martes, 6 de diciembre de 2011

The Big Crunch Theory

Amy Farrah Fowler y Bernadette llegaron y arruinaron la que podría haber sido la mejor telecomedia de la historia. Fue un momento fatídico. Un punto de inflexión que provocó un bandazo irremediable en el transcurrir de la serie, que pasó a una velocidad inusitada de ser genial a ser irritante. Ni siquiera Penny puede salvar esos atroces e insufribles momentos en que aparecen Bernadette y Amy, esos momentos agónicos e insoportables en que uno preferiría estar clavándose agujas en los ojos que estar viendo The Big Bang Theory y grita estremecido de horror y clama al dios de los guionistas con los brazos extendidos hacia el cielo en actitud suplicante para que Bernadette y Amy mueran de forma violenta en un accidente y se certifique por escrito ante un notario que los personajes no volverán a parecer nunca jamás en la serie, bajo ningún concepto.

Pero el dios de los guionistas no te escucha así que, con gran pesar, tienes que dejar de ver la serie.

lunes, 5 de diciembre de 2011

sábado, 3 de diciembre de 2011

Entrevistas breves con hombres que al final siempre terminan hablando de metafísica

-¿Acaso es mucho pedir que cuando alguien entre en mi habitación para decirme cualquier cosa o para lo que sea al salir deje la puerta exactamente en la misma posición en la que estaba, ni más cerrada ni más abierta? ¿Eh? ¿Sí? ¿No? Lo más normal es que la dejen más abierta, obligándome a tener que levantarme para cerrarla un poco más y dejarla como estaba. Es agotador y repetitivo. Aunque terriblemente insignificante. Eso está claro y yo soy consciente de ello. No me quejo, solo pregunto si acaso sería mucho pedir. Quiero decir, no me parece una exigencia inviable ni creo que tenga nada que ver con ese tipo de exigencias pueriles y caprichosas de los niños mimados cuya ansia de satisfacer inmediatamente sus deseos les dota de cierto carácter dictatorial o tiránico. Más bien tiene que ver con la regularidad y el orden y con no aumentar innecesariamente el buen número de fenómenos aleatorios y caóticos que ya de por sí contiene el universo, como los sistemas estocásticos, por ejemplo. Tiene que ver con el deseo moderado de cierta invarianza ambiental que contribuya al equilibrio y a la estabilidad. Quiero decir, no se trata de un anhelo feroz, no me va la vida en ello, claro que no, pero, en fin, ¿sería o no deseable? Entran en tu habitación, luego se van, la puerta queda significativamente más abierta, y entonces te tienes que levantar de tu asiento para volver a ponerla como estaba. Los detalles nimio no son verdaderamente importantes tomados de forma aislada, pero vistos en conjunto conforman una vida. Hay que prestarles atención. No se trata de que la metafísica sea general y abstracta y se ocupe de las grandes categorías del pensamiento desatendiendo los aspectos concretos de la realidad. Esto solo lo piensan los idiotas. Es la distinción misma entre categorías generales y cosas particulares la que es metafísica. Quiero decir, preste atención: la distinción en sí. No veo de qué modo podríamos librarnos de ella. Piénselo bien. Imagine, por ejemplo, que yo niego que existan cosas generales como el mundo, dios, etc., que digo que eso son categorías abstractas que no existen en la realidad, y que solo hay cosas particulares y que, por tanto, la metafísica es una patraña. Bien, en ese caso, usted, forzosamente, tendrá que señalarme que he usado ya esa metafísica que había creído abolir, he usado la categoría de existencia, que es bien general, por ejemplo. He usado la metafísica para negarla. Obviamente, esta paradoja es difícilmente salvable, así que yo tendría que reflexionar un poco más, y acabaría diciendo que quizá lo que pasa es que existen muchas metafísicas distintas. Igual que existen muchas lógicas distintas. Lógica de predicados y lógica difusa, por ejemplo. Cualquier afirmación que se refiera a la realidad como un todo es inevitablemente metafísica, si voy y digo que la realidad es materia, o que consiste en materia, o que no hay nada más que materia, antes de saber si es falso o no lo que digo, ya me estoy moviendo dentro de un determinado paradigma metafísico. Así, digamos que la metafísica parece no tener que ver tanto con afirmaciones verdaderas o falsas, sino con marcos previos o con algo parecido a marcos previos, por ejemplo, categorías del pensamiento. Todo esto se puede volver muy complejo. No sé por qué hemos empezado a hablar sobre metafísica. Quizá también se use el término metafísica significando otras cosas. Por ejemplo, un significado excesivo y nebuloso que uno no puede o no quiere concretar. Cuando alguien dice: no es solo una cuestión política, es una cuestión metafísica, lo que pretende es ampliar el campo de significación de esa cosa, y ese campo es tan amplio que sus límites no están claros y entonces dice que es una cuestión metafísica. Es una cuestión que alberga en sí una tensión entre lo que sabemos y lo que no. Lo que no podemos saber. O quizá no se trata de saber. Es una especie de límite, de línea divisoria. Esta línea articula el más allá y el más acá. Más allá y más acá de la línea, pero, preste atención a esto, porque es jodidamente importante, sin darle un contenido positivo a lo que trasciende el límite. ¿Por qué no? Porque entonces ya no estaríamos en la metafísica sino, directamente, en la religión. Si le damos un contenido positivo a lo trascendente no estamos siendo intelectualmente honestos. Estamos haciendo trampa. Estamos tomando un atajo. Estamos optando por lo fácil. Lo que quiero decir, es que sí, por supuesto, prestemos atención a los detalles, pero no caigamos  en el error de pensar que así nos libramos de las ilusiones metafísicas. Usted, por ejemplo, cree salir de una ilusión metafísica, digamos del alma. Ya no cree en el alma. Ha leído un montón de libros de divulgación más bien simplistas que le hacen creer que entiende la hostia de neurociencia y se ríe por lo bajo de las discusiones filosóficas que para usted carecen totalmente de sentido tras haber sido iluminado por charlatanes que perpetran libritos comerciales tontorrones que agasajan su inteligencia y dicen supuestamente las cosas claras y eluden los problemas metafísicos e incluso los problemas semánticos, así que usted ha recibido como una epifanía una cosmovisión cientifista aproblemática y dice que la palabra alma carece de sentido porque se trata en realidad de una vieja ilusión metafísica. Creáme o no, usted lo que ha hecho es entrar en otra ilusión, también de carácter metafísico. Eso por no hablar del anacronismo que supone interpretar la palabra alma de un texto de hace más de dos mil años como si significara lo mismo que ahora. Ha creído sin saber que lo estaba creyendo que los significados no varían. Esa es su creencia metafísica implícita. Pues bien, si alma significaba en uno de esos textos antiguos, pero esto es solo un ejemplo, llevar en sí el principio del movimiento, está claro que decir que las plantas tienen alma no es una frase absurda, puesto que significa que las plantas crecen, que no son piedras. Si en ese texto del ejemplo alma no significaba ninguna clase de sustancia extraña fantasmagórica que reside en la interioridad de las personas y que ha sido puesta ahí por otra sustancia aún, si cabe, más extraña, que usted niegue que el alma sea ese ente fantasmagórico es lo que carece de sentido. Piénselo, estaría negando algo que el texto no dice. Aquí el problema es simplemente que usted está leyendo mal. Pero sigamos con la metafísica. No existe el alma, de acuerdo, lo que hay son reacciones químicas en su cerebro. Queda por explicar, aún admitiendo que el alma no exista y sea una mera ilusión, por qué se produce esa ilusión. Supongamos que yo estoy de acuerdo en que el alma no existe. La cuestión es: ¿qué quiero decir yo cuando uso la palabra alma? Quizá sé perfectamente que no puede ser un punto extenso, que es imposible que sea una cosa entre las cosas, que para nada forma parte de la res extensa. ¿A qué necesidad, sin embargo, respondía el surgimiento de la palabra? Quizá respondía a una necesidad bien real de referirse a las vivencias de las personas, por ejemplo. ¿Es lo mismo el hecho de experimentar emociones que la explicación neuroquímica de las emociones? Me refiero, no a que haya dos planos de realidad, el normal, digamos, y otro super secreto e inaccesible que fuera el lugar propio del alma, sino a dos niveles de significación que convivan en el mismo plano de realidad. Yo soy un monista convencido, aunque pudiera estar equivocado, pero, de nuevo, insisto en que el error o el acierto respecto a nuestros juicios sobre la realidad están enmarcados en una visión metafísica previa sobre la realidad que normalmente permanece implícita y de la cual no somos conscientes y quizá la tarea necesaria e imposible de la metafísica no sea otra que la del ojo que intenta verse a sí mismo cuando nada en el campo de visión permite inferir la presencia de un ojo. El sujeto no pertenece al mundo, es el límite del mundo. El límite somos nosotros. Piense en eso. Lo del ojo tiene que ver con Wittgenstein y con Kant, lo digo para que no parezca que me apropio de ideas y las hago pasar por mías. Usted no puede decirme que mi experiencia emocional es una ilusión y que en realidad las emociones son reacciones químicas en mi cerebro. No estoy seguro, sin embargo, de cuál es el error de este reduccionismo tan grato a cierta mentalidades científicas. No a todas, ojo. Yo puedo afirmar, a la vez, que mis emociones son reacciones químicas en mi cerebro y que no son una ilusión. O que en tanto que ilusiones son reales. Piense en el dolor, en lo absurdo que resultaría decir que el dolor no existe, que es una ilusión, lo que existe son impulsos nerviosos y cosas mensurables. Podríamos hablar de ilusiones reales, en este caso. No sé si me estoy explicando o no. Quiero decir que fenómenos como el dolor o la conciencia tienen una ontología de primera persona. Por supuesto, sin la base material que la hace posible, la conciencia no existiría, pero, por definición, la conciencia se experimenta en primera persona y no es lo mismo responder a cómo es posible la conciencia que el hecho mismo de ser consciente. No estoy diciendo, repito, que haya dos realidades, no estoy diciendo que haya dos cosas, la materia y la conciencia, sino una única cosa vista desde dos puntos de vista y, atención porque esto sí que es jodidamente importante, el punto de vista cambia el significado de la cosa sin ser simplemente un subjetivismo que habría que deshechar o superar sino que, de algún modo, pertenece a la cosa misma. Sé que esto resulta vago y confuso, yo también estoy confuso. Quiero decir, no existe la verdadera realidad de una cosa independientemente de sus apreciaciones, percepciones, intuiciones, intelecciones, etc. La cosa en sí. ¿Acaso no es metafísica de la mala, de la que ni sabe que lo es, esa idea según la cual la ciencia nos ofrece el único camino de acceso a la realidad tal cual es, sin velos ni disfraces? En mi opinión, la realidad tal cual es todo el complejo de las distintas formas de acceder a ella sin que sea posible establecer una jerarquía que privilegie una de ellas por encima del resto. Pero hay que ser muy consciente de que conviven porque se mueven en distintos planos de significación. Aunque no estoy muy seguro. Estoy cansado de hablar con usted. Por cierto, nuestros estados de ánimo condicionan nuestro pensamiento y, ahí va una tesis que tampoco es mía, no podemos eliminar sin más la supuesta distorsión de la verdad que supuestamente acarrea el hecho de que tiñamos nuestro acceso a la realidad con determinados estados de ánimo, porque siempre estamos en algún estado de ánimo y en algún grado de intensidad dentro de ese mismo estado de ánimo. Así que no hay lugar neutral. Al menos para nosotros los mortales.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Nacho Vegas - Stanislavsky

Algo supuestamente aburrido que sí volveré a hacer

Dos japoneses se sientan detrás de mí en el autobús y hablan a gritos y uno de ellos es el ser humano que más ruido produce mascando chicle en todo el mundo. No lo he comprobado empíricamente, pero creo que es cierto. Comprobarlo empíricamente sería imposible. También sería la cosa más desagradable y estúpida que podría hacerse. Aunque fuera posible, no sería deseable. Que algo sea deseable es una condición de realizabilidad de ese algo, creo yo. Hojeo el periódico. No logro concentrarme. Primas de riesgo, futuro incierto para el euro. ¿Sería mejor que el euro estuviera más débil? La utopía neoliberal exige una fe ciega en la política de recortes. Deuda pública, deuda privada, Banco Central, Merkel, Sarkozy. Algo pasa en Egipto, creo. Tengo demasiado sueño como para concentrarme y los dos japoneses continúan hablando altísimo, aunque no parece que estén discutiendo, y uno de ellos sigue mascando chicle de forma increíblemente desagradable. Me dan ganas de darme la vuelta y preguntarles si es que acaso consideran que alguien que ha dormido menos de cinco horas y trata de entender algo sobre posibles recesiones futuras y mercados de deuda sin haber estudiado economía se merece tener que soportar esos gritos incomprensibles que resultan del todo inapropiados considerando que son las nueve de la mañana y que recapaciten unos segundos, que se tomen unos segundos para meditar sobre reglas éticas mínimas de convivencia armoniosa en lugares públicos y sobre su conducta y que a continuación, después de recapacitar, por favor, se callen de una puta vez. Que Europa, además, se va a hundir en la miseria y que vamos a tener todos que nadar buscando la maldita balsa de la Medusa como tabla de salvación. A la desesperada. Obviamente, no digo nada. Además, siendo sinceros, todo esto se me acaba de ocurrir ahora mismo, mientras escribo, y no en el momento en que los dos japoneses me estaban molestando (el hecho de que fueran japoneses no tiene nada que ver, desde luego, pero es que lo eran). En ese momento solo pensé esto: joder, ¿no se van a callar nunca? Así que decido dejar el periódico a medio leer en esa especie de red que tienen los asientos de autobús en la parte posterior y me pongo los cascos para escuchar música y así evito oír el increíblemente desagradable ruido que produce uno de los japoneses al mascar chicle. Masca con una fuerza exagerada, en mi opinión. Creo que hace muchos años que no mastico un chicle. Nunca me gustaron. Los chicles, digo. Que no se permita fumar en el autobús y se permita mascar chicle de esa forma es algo que clama al cielo. En mi opinión, claro. Los médicos tendrán la suya, que quizá no coincida con la mía. También opino que las cabezas de los individuos que hablan por teléfono en las bibliotecas deben ser puestas en una pica, en la plaza pública, para que todo el mundo lo vea, como castigo ejemplarizante. No hay virtud sin terror, decía Robespierre, creo. Seguro que, además, estaba mascando el chicle abriendo mucho la boca, algo que, por suerte, no pude comprobar, a no ser que me hubiese levantado de mi asiento y me hubiese girado para mirar hacia atrás, algo que no quise hacer, pero se deduce claramente del volumen desorbitado que producía el incesante e irritante mascado de uno de mis compañeros de autobús (prácticamente estábamos solos en el autobus los dos escandalosos japoneses y yo; creo que había dos o tres personas más en asientos situados en la parte delantera; nosotros estábamos hacia el medio; yo en el asiento numero 25, ventanilla) que estaba abriendo mucho la boca. Mascar chicle en lugares públicos no es muestra de buenos modales, señala una tal Lucinda Holdforth (lo acabo de saber gracias a Google). Aunque también dicen, en la misma página, de aspecto muy poco fiable, por cierto, que mascar chicle reduce el estrés y previene las caries. Sí, ya. Hay que ser escépticos respecto a según qué tipo de información suministran las páginas de Internet. Esto es una jaula de grillos, según la expresión de un filósofo que es bastante reaccionario. Pero a mí la expresión me gusta. Me quedan diez horas de viaje (ahora ya no, ahora estoy en mi casa escribiendo esto; pensé en tomar algunas notas durante el viaje, pero no encontré ningún bolígrafo ni lápiz en mi mochila, aunque en teoría debería de haber al menos dos bolígrafos bic y un lápiz Staedtler Noris 120 2 HB, pero en teoría funciona incluso el comunismo, así que no escribí nada durante el viaje), de Barcelona a León, pasando por Zaragoza, Logroño (lugar originario de la bruja Antonia de True Blood, serie muy sobrevalorada, por cierto) y Burgos. En Logroño tomé un café cortado y fumé un cigarro. En Burgos una coca-cola y dos cigarros. En Burgos hacía cinco grados centígrados de temperatura. Un tipo me pidió un cigarro y dije que lo sentía, pero que no me quedaban, lo que era mentira. Me lo pidió con una falsa amabilidad que me predispuso a negárselo. Oye, por favor, y perdona, de verdad perdona que te moleste, ¿me podrías contestar a una pregunta?, ¿me puedes dar un cigarro? A lo que contesté con sequedad y brusquedad: No, lo siento, no me quedan. Mi tono de voz quería transmitir que, en realidad, sí tenía, pero que toda esa retórica falsa y afectada me había parecido una tomadura de pelo y que, por eso, ahora te quedas sin cigarro, idiota. Estoy realmente harto de que me aborden desconocidos pidiéndome un cigarro. He desarrollado una intuición infalible para saber cuándo un tipo viene a pedirme un cigarro. Lo sé antes de que me lo pidan. No fallo nunca. Mi determinación de practicar una política de tolerancia cero con los gorrones tiene, sin embargo, excepciones. No existen reglas sin excepciones a dichas reglas. Además, las reglas tiene metareglas implícitas, pero ese es otro tema. Cuando detecto amabilidad no impostada y una sincera necesidad de un cigarro suelo ceder. Los dos japoneses se bajaron en Zaragoza. Cinco minutos de parada. En la estación de autobuses de Zaragoza no se puede fumar. En el autobús quedamos solamente dos personas. Luego, transcurridos, en realidad, más de cinco minutos, se suben otras dos personas. Al menos desde Lleida, durante todo el recorrido, una niebla espesa inunda el paisaje. A mí me encanta la niebla. Adoro la niebla. Llevo horas escuchando a Nacho Vegas y mirando el paisaje inundado por la niebla. Ignoro las películas que ponen en el autobús. Siempre son malísimas. Siempre. Es una regla que tienen los autobuses: poner siempre películas que no verías bajo ninguna otra circunstancia. Esta es, curiosamente, una regla sin excepciones. Es la excepción a la regla según la cual todas las reglas tienen excepciones. La niebla es movida por el viento a una velocidad vertiginosa. Se puede mirar el sol porque gracias a la niebla no te ciega  los ojos. Un disco perfectamente redondo. Una lámpara. Tardé un rato en descubrir que era el sol. Había pensado que se trataba de la Luna. Estaba medio dormido. Se ven hileras de árboles cercanos; más allá, solo la niebla. No me gusta leer en los autobuses, solo mirar y escuchar música. Si me pongo a leer un libro, creo que me marearía un poco. El periódico solo puedo hojearlo por encima, y eso durante los primeros minutos del viaje. Luego, nada de lectura. Sonidos e imágenes. La verdad es que no me quería ir. Antes de llegar a Burgos, se me acaban la pila del mp3 y, por alguna razón, las pilas recargables que, en un alarde de previsión, había recargado (creía yo), en realidad no se habían recargado, así que me quedo sin música. Entre Burgos y León escucho en la radio que viene incorporada en la parte posterior de los asientos del autobús un programa de la Ser en el que entrevistan a Josep Borrel y hay dos catedráticos de economía que también participan. Borrell (no sé si se escribe así) hace una analogía muy gráfica sobre lo que supondría la salida del euro: sería tan difícil como volver a meter la pasta de dientes en su envase. Se comenta la estupidez estratosférica que ha supuesto la inversión a todas luces descabellada en aeropuertos como el de Castellón. Asiento enérgicamente. O como el de León, por supuesto, aunque no lo mencionan. Se me pasa por la cabeza la idea de declararle la guerra a Alemania como no dejen de ser unos capullos. O se va Merkel o aquí se va a armar la de dios es Cristo. Esa sería mi declaración formal de guerra. No desarrollo mucho esta idea, estoy cansado y no parece una idea ni muy cuerda ni muy viable. He ido alternando estados de duermevela y estados de intensa concentración en el paisaje a lo largo de las diez horas de viaje. En al menos dos canciones Nacho Vegas aparece la figura de un rey. En una, un rey que no reinaba, pero seguía siendo un rey. Llevo El rey pálido, de David Foster Wallace, en la mochila. Me gustan los molinos de viento modernos que salpìcan el paisaje. Emergían de entre la niebla como reyes melancólicos, sus aspas giraban con lentitud, majestuosas. Aerogeneradores silenciosos, impertérritos, fantasmales.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Parece, pero no: es

Espacio: en el metro de Barcelona. Tiempo: hoy.

-Mira, ese se parece muchísimo al cantante de Astrud.
-Joder, es verdad, sí que se parece.
-Mira, y lleva las mismas botas que el cantante de Astrud en el concierto.
-Joder, no es que se que se parezca, es que es.

Moraleja filosófica: la apariencias engañan de un modo retorcidamente paradójico: engañan por ser realmente lo que aparentan, o mejor dicho (quizá), por ser realmente lo que son, o mejor aún, su ser no reside en ningún trasfondo misteriosamente extraño e inaccesible sino en sí mismas, o mucho mejor aún, actúa como un estúpido y habla como un estúpido, pero no se dejen engañar por las apariencias, él es realmente un estúpido, chiste de Groucho Marx que nos sirve para explicar brevemente todo un lío filosófico que, francamente, no me encuentro con fuerzas de abordar con el mínimo de rigor exigible en estos casos, chiste que en el caso del cantante de Astrud precisaría cambiar el adjetivo en el sentido inverso, él escribe como si fuera inteligente y canta como si fuera inteligente, pero no se dejen engañar por las apariencias, él es realmente inteligente. Nada depende de ninguna decisión.



PD: Estábamos como a medio metro de Manolo pero, en parte debido a que somos gente educada (bien, se sobreentiende) y en parte a nuestra naturaleza singular no excesivamente proclive a abordar a tipos que nosotros conocemos pero ellos a nosotros no nos conocen de nada (lo que equivale a la primera parte, en realidad) no le dijimos nada (para no interrumpirle la lectura, lo que de nuevo es atribuible a nuestra educación) y luego nos fuimos a tomar cervezas.

jueves, 17 de noviembre de 2011

The King

Mañana es, sin lugar a dudas, el día más importante del mes de noviembre: se pone a la venta El Rey pálido, la novela póstuma de David Foster Wallace.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Bloqueo

Llevo una cantidad de tiempo indecente pensando en qué escribir y no se me ocurre nada. Incluso este post me ha llevado muchísimo tiempo, varios cigarros y he tenido que corregirlo cinco veces*. Y lo he leído como veinte veces, por si necesitara aún más correcciones**. Total, para esto***.

*Versiones eliminadas de la primera frase:

No se me ocurre qué escribir, la verdad, y llevo una cantidad indecente de tiempo pensándolo.

No se me ocurre qué escribir, la verdad. Llevo una cantidad de tiempo indecente pensando en qué escribir.

No se me ocurre sobre qué escribir. Llevo muchísimo tiempo aquí parado pensando en ello.

Qué escribir. No se me ocurre nada. Llevo una cantidad de tiempo indecente corrigiendo estupideces.

**Versión eliminada de la segunda frase:

Incluso este post me ha llevado muchísimo tiempo y he tenido que corregirlo cinco veces.

***Versión eliminada de la última frase:

Total, para nada.

martes, 8 de noviembre de 2011

Astrud





Clases magistrales de Filosofía del lenguaje. El letrista más inteligente del pop español. De lejos.

Kase O. ha vuelto al ejercicio

 Y con supermúsica hardcore vieja escuela, como debe ser.