, no es tan difícil de entender! Este de aquí tiene un hermano gemelo, pero no soy yo, yo no tengo ni gemelo ni mellizo... Su hermano gemelo no está aquí, ¿entiende? Somos dos los que estamos aquí, pero no somos hermanos gemelos ni mellizos, somos hermanos a secas, yo soy el mayor.
-Ah, ¿entonces tu hermana es la pequeña?
-¡Noooooo! ¡Noooo! Me refería al mayor de los tres, mayor que mis dos hermanos gemelos, que obviamente tienen la misma edad.
-...
-¡Madre, acuda en mi auxilio ipso facto! Necesito ayuda para hacerle comprender a esta señora tan simpática nuestra, al parecer, complicadísima composición familiar y el puesto intermedio que ocupo yo en ella.
-¡Ay, pobre! Siempre se olvidan de que existes (risas)
-No, no, es que al verles a los dos juntos creí que eran los mellizos
-¡Que no hay mellizos! ¡Gemelos!
-¿Entonces tú eres el otro?
-Sí, bingo, eso es, y voy a obviar el hecho de que se me defina como el otro.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Tame Impala - Feels like we only go backwards

Camus

No tenía ni idea de que hoy fuese el centenario de Albert Camus, pero Google me lo acaba de comunicar. Recientemente, hablando con uno de mis hermanos, le decía que Sartre no solo era mucho más feo que Camus, sino, además, de muy inferior catadura moral y que yo estaba de parte de Camus siempre y que, incluso aunque Sartre tuviera razón contra Camus, había que estar con Camus.
Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. También él juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin dueño no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de piedra, cada fragmento mineral de esa montaña llena de noche, forma por sí solo un mundo. La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.
Albert Camus, El mito de Sísifo

martes, 5 de noviembre de 2013

Fragmentos (hojas desgajadas de ningún árbol, flotantes y fortuitas)

De la incomodidad de las fobias. Te dispones a bajar las escaleras cuando eres asaltado por una espantosa visión y todo tu cuerpo se estremece sacudido por violentas oleadas de pánico irracional en estado puro. He ahí una araña gigantesca, monstruosa, horripilante. El único curso posible de acción es retroceder de inmediato, parapetarse tras la puerta de la habitación y gritar en busca de auxilio. En ese momento, tu hermano procede a aplastar a ese bicho atroz. No obstante, una posibilidad proyecta una sombra ominosa sobre tu mente fóbica, la posibilidad de haber estado solo en casa. En ese caso, imaginas posibles cursos de acción alternativos, algunos de ellos tan delirantes como abrir la ventana y descender por la pared en plan Spiderman. Una vez en la calle, podrías entrar en casa sin haber tenido que bajar por las escaleras, custodiadas por el siniestro bicho. El problema es que tus llaves están en la entrada, no en tu habitación. Es decir, que para coger las llaves tendrías que bajar por las escaleras.

La lámpara eterna. En algún lugar, Walter Benjamin hablaba de esta lámpara. Es la llama que se enciende el último día y se nutre de todo aquello que no ha ocurrido entre los hombres. No sé muy bien qué quiere decir Benjamin con esto, pero yo lo interpreto más o menos así: todas aquellas posibilidades que no se cumplieron, todo aquello que se quedó flotando en el limbo de lo que pudo haber sido y no fue, todo eso que hoy no puede ser más que un anhelo imposible, se realizará en el último día y para siempre. Esta especie de esperanza mesiánica puede ser totalmente inverosímil y, sin embargo, de alguna forma, es una verdad poética. Redención del pasado y felicidad. Luz perpetua.

Ángeles caídos. En mi sueño, en algún lugar del cielo nocturno, la figura de un rostro desconocido se dibujaba con trazos tan tenues que el soplo más leve podría haberlo borrado del firmamento. Desde donde estaba no podía verlo bien y lo único que deseaba era poder verlo, aunque solo fuera una vez. Perseguía aquella imagen inasible y serena que proyectaba su resplandor sobre mi sueño agitado. Creía estar caminando por un terreno pedregoso sumido en la penumbra, guiado por la mirada de ese rostro evanescente. Varias veces estuve a punto de despertar, pero mi mente se negaba a ingresar en el mundo común de la vigilia y se empeñaba en permanecer bajo el influjo de aquella mirada única. Comprendí, dentro de la lógica de mi sueño, que aquel rostro, aquella imagen, aquella mirada, pertenecían a un ángel que caía lentamente, a través del universo, como un copo de nieve. Pero, antes de que cayera, desperté. Mi sueño se vio interrumpido sin que se produjese el desenlace. El ángel caería sobre la oscura tierra y los ojos y la boca se le llenarían de tierra y no podría ni gritar ni llorar y entonces yo me acercaría despacio y le quitaría con suavidad la tierra de los ojos y de la boca para que los ojos se le llenaran de lágrimas y la boca lanzara un grito triunfante. Pero el desenlace, ya digo, no tuvo lugar, así que la única esperanza es que sirva de alimento a la lámpara eterna que se encenderá el último día.

Lecturas que tal vez podrían explicar los desvaríos precedentes. Básicamente, Giorgio Agamben, concretamente los libros de los años setenta sobre estética, que siempre hablan de lenguaje, teología, ángeles, ninfas, etc. Mucha teología y poca cerveza hacen que el Señor S. pierda la cabeza.

De las ilusiones fugaces sobre la propia capacidad de autodominio provocadas por un catarro. Tres días acatarrado, fumando solamente dos cigarros diarios, le hacen concebir a uno grandes esperanzas sobre su capacidad de autodominio, de tal manera que tiende a sobrevalorar la fuerza de su voluntad, a la cual ya veía desfilando triunfalmente y recibiendo honores por haber roto las cadenas del vicio. Pero no. En cuanto se recupera la salud, se recuperan las ganas de fumar.

Huellas. Aquello que evoca un origen en el momento mismo en que testimonia acerca de su desaparición.

Variación sobre el ángel caído. ¿Y si, al mirarle a los ojos, te destruye o te paraliza?

Melodía y ritmo: consideraciones excesivamente vagas y metafóricas. Las melodías parecen sobrevolar la tierra, desplegarse y mecerse con el viento, rumbo a lo desconocido, afectando a nuestros estados de ánimo, que también se despliegan y se mecen en el viento y se adentran con deleite en lo desconocido. Y viento es, por cierto, la palabra con que se nombra al espíritu, ya sea en los filósofos presocráticos o en la Biblia. El ritmo, sin embargo, ancla, por así decir, a la melodía. El ritmo es seguro, repetitivo, penetra en las profundidades de la tierra. La melodía es horizontal, el ritmo vertical.

Shekinah. El eterno presente. Momento femenino de la divinidad. Ángel salvador.

Lecturas que explican la aparición de conceptos del misticismo judío, como el anterior, en este blog. También Giorgio Agamben.

Agradable sensación de atardecer. Mientras, suena una y otra vez Interpol. Me voy inventando las letras de las canciones con las pocas palabras sueltas que entiendo. Casi todas las letras son terriblemente tristes pero también son acogedoras. Fumando asomado al balcón, tu rostro se pierde en el humo, y yo he visto tus huellas impresas en el aire; ahora llega la noche y la locura, dulces sueños. Por ejemplo. Supongo que poco o nada tienen que ver con las verdaderas letras de Interpol.

Locura poética. Cierto que Platón despojaba a los poetas de la capacidad de razonar. Nada malo, sin embargo, se infiere de ello, pues les atribuía una divina locura, la inspiración, que les poseía. La teoría platónica era maravillosa, ya que no obligaba al poeta a tener que explicarse, a hacerse cargo de sus palabras, lo cual es fastidioso e inútil. Hörderlin sabía perfectamente que el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.

Gramática

Yo leo para aumentar mi corazón y no para tener el gusto de contemplar cómo las reglas de la gramática se cumplen una vez más en las páginas del libro.
Ortega y Gasset, Ideas sobre Pío Baroja 

Sirva la declaración de Ortega para calmar a esos oscuros dementes que de tanta fiereza crítica olvidan lo esencial.

jueves, 31 de octubre de 2013

Conjeturas delirantes (o no)

El arte de la reiteración, la escritura como reiteración, alcanza, en la figura de Bernhard, en la sintaxis de Bernhard, un punto álgido, tal vez el punto más álgido, la cumbre o la cima de la reiteración, punto a partir del cual ya no es posible seguir ascendiendo en el camino de la reiteración, porque la reiteración alcanza con Bernhard su límite extremo, su punto insuperable, como se sabe. Un posible precedente del arte de la sintaxis reiterativa, otro artista de la reiteración, pudiera ser, no sé si resulta extraño, pero es posible, creo, que pudiera ser San Pablo, quien, en sus epístolas, reitera una y otra vez las mismas palabras y no para de reiterar una y otra vez las mismas palabras, como se sabe.

Fishmans - Walking in the rhythm