viernes, 29 de mayo de 2026
La conversión de Ernesto Castro
No estoy seguro de que la conversión de Ernesto no sea, al final, una performance. Pero, sea como fuere, lo que me llama la atención de este vídeo es que su autor habla exactamente —¡pero exactamente!— igual que Jesús G. Maestro. Misma retórica, misma entonación. Y esa soberbia, por el amor de Dios...
Mientras escuchaba este ejercio de retórica más bien indigesto he temido por mi salud mental. No podía dejar de preguntarme si no era el mismísimo Jesús G. Maestro quien estaba hablando. Y una aterradora posibilidad surgió en mi mente... ¿Y si hay más personas así? ¿Nos dirigimos hacia un mundo en el que la gente se convierte en Jesús G. Maestro? ¡Pero directamente! Jesús G. Maestro como virus lingüístico que te infecta y te convierte en él, momento a partir del cual no puedes dejar de ver posmodernos, no solo en ocasiones, sino todo el rato, a tu alrededor, posmodernos por todos lados, catolicismo posmoderno, Hegel posmoderno... ¿Incluso Platón, nuestro venerado santo padre filosófico, no será también en el fondo un posmoderno? Pudiera ser. ¿No convirtió el no-ser en diferencia en El sofista? ¿Y eso qué quiere decir? ¡Que el no-ser, en cierto modo, es! ¡Sofisma posmoderno detectado! La cruda verdad ha sido revelada: todo es posmodernidad.
Que Dios nos pille confesados.
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¡Esto sí que es empoderamiento! Degustemos las palabras de la gran Danerys en Valyrio, su lengua materna: Dovaogēdys! Naejot memēbāt...
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Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
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